
Eclesiastés – Una reflexión brutalmente honesta de la fe
La vida es frustrante y no puedes controlarla. En esta serie de 4 semanas exploramos una perspectiva brutalmente honesta de la fe a partir del libro más misterioso de la Biblia.
Una reflexión brutalmente honesta de la fe
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Puntos de conversación:
- Una vida enfocada solo en lo temporal es una vida sin verdadero significado (hevel). Eclesiastés 1:2,
- No somos los primeros en enfrentar la fragilidad de la vida. Salmos 39:5, 7
- La vida “bajo el sol” inevitablemente decepciona. Pero fuimos creados para algo más que esta vida. Eclesiastés 1:9–11, Eclesiastés 5:2
- Fuimos creados para algo más que esta vida; el verdadero significado proviene de una perspectiva eterna arraigada en Cristo. Juan 10:10, Hebreos 12:24
Estamos comenzando nuestra serie sobre el libro de Eclesiastés. Estoy seguro de que algunos piensan: “¿Eclesiastés? ¿No había algo más alegre para iniciar el año nuevo que Eclesiastés?” Le hemos puesto como título “Una reflexión brutalmente honesta de la fe” porque Eclesiastés no endulza las frustraciones y desilusiones de esta vida. Las expone. Y si no prestas atención, puedes perderte el punto central del libro.
Tal vez tú mismo estás luchando con frustraciones o decepciones mientras estás sentado aquí hoy. Si ese es tu caso, espero que esta serie te dé dirección y ánimo. Creo que este libro habla con fuerza a nuestro tiempo y a nuestra cultura. No somos la primera generación que se pregunta: “¿Cuál es el punto de todo esto?”. De hecho, es en Eclesiastés donde leemos que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Estamos lidiando con las mismas preguntas que la humanidad ha enfrentado por miles de años.
Así que comencemos con una pregunta: ¿Alguna vez trabajaste duro para lograr algo, solo para descubrir que no te satisfizo? Que no te llenó. Un ascenso que no fue lo que imaginabas. Un viaje soñado que te dejó queriendo más. Un logro deportivo que solo te dio placer momentáneo.
Como en la entrevista de Patrick Mahomes después del Super Bowl 2024: dijo “No hemos terminado. Tenemos un equipo joven. Vamos a seguir con esto.” Acababa de ganar su segundo Super Bowl consecutivo, el tercero en cinco años… y ya estaba pensando en el siguiente. ¿Qué pasó con el clásico “¡Me voy a Disneyland!”? Vivimos en una cultura en la que nada nos satisface. Incluso los logros más increíbles pueden dejarnos queriendo más.
Antes de entrar al texto, hablemos del libro en sí. Cuando lees la Biblia, es importante recordar que, aunque cuenta una historia unificada, contiene diferentes géneros literarios: narrativa histórica (Génesis, Josué, Rut, Hechos), ley (Levítico y Deuteronomio), profecía (Isaías, Jeremías, entre otros), poesía (Salmos, Cantar de los Cantares) y sabiduría (Proverbios, Job, Eclesiastés). Eclesiastés pertenece a la literatura de sabiduría. Y dentro de esa literatura existía un estilo llamado literatura pesimista. Eclesiastés es el único ejemplo de este estilo dentro de la Biblia, aunque la tradición se remonta al menos al 2000 a.C. en Egipto y Mesopotamia.
Pero hay una diferencia enorme entre Eclesiastés y otros escritos pesimistas de la época: los otros eran completamente desesperanzados. Eclesiastés no. Reconoce la frustración, pero también abre la puerta a la posibilidad de esperanza y gozo, a pesar de todo, por la bondad de Dios y porque esta vida no es el final. Con ese trasfondo, entremos al capítulo 1.
Eclesiastés 1:1 (NTV) Estas son las palabras del Maestro, hijo del rey David y gobernante de Jerusalén.
Ya hablamos del libro; ahora hablemos del autor. El versículo 1 identifica al Maestro como el hijo de David, rey de Jerusalén. No se menciona explícitamente a Salomón, pero la mayoría de los estudiosos coinciden en que él es el autor. Las pistas internas del libro apuntan a él: sus obras, su sabiduría y sus logros coinciden con lo que se describe en 1 Reyes y 2 Crónicas.
