Estamos en la semana 5 de nuestra serie a través del libro de Santiago. En la primera semana presentamos al autor, a la audiencia original y la realidad honesta de que las pruebas son parte de la vida cristiana. En la semana 2 establecimos que Santiago enseñaba y creía en el Evangelio de la gracia.
En la semana 3 hablamos de nuestra salvación por la fe en Jesús como la raíz, y que la obra —es decir, la fe en acción de la que habla Santiago— es el fruto de esa fe genuina que salva. La semana 3 fue como el punto de giro de la serie, porque desde ahí empezamos a enfocarnos en “obrar” la palabra que Dios ha implantado en nuestros corazones.
La semana pasada hablamos de controlar nuestra lengua. Esta semana vamos a abordar el tema de ayudar a los indefensos. Abramos con la pregunta de hoy:
¿Qué significa verdaderamente ser las manos y los pies de Jesús?
Esta es una de esas frases “cristianas” que probablemente has escuchado si has sido parte de la iglesia por un buen tiempo. Yo he usado esta frase. La he usado para describir a quienes tienen un corazón compasivo. He orado para que nuestras congregaciones sean las manos y los pies de Jesús en nuestras comunidades.
Pero ¿qué se está diciendo realmente con esa expresión? O mejor pregunto: ¿cómo se vería realmente si lo hiciéramos? Eso es lo que queremos responder hoy. La primera parte de la respuesta es:
Las manos y los pies de Jesús no hacen acepción de personas.
Santiago 2:1 (NTV) Mis amados hermanos, ¿cómo pueden afirmar que tienen fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo si favorecen más a algunas personas que a otras?
Santiago comienza este capítulo 2 con una advertencia contra la parcialidad y la discriminación. Y antes de entrar al ejemplo que Santiago usa, él comienza estableciendo quién es Jesús, porque eso define cómo debemos tratar a los demás. La NTV dice “glorioso Señor Jesucristo”; varias traducciones dicen “el Señor Jesucristo, el Señor de la gloria”.
Esta es una proclamación poderosa de la deidad de Cristo. Considerando que Santiago fue el primer libro escrito del Nuevo Testamento, es una declaración importante de que, desde el principio, los cristianos reconocían a Jesús como plenamente Dios. Él era la gloria divina. Los judíos llamaban a esto la shekinah.
Con esa visión elevada de Cristo en mente, Santiago pasa a confrontar una fe que solo habla, pero no actúa. Luego señala la idea de tener solo palabras sobre la fe, pero no tener fruto como evidencia. “¿Cómo puedes afirmar que tienes fe… si favoreces más a algunas personas que a otras?”
Para que entendamos lo que quiere decir, Santiago nos da un ejemplo muy práctico. Presenta un escenario hipotético de dos personas que entran al servicio de adoración: una vestida con ropa fina y joyas costosas, y otra con ropa sucia y pobre. La palabra usada para el hombre pobre probablemente indica que Santiago se refería a un mendigo.
Santiago dice: si le das atención especial al rico y un asiento de honor, y al pobre le dices que se quede atrás o se siente en el piso… ¿acaso esta discriminación no demuestra que sus juicios son guiados por malas intenciones? Y aunque su ejemplo es hipotético, la realidad es que esto ya estaba sucediendo entre ellos.
En el versículo 6 del capítulo 2, Santiago dice: “¡Pero ustedes desprecian a los pobres!” Eso no era hipotético; estaba ocurriendo en las primeras reuniones de estos creyentes judíos.
Ese comportamiento chocaba directamente con el corazón del evangelio y con la manera en que Jesús trató a las personas. Jesús ciertamente no mostró parcialidad basada en riqueza, estatus o trasfondo. Los líderes religiosos lo criticaban por interactuar con gentiles y pecadores.
De hecho, Jesús cruzó barreras que nadie más quería cruzar. Incluso se relacionó con los samaritanos. La hostilidad entre samaritanos y judíos era enorme. Era peor que la tensión entre usuarios de Apple y Android, entre los que toman Coca‑Cola y los de Pepsi, entre los hinchas del Barça y los del Real Madrid.
Un ejemplo claro de esto es su encuentro con la mujer samaritana. El texto dice que Jesús “tenía que pasar por Samaria”. Mientras otros judíos santos tomaban el camino largo para evitarlo, Jesús lo tomó a propósito. Intencionalmente pasó por allí para encontrarse con ella. Va al pozo y le pide agua.
