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Una reflexión brutalmente honesta sobre el trabajo y la riqueza
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Puntos de conversación:
- El trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, destinados a ser administrados y disfrutados, no adorados. Eclesiastés 5:19, 10:18
- El ajetreo sin descanso convierte el trabajo significativo en afán sin sentido y nos roba la paz. Eclesiastés 4:6, 2:22–23
- Amar el dinero promete felicidad pero produce ansiedad e insatisfacción. Eclesiastés 5:10, 1 Timoteo 6:10
- El contentamiento crece cuando disfrutamos lo que tenemos en lugar de perseguir lo que nos falta. Eclesiastés 6:9, Lucas 12:15
- Como no podemos llevarnos la riqueza, las verdaderas riquezas se encuentran en una relación con Dios. Eclesiastés 5:15, Lucas 12:21
En el libro de Eclesiastés, el Maestro ofrece una mirada sorprendentemente honesta sobre el dinero. No lo presenta como algo puramente malo ni como el bien supremo. Lo observa a través del lente de “hevel”, una palabra hebrea que significa vapor o aliento. Como el humo, el dinero es real al tacto, pero se escurre entre los dedos si intentas construir tu vida sobre él.
Con la enseñanza de hoy aprenderemos que el dinero es una herramienta útil, pero un dios terrible. Debemos aprender a sostenerlo con una mano abierta, encontrando nuestra satisfacción final en el Dador y no en el regalo. Empecemos con la pregunta de hoy:
¿Tu dinero es una herramienta o un dios?
Una herramienta sirve a tus buenos propósitos. Un dios es algo que terminas sirviendo. El dinero es amoral; no es bueno ni malo en sí mismo. Todo depende de cómo lo uses.
Hoy veremos una reflexión brutalmente honesta sobre el dinero y aprenderemos cinco perspectivas sobre este tema de parte del Maestro (Qohelet) en Eclesiastés. Esta es sabiduría atemporal que tiene tanto sentido hoy como hace miles de años.
El trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, destinados a ser administrados y disfrutados, no adorados.
Eclesiastés 5:19–20 (NTV) También es algo bueno recibir riquezas de parte de Dios y la buena salud para disfrutarlas. Disfrutar del trabajo y aceptar lo que depara la vida son verdaderos regalos de Dios. 20 A esas personas Dios las mantiene tan ocupadas en disfrutar de la vida que no pasan tiempo rumiando el pasado.
La Escritura dice que las riquezas vienen de parte de Dios. No somos la fuente de nuestra riqueza; somos administradores. La Biblia nunca nos manda a ser pobres, ni desempleados, ni perezosos.
Eclesiastés 10:18 (NTV) Por la pereza se hunde el techo; por el ocio gotea la casa.
Eclesiastés 4:5 (NTV) «Los necios se cruzan de brazos, y acaban en la ruina».
Debemos trabajar y ser productivos. La enseñanza es que el dinero no es malo en sí mismo… pero puede convertirse en un dios. Y ahí está el error.
El ajetreo sin descanso convierte el trabajo significativo en afán sin sentido y nos roba la paz.
Eclesiastés 4:6 (NTV) Sin embargo, «es mejor tener un puñado con tranquilidad que tener dos puñados con mucho esfuerzo y perseguir el viento».
Aquí aparece otra vez “hevel”. El trabajo es bueno, pero la cultura del vivir acelerado para conseguir algo es una trampa. Si tu búsqueda de éxito te roba el sueño y la paz, ya no es trabajo… es afán.
Eclesiastés 2:22–23 (NTV) Entonces, ¿qué gana la gente con tanto esfuerzo y preocupación en esta vida? 23 Sus días de trabajo están llenos de dolor y angustia, ni siquiera de noche pueden descansar la mente. Nada tiene sentido.
Eclesiastés 5:12 (NTV) La gente trabajadora siempre duerme bien, coma mucho o coma poco; pero los ricos rara vez tienen una buena noche de descanso.
Amar el dinero promete felicidad pero produce ansiedad e insatisfacción.
Eclesiastés 5:10–11 (NTV) Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente. ¡Qué absurdo es pensar que las riquezas traen verdadera felicidad! 11 Cuanto más tengas, más se te acercará la gente para ayudarte a gastarlo. Por lo tanto, ¿de qué sirven las riquezas? ¡Quizás solo para ver cómo se escapan de las manos!
Otra vez aparece “hevel:: se escapan de las manos.
1 Timoteo 6:10 (NTV) Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal; y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas.
El contentamiento crece cuando disfrutamos lo que tenemos en lugar de perseguir lo que nos falta.