Si miras tu Biblia, verás una nota al pie con la palabra “Qohelet”. Ese es el título hebreo del personaje central, traducido como “Maestro” o “Predicador”. Proviene de la raíz qahal, que significa reunir o convocar. En griego, Ekklesiastés significa “el que pertenece a la asamblea”. Es la misma raíz de ekklesia, iglesia. En cierto sentido, podríamos parafrasearlo como: “El Maestro que habla a la asamblea.”
Salomón también escribió la mayor parte de Proverbios, que ofrece consejos prácticos para vivir bien. Me encanta estudiar Proverbios. Si necesitas consejos para ser un buen hombre, esposo, padre e hijo, te aconsejo leerlo. Pero recuerda: los proverbios no son promesas. Son principios que generalmente se cumplen, pero no siempre.
Es como algunos dichos populares que no siempre se cumplen: “Una manzana al día mantiene al doctor lejos.” O “Lento pero seguro gana la carrera.” No siempre funciona así.
Eclesiastés es una respuesta directa y sin rodeos a la simplicidad de Proverbios. Proverbios dice: “Haz esto, y en general te irá bien.” Eclesiastés responde: “La vida no es tan simple; no siempre funciona así.” La mayoría cree que Salomón escribió Proverbios cuando era joven y Eclesiastés cuando ya era mayor. Después de vivirlo todo, se da cuenta de que muchas cosas no resultan como uno espera.
Por eso Eclesiastés es tan relevante hoy. Mucha gente se pregunta: “¿Qué sentido tiene todo esto?” “Pensé que esto me iba a hacer feliz… y no lo hizo.” “¿Por qué la vida se siente tan vacía a veces?” Si has sido herido por injusticias, frustraciones o incluso por la iglesia, este libro tiene mucho que decirte. Y no lo hace con un mensaje superficial de “todo está bien”. Reconoce el dolor, pero también apunta a la esperanza.
Una vida enfocada solo en lo temporal es una vida sin verdadero significado.
Eclesiastés 1:2–8 (NTV) 2 «Nada tiene sentido—dice el Maestro—, ¡ningún sentido en absoluto!». 3 ¿Qué obtiene la gente con trabajar tanto bajo el sol? 4 Las generaciones van y vienen, pero la tierra nunca cambia. 5 El sol sale y se pone, y se apresura a dar toda la vuelta para volver a salir. 6 El viento sopla hacia el sur y luego gira hacia el norte. Da vueltas y vueltas soplando en círculos. 7 Los ríos desembocan en el mar, pero el mar nunca se llena. Luego el agua vuelve a los ríos y sale nuevamente al mar. 8 Todo es tan tedioso, imposible de describir. No importa cuánto veamos, nunca quedamos satisfechos. No importa cuánto oigamos, nada nos tiene contentos.
Cuando escuchamos “nada tiene sentido”, podríamos pensar que el Maestro dice que la vida no tiene propósito. Pero no es eso. La palabra hebrea “hevel” aparece casi 40 veces. Literalmente significa vapor, aliento, humo. Algo frágil, temporal, imposible de agarrar. Es también el nombre de Abel, cuya vida fue breve como un soplo. Hizo lo correcto y aun así sufrió injusticia.
Mientras tanto, Caín representa la tendencia humana a querer controlar. Ese deseo llevó al primer asesinato. Desde Génesis, la Biblia ya mostraba el mensaje de Eclesiastés.
¿Has experimentado la vida así? Como Abel, herido o traicionado. O como Caín, intentando controlar lo que no puedes.
Otra frase clave es “bajo el sol”. También aparecen “debajo del cielo” y “en la tierra”. En Eclesiastés 5:2 leemos: “Dios está en el cielo, y tú estás aquí en la tierra.” Una vida enfocada solo en lo temporal es inestable y poco satisfactoria. Es como tratar de agarrar humo.
No somos los primeros en enfrentar la fragilidad de la vida.
El Maestro no es el primero en reflexionar sobre lo breve y frágil que es la vida. Ni siquiera en su familia. Mira lo que escribió su padre, David:
Salmos 39:5 (NTV) La vida que me has dado no es más larga que el ancho de mi mano. Toda mi vida es apenas un instante para ti; cuando mucho, cada uno de nosotros es apenas un suspiro».
La palabra “suspiro” es la misma “hevel”. David dice que somos como sombras y que todo nuestro afán termina en nada. Acumulamos riquezas sin saber quién las disfrutará. Pero no dice que la vida sea inútil, sino que es breve y fuera de nuestro control. Por eso debemos mirar al Dios que sostiene todas las cosas.