Juan 4:9–10 (NTV) La mujer se sorprendió, ya que los judíos rechazan todo trato con los samaritanos. Entonces le dijo a Jesús: —Usted es judío, y yo soy una mujer samaritana. ¿Por qué me pide agua para beber? 10 Jesús contestó: —Si tan solo supieras el regalo que Dios tiene para ti y con quién estás hablando, tú me pedirías a mí, y yo te daría agua
La mujer se sorprende porque los judíos no se relacionaban con samaritanos. Era totalmente fuera de lo común que un hombre judío hablara con una mujer samaritana. Jesús habló de la brecha entre samaritanos y judíos, una brecha que llevaba siglos abierta y que marcaba profundamente las relaciones entre ambos pueblos.
Y esta no era la única división que el evangelio confrontaba. Pablo trató la división entre judíos y gentiles en Efesios, mostrando que en Cristo esas barreras también habían sido derribadas.
Efesios 2:14 (NTV) Pues Cristo mismo nos ha traído la paz. Él unió a judíos y a gentiles en un solo pueblo cuando, por medio de su cuerpo en la cruz, derribó el muro de hostilidad que nos separaba.
Una parte importante de la obra de Jesús fue derribar los muros que separaban a la humanidad. Pablo lo entendió. Santiago también lo entendió. Y por eso está abordando la separación entre ricos y pobres. Así que parte de ser las manos y los pies de Jesús es acercarnos a quienes son diferentes de nosotros: culturalmente, étnicamente y socioeconómicamente.
Nuestra misión como las manos y pies de Jesús es construir puentes en lugar de muros. Esto no es una declaración política. No estoy hablando de fronteras nacionales ni tampoco de temas migratorios; simplemente estoy hablando del llamado personal a amar y servir a todos sin hacer acepción de personas. Entonces, la cuestión es si yo, como individuo, estoy acercándome a quienes son diferentes de mí. ¿Hago diferencias entre las personas según cómo se visten, cómo lucen o qué manejan?
Así que, ya que estamos estudiando Santiago, y él está hablando específicamente de la discriminación basada en la riqueza, ese es el enfoque del resto del sermón. Veremos unas instrucciones sobre cómo ayudar a los indefensos, que son las otras dos partes de nuestra respuesta a la pregunta: ¿Qué significa verdaderamente ser las manos y los pies de Jesús?
Las manos y los pies de Jesús ayudan a los indefensos.
Santiago 1:27 (NTV) La religión pura y verdadera a los ojos de Dios Padre consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas en sus aflicciones, y no dejar que el mundo te corrompa.
Este versículo no pretende definir lo que es la religión. Más bien, muestra de manera concreta que la religión genuina es una fuerza que transforma la vida. La verdadera fe no se queda en lo externo; nace de una realidad espiritual interna que se expresa en amor hacia otros y en una vida de santidad delante de Dios.
El llamado no es solo dar dinero a huérfanos y viudas, aunque eso es parte del cuidado. Es más que eso. La religión auténtica no solo entrega algo para aliviar a los afligidos. Es suplir necesidades financieras, pero también emocionales y espirituales.
Algunas traducciones dicen “visitarlos”. O sea que se involucra con ellos. Pasa tiempo con ellos. Los visita, los acompaña, los supervisa y los toma bajo su cuidado. Va a sus casas, habla a sus corazones, alivia sus necesidades, se compadece de sus angustias, los instruye en las cosas de Dios y los presenta delante del Señor en oración. Todo esto lo hace por amor a Cristo. Esta es la “religión” de Jesús.
Santiago menciona huérfanos y viudas porque estaban en las circunstancias más difíciles. Un huérfano no tenía herencia de tierra ni padres que le enseñaran un oficio. Las viudas muchas veces quedaban completamente vulnerables, sin protección, sin ingresos y sin una red familiar que respondiera por ellas.
Entonces, ser las manos y pies de Jesús muchas veces significa involucrarte en la vida de personas que lidian con dolor, pecado, adicción, etc.
En nuestra cultura actual, ser las manos y pies de Jesús puede ser ayudarlos a levantarse de nuevo y conectarlos con recursos. De manera práctica, puede significar darles un ride a entrevistas de trabajo o a citas médicas, ayudarlos a hacer trámites importantes como renovar documentos o solicitar asistencia, ayudarlos a entrar a un centro de rehabilitación o conectarlos con un consejero o psicólogo.
En nuestro campus de Logan tenemos una mujer servicial que ha hecho muchas de esas cosas por varias personas. No diré su nombre, pero muchos la conocemos y sabemos que siempre está dispuesta a ir a la corte a traducir ante una audiencia, a llenar aplicaciones, etc. Esta mujer practica en su vida diaria ser las manos y los pies de Jesús. Pero todos, como seguidores de Jesús, debemos vivir la fe en la práctica como sigue diciendo Santiago:
Santiago 2:12–13 (NTV) Entonces, en todo lo que digan y en todo lo que hagan, recuerden que serán juzgados por la ley que los hace libres. 13 No habrá compasión para quienes no hayan tenido compasión de otros, pero si ustedes han sido compasivos, Dios será misericordioso con ustedes cuando los juzgue.