Eclesiastés 6:9 (NTV) Disfruta de lo que tienes en lugar de desear lo que no tienes; soñar con tener cada vez más no tiene sentido, es como perseguir el viento.
La riqueza no puede comprar felicidad, pero lo que ya tienes sí puede disfrutarse. El contentamiento no es obtener lo que quieres; es disfrutar lo que ya tienes. Es un cambio de mentalidad: sé agradecido, no codicioso; sé presente, no vivas donde quisieras estar.
Lucas 12:15 (NTV) Y luego dijo: «¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen».
Jesús luego cuenta una parábola sobre un hombre muy rico que acumuló tanto que decidió construir graneros más grandes para guardar todo y vivir confiado. Veremos el final en un momento.
Como no podemos llevarnos la riqueza, las verdaderas riquezas se encuentran en una relación con Dios.
Eclesiastés 5:15 (NTV) Todos llegamos al final de nuestra vida tal como estábamos el día que nacimos: desnudos y con las manos vacías. No podemos llevarnos las riquezas al morir.
Esto no es para deprimirte; es para liberarte. No hay carros fúnebres jalando remolques.
Eclesiastés 7:14 (NTV) Disfruta de la prosperidad mientras puedas, pero cuando lleguen los tiempos difíciles, reconoce que ambas cosas provienen de Dios. Recuerda que nada es seguro en esta vida.
1 Timoteo 6:6–8 (NTV) Ahora bien, la verdadera sumisión a Dios es una gran riqueza en sí misma cuando uno está contento con lo que tiene. 7 Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos. 8 Así que, si tenemos suficiente alimento y ropa, estemos contentos.
Un segundo después de morir, tu valor neto es $0.00. Más vale tener otro tipo de riqueza. Ahora veamos el final de la parábola de Jesús que mencioné en la cuarta perspectiva:
Lucas 12:21 (NTV) »Así es, el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios es un necio».
Después de pasar toda su vida acumulando riquezas, cuando por fin pensó que ya tenía suficiente y era hora de disfrutarlo, Dios le dice que esa misma noche morirá. Todo lo que guardó no le servirá de nada. Así termina quien acumula para sí mismo y no es rico para con Dios.
El dinero es hevel. El Maestro nos recuerda que, por más real y útil que sea, sigue siendo vapor, aliento, viento, humo. Puedes verlo, tocarlo y usarlo, pero no puedes descansar en él. Es inestable, temporal e insuficiente para sostener tu identidad o tu seguridad.
El dinero puede ayudarte, pero no puede sostener tu alma. Puede resolver problemas, pero no puede sanar el corazón. Puede darte comodidad, pero no puede darte propósito. Es un buen regalo, pero un pésimo cimiento. Dios nos permite administrarlo, pero no fue diseñado para cargar el peso de nuestra esperanza.
En contraste, Dios es roca. Su presencia, su carácter y su pacto no cambian. Él es el único que puede ofrecer una vida que no se desvanece. Una relación rica con Dios es el terreno firme donde nuestra alma encuentra descanso, dirección y significado.
Dios es constante cuando todo lo demás cambia. Dios es suficiente cuando lo que poseemos no lo es. Dios es eterno cuando lo demás es temporal. Mientras el dinero se escapa entre los dedos, Dios sostiene nuestra vida con fidelidad. Mientras lo material se desgasta, su gracia se renueva cada mañana. Mientras lo terrenal se queda aquí, la vida con Dios trasciende lo que está bajo el sol.
Así que reconoce que el trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, no la fuente de tu identidad. Rehúsa sacrificar la paz por perseguir más. Acepta que el dinero no puede dar felicidad. Aprende a disfrutar lo que ya tienes. Y recuerda que nada de esto nos lo llevamos.
Esa riqueza verdadera y eterna comienza cuando venimos a Jesús, el único que puede perdonar, restaurar y darnos una vida plena ahora y para siempre. Comienza cuando reconocemos que nada bajo el sol puede sostener nuestra alma, pero Cristo sí. Cuando dejamos de perseguir lo que se desvanece y abrazamos al único que permanece. Cuando entregamos nuestra vida a Aquel que dio la suya por nosotros.
Y hoy, Jesús te invita. Te llama por tu nombre. Te ofrece una vida nueva, un corazón nuevo y una esperanza que no se apaga. No importa tu pasado, tus errores, tus cargas o tus dudas. Él está aquí, listo para recibirte, perdonarte y hacerte suyo.