Salmos 39:7 (NTV) Entonces, Señor, ¿dónde pongo mi esperanza? Mi única esperanza está en ti.
Podemos atravesar injusticias y aun así tener gozo. Nuestra esperanza no está en nada bajo el sol, sino en el Dios que hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y han sido llamados según su propósito.
La vida “bajo el sol” inevitablemente decepciona. Pero fuimos creados para algo más que esta vida.
Eclesiastés 1:9–11 (NTV) 9 La historia no hace más que repetirse; ya todo se hizo antes. No hay nada realmente nuevo bajo el sol. 10 A veces la gente dice: «¡Esto es algo nuevo!»; pero la verdad es que no lo es, nada es completamente nuevo. 11 Ninguno de nosotros recuerda lo que sucedió en el pasado, y las generaciones futuras tampoco recordarán lo que hacemos ahora.
Aunque no haya nada nuevo bajo el sol, los creyentes no vivimos solo bajo el sol. Tenemos una nueva naturaleza, una nueva familia, una nueva comunidad y un nuevo pacto basado en la sangre de Jesús.
La idea central es esta: la vida bajo el sol decepciona, pero fuimos creados para algo más. Se trata de vivir con una perspectiva eterna, sin caer en extremos de ser tan “espirituales” que no somos de utilidad en la tierra..
Como dice el autor de How to Inhabit Time, “Como un pueblo que vive desde la tradición y consciente de lo que ha heredado, vivimos orientados hacia el futuro, esperando el reino por venir. Pero al mismo tiempo, siempre vivimos en el presente. Los dones del pasado y las esperanzas del futuro se unen en nosotros ahora. No puedo dejar de estar en el presente. El desafío es habitar fielmente el presente sin caer en un presentismo donde solo importa el ahora.”
Jesús lo expresó así:
Juan 10:10 (NTV) El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Esa vida plena comienza ahora. Comienza cuando estamos presentes en nuestras relaciones. Cuando reconocemos que Dios usa lo cotidiano y lo difícil para nuestro bien. Cuando disfrutamos sus bendiciones. Cuando vivimos con gratitud. Cuando recordamos que esta vida no es el final. Hay más que lo que está bajo el sol.
Con esto cerramos el mensaje que nos lleva al evangelio:
Hebreos 12:24 (NTV) Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel.
Y esa es la invitación del evangelio: no solo entender que hay más que lo que está bajo el sol, sino venir a Jesús, el único que puede darnos una vida que no se desvanece. Todo lo temporal es frágil, pero Jesús ofrece un nuevo pacto, una nueva identidad y una nueva esperanza.
La sangre de Abel clamaba justicia. La sangre de Jesús proclama perdón. Abel nos recuerda lo que está roto. Jesús nos muestra lo que Dios vino a restaurar.
Esa restauración comienza ahora, cuando venimos a Cristo con nuestras cargas y descubrimos que Él es suficiente. Comienza cuando dejamos de buscar significado en lo que se desvanece y lo encontramos en Aquel que permanece para siempre.
Hoy Jesús te invita a entrar en esa vida plena. A dejar atrás la ilusión de que lo que está bajo el sol puede sostener tu alma. A recibir el perdón, la gracia y la esperanza que solo Él puede dar.
Porque al final, la verdadera vida no se encuentra en lo que hacemos o logramos, sino en Aquel que dio su vida por nosotros. Y cuando venimos a Él, descubrimos que lo que está bajo el sol ya no es nuestro límite… es simplemente el lugar donde comenzamos a vivir para su gloria.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Cuándo has logrado algo que pensaste que te satisfaría, pero no lo hizo? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
- ¿Cómo cambia tu manera de leer Eclesiastés al entender el significado de hevel?
- ¿Por qué crees que Eclesiastés resuena tan fuertemente con la cultura moderna?
- ¿Cómo se ve vivir con una perspectiva eterna mientras sigues estando plenamente presente hoy?
- ¿Cómo redefine Jesús lo que realmente significa una vida “rica y satisfactoria”?
- ¿En qué área podría Dios estar invitándote a mover tu esperanza lejos de lo que está “bajo el sol” y dirigirla hacia Él?
