Hoy estamos comenzando una serie de diez semanas sobre el libro de Santiago. Cada semana estaremos respondiendo una pregunta que encontramos en el mismo libro. Abordaremos Santiago de esta manera: primero, trataremos de entender lo que decía en su contexto original; luego, descubriremos lo que significa para nosotros hoy.
La pregunta de hoy tiene que ver con expectativas:
¿Qué podemos esperar de la vida cristiana?
Las expectativas pueden causar todo tipo de problemas. Como esas expectativas con las que uno llega al matrimonio y nunca las ha hablado con la pareja. Pero una de las expectativas más grandes que tenemos es sobre la fe. Tal vez ese eres tú hoy, un poco indeciso, pensando: “¿Qué puedo esperar si le entrego mi vida a Jesús?”
La respuesta del evangelio de la prosperidad sería: salud y riqueza. ¡Y mucha gente se está apuntando a eso! Pero hoy veremos la respuesta que nos da la Biblia. Así que vayamos al texto.
Santiago 1:1 (NTV) Yo, Santiago, esclavo de Dios y del Señor Jesucristo…
Santiago era el medio hermano de Jesús. Creció con Él, lo conoció de cerca y vio su vida cotidiana, pero aun así no fue uno de los doce discípulos originales. De hecho, al principio no creía en Él. Los evangelios nos dicen claramente que sus propios hermanos no aceptaban que Jesús fuera el Mesías.
Juan 7:5 (NTV) Pues ni siquiera sus hermanos creían en él.
Sin embargo, todo eso cambió después de la resurrección, cuando Jesús se le apareció de manera personal. Ese encuentro transformó por completo la vida de Santiago y lo llevó a convertirse en uno de los líderes más importantes de la iglesia en Jerusalén.
1 Corintios 15:4-7 (NTV) Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos, tal como dicen las Escrituras. 5 Lo vio Pedro y luego lo vieron los Doce. 6 Más tarde, lo vieron más de quinientos de sus seguidores a la vez, … 7 Luego lo vio Santiago, y después lo vieron todos los apóstoles.
Probablemente así fue como sucedió. Santiago dudaba de su hermano mayor. Aunque no creía plenamente en Él, aun así escuchó sus enseñanzas y conocía de primera mano los milagros que Jesús hacía. Después de la resurrección, Jesús se apareció a muchas personas durante cuarenta días, y entre esas apariciones hizo una visita especial a Santiago. Ese encuentro debió ser el momento que lo cambió todo. A partir de ahí, Santiago supo con absoluta certeza que Jesús era el Mesías. Volvamos a Santiago 1:1
Santiago 1:1 (NTV) …escribo esta carta a las «doce tribus»: los creyentes judíos que están dispersos por el mundo.
Todo esto nos ayuda a fechar la carta entre los años 45 y 50 d.C., lo que la convierte posiblemente en el primer libro escrito del Nuevo Testamento. Si vamos al capítulo 8 del libro de Los Hechos, nos encontramos con la diáspora que ocurrió alrededor del 34–35 d.C. En ese momento, la iglesia era mayormente judía, y los cristianos judíos estaban dispersos por todas partes. Esta dispersión se debió a la persecución que sufrieron los creyentes judeocristianos, tal como se describe en Hechos 8.
Hechos 8:1 (NTV) …Ese día comenzó una gran ola de persecución que se extendió por toda la iglesia de Jerusalén; y todos los creyentes excepto los apóstoles fueron dispersados por las regiones de Judea y Samaria.
Gracias a esta persecución, el mensaje cristiano comenzó a extenderse por todas partes. Y lo sorprendente es que no se difundió principalmente a través de apóstoles o líderes con títulos, sino a través de creyentes comunes, hombres y mujeres que simplemente compartían su fe mientras huían. Los apóstoles —junto con Santiago— se quedaron en Jerusalén, pero los demás llevaron el evangelio a nuevas regiones. Hechos 11:19 nos dice que “viajaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía de Siria”.