Si hoy quieres recibir esa riqueza eterna, esa vida plena que solo Jesús puede dar, puedes hacer esta oración conmigo:
“Señor Jesús, reconozco que te necesito. Creo que moriste por mis pecados y resucitaste para darme vida nueva. Hoy dejo atrás mi manera de vivir y te entrego mi corazón. Perdóname, límpiame y hazme tuyo. Te recibo como mi Señor y mi Salvador. Desde hoy quiero seguirte y vivir para ti. Gracias por darme una vida plena, ahora y para siempre. Amén.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Por qué crees que el dinero pasa tan fácilmente de ser una herramienta a convertirse en un “dios” en nuestras vidas?
- ¿Cómo has visto que la cultura del ajetreo afecta tu paz, tus prioridades o tus relaciones?
- ¿Qué es más difícil para ti personalmente: ganar dinero con sabiduría o disfrutarlo con contentamiento? ¿Por qué?
- Lee Eclesiastés 6:9. ¿Cómo se vería para ti disfrutar lo que ya tienes esta semana?
- ¿Cómo cambia tu manera de pensar sobre el éxito recordar que no puedes llevarte el dinero contigo?
- ¿Qué significa tener una “relación rica con Dios” en la vida diaria?
Una reflexión brutalmente honesta de lo incontrolable
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Puntos de conversación:
- Dios es soberano, y los seres humanos son responsables, pero no definitivos. Eclesiastés 7:13–14
- No puedes controlar las consecuencias. El esfuerzo importa, pero los resultados nunca están garantizados. Eclesiastés 9:11; 10:10
- No puedes controlar el reloj. El futuro es incierto y la muerte es inevitable. Eclesiastés 10:14, 8:7-8j
- Lo único que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios—temerle y obedecer Sus mandamientos. Eclesiastés 12:13–14; Proverbios 1:7
Hoy estamos en la última semana de nuestra serie en Eclesiastés. Ha sido un recorrido profundo por un libro que no suaviza la realidad, sino que la presenta con una honestidad que a veces incomoda. Eclesiastés es la respuesta directa y sin rodeos a la simplicidad de Proverbios: mientras Proverbios nos muestra cómo funciona la vida cuando todo va como debería, Eclesiastés nos muestra cómo se siente la vida cuando no lo hace.
A lo largo de estas semanas aprendimos un par de palabras hebreas esenciales. La primera es Qohelet, “el Maestro”, el narrador y guía del libro, cuyo nombre en griego es Eclesiastés. La segunda es hevel, traducida como “vanidad”, pero que literalmente significa vapor, humo, algo que está ahí… y luego no está. Esta palabra es la clave para entender el mensaje del libro.
El punto central de Eclesiastés es contundente: la vida “debajo del sol” está destinada a decepcionar. No porque Dios sea cruel, sino porque el mundo es limitado, frágil y fuera de nuestro control. El placer es hevel: no es un dios, no es un pecado, sino un regalo que no puede sostener el peso de nuestra esperanza. La riqueza también es hevel: útil como herramienta, pero destructiva como ídolo. Nada en este mundo puede cargar con la expectativa de darnos significado permanente.
Hoy cerramos esta serie con una reflexión brutalmente honesta sobre lo incontrolable. Vivimos en una cultura marcada por el “ajetreo”, por la prisa, por la productividad constante. Una cultura que nos vende una mentira seductora: que si trabajas lo suficiente, oras lo suficiente y planeas lo suficiente, puedes controlar tu destino. Nos entrenan a ver la vida como una máquina expendedora: introduces el esfuerzo correcto y recibes el resultado correcto.
Pero Qohelet, el hombre más sabio que jamás vivió, corre la cortina y nos muestra que la vida no es una máquina que operamos, sino un misterio que habitamos. No es un sistema que dominamos, sino una realidad que nos supera. Y por eso, hoy nos enfrentamos a la pesadilla de todo controlador: tres grandes realidades de la vida que simplemente no podemos controlar.
La primera realidad:
No puedes controlar al Creador. Dios es soberano, y los seres humanos son responsables, pero no definitivos.
Vivimos bajo la ilusión del control—especialmente en Estados Unidos. Pero Qohelet no está de acuerdo.
Eclesiastés 7:13 (NTV) Acepta el modo en que Dios hace las cosas, porque, ¿quién puede enderezar lo que él torció?
La píldora más difícil de tragar para alguien que quiere controlarlo todo es esta: Dios es Dios… y nosotros no. En teología, esta verdad se expresa a través de la Soberanía de Dios, una realidad que opera en tres formas complementarias: Su voluntad activa, Su voluntad pasiva y el principio de concurrencia. Estas tres dimensiones no compiten entre sí; más bien, juntas revelan cómo Dios gobierna el universo sin anular la responsabilidad humana.