Una reflexión brutalmente honesta del placer
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Puntos de conversación:
- Salomón probó el entretenimiento, el alcohol, las posesiones, la riqueza, el sexo y el éxito, y descubrió que nada de eso lo satisfizo. Eclesiastés 2:1–10
- La caminadora hedónica explica por qué el placer siempre exige ‘más’ pero nunca trae plenitud. Eclesiastés 2:11
- El ascetismo es el error opuesto: negar los buenos regalos de Dios en lugar de recibirlos con gratitud. Génesis 2:8–9
- El placer es un regalo de Dios, no un dios que deba reemplazarlo a Él. Eclesiastés 3:12–13
- La verdadera satisfacción se encuentra en Jesús, quien ofrece una vida rica y plena más allá de los placeres temporales. Juan 10:9–10
Estamos en la segunda semana de nuestra serie en Eclesiastés, y seguimos explorando este libro tan honesto y profundo. La primera semana dijimos que Eclesiastés es una respuesta realista a la simplicidad de Proverbios. Mientras que Proverbios, en principio, enseña: “Haz esto y recibirás aquello”, Eclesiastés responde: “La vida no es tan simple.”
Aprendimos dos palabras hebreas clave: Qohelet, que significa “El Maestro”, y Hevel, que se traduce como “vapor” o “sin sentido”. El punto central fue que la vida “debajo del sol” decepciona, pero fuimos hechos para más. La segunda semana hablamos del dinero. Hoy profundizamos en el tema del placer.
En la mitología griega, Hedoné era la diosa del placer, hija de Eros. De allí viene el término “hedónico”, que se refiere al placer sensorial y momentáneo. Esto contrasta con la satisfacción profunda y duradera que en griego se llama “eudaimonía”. También de Hedoné proviene la palabra hedonismo, la creencia de que el placer es el bien supremo y el objetivo principal de la vida humana. Un hedonista vive bajo el código: “Si se siente bien, hazlo; si duele, evítalo.” Muy parecido a la manera en que vivimos hoy, ¿no te parece?
La ironía del hedonismo es que mientras más persigues el placer, más se te escapa. A esta paradoja se le llama la caminadora hedónica, una imagen que describe cómo corremos tras el placer sin llegar nunca a la satisfacción real.
La caminadora hedónica explica por qué el placer siempre exige ‘más’ pero nunca trae plenitud.
Funciona así: alcanzas algo y tu felicidad sube. Pero cuando la euforia del momento baja, quedas insatisfecho. Luego vuelves a tu línea base… y vas tras otra cosa. Así comienza un ciclo vicioso que se repite una y otra vez.
Primero viene la búsqueda. Puede ser algo “bueno”, como un ascenso, una casa nueva o una relación ideal; o puede ser algo destructivo, como drogas, pornografía o apuestas. Después llega el logro: lo alcanzas, sientes un subidón de euforia, y por un momento la vida se siente más brillante, más emocionante.
Luego aparece la adaptación. Después de unas semanas o meses, lo extraordinario se vuelve ordinario. Tu cerebro se acostumbra al nuevo nivel y deja de producir la misma respuesta emocional.
Y aquí ocurre algo importante: esto crea un déficit de dopamina. Cuando tu cerebro se adapta y deja de sentir el mismo nivel de placer, la dopamina baja y entras en un estado de déficit que te impulsa a seguir buscando más placer. Ese ciclo —buscar, lograr, adaptarse, acelerar— es lo que con tanta frecuencia termina llevando a las adicciones.
Lo curioso es que, miles de años antes de que los neurocientíficos hablaran de los “déficits de dopamina”, el rey Salomón llevó a cabo el experimento humano más costoso de la historia para ver si el placer podía satisfacer el alma.
Salomón probó el entretenimiento, el alcohol, las posesiones, la riqueza, el sexo y el éxito, y descubrió que nada de eso lo satisfizo.
Salomón está en busca del placer, como la mayoría de la humanidad. Por eso inicia una serie de experiencias —o podríamos llamarlas experimentos— para descubrir dónde podía encontrarlo y qué realmente lo hacía feliz. Cada intento es un esfuerzo por llenar el vacío interior, una prueba más en su búsqueda por una vida que tenga sentido.
#1 – El experimento del entretenimiento
Eclesiastés 2:1–2 (NTV) Me dije: «Vamos, probemos los placeres. ¡Busquemos “las cosas buenas” de la vida!»; pero descubrí que eso también carecía de sentido. 2 Entonces dije: «La risa es tonta. ¿De qué sirve andar en busca de placeres?».
Salomón prueba el placer y la risa, pero descubre que también son hevel. Son vanidad: se evaporan, no tienen sustancia, no sostienen el alma. Y si miras a tu alrededor, verás lo mismo. Todos buscan entretenimiento.