Santiago continúa su enseñanza diciendo: “en todo lo que digan y en todo lo que hagan”. Literalmente está diciendo “así hablen y así actúen”, como lo traduce la Reina Valera. El doble “así” distribuye el énfasis entre ambas palabras, recordándonos que tanto nuestras palabras como nuestras acciones importan. Y esto nos conecta directamente con el sermón de la semana pasada sobre controlar la lengua. Las palabras que hablamos y nuestras acciones serán juzgadas por la ley que nos libera.
Cuando pensamos en misericordia, normalmente pensamos en no darle a alguien lo que merece. Pero el mandato de Santiago de ser misericordiosos está conectado con su ilustración del hombre pobre con ropa sucia en el servicio de adoración, y con su acusación en el versículo 6: “¡Pero ustedes desprecian a los pobres!” Santiago tiene al pobre en mente cuando nos llama a ser misericordiosos.
Una parte de ser misericordioso es suplir necesidades físicas. Veremos que Santiago aborda esto en unos versículos más adelante. Pero también hay una conexión con la discriminación que mencionó antes. Ser misericordioso significa no discriminar contra el pobre.
Santiago 2:15–16 (NTV) Supónganse que ven a un hermano o una hermana que no tiene qué comer ni con qué vestirse 16 y uno de ustedes le dice: «Adiós, que tengas un buen día; abrígate mucho y aliméntate bien», pero no le da ni alimento ni ropa. ¿Para qué le sirve?
El ejemplo de Santiago trata de otro creyente que está en necesidad. Estamos llamados a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Cuando alguien le preguntó a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?”, Él contó la historia del Buen Samaritano. Enseñó que debemos tratar a todos los que encontramos como nuestro prójimo.
No estoy llamado a ministrar solo a las necesidades de otros cristianos, pero sí hay un llamado en la Escritura a especialmente suplir las necesidades de otros creyentes. Gálatas 6:10 lo afirma claramente: “Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe.”
En este ejemplo de Santiago, les faltan las necesidades más básicas. Sabemos de sus necesidades porque les decimos “abrígate mucho y aliméntate bien”. Podemos ver que les falta comida y ropa, pero no actuamos. Santiago pregunta: “¿Para qué le sirve?” Proverbios 3:27–28 también nos confronta: “No dejes de hacer el bien a todo el que lo merece, cuando esté a tu alcance ayudarlos. Si puedes ayudar a tu prójimo hoy, no le digas: ‘Vuelve mañana y entonces te ayudaré’.”
La iglesia es el vaso por el cual Dios derrama su gracia y misericordia. Claro que debemos orar por quienes están en necesidad, pero a veces nosotros somos la respuesta a esa oración. Si está en nuestro poder ayudar, pero seguimos pidiendo que Dios responda de otra manera, debemos preguntarnos si nuestra fe es genuina o solo palabras.
Muchas organizaciones y ministerios fueron fundados por cristianos que respondieron al llamado de Dios para mostrar misericordia y compasión a los pobres y marginados. Ministerios como el Ejército de Salvación, World Vision, Compasión Internacional, Samaritan’s Purse y Hábitat para la Humanidad, entre otros.
En Alpine también vemos este corazón en acción. Nosotros fundamos y/o apoyamos ministerios como Familia de Familias en Ensenada, Mobile Pantry, Ministerio de benevolencia, entre otros.
Pero, ojo: ser las manos y los pies de Jesús no significa cumplir cada petición. No significa que no usemos sentido común. A veces ayudar es perjudicar. Miremos algunos versículos que habla sobre esto:
1 Timoteo 5:3–8 (NTV) Atiende a toda viuda que no tenga a nadie quien la cuide. 4 Pero, si ella tiene hijos o nietos, la primera responsabilidad de ellos es poner en práctica la sumisión a Dios en su hogar y retribuir a sus padres al cuidarlos. Esto es algo que le agrada a Dios. 5 Ahora bien, una verdadera viuda—una mujer que realmente está sola en este mundo—es aquella que ha puesto su esperanza en Dios. Día y noche ora a Dios pidiéndole su ayuda, 6 pero la viuda que solamente vive para el placer está espiritualmente muerta en vida. 7 Dale estas instrucciones a la iglesia, para que nadie quede expuesto a la crítica. 8 Aquellos que se niegan a cuidar de sus familiares, especialmente los de su propia casa, han negado la fe verdadera y son peores que los incrédulos.