La voluntad activa de Dios se refiere a aquellos eventos que Él causa directamente, como la Creación o la Resurrección. Es el ámbito donde lo que Dios decreta soberanamente simplemente sucede. No hablamos solo de presciencia, como si Dios simplemente supiera lo que ocurrirá; hablamos de que Él sostiene activamente el universo y dirige la historia hacia Sus propósitos finales.
A esta dimensión a veces se le llama Su “voluntad secreta”, porque suele permanecer oculta hasta que ocurre, y casi siempre la reconocemos en retrospectiva: como cuando llegaste a la fe, o cuando Dios abrió una puerta que no estabas buscando, pero que luego entendiste que era parte de Su plan.
La voluntad pasiva de Dios describe aquello que Él permite. Dios permite que las criaturas actúen conforme a su naturaleza, pero eso no significa que Él sea un observador distante. Él pone límites, marca fronteras, y aun cuando permite algo, sigue estando en control.
Lo vemos cuando permitió que Adán y Eva comieran del fruto, o cuando permitió que los hermanos de José lo vendieran. Nada de eso escapó de Su soberanía, aunque no fue Él quien produjo el mal. Esta categoría nos recuerda que Dios puede permitir decisiones humanas sin dejar de ser el Señor de la historia.
El principio de concurrencia explica cómo la soberanía de Dios coexiste con las decisiones reales de los seres humanos. Dios es la Causa Primaria, el poder y el plan detrás de todo lo que existe. Nosotros somos causas secundarias: nuestras decisiones, motivos y acciones son reales, significativas y responsables, pero nunca absolutas. Dios obra a través de nuestras decisiones sin violar nuestra voluntad, y nosotros actuamos libremente sin frustrar la Suya.
El punto final es ineludible: no puedes controlar al Creador. No eres el guionista de tu vida. Puedes influir, decidir, planear… pero no puedes gobernar la realidad. Piensa en Steve Jobs: un hombre cuya visión cambió el mundo, pero que no pudo controlar una sola célula microscópica de cáncer. Y cuando un ateo grita: “¡Soy el dueño de mi destino!”, para Dios suena como un juguete chillón en medio de una tormenta. La soberanía de Dios no es una teoría; es una realidad que humilla al orgulloso y libera al que confía.
La segunda realidad que forman parte de la pesadilla de un controlador es:
No puedes controlar las consecuencias. El esfuerzo importa, pero los resultados nunca están garantizados.
Asumimos que la vida es una meritocracia—que los “mejores” siempre ganan. Qohelet no está de acuerdo.
Eclesiastés 9:11 (NTV) Observé algo más bajo el sol. El corredor más veloz no siempre gana la carrera y el guerrero más fuerte no siempre gana la batalla. Los sabios a veces pasan hambre, los habilidosos no necesariamente son ricos, y los bien instruidos no siempre tienen éxito en la vida. Todo depende de la suerte, de estar en el lugar correcto en el momento oportuno.
Qohelet presenta lo que podríamos llamar el “factor suerte”. Aunque trabajemos duro y seamos responsables, hay variables que simplemente no controlamos: momentos inesperados, circunstancias que cambian sin aviso, oportunidades que aparecen o desaparecen, accidentes que nadie anticipa, decisiones de otras personas que nos afectan profundamente.
Todos estos elementos influyen en los resultados de la vida tanto como —y a veces más que— nuestro propio esfuerzo. Esto no es superstición ni pesimismo; es una realidad estadística que se observa una y otra vez en distintos ámbitos de la vida.
Si alguien cree que su éxito es 100% resultado de su esfuerzo, basta mirar los datos para darse cuenta de que no siempre es así. En el hockey, por ejemplo, los analistas señalan que la NHL es una de las ligas donde la suerte influye más que en otros deportes: rebotes del puck, lesiones inesperadas, decisiones arbitrales que cambian el rumbo de un partido. Y como el marcador suele ser bajo, un solo desvío aleatorio puede decidir un campeonato, sin importar qué equipo era “más rápido” o “mejor”. El mérito importa, sí, pero no lo explica todo.
Lo mismo ocurre en otros campos. Una simulación computarizada de 2018 mostró que las personas más exitosas en una carrera rara vez son las más talentosas; normalmente son personas de talento promedio que tuvieron golpes excepcionales de suerte. Incluso el ingreso futuro de un niño se predice con mayor precisión por su lugar de nacimiento que por su coeficiente intelectual. El país… e incluso el código postal… pesa más que el talento. Es una verdad incómoda, pero innegable.
Y en el mundo de los negocios la historia se repite. Muchas de las empresas más “exitosas” no fueron las primeras ni las más brillantes; simplemente llegaron cuando la infraestructura estaba lista. SixDegrees.com, por ejemplo, era funcionalmente idéntica a Facebook, pero se lanzó en 1997, cuando el mundo no estaba preparado: la mayoría usaba internet por módem, no existían los smartphones, subir una foto requería revelar un rollo y escanearlo, y conocer gente en línea se consideraba “raro” o “peligroso”.