La industria de la comedia mueve más de veinte mil millones de dólares al año porque la gente quiere reír, aunque sea por un momento. Pero después regresan a su rutina y vuelven a sentirse vacíos. Es un experimento fallido. El entretenimiento no da la felicidad. Así que Salomón pasó al alcohol, buscando en otro lugar lo que la risa tampoco pudo darle.
#2 – El experimento del alcohol
Eclesiastés 2:3 (NTV) Después de pensarlo bien, decidí alegrarme con vino. Y mientras seguía buscando sabiduría, me aferré a la insensatez. Así traté de experimentar la única felicidad que la mayoría de la gente encuentra en su corto paso por este mundo.
Busco la felicidad en la bebida. ¿Te suena familiar? Salomón hace exactamente eso: prueba la bebida buscando alegría sin perder la sabiduría. Pero es una contradicción absurda. ¿Qué borracho puede ser sensato? Él mismo lo reconoce cuando dice: “Y mientras seguía buscando sabiduría, me aferré a la insensatez.”
Salomón no ha sido —ni es— el único en buscar significado y felicidad en la bebida. La industria del alcohol genera más de seiscientos mil millones de dólares al año. Y cuántas personas han destruido sus vidas allí: han perdido hogares, trabajos, relaciones, oportunidades… y aun así siguen vacíos, incluso peor que cuando empezaron.
El Maestro, Salomón, al darse cuenta de que tampoco la bebida le daba felicidad ni sentido, dirigió su búsqueda hacia las posesiones. En este punto, pasó por dos fases distintas en su vida: una de adquisición y otra de acumulación.
#3 – El experimento de adquisición
Eclesiastés 2:4–6 (NTV) También traté de encontrar sentido a la vida edificándome enormes mansiones y plantando hermosos viñedos. 5 Hice jardines y parques, y los llené con toda clase de árboles frutales. 6 Construí represas para juntar agua con la cual regar todos mis huertos florecientes.
En esta fase de adquisición, Salomón se dedica a obtener cosas. Construye, compra, crea y acumula. Son proyectos, propiedades y bienes tangibles: sistemas de riego, viñedos, jardines y huertos, casas y mansiones. Prácticamente se convierte en un inversionista en bienes raíces.
Y, por cierto, no es casualidad que esto suene tan familiar. Hoy en día, el sector de bienes raíces es uno de los más grandes de la economía de Estados Unidos y el principal motor de la riqueza nacional. El mercado de vivienda tiene un valor estimado de 52 billones de dólares y genera más de un billón anual en rentas, comisiones y servicios relacionados.
Pero ni siquiera todo eso le dio satisfacción. Así que pasó al siguiente experimento en su búsqueda de significado.
#4 – El experimento de acumulación
Pareciera que esta fase es lo mismo que la anterior, pero no lo es. Aquí Salomón se enfoca en cosas que se construyen, se compran o se poseen físicamente. Es el experimento de los bienes y raíces, de la propiedad, de lo visible. En esta etapa entran casas, viñedos, huertos, proyectos de construcción y todo aquello que puede tocarse, medirse o mostrarse.
¿Y qué representa esto hoy? Prácticamente lo mismo: bienes y raíces. Comprar casas, remodelar, invertir en propiedades, construir negocios, obtener “cosas grandes”. La misma lógica, solo con un lenguaje moderno. Y detrás de este experimento hay una mentira muy seductora: “Si tengo más cosas, seré feliz.” Pero la conclusión de Salomón es contundente: puedes tener todo lo que se puede comprar… y aun así sentirte vacío.
Ahora bien, en el experimento de acumulación, Salomón cambia de enfoque. Ya no está adquiriendo cosas; ahora está acumulando recursos, riqueza y personas. Este es el experimento de los activos, de los “assets”, de aquello que produce, genera o sostiene estatus y poder.
Eclesiastés 2:7–8 (NTV) Compré esclavos y esclavas, y otros nacieron en mi propiedad. También tuve enormes manadas y rebaños, más que cualquiera de los reyes que vivieron en Jerusalén antes que yo. 8 Junté grandes cantidades de plata y de oro, el tesoro de muchos reyes y provincias. Contraté cantores estupendos, tanto hombres como mujeres, y tuve muchas concubinas hermosas. ¡Tuve todo lo que un hombre puede desear!
Entonces, Salomón acumula esclavos, ganado, plata y oro, tesoros de reyes —lo que hoy llamaríamos inversiones—, además de cantores y concubinas, que veremos en el siguiente experimento. Esta fase ya no trata de adquirir cosas, sino de acumular recursos, riqueza y personas para construir una vida de poder, estatus y seguridad.