2 Tesalonicenses 3:10–12 (NTV) Incluso mientras estábamos con ustedes les dimos la siguiente orden: «Los que no están dispuestos a trabajar que tampoco coman». 11 Sin embargo, oímos que algunos de ustedes llevan vidas de ocio, se niegan a trabajar y se entrometen en los asuntos de los demás. 12 Les ordenamos a tales personas y les rogamos en el nombre del Señor Jesucristo que se tranquilicen y que trabajen para ganarse la vida.
Se nos llama a ayudar a los indefensos, no a quienes simplemente se rehúsan a trabajar. Nos llama a ser compasivos con los que de verdad lo necesitan. Y con ese mismo espíritu de discernimiento, Santiago también dirige unas palabras fuertes a los ricos:
Santiago 5:1–3 (NTV) Presten atención, ustedes los ricos: lloren y giman con angustia por todas las calamidades que les esperan. 2 Su riqueza se está pudriendo, y su ropa fina son trapos carcomidos por polillas. 3 Su oro y plata se han corroído. Las mismas riquezas con las que contaban les consumirán la carne como lo hace el fuego. El tesoro corroído que han amontonado testificará contra ustedes el día del juicio.
A primera vista, parece una acusación contra la riqueza. ¿Está Santiago diciendo que tener riqueza es pecado? Hay pistas en el texto que muestran que Santiago no está diciendo eso. No le dice a todas las personas con riqueza que deben llorar y gemir. Dice: “Las mismas riquezas con las que contaban”. Los ricos que Santiago confronta estaban confiando en su riqueza. No confiaban en Dios ni en su provisión. Confiaban en lo que habían acumulado.
Y aquí Santiago nos obliga a hacer una pausa y examinar nuestro propio corazón: ¿En qué estás confiando? ¿Dónde estás poniendo tu esperanza? Si está en tu riqueza, te estás preparando para la decepción. Santiago llama a esas riquezas “su tesoro corroído” y dice “que han acumulado”. En lugar de acumular tesoros en el cielo, como Jesús enseñó, han acumulado tesoros terrenales. Jesús advirtió que los tesoros terrenales pueden ser robados o destruidos. El hecho de que lo hayan acumulado indica que no han compartido con quienes están en necesidad.
Esto nos lleva a la tercera y última parte de la respuesta para nuestra pregunta de hoy.
Las manos y los pies de Jesús no se detienen en las necesidades físicas.
Jesús suplió necesidades físicas mientras estuvo en la tierra. Sanó enfermos. Alimentó a cinco mil personas. Proveyó una pesca milagrosa para Pedro y sus compañeros. Pero esa no era su misión principal. No se detuvo ahí. Como ya dije: el llamado no es solo dar dinero a huérfanos y viudas. Es más que eso. Es suplir necesidades financieras, pero también emocionales y espirituales.
Lucas 19:10 (NTV) Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos.
Posiblemente este sermón del Pan de Vida fue dado el día después de alimentar a los cinco mil. Jesús les enseñó que lo buscaban porque los había alimentado, pero que tenían una necesidad mucho mayor que el pan. Necesitaban el Pan de Vida. Y esa misma realidad sigue siendo cierta hoy: las necesidades físicas son reales, urgentes y dignas de atención, pero nunca deben eclipsar la necesidad espiritual más profunda del corazón humano.
Es un privilegio ayudar en los eventos de Mobile Pantry. Es alentador ver a los voluntarios preguntar cómo pueden orar por otros, preguntar si conocen a Jesús, verlos compartir el Evangelio. Este ministerio es un gran ejemplo de suplir necesidades físicas y espirituales. Porque al final, el Evangelio trata completamente de Jesús ayudando a los indefensos. Todos tenemos un problema de pecado y somos indefensos. No podemos arreglarlo por nuestra cuenta. Necesitamos un Salvador, un Rescatador.
Entonces, la respuesta a nuestra pregunta de hoy: ¿Qué significa verdaderamente ser las manos y los pies de Jesús? Es que las manos y los pies de Jesús no hacen acepción de personas, ayudan a los indefensos y no se detienen en las necesidades físicas, sino que atienden también a las espirituales.
Porque la religión auténtica, la que Santiago describe, no es solo palabras. Es una fe que se mueve, que se acerca, que visita, que acompaña, que sostiene, que actúa. Es una fe que se hace visible en cómo tratamos a quienes Dios pone en nuestro camino.
Así que hoy te invito a ser las manos y los pies de Jesús en esta tierra: a ver a las personas como Él las ve, a amar sin hacer distinciones, a acercarte y brindar una mano de ayuda a los indefensos, y a llevar esperanza tanto a sus necesidades físicas como a sus necesidades espirituales. Decídete a ser las manos y los pies de Jesús en este mundo. La gente lo verá a Él a través de tus acciones.
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