Vida y Relaciones

R.G. LeTourneau – un exitoso hombre de negocios y empresario – fue mucho más allá del típico “diezmo” y le cambió el mundo.

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La historia de LeTourneau

De muchacho, LeTourneau dejó la escuela a los 14 años (1901) y comenzó a trabajar en una fundición de hierro. A través de su propio don de la innovación subió en las filas al inventar formas más rápidas y mejores para hacer el trabajo. Él era el típico estudiante TDAH, (Trastorno de déficit de Atención e Hiperactividad, aunque en ese entonces no teníamos la etiqueta). Sirvió en la Fuerza Naval en la Primera Guerra Mundial y luego, cuando regresó a los Estados Unidos se encontraba sin trabajo y en deuda. Asumió un reto que cambió su vida y espoleó a su creatividad que más tarde llegó a ser el mayor fabricante de equipos de remover tierra en el mundo.

LeTourneau creció creyendo que si alguien iba a hacer grandes cosas para Dios, él o ella tenía que ser un misionero o un pastor. Su pastor Devol le dio algunos consejos valiosos cuando le dijo que Dios necesita hombres de negocios también. LeTourneau decidió entonces que Dios sería su socio de toda la vida. Comenzó la invención de maquinarias de construcción y se encontró una vez más con una deuda abrumadora. Fue entonces que al socio del negocio se le permitió tomar el control, y el milagro de cómo el negocio se transformó es un legado y una lección para todos nosotros hoy.

LeTourneau estaba usando sus invenciones para hacer trabajos de construcción y la construcción de carreteras, pero el trabajo no era consistente. Siguiendo la insistencia del Señor a través de una sugerencia a convertirse en un fabricante de equipos de construcción, el Señor abrió la puerta para sus ideas y luego para que sus beneficios se multiplicaran. En 1932, cuando el resto del país enfrentaba la gran depresión, LeTourneau volvió sus ganancias en 52.000 dólares. En 1934 su margen de beneficio fue de 340.000 dólares y para el 1938 se estaba beneficiando de más de 1,4 millones de dólares. Él aprovechó la creatividad que el Señor le había dado. Como un ejemplo tangible de usar los dones y talentos para el Señor, su negocio siguió en auge.

¿Cuál es el ejemplo para nosotros?

Un aliento para las mujeres a nuestro alrededor: Evelyn LeTourneau le sugirió a su marido en ese momento que pasarán a una división de 90/10 con su socio de negocios. El noventa por ciento de las ganancias fue para promover el Evangelio, y que ellos vivirían del diez por ciento. Ellos hicieron esta transición en dos años.

Muchos de nosotros diríamos: “¡Claro que sí! ¡Yo sería feliz con un 10% de los 1,4 millones de dólares!” Ten en cuenta que ese era el beneficio empresarial, no el ingreso modesto de LeTourneau. LeTourneau es citado diciendo, “No es la cantidad de dinero que doy a Dios sino la cantidad de dinero de Dios que me quedo para mí mismo.” Tomó un salario promedio y se di cuenta que cuando les pagó bien a sus empleados, y se encargó de sus familias, que el Señor multiplicó sus esfuerzos cien veces.

Entonces, ¿qué significa eso para nosotros? A pesar de que muchos de nosotros hemos tenido que vivir a través de las recesiones, nuestras vidas todavía son muy ricas. Todos hemos sido bendecidos más allá de la medida simplemente por el hecho de vivir en los Estados Unidos. ¡Tenemos más que la mayoría de la gente en la cara del planeta! Somos egoístas y codiciosos cuando se trata de “cosas” y, a menudo nos vemos atrapados en esas cosas y no somos personas con una mentalidad celestial.

