La semana pasada vimos la mundanalidad ideológica: cómo los malos pensamientos pueden llevarnos a una mala vida. Esta semana estamos abordando el tema de la mundanalidad financiera. La mundanalidad financiera es, simplemente, la aplicación práctica de una perspectiva equivocada sobre la riqueza, algo que se refleja claramente en nuestras chequeras y cuentas bancarias. La pregunta clave de este sermón es:
¿Cuáles son las cinco advertencias a los ricos en el libro de Santiago?
Estas advertencias fueron dadas hace 2000 años, pero hoy son más relevantes que nunca. Asi que vayamos al texto para encontrarlas.
Santiago 4:13-16 (NTV) Presten atención, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y nos quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero».
De antemano quiero aclarar que esto no es un ataque contra el capitalismo ni contra las riquezas. El contexto nos muestra que Santiago está marcando una diferencia entre negocios centrados en Dios y negocios centrados en el hombre. Por si no lo sabían, los judíos del primer siglo estaban muy activos en el comercio, y por eso Santiago se ve en la necesidad de corregir la actitud de estos comerciantes. Santiago no reprende la planificación ni las ganancias, sino la arrogancia mundana que nace de la confianza propia. Sigamos leyendo:
Santiago 4:14 (NTV) ¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma.
Esto suena muy parecido a lo que vimos en nuestra serie de Eclesiastés. Si recuerdan, Salomón repetía una y otra vez: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad…”. El punto es que la advertencia de Santiago aquí es clara:
Advertencia #1: Tú no tienes la última palabra en tu éxito financiero.
Déjame decirte que hasta los ateos más ricos admiten que gran parte de sus ganancias y su éxito depende de la suerte. Santiago nos enseña que, en lugar de confiar en la suerte o en nosotros mismos para alcanzar el éxito, debemos reconocer quién es realmente el que nos dirige.
Leamos los versículos 16-16 para encontrar la respuesta y la advertencia #2.
Santiago 4:15-16 (NTV) Lo que deberían decir es: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello». 16 De lo contrario, están haciendo alarde de sus propios planes pretenciosos, y semejante jactancia es maligna.
Advertencia #2: Es pretencioso planear sin someterse a Dios.
Ya vimos que lo correcto es decir: “Si el Señor quiere…”. Y es que ser cristiano significa estar sometido a Jesús, porque Él es nuestro Señor y el verdadero jefe. Y esto debe afectar y aplicarse a nuestros planes de negocios e inversiones.
¿Qué significa ser pretencioso? Es reclamar algo para lo cual no tienes derecho ni capacidad. Es esa arrogancia de la autoconfianza, es decir, creer más en nosotros mismos que en Dios. Buscamos a Dios para tantas cosas: un cónyuge, una sanidad, y mucho más. Pero cuando se trata de negocios o inversiones, solemos pensar que depende únicamente de nosotros. Sin embargo, como en todo en la vida, debemos buscar siempre la guía de Dios: en nuestros planes, en nuestros negocios, en nuestro trabajo, en todo.
Pasemos al versículo 17 para encontrar la tercera advertencia:
Santiago 4:17 (NTV) Recuerden que es pecado saber lo que se debe hacer y luego no hacerlo.
Este versículo parece fuera de lugar, pero al recordar el contexto vemos que aplica en todas las áreas de la vida. Y en este caso, nos da la tercera advertencia:
Advertencia #3: Es pecado saber lo que se debe hacer financieramente y luego no hacerlo.
Esto puede aplicarse de dos maneras: tomar un riesgo de negocio al que sientes que Dios te está llamando, o ser más generoso en tu dar a Dios. Reconozco que esto da miedo en la economía actual, pero Dios nos llama a ser generosos. Siempre estoy desafiando a la gente a aumentar lo que le da a Dios: tus ofrendas o diezmos, como tú llames a lo que entregas a Dios de lo que ganas.
Tenemos más personas que alcanzar con el evangelio, y es a través de lo que ustedes dan que podemos ser las manos y pies de Jesús en esta tierra. Es gracia a lo que le dan al Señor que las obras misioneras en México, los útiles escolares que cada año enviamos a El Salvador, Ecuador, Nicaragua, Oaxaca, Tijuana, Ensenada, San Quintín y San Luis; los juguetes en diciembre para varios lugares de México se llevan a cabo.
Pasemos al capítulo 5 de Santiago. Este capítulo abre hablando a un grupo diferente de empresarios y nos presenta la siguiente advertencia:
Santiago 5:1 (NTV) Presten atención, ustedes los ricos: lloren y giman con angustia por todas las calamidades que les esperan.
Aquí, Santiago se refiere a los terratenientes ricos que estaban oprimiendo a los cristianos judíos. Ellos no estaban leyendo esta carta, pues eran incrédulos. En cambio, Santiago escribe contra ellos para animar a sus lectores.
Un dato interesante es que la palabra griega ololyzō (“lamentar” o “gemir”) se encuentra únicamente en los profetas del Antiguo Testamento y siempre en el contexto de juicio. Este trasfondo deja claro que la miseria que viene sobre los ricos no se refiere a sufrimiento terrenal y temporal, sino a la condenación y castigo que Dios les dará en el día del juicio.
Para nosotros hoy, esto es un gran recordatorio de la diferencia entre las finanzas centradas en Dios y las finanzas centradas en el mundo. ¿O acaso existe tal diferencia? A veces resulta difícil distinguirlas. Por eso, Santiago lo pone de manera clara:
Advertencia #4: La Escritura conecta a menudo las riquezas con la injusticia.