¿Y qué representa esto hoy? Los “esclavos” serían empleados o personal a nuestro servicio. El “ganado” sería capital productivo. La plata y el oro equivaldrían a riqueza líquida. Los tesoros de reyes serían nuestras inversiones, ahorros y cuentas bancarias. En resumen: influencia, seguidores, estabilidad financiera y la sensación de seguridad.
Pero detrás de este experimento hay una mentira muy poderosa: “Si acumulo suficiente, estaré seguro.” Sin embargo, la conclusión de Salomón es clara. Puedes tener todo lo que se puede acumular para obtener estatus, seguridad y poder… y aun así sentirte inseguro, ansioso y vacío.
Pasemos ahora a la última parte del versículo 8, donde vemos el siguiente paso en su búsqueda.
#5 – El experimento sensorial
Lo sensorial se refiere a todo lo que se percibe a través de los sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Es cualquier experiencia que entra por el cuerpo y produce una impresión física o emocional.
Si el experimento de adquisición tenía que ver con bienes y raíces, y el experimento de acumulación con bienes, riqueza y personas, entonces el experimento sensorial es el experimento del placer, del cuerpo, de todo lo que entra por los sentidos y promete satisfacción inmediata.
Eclesiastés 2:8b (NTV) 8…Contraté cantores estupendos, tanto hombres como mujeres, y tuve muchas concubinas hermosas. ¡Tuve todo lo que un hombre puede desear!
Este experimento incluye todo lo que produce sensaciones físicas o emocionales: música, entretenimiento, placer sexual —concubinas y esposas secundarias legales—, festividades, banquetes, aromas, sabores y experiencias. Según 1 Reyes 11, Salomón tuvo setecientas esposas y trescientas concubinas.
En otras palabras, todo lo que “se siente rico”. Por eso podemos llamar a esta etapa el experimento del hedonismo, la filosofía que afirma: “El placer es el bien supremo… y si se siente bien, hazlo.”
¿Y qué representa esto hoy en día? Música, fiestas, conciertos, playlists, Netflix, TikTok y entretenimiento constante. Comida gourmet, restaurantes y experiencias culinarias. Viajes, spas y masajes. La hipersexualización, el rechazo al matrimonio, las relaciones sin compromiso y la pornografía —una industria que mueve más de cien mil millones al año—. También las compras impulsivas para sentir “dopamina”. En resumen, todo lo que estimula los sentidos para “sentirse bien”. Es el experimento del subidón de dopamina.
La mentira detrás de este experimento es simple pero poderosa: “Si siento más, seré feliz.” Es la idea de que el placer sensorial puede llenar el alma. Pero la conclusión de Salomón es contundente: puedes tener todas las experiencias, todos los placeres, todas las sensaciones… y aun así sentirte vacío. Porque el placer no cura el alma, no sana el corazón, no da propósito, no sostiene en el sufrimiento y no llena el espíritu. Salomón dice que incluso este experimento fue hevel: vapor, humo, algo que se desvanece.
Así que todos los experimentos fallaron. Nada le dio satisfacción. Y permíteme decir algo pastoral antes de pasar al siguiente versículo: si estás pensando en tener una amante, no lo hagas. Si una mujer —tu esposa— no te satisface, no lo harán novecientas noventa y nueve. Tenía que decirlo antes de continuar.
Eclesiastés 2:9–10 (NTV) De modo que me hice más poderoso que todos los que vivieron en Jerusalén antes que yo, y mi sabiduría nunca me falló. 10 Todo lo que quise lo hice mío; no me negué ningún placer. Hasta descubrí que me daba gran satisfacción trabajar mucho, la recompensa de toda mi labor;
Este hombre no se negó ningún placer; incluso disfrutó del trabajo. Suena casi como la versión antigua del sueño americano moderno —solo que hoy, muchos querrían quitar la parte del trabajo. En los tiempos de Salomón, el placer era escaso y reservado para unos pocos; él era la excepción. Pero hoy, comparados con la historia, todos vivimos como reyes: acceso a comida, entretenimiento, comodidad, viajes, tecnología… cosas que ni los monarcas más ricos pudieron imaginar.
Ahora veamos la conclusión a la que llego el Maestro de sus experimentos:
Eclesiastés 2:11 (NTV) pero al observar todo lo que había logrado con tanto esfuerzo, vi que nada tenía sentido; era como perseguir el viento. No había absolutamente nada que valiera la pena en ninguna parte.