Decidir ser personas con una mentalidad celestial

El desafío para nosotros es si vamos a decidir tener una mentalidad celestial o no, o si seguiremos poniéndonos a nosotros mismos primero y en segundo lugar a los demás. El vacío que nos invade después un día de compras locas, o la depresión cuando llega la cuenta cada mes es un recordatorio constante de que “las cosas” no satisfará la necesidad que tenemos dentro de nosotros de ser saciados. Cuando, de hecho, comenzamos a dar a los demás, bendecir la vida de otros, e invertir en otros, no sólo es nuestra recompensa eterna, pero ¡la alegría que recibimos no tiene precio! Cuando quitamos la mirada de las cosas que pensamos que necesitamos o merecemos, o simplemente queremos, y nos centramos en las necesidades de los demás ¡nuestro gozo es completo! Es un misterio del que Jesús habla de que cuando extendemos nuestras manos para construir el reino. Sin embargo, no puede suceder y nunca podremos realmente probarlo hasta que estamos dispuestos a dejar de lado nuestro egoísmo y experimentemos que esta ley bíblica se extienda. Recuerda, ¡Dios nunca estará en deuda con cualquiera de nosotros! ¡Qué pensamiento tan ridículo! ¡Él sólo multiplicará lo que ya tenemos cuando buscamos primeramente Su reino (Lucas 12)!

¡Eso incluye no sólo nuestro dinero, pero nuestro tiempo que en estos días es tan caro como el mismo dinero en efectivo! Apartando unas horas para el bien de otra persona, ya sea sirviendo en un refugio para personas sin hogar o palear (para quitar la nieve) la entrada de un vecino, en el nombre del Señor, ¡es una inversión en Su reino que paga la mayor recompensa! Es casi el cierre del egoísmo el dar tu tiempo, talento y dinero para la obra del Señor, porque al final, ¡nosotros seremos los más bendecidos!

Aparta fondos “no dedicados”

En cuanto a nuestra vida en esta tierra como un prefacio o experiencia preescolar para nuestro hogar celestial nos ayudará poner nuestra vida cotidiana tangibles en perspectiva. Si hacemos nuestros presupuesto con al menos el 10% de margen de los fondos no asignados para algo que están siempre “disponibles” para ayudar a otra persona, entonces cuando surjan las oportunidades, estaremos listos y dispuestos a invertir en la obra del Señor para los demás. Cuando alguien necesita ayuda con gastos médicos, una reparación para su auto, o incluso una comida para una madre que acaba de tener un bebé, estamos en condiciones de acceder a esos recursos y honrar al Señor con ellos. No sufriremos de: “Me gustaría tener algo de dinero extra para ayudar”, nos sentimos honrados y bendecidos para compartir. Esa es una forma de honrar al Señor con tus ingresos por pequeño que sea.

Al final del día, tus inversiones externas contarán. LeTourneau es conocido por decir que la única “persona” a la que se le permite ser codicioso es Dios. Él es codicioso y celoso por nosotros, su pueblo ya que él desea vivir en una relación correcta con nosotros, y Él da libremente la oportunidad de experimentar el gozo eterno. Sé generoso (2 Corintios 8) y ve lo que el Señor hará para bendecir tu vida más allá de medida. ¡No puedes ponerle precio a ese gozo! Da el primer paso y ve lo adictivo que se hace el dar. Dona a la semana de Misiones, y luego preséntate y disfruta ayudando con la familia de Dios (Lucas 12:34). Te llevarás a casa una bendición en tu alma que nunca podrás comprar (Salmos 16:11).

Preguntas para comentar:

  1. Preparación: Ver el video juntos o invita a alguien para resumir el tema.
  2. ¿Cuál es tu reacción inicial al video/artículo? ¿Está de acuerdo con alguna parte? ¿Qué  saltó a la vista?
  3. ¿Alguna vez has oído hablar de R.G. LeTourneau? ¿Has oído hablar de alguien que da un 90%? ¿Crees que podrías hacerlo si fueras rico? Explica.
  4. Lee Mateo 6:33. Este es el versículo que está sobre la tumba de LeTourneau. Explica cómo este versículo era cierto en su vida. ¿Qué piensas (o esperas) que se escriba en tu lápida?
  5. Jesús dijo: “Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón” ¿Dónde pones tu dinero? Haz una lista de los 5 mejores lugares. ¿Qué ajustes necesitas hacer?
  6. Llévatelo: Escribe una medida de acción personal basada en esta conversación.

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