Facebook, en cambio, llegó en 2004 a un entorno completamente distinto: estudiantes con internet de alta velocidad, cámaras digitales por todas partes, y luego el iPhone en 2007 y la App Store en 2008. Para 2012, ya había más usuarios móviles que de escritorio. Hoy, el 98% de los usuarios de Facebook están en móvil. El éxito no fue solo habilidad; fue timing.
El punto es este: no puedes controlar las consecuencias. Los “mejores” no siempre ganan. Los más talentosos no siempre llegan. Los más preparados no siempre reciben la oportunidad. La vida no funciona como una ecuación exacta.
Pero ojo: esto no significa dejar de intentarlo o rendirse. No significa que el esfuerzo no importe. Significa que el esfuerzo no garantiza el resultado. Y en el capítulo siguiente, Qohelet nos recuerda precisamente eso…
Eclesiastés 10:10 (NTV) Si se usa un hacha sin filo hay que hacer doble esfuerzo, por lo tanto, afila la hoja. Ahí está el valor de la sabiduría: ayuda a tener éxito.
Aunque no puedas controlar las consecuencias, sí puedes afilar el hacha: prepararte, entrenarte, estudiar y crecer en sabiduría. No puedes controlar cada resultado, pero sí puedes controlar cómo respondes a ellos.
La tercera y última realidad que atormenta a un controlador es que…
No puedes controlar el reloj. El futuro es incierto y la muerte es inevitable.
Eclesiastés 10:14 (NTV) …Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que va a suceder; nadie puede predecir el futuro.
Algunas personas son mejores que otras para predecir. Hay analistas, inversionistas y estrategas que parecen tener un instinto casi sobrenatural para anticipar tendencias, mercados o movimientos culturales. Y muchos de ellos se han vuelto increíblemente ricos gracias a esa habilidad. Pero aun así… por más brillante que sea el experto, una predicción sigue siendo eso: una predicción, no una ciencia exacta. El futuro nunca se somete por completo al cálculo humano.
La historia está llena de ejemplos famosos de “expertos” que se equivocaron rotundamente. En 1903, por ejemplo, un presidente de banco en Michigan advirtió a un inversionista que no pusiera dinero en Ford porque, según él, “el automóvil es solo una moda pasajera”. Hoy sabemos quién tenía razón. Ese comentario, que en su momento sonaba razonable, quedó registrado como uno de los peores pronósticos de la historia.
Otro caso emblemático ocurrió en el año 2000. Los fundadores de una pequeña startup ofrecieron vender su empresa a Blockbuster por 50 millones de dólares. El CEO se rió de ellos, convencido de que era un “negocio de nicho muy pequeño”. Esa startup se llamaba Netflix. Hoy, Netflix vale alrededor de 410 mil millones de dólares, mientras que solo queda un Blockbuster físico en todo el mundo, en Bend, Oregón. La ironía habla por sí sola.
Todo esto nos recuerda una verdad sencilla pero contundente: no puedes predecir el futuro. Puedes analizar, proyectar, estimar… pero no controlar. Y justo cuando creemos haber entendido cómo funciona el mundo, Qohelet nos lleva un paso más profundo. Porque hay más que el Maestro quiere mostrarnos.
Eclesiastés 8:7–8 (NTV) Además, ¿cómo puede uno evitar lo que no sabe que está por suceder? 8 Nadie puede retener su espíritu y evitar que se marche. Nadie tiene el poder de impedir el día de su muerte. No hay forma de escapar de esa cita obligatoria: esa batalla oscura. Y al enfrentarse con la muerte, la maldad no rescatará al malvado.
No solo no podemos prever o predecir el futuro; tampoco podemos frenar lo inevitable: la muerte. Esta es la realidad más inescapable de la existencia humana. Y frente a ella, nuestra cultura no responde con humildad, sino con resistencia. En lugar de aceptar nuestros límites, tratamos de pelear contra el tiempo mismo. De ahí surge la obsesión moderna por vencer al tiempo, por extender la vida indefinidamente, por retrasar lo que ningún ser humano ha logrado detener.
Un ejemplo claro es Larry Ellison, fundador de Oracle, quien ha donado más de 370 millones de dólares a la investigación contra el envejecimiento. Él no acepta el fin de la vida, y lo expresa con brutal honestidad: “La muerte nunca ha tenido sentido para mí. ¿Cómo puede alguien estar aquí… y luego simplemente desaparecer?”. Su pregunta refleja el anhelo humano de permanencia, pero también la negación de nuestra fragilidad.