Nada tenía “hevel” ; era como perseguir el viento. Ahí está otra vez esa palabra: “sin sentido”. Hevel, como vimos la semana pasada: vapor, humo. Todo se desvaneció; nada era sólido. En otras palabras, es la caminadora hedónica: no importa qué tan rápido corras hacia una meta, cuando la alcanzas tu nivel básico de felicidad vuelve a resetearse y empiezas a buscar la siguiente cosa que perseguir, porque nada te ha dado satisfacción.
¿Por qué pasa esto? Lo explicamos así: por el estado de déficit de dopamina. El impulso del cerebro hacia el consumo excesivo está alimentado por un mecanismo biológico donde el placer y el dolor funcionan como dos lados opuestos de una balanza.
Cuando experimentamos algo placentero, el cerebro libera dopamina y la balanza se inclina hacia el lado del placer. Pero el cerebro está diseñado para mantener homeostasis, un nivel estable, y trabaja intensamente para regresar esa balanza a su punto neutral cada vez que se inclina.
Cuando la balanza se inclina hacia el placer, el cerebro no solo vuelve al nivel normal; sobrecompensa reduciendo la producción de dopamina. Eso crea un estado de déficit de dopamina. Y ahí es donde vive tanta gente hoy. Sin sentido. Lo que me encanta es que la Palabra de Dios nos enseñó esto miles de años antes que la ciencia.
Ahora bien, ¿cuál es la solución? Algunos podrían pensar que la respuesta es negar el placer. Pero tampoco. No se trata de irse al otro extremo. El otro extremo del hedonismo —la búsqueda exagerada del placer— es el ascetismo. Y el ascetismo es el error opuesto: negar los buenos regalos de Dios en lugar de recibirlos con gratitud.
Ascetismo es la creencia de que hacer tu vida miserable te convierte en una mejor persona.
O en un mejor cristiano. O en alguien más santo. Muchos, al cerrar un sermón como este, dirían: “Ya ven, el placer es malo. Tenemos que negarnos a todo placer para ser buenos cristianos. El sexo con tu esposa es solo para procrear. No debes invertir, comprar, vender o disfrutar nada.” Pero el ascetismo tampoco es la respuesta.
El hedonismo, por un lado, puede provocar una reacción exagerada… pero también lo hace el ascetismo. Lutero lo explicó con una imagen brillante: la naturaleza humana es como un campesino borracho tratando de montar un caballo. Te caes por el lado izquierdo, así que decides hacerlo mejor. Vuelves a subirte, pero te inclinas tanto hacia el otro lado que te caes por la derecha.
Ese es nuestro problema: cuando intentamos corregir un extremo, solemos caer en el extremo opuesto. Del hedonismo saltamos al ascetismo. De “el placer es mi dios” pasamos a “el placer es pecado”. De abusar de los regalos de Dios pasamos a temerlos. Y en ambos casos… seguimos fuera del caballo. Seguimos lejos del corazón de Dios.
El ascetismo no es la solución porque:
Génesis 2:8 (NTV) 8 Después, el Señor Dios plantó un huerto en Edén, en el oriente, y allí puso al hombre que había formado. 9 El Señor Dios hizo que crecieran del suelo toda clase de árboles: árboles hermosos y que daban frutos deliciosos…
Edén literalmente significa “placer”. Dios lo hizo para el hombre. Así que podemos decir, sin exagerar, que Dios puso al ser humano en el huerto del Placer. Si el placer fuera malo, Dios jamás habría creado un lugar así, ni mucho menos habría puesto allí al hombre y a la mujer.
Además, el fruto no era solo funcional, “bueno para comer”; también era agradable a la vista, una expresión que habla de estética, belleza, deleite. Dios colocó a Adán y Eva en este jardín de placer y les dio libertad para comer de casi todos los árboles. Él es un Dios bueno y quiere que disfrutemos sus buenos regalos.
Y eso es precisamente lo que Salomón descubrió. Después de todos sus experimentos fallidos por encontrar el placer y la satisfacción plena, se dio cuenta de la diferencia entre disfrutar un regalo y depender de él, la bondad del Creador frente a la insuficiencia de la creación y el límite del placer cuando se convierte en un dios.
El placer es un regalo de Dios, no un dios que deba reemplazarlo a Él.