Ojo: no necesariamente tienen que ir de la mano. El dinero, después de todo, no es ni bueno ni malo. Pero sí hay muchas advertencias sobre el dinero de parte de Jesús. Por ejemplo:
Lucas 6:24 (NTV) »Qué aflicción les espera a ustedes, los que son ricos, porque su única felicidad es aquí y ahora.
Y también:
Mateo 19:23 (NTV) Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Les digo la verdad, es muy difícil que una persona rica entre en el reino del cielo.
¡Qué pensamiento tan aterrador! Y de seguro no verás este versículo en un cuadro decorativo de Hobby Lobby. Con esto en mente, Santiago continúa diciendo:
Santiago 5:2-3 (NTV) Su riqueza se está pudriendo, y su ropa fina son trapos carcomidos por polillas. 3 Su oro y plata se han corroído. Las mismas riquezas con las que contaban les consumirán la carne como lo hace el fuego. El tesoro corroído que han amontonado testificará contra ustedes el día del juicio.
¡Qué miedo! Esa riqueza acumulada testificará contra ellos en el día del juicio. Esto nos recuerda lo que Jesús dijo:
Mateo 6:19-21 (NTV) »No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. 20 Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar. 21 Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.
De esta manera, queda clara la última advertencia:
Advertencia #5: Acumular tesoros terrenales es un desperdicio.
Mi esposa odia el desperdicio. No he conocido una persona que lo deteste tanto. Ella siempre nos recuerda que tengamos cuidado con las servilletas, que no necesitamos más de la mitad de un pedazo para limpiarnos. Es más, ha cambiado de papel a servilletas de tela para poder lavarlas y no tirar nada a la basura. Lo mismo sucede con los platos desechables: los odia porque son un desperdicio, contaminan el medio ambiente y además son tóxicos.
Pero, sobre todo, odia el desperdicio de comida. No le gusta que vayamos a un buffet porque dice que agarramos más de lo que comemos. Así que ella toma un poco de comida y se come lo que mis hijos y yo vamos dejando para que no se desperdicie. A ella le duele cuando la comida se tira, porque siempre nos recuerda que hay miles de personas alrededor del mundo muriendo por falta de un pedazo de pan.
Así también deberíamos odiar el desperdicio espiritual, empezando por la acumulación de riquezas en esta tierra. Esto no quiere decir que no tengas una cuenta de ahorros o que no inviertas tu dinero. Lo que quiere decir es que, así como te preocupas —o deberías preocuparte— en guardar riquezas en esta tierra, deberías acumular riquezas en el cielo.
Eso vale más que cualquier tesoro terrenal. De nada te sirve tener una cuenta bancaria enorme si no has acumulado nada en el cielo. De nada te sirve acumular tesoros aquí y perder tu alma por estar afanado solo en hacer riquezas terrenales.
Recordemos un pensamiento aterrador que Jesús transmitió a sus oyentes y que creo que Santiago aprendió de su hermano: “Les digo la verdad, es muy difícil que una persona rica entre en el reino del cielo.” Veamos cómo terminó esa conversación:
Mateo 19:25-26 (NTV) Los discípulos quedaron atónitos. —Entonces, ¿quién podrá ser salvo?— preguntaron. 26 Jesús los miró y les dijo: —Humanamente hablando es imposible, pero para Dios todo es posible.
Aquí está hablando del dominio sobre la riqueza. Humanamente es muy difícil dominar ese deseo compulsivo de acumular dinero, posesiones, etc. Solo Dios nos puede ayudar a someter esta fascinación con ser ricos y poderosos para depender de Él.
Una vez más, el problema no es que tengas riquezas. El problema es que confíes en tus riquezas, que dejes de depender de Dios —quien es el que te sostiene— y creas que porque posees algo ya no lo necesitas. Es necesario reconocer nuestra necesidad de Dios y darle gracias porque todo lo que tenemos es por Él.
Lo más importante es que acumules riquezas en el cielo, donde ningún ladrón puede robar ni tampoco puedes perderlas porque caiga el mercado.
¿Y cómo acumulas tesoros en el cielo? Pues siendo generoso con Dios. Claro, a Dios no le puedes dar tu dinero directamente, pero sí a la iglesia, para que se mantenga abierta y pueda seguir haciendo la obra de Jesús. Recuerda que es con lo que tú das que podemos llevar esas mochilas con útiles a tantos niños que lo necesitan.
Es a través de lo que tú das que Familia de Familias en Ensenada alimenta a los ancianos de dos asilos y a los niños de un orfanato. Es gracias a lo que das que la Palabra de Dios se sigue predicando en lugares como Etiopía, porque tu dinero se utiliza para apoyar a los misioneros que van a esos lugares donde tú y yo no podemos ir.
No te aferres a lo que tienes, porque al fin y al cabo todo le pertenece a Dios. Sigue siendo generoso con lo mucho o poco que tengas. Y si no tienes el hábito de darle a Dios, hoy es un buen día para comenzar. Empieza a ahorrar en tu cuenta bancaria celestial, donde nunca perderás. Con esto no te digo que nunca tendrás necesidad, o que si das $100 Dios te dará $1,000. No. Pero qué mayor bendición que cada día te levantes para vivir un día más y poder ver las grandezas de Dios reflejadas en la sonrisa de tus hijos.
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