Otro caso es Peter Thiel, cofundador de PayPal y primer inversionista de Facebook. Él planea ser congelado en nitrógeno líquido en el momento en que sea declarado muerto. Tiene incluso un “Cryonics Trust”, un fondo reservado por 500 años en caso de que algún día pueda ser “descongelado”. Su filosofía es simple y reveladora: “La muerte es un problema técnico que debe resolverse”. Para muchos, la mortalidad no es una realidad espiritual, sino un desafío científico.
Sin embargo, por más dinero, tecnología o ingenio que se invierta, luchar contra el reloj y contra la muerte es en vano. La sabiduría de Qohelet es mucho más sobria y honesta: no hay forma de escapar de esa cita obligatoria. El punto que hace el Maestro es claro: no puedes controlar el reloj. La tasa de mortalidad humana sigue siendo un 100% constante. Y si hay algo que el ser humano sí puede predecir con absoluta certeza es que un día moriremos. Esa es la única obligación que nadie puede evitar.
Lo único que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios—temerle y obedecer Sus mandamientos.
Aquí está la conclusión de Qohelet:
Eclesiastés 12:13–14 (NTV) Aquí culmina el relato. Mi conclusión final es la siguiente: teme a Dios y obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos. 14 Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea bueno o sea malo.
La única cosa que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios. Esa responsabilidad es completamente tuya. No recae en tus padres, ni en tu cónyuge, ni en tu pastor. Es algo profundamente personal. Tú eres quien debe decidir cómo responderás al Dios que te creó, te sostiene y te llamará a cuentas. Y aunque esta verdad puede incomodar, sigue siendo absolutamente necesaria: Dios juzgará todo lo que haces. No para aplastarte, sino porque Él es justo, santo y soberano.
Por eso el Maestro resume tu deber en dos partes fundamentales. La primera es temer a Dios. No has aprendido nada hasta que has aprendido esto. Salomón lo expresó con claridad en Proverbios 1:7: “El temor del Señor es la base del verdadero conocimiento, pero los necios desprecian la sabiduría y la disciplina”.
Temer a Dios no significa únicamente “tenerle miedo”, aunque siendo honestos, eso también forma parte de la ecuación, porque Él es el Juez. Pero es mucho más profundo que eso. Temer a Dios es vivir con asombro, con reverencia, con respeto, y con una confianza humilde en Su autoridad. Es reconocer quién es Él… y quién no eres tú.
La segunda parte es obedecer Sus mandamientos. ¿Por qué? Porque Dios es soberano… y tú no eres Dios. La obediencia siempre es la decisión correcta, incluso cuando no garantiza el resultado que deseas. Incluso cuando el futuro sigue siendo incierto. Incluso cuando la muerte sigue siendo inevitable. Obedecer no es una estrategia para controlar la vida; es una postura de sumisión ante Aquel que sí la controla.
Entonces, el punto es claro: tu “deber” no es estar en control; es estar en sumisión. Eso fue lo que Qohelet aprendió al final de todo lo que hizo y deshizo en su búsqueda del sentido de la vida. Pero hay una diferencia importante entre él y nosotros. Él vivió “bajo el sol”, en un mundo de sombras, ciclos y límites. Vivió bajo la Ley, no bajo la gracia. No tenía el cuadro completo. No sabía cómo Jesús cambiaría todo.
Así es como Jesús resolvió la verdad brutalmente honesta de Eclesiastés: Jesús entró en los “Incontrolables.” Él entró en un mundo de muerte, azar y sufrimiento. Jesús tomó el Juicio. Eclesiastés termina con una advertencia de juicio.
El Evangelio nos dice que en la Cruz, Jesús tomó el juicio por cada “cosa secreta” que hemos hecho. Jesús rompió el Ciclo. No podemos controlar la muerte, pero Jesús la conquistó.
En conclusión, el punto final de todo es que Jesús resuelve la dura realidad de la vida “bajo el sol” … pero solo para quienes se vuelven a Él en fe. Y si tú quieres venir a Jesús en fe, reconociendo que no tienes el control de nada —porque solo Él es Dios y tú no— te invito a que no le entregues tu vida a Jesús.
No puedes controlar la muerte, pero sí puedes decidir dónde pasarás la eternidad. Solo hay dos destinos: cielo o infierno. La decisión es tuya.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Cuál de los tres “incontrolables” te cuesta más: el Creador, las consecuencias o el reloj? ¿Por qué?
- ¿Cómo afecta a tu visión del éxito y el fracaso creer que la vida es una meritocracia?