Estos cristianos judíos estaban adorando en sinagogas —Santiago ni siquiera usa la palabra ekklesia— y enfrentaban pruebas dondequiera que iban: problemas financieros, oposición religiosa y persecución por seguir a Jesús. En medio de todo esto, Santiago servía como líder en la iglesia de Jerusalén. A medida que los apóstoles comenzaron a viajar para plantar iglesias, Santiago asumió la supervisión pastoral diaria de la iglesia madre, convirtiéndose en una especie de “Pastor Principal” estable.
Por medio de su carta, Santiago quería animar a los cristianos judíos que estaban allá afuera sufriendo. Recuerda que el cristianismo era algo totalmente nuevo; ellos no sabían qué esperar. Piensa en el mensaje que habían recibido en Jerusalén: Dios está por ti, no contra ti. A través de Jesús podían tener perdón de pecados, la promesa de vida eterna —no solo una esperanza vaga— y una vida rica y satisfactoria aquí y ahora.
Pero ahora piensa en la realidad que estaban viviendo. Esteban acababa de ser martirizado, el primer mártir cristiano. La persecución contra los creyentes se volvió tan intensa que tuvieron que huir. ¿Y cómo les fue cuando llegaron a otras ciudades? Más persecución. Nada de lo que estaban experimentando coincidía con las expectativas que quizá tenían al principio.
Por eso Santiago escribe esta carta —posiblemente la primera del Nuevo Testamento— para decirles algo que suena fuerte, pero es profundamente liberador. Música de suspenso… ¿estás listo para su respuesta? Esto es normal.
Así que ya tenemos nuestra primera respuesta a la pregunta de hoy: ¿Qué podemos esperar de la vida cristiana? La respuesta:
Puedes esperar todo tipo de problemas en la vida cristiana.
¡Bienvenidos al cristianismo! Esto no es exactamente un mensaje inspirador y motivador.
Santiago 1:2-12 (NTV) 2 Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho
Primero, nota que dice: “cuando”, no “si”. Es decir, es seguro que las pruebas vendrán. Puedes esperarlo. Convertirte en cristiano no te convierte en un “niño burbuja”, protegido de la pobreza, la persecución o la enfermedad. De hecho, los cristianos judíos experimentaron todo esto, y Santiago se refiere a ello a lo largo de su carta. Llegaremos a esos pasajes más adelante en la serie.
Segundo, fíjate en la elección interesante de palabras. No dice que consideres los problemas como un accidente extraño —“esto nunca le pasa a los cristianos”—, ni como un castigo —“debes haber hecho algo malo”—, ni como una razón para abandonar a Cristo —“quizá hay una mejor opción que seguir a Jesús”—. Al contrario, Santiago dice: “considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho”. En griego usa la expresión “toda alegría” o “todo gozo”. No significa “solo alegría” y nada más —no somos robots sin corazón—, sino “alegría pura”, “alegría intensa”.
Santiago no es el único en el Nuevo Testamento que habla así. Pablo dice en Romanos 5:3: “También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia”. Pedro escribe en 1 Pedro 1:6: “Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aunque tienen que soportar muchas pruebas por un tiempo breve”.
Y todo esto viene del hermano mayor de Santiago, Jesús mismo, quien dijo en Mateo 5:11-12: “Dios los bendice a ustedes cuando la gente les hace burla y los persigue y miente acerca de ustedes y dice toda clase de cosas malas en su contra porque son mis seguidores. ¡Alégrense! ¡Estén contentos…!”.
Aquí está la enseñanza que va en contra de lo que normalmente esperaríamos: seguir a Jesús traerá problemas a tu vida. Pero no los veas simplemente como problemas; míralos como oportunidades. Oportunidades para alegrarte, como dice Santiago: “considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho”. En otras palabras, cambia tu perspectiva sobre las dificultades. Toma la decisión de verlas de otra manera, porque las vas a encontrar.
Haz una pausa y piensa en tus problemas: financieros, físicos, emocionales, relacionales, espirituales. ¿Cómo pueden ser oportunidades? Santiago lo explica en el siguiente versículo…
Santiago 1:2-12 (NTV) 3 porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse.