Eclesiastés 3:12–13 (NTV) Así que llegué a la conclusión de que no hay nada mejor que alegrarse y disfrutar de la vida mientras podamos. 13 Además, la gente debería comer, beber y aprovechar el fruto de su trabajo, porque son regalos de Dios.
Así que tengamos cuidado de no caer en ninguno de los dos extremos. Ni en el hedonismo, que busca la felicidad última en placeres pasajeros —hevel, vapor que se desvanece—. Ni en el ascetismo, que niega las cosas buenas con un corazón orgulloso y amargado.
La invitación bíblica es distinta: disfruta las cosas buenas que Dios provee. Míralas como regalos, no como obligaciones. Reconoce que estas cosas vienen y van, pero Dios mismo es el constante, el único que permanece.
Te lo resumo así: la clave no es idolatrar el placer ni temerlo, sino recibirlo con gratitud, dentro de los límites de Dios, y sin depender de él para vivir.
El hedonismo dice: “El placer es mi dios.”
Ese es el problema. Todos estos experimentos que hizo Salomón elevaron el placer a un lugar máximo, al mismo nivel que solo le corresponde a Dios. Es exactamente lo que hacemos hoy: tratar de buscar el placer a cualquier costo, como si fuera la fuente última de significado. Cuando haces eso, el placer se convierte en tu dios. Ese es un extremo.
En el otro extremo está la reacción opuesta, igual de dañina, que veremos a continuación.
El ascetismo dice: “El placer es pecado.”
Dios no quiere que goces de nada. Esa es la idea que muchos abrazan sin darse cuenta. Viven una vida sombría, apagada, casi gris. Y lo más triste es que algunos incluso se jactan de ello, como si la falta de alegría y de gusto los hiciera más santos.
Pero la Biblia cuenta otra historia, una muy distinta, una que revela a un Dios que no solo permite el gozo, sino que lo diseñó como parte de la vida humana.
El evangelio dice: “El placer es un regalo.”
Disfrutas de la esposa que Dios te ha dado porque es un regalo que viene de Él. Lo mismo ocurre cuando te da una casa, un trabajo o cualquier otra bendición. Estás presente, lo recibes como un regalo de Dios y lo disfrutas con gratitud. Agradeces las victorias. Sabes cómo celebrar. Y aunque las cosas buenas vengan y vayan por temporadas, nada de eso destruye tu fe.
Lo disfrutas, pero no dependes de eso. No haces del placer un dios, ni lo conviertes en un pecado. Reconoces que es un regalo de Dios, porque Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Y eso es exactamente lo que Jesús expresó, mostrando el corazón del Padre y articulando la misma verdad que Salomón descubrió en su búsqueda.
Juan 10:9-10 (NTV) 9 Yo soy la puerta; los que entren a través de mí serán salvos. Entrarán y saldrán libremente y encontrarán buenos pastos. 10 El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; (este es el diablo, y él lo puede hacer a través del hedonismo o el ascetismo) mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Eso es lo que Dios quiere para todos. El Dios de Salomón, Jesús, vino para darnos una vida plena y abundante, una vida verdaderamente satisfactoria. Él es un Dios bueno, un Dios que nos ama y nos da cosas para que las disfrutemos, y que deben recibirse como regalos que vienen de su mano, usados de una manera bíblica, apropiada y dentro de sus límites. Solo así pueden disfrutarse como deben. Y, en última instancia, eso solo se encuentra en Jesucristo.
Ven. Te animo a que busques a este Jesús que quiere que vivas una vida con sentido, una vida plena. Solo Él puede completar tu vida y darte lo que has estado buscando. Quizás has destruido tu matrimonio o tu hogar persiguiendo algo que te diera placer o felicidad. Pero nada en esta vida puede darte eso… solo Jesús.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Qué formas de placer promete con más fuerza nuestra cultura que nos harán felices? ¿Por qué esas promesas resultan tan convincentes?
- ¿Dónde has experimentado personalmente la “caminadora hedónica”, esa necesidad de más solo para sentir lo mismo?
- ¿Por qué es tan tentador pasar del hedonismo al ascetismo cuando el placer nos decepciona?
- ¿Cómo cambia nuestra manera de disfrutar el placer cuando lo vemos como un regalo y no como un dios?
- Lee Eclesiastés 3:12–13. ¿Cómo se ve en la práctica disfrutar los regalos de Dios sin depender de ellos?
- ¿Cómo redefine la promesa de Jesús de una “vida plena y abundante” lo que realmente significa satisfacción?