- ¿Cómo desafía Eclesiastés esa creencia? ¿Cómo se ve, de manera práctica, “temer a Dios” en tus decisiones diarias?
- ¿Por qué es difícil obedecer cuando los resultados son inciertos? Comparte un ejemplo personal.
- ¿Cómo cambia la resurrección de Jesús la manera en que vemos la muerte y el control?
- ¿En qué área podría estar llamándote Dios esta semana a pasar del control a la confianza?
El amor que edifica: una mirada a Cantares
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Puntos de conversación:
- El amor verdadero se expresa con palabras que afirman (Cantares 4:1)
- El amor bíblico es exclusivo y comprometido (Cantares 2:16)
- El amor se cultiva con búsqueda, tiempo y cercanía (Cantares 3:1–4)
- El amor celebra la belleza y la dignidad del otro (Cantares 4:7)
El amor de pareja es un regalo de Dios. No es casualidad que la Biblia incluya un libro entero dedicado a celebrar el amor romántico, la atracción, la admiración y la unión entre un hombre y una mujer. Cantares nos recuerda que el amor verdadero no solo se siente: se cultiva, se cuida y se honra.
Hoy exploraremos cómo este libro nos enseña a vivir un amor que edifica, que honra a Dios y que fortalece el corazón.
El amor verdadero se expresa con palabras que afirman.
Cantares 4:1 (NTV) Eres hermosa, amada mía; tan hermosa que no puedo expresarlo…
Al leer Cantares, notamos que la pareja se edifica mutuamente con palabras de admiración y afirmación. En el encabezamiento del versículo 1, la NTV usa la expresión “el joven”, mientras que la RVC dice: “el esposo alaba a la esposa”. En este contexto, alabar significa elogiar, afirmar y expresar aprecio.
Dios no quiere que seamos fríos o distantes en el amor, como si sentir o expresar afecto fuera una debilidad. El amor bíblico es expresivo, afirmador y tierno; Cantares presenta un amor vivo, verbal y celebrado, no un amor apagado o emocionalmente retraído. Las palabras crean un ambiente emocional sano; construyen confianza y seguridad. Dios nos muestra que el amor florece cuando se expresa con ternura y verdad.
Gary Chapman explica que una de las formas principales en que las personas sienten amor es a través de las Palabras de Afirmación, uno de los Cinco lenguajes del amor. Para quienes tienen este lenguaje, escuchar aprecio, gratitud, reconocimiento o admiración fortalece profundamente su corazón. Cantares refleja este principio: el amor se nutre cuando se expresa verbalmente con intención y sinceridad.
Ejemplo de palabras de afirmación para la pareja: “Gracias por todo lo que haces por nuestra familia. Admiro tu esfuerzo y me siento bendecida de caminar la vida contigo.”
El amor bíblico es exclusivo y comprometido.
Cantares 2:16 (NTV) Mi amado es mío, y yo soy suya…
Esta frase refleja exclusividad, pertenencia mutua y pacto. No habla de posesión tóxica, sino de compromiso profundo. El amor según Dios no es casual ni temporal: es una entrega mutua que se cuida, se respeta y se protege. La relación florece cuando ambos se sienten seguros en la fidelidad del otro.
Autores cristianos como Timothy Keller, en su libro El significado del matrimonio, explican que el amor bíblico es un amor de pacto, no un amor de consumo. El amor de consumo se sostiene mientras la otra persona “me sirva”, pero el amor de pacto se basa en una decisión espiritual y moral que permanece incluso cuando las emociones cambian.
Este tipo de amor crea un espacio seguro donde ambos pueden crecer, sanar y fortalecerse. Es el mismo principio que vemos en pasajes como Efesios 5:25, donde el esposo es llamado a amar “como Cristo amó a la iglesia”. Él la amó dando Su vida por ella. Así que es un amor sacrificial y protector que se entrega, que busca el bien del otro y que permanece fiel.
Cuando una pareja vive este tipo de compromiso, el matrimonio se convierte en un refugio donde la confianza se profundiza y el amor madura con el tiempo. Es un amor que refleja el corazón de Dios y que sostiene la relación en cada temporada.
El amor se cultiva con tiempo, búsqueda y cercanía.
Cantares 3:1-4 (NTV) [Lo] busqué por todas partes pero no lo encontré… ¡encontré a mi amado!
La sunamita busca a su amado con intención. Caminaba por la ciudad buscándolo y no lo encontraba. Preguntaba por él y nadie sabía darle razón. Aun así, no se rindió: siguió su búsqueda hasta que por fin lo encontró.