La expresión “pone a prueba” (dokimion) viene de la metalurgia antigua. Los orfebres del primer siglo usaban un método llamado copelación para purificar el oro. Calentaban el oro crudo a casi 2000°F, y las impurezas —como el plomo y el cobre— flotaban a la superficie. El punto es este: las pruebas derriten las impurezas. Derriten el cristianismo cultural, la autosuficiencia, la comodidad… para que solo quede una fe genuina y resistente. La palabra dokimion aparece solo una vez más en el Nuevo Testamento.
1 Pedro 1:7 (NTV) Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro…
Por eso las dificultades son una oportunidad para gran alegría. La razón es porque tienen la capacidad de purificar nuestra fe, no de destruirla. Igual que el oro en manos del orfebre, las pruebas revelan lo que sobra y fortalecen lo que es genuino. Imagina la alegría del orfebre cuando su trabajo estaba terminado, cuando veía el metal brillante y libre de impurezas. Esa es la misma oportunidad que tenemos cuando nuestra fe es probada: la alegría de una fe más pura, una fe más resistente, una fe aún más valiosa que el oro.
Las pruebas no son un castigo; son un proceso de refinamiento. Son momentos en los que Dios está obrando profundamente en nosotros, quitando lo superficial para dejar lo verdadero. Por eso Santiago —y todo el Nuevo Testamento— nos invita a verlas como una oportunidad para crecer, para madurar y para experimentar una fe más sólida.
Santiago 1:2-12 (NTV) Así que dejen que crezca, pues una vez que su constancia se haya desarrollado plenamente, serán perfectos y completos, y no les faltará nada.
Sigamos la progresión que presenta Santiago. Primero, pones tu fe en Jesús. Luego, comienzas a experimentar todo tipo de problemas. Y esos problemas —lejos de destruirte— purifican tu fe y te enseñan constancia, esa capacidad de permanecer firme bajo presión. En otras palabras, “te aguantas” y perseveras; te quedas incluso cuando la situación se pone color de hormiga. A medida que ese músculo espiritual crece, llegas a ser “perfecto y completo”.
Juan Wesley enseñaba que cuando dominas la perseverancia bajo prueba, automáticamente desbloqueas el resto de las virtudes espirituales. Y eso encaja perfectamente con lo que Santiago está diciendo. La palabra griega que él usa para “perfectos” es teleios, la misma palabra que usa Jesús en el Sermón del Monte.
Mateo 5:48 (NTV) Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto.
Y en ambos casos, la idea bíblica es madurez, integridad y plenitud, no perfección sin errores. Eso es lo que Santiago y Jesús quieren comunicar con la palabra teleios: una vida formada, completa, refinada por Dios.
Volvamos a la imagen del orfebre. ¿Cómo sabía él que las impurezas ya se habían ido? Mientras el metal derretido estuviera turbio, seguía impuro. Pero cuando podía ver su propio reflejo en la superficie del oro, sabía que estaba completamente purificado.
Piensa en la belleza de esa metáfora. La prueba está completa cuando el Refinador mira tu vida bajo presión y ve Su propia imagen —el carácter de Cristo— reflejada claramente. Ese es el propósito del fuego espiritual: no destruirte, sino formarte; no quemarte, sino revelarte; no quebrarte, sino hacer brillar en ti lo que Él ha puesto. Así que ahora vemos la respuesta final a nuestra pregunta: ¿Qué podemos esperar de la vida cristiana?
Problemas, sí. Habrá problemas. Dios no protegió a los primeros cristianos de la persecución, y tampoco nos promete eso hoy. Pero junto con los problemas, también está la obra de teleios: plenitud, integridad, madurez. Es decir, vidas que cada vez se parecen más a Jesús.
Cuando decides seguir a Jesús, puedes esperar una vida llena de profundo significado, la promesa de vida eterna y la presencia del Espíritu Santo. Pero también debes esperar enfrentar diversas pruebas y dificultades. La vida cristiana no es una burbuja que te protege del sufrimiento, sino un camino donde Dios usa los desafíos de la vida para transformar tu carácter y hacerte más como Cristo.