Este pasaje nos enseña que el amor no se sostiene solo con emociones; requiere búsqueda, esfuerzo, presencia y dedicación. Las relaciones se enfrían cuando se descuidan, pero se fortalecen cuando se invierte tiempo, atención y ternura. Tenemos que ser intencionales cuando de fortalecer el amor se trata. No des nada por sentado.
El matrimonio, según la Biblia, es un diseño de Dios desde la creación misma (Gn 2:18, 24). No es solo un acuerdo humano, sino un pacto sagrado, como lo afirma Mal 2:14. También es un regalo bueno que refleja la bondad del Señor (Pr 18:22). Y para quienes Dios los llama al matrimonio, se convierte en un llamado a reflejar el amor de Cristo en la relación (Ef 5:25–32; 1 Co 7:17). Cuando entendemos el matrimonio como diseño, pacto, regalo y llamado, lo valoramos con la intención y la honra que Dios quiso desde el principio.
Consejos prácticos para cultivar y fortalece la relación:
- Busca momentos intencionales: aparta 10–15 minutos al día para conversar sin pantallas, sin prisas y sin interrupciones.
- Haz preguntas que muestran interés: “¿Cómo te sentiste hoy en el trabajo?” “¿Qué te gustaría hacer esta semana juntos?”
- Inicia contacto afectivo: un abrazo más largo, un toque en el hombro, tomar su mano al caminar.
- Planea algo pequeño pero significativo: prepara su comida o postre favorito, déjale una nota o envíale un mensaje afirmador.
- Escucha sin corregir ni solucionar: simplemente está presente, valida y acompaña.
- Muestra disponibilidad emocional: di “estoy aquí contigo”, “cuentas conmigo”, “me importas”.
- Retoma prácticas que antes los unían: una caminata juntos, un juego de mesa, leer un devocional en pareja.
- Busca reconciliación con humildad: da el primer paso para hablar, pedir perdón o aclarar un malentendido.
El amor celebra la belleza y la dignidad del otro
Cantares 4:7 (NTV) Toda tú eres hermosa, amada mía, bella en todo sentido.
En palabras de la RVC, el amado le dice a la sulamita: “no tienes ningún defecto” (Cnt 4:7). Él la ve perfecta. No porque lo sea en un sentido absoluto, sino porque la mira con un amor que cubre, no que critica. La Biblia enseña que “el amor cubrirá multitud de pecados” (1 P 4:8), es decir, el amor elige no enfocarse en las faltas, sino en el valor de la persona.
Debemos ver a nuestra pareja de la misma manera que Cristo nos ve: a través de Su gracia. Dios no nos mira según nuestras fallas, sino a través de la justicia de Jesús en nosotros (2 Co 5:21). Algunos interpretan Cantares como una imagen del amor de Cristo por Su iglesia, un amor lleno de ternura, honra, respeto y aprecio. Es un amor que no usa una lupa para resaltar defectos, sino que crea un ambiente seguro para reconocer nuestras faltas y trabajarlas.
El amor bíblico reconoce la belleza interior y exterior, y la afirma. Esto no significa negar la realidad, sino aprender a ver al otro con amor y dignidad, como Dios nos invita a ver a quienes amamos. Y especialmente en el matrimonio, necesitamos recordar que la dignidad humana —como explica el pastor Bryan en La Búsqueda, cap. 3— no depende de conducta, logros o estatus, sino del hecho de haber sido creados por Dios.
Cuando miramos a nuestra pareja desde esa verdad, afirmamos su valor, honramos su identidad y amamos de una manera que refleja el corazón de Dios. Por eso, en el matrimonio necesitamos aprender a exaltar lo bueno: lo noble, lo admirable y lo bello en la pareja. Evitemos palabras hirientes que lastiman la dignidad, comentarios como “qué gordo te ves” o “qué feo te ríes”, que no reflejan el amor que “cubre multitud de pecados’ ni la gracia con la que Cristo nos mira.
En cambio, aprendamos del amado en Cantares a ver a nuestra pareja como el más guapo, valioso, capaz e inteligente, y a tratarlo conforme al valor que Dios ya le dio desde la creación. Cuando elegimos hablar vida, afirmación y honra, nutrimos nuestro amor en la relación.
Cantares nos recuerda que el amor de pareja es un regalo sagrado que debe cultivarse con palabras que edifican, compromiso fiel, búsqueda intencional y una mirada llena de gracia y dignidad. Cuando una relación se construye sobre estos principios, refleja el corazón de Dios y se convierte en un espacio de gozo, seguridad y crecimiento mutuo.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
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- ¿Qué nos revela la búsqueda de la sunamita sobre el esfuerzo en la relación?
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- ¿Qué aspecto del amor de Cantares necesitas cultivar más en tu vida?

