En 1872, un sofisticado crimen financiero sacudió la ciudad de Londres. Alguien falsificó una serie de cheques de alto valor y se llevó, sin dejar rastro, una enorme fortuna de un banco prestigioso. La policía descubrió que los cheques habían sido cobrados por un hombre que usaba el nombre de “George Hudson”. Registraron la ciudad, localizaron a un comerciante local llamado George Hudson y lo arrestaron. Los periódicos publicaron su nombre como el culpable y fue llevado a juicio.
La fiscalía parecía tener un caso sólido: los cheques falsificados, la línea de tiempo y un acusado cuyo nombre coincidía perfectamente con la firma. Pero el abogado defensor decidió examinar la evidencia real. Los cajeros del banco describieron a un hombre alto que hablaba con acento. George Hudson era bajo y había vivido en Londres toda su vida. Sus cuentas bancarias personales no habían recibido ni un centavo del dinero, y su letra no coincidía en absoluto con las falsificaciones.
El jurado se dio cuenta de la verdad: el verdadero criminal simplemente había robado la identidad de un hombre inocente para cubrir sus huellas. Deliberaron solo unos minutos antes de regresar con el veredicto: George Hudson es no culpable.
Esta historia me hace pensar en una pregunta que se ha hecho en iglesias por décadas: si mañana te arrestaran por el “crimen” de seguir a Jesús, ¿habría suficiente evidencia para condenarte? ¿O el jurado tardaría solo unos minutos en regresar con un veredicto de “no culpable”?
Estamos en la semana 3 de nuestro estudio de Santiago. Hasta ahora hemos visto la introducción al libro, quién lo escribió y el ánimo que ofrecía a los cristianos judíos. La semana pasada respondimos una pregunta importante: ¿creía Santiago en el evangelio de la gracia? La respuesta es sí; de hecho, ¡fue el primero en escribirlo! Santiago 1:18 dice: “Él, por su propia voluntad, nos hizo nacer de nuevo por medio de la palabra de verdad…”. Es el protoevangelio del Nuevo Testamento.
Hoy nos preguntamos: ¿por qué tanta confusión? ¿Qué quiso decir Santiago con el siguiente versículo?
Santiago 2:24 (NTV) Como puedes ver, se nos declara justos a los ojos de Dios por lo que hacemos y no solo por la fe.
A simple vista, parece contradecir el evangelio de Pablo. Pero si profundizamos, veremos de qué hablaba Santiago y cómo se alinea tanto con lo que Pablo enseñó como con las enseñanzas de Jesús. Y en el camino responderemos esta pregunta:
¿Una persona realmente es salva si no actúa como tal?
En otras palabras, ¿Puede alguien ser seguidor de Jesús si no hay evidencia que lo respalde? Volvamos a Santiago 1
Santiago 1:21 (NTV) Así que quiten de su vida todo lo malo y lo sucio, y acepten con humildad la palabra que Dios les ha sembrado en el corazón, porque tiene el poder para salvar su alma.
Sigamos el argumento de Santiago. En el versículo 18 él nos recuerda que Dios, por su propia voluntad, nos hizo nacer de nuevo por medio de la palabra de verdad. Luego, en el versículo 21, nos llama a aceptar con humildad la palabra de Dios que ha sido sembrada en nuestro corazón. Y justo después de establecer esa base, Santiago hace un giro hacia lo práctico :
Santiago 1:22 (NTV) No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se engañan a sí mismos.
“Aceptar” la palabra no es solo oírla con los oídos. Es vivirla con el cuerpo. Santiago no está hablando de una fe teórica, intelectual o “de labios para afuera”. Él está hablando de una fe que se encarna, que se nota, que se mueve. Por eso, el resto del libro está lleno de ejemplos prácticos: controlar la lengua, ayudar a los necesitados, evitar la mundanalidad, y mucho más. Pero antes de entrar a esos ejemplos, necesitamos aclarar qué está diciendo Santiago sobre todo este “poner en práctica”.
Y es que aquí se marca la diferencia entre una fe que solo se dice y una fe que realmente se demuestra; entre una fe que vive en la boca y una fe que vive en la vida.
.La fe genuina vs. la fe de “labios para afuera”.
Hay una diferencia entre una fe genuina que salva y un simple “decir” que uno tiene fe. En otras palabras, puedes decir que eres salvo y no estarlo realmente. Este es un pensamiento aterrador. Piensa en esto: la salvación es por gracia mediante la fe. Romanos 10 dice que si confiesas con tu boca y crees en tu corazón, serás salvo. Pero Santiago está diciendo que es posible confesar… y engañarte a ti mismo. Crees que eres salvo, pero no lo eres. ¡Terrible! Jesús también lo dijo:
Mateo 7:21 (NTV) »No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Solo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Pablo también se lo dijo a la gente en Creta:
Tito 1:16 (NTV) Tales personas afirman que conocen a Dios, pero lo niegan con su manera de vivir. Son detestables y desobedientes, no sirven para hacer nada bueno.
La fe genuina que salva es más que información.
Hablamos de esto en La búsqueda. Dijimos que hay dos lados de la misma moneda: Que es la información correcta más la actitud correcta
Santiago 2:19 (NTV) Tú dices tener fe porque crees que hay un solo Dios. ¡Bien hecho! Aun los demonios lo creen y tiemblan aterrorizados.
Los demonios tienen la información correcta, pero no son salvos. Cuando Santiago usa la palabra “fe” en este pasaje, no está hablando de una fe viva ni de una confianza real en Dios, sino de un simple acuerdo intelectual barato. Describe a alguien que sabe las respuestas correctas en la cabeza, pero no tiene amor por Dios en el corazón. Es la fe “de labios para afuera”, la fe que afirma pero no transforma.
Cuando Pablo usa la palabra “fe”, en cambio, se refiere a una fe genuina que salva: una confianza total y transformadora en Jesucristo. Para Pablo, la fe no es solo creer que algo es verdad; es apoyarse por completo en Cristo, rendirse a Él, descansar en Él. Es una fe que produce vida nueva. Santiago no está contradiciendo eso; está exponiendo la diferencia entre una fe que solo se dice y una fe que realmente existe.
La fe salvadora es la raíz; las obras son el fruto
Jesús usaba este lenguaje todo el tiempo:
Juan 15:5 (NTV) »Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.
Eso mismo es lo que está enseñando Santiago cuando dice:
Santiago 2:17 (NTV) Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil.
No está hablando de que hay que hacer buenas acciones para ser salvos. Está diciendo que la fe genuina produce buenas acciones o sea obras buenas. Pablo también lo dijo usando estas palabras:
Gálatas 5:22–23 (NTV) En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, 23 humildad y control propio…
El punto NO es que somos salvos por este fruto porque no lo somos. Es el fruto no es la raíz. Ahora podemos entender Santiago 2:24:
Santiago 2:24 (NTV) Como puedes ver, se nos declara justos a los ojos de Dios por lo que hacemos y no solo por la fe.
“Se nos declara justos” significa que somos evidenciados. Pablo usa esa expresión para hablar de la raíz: somos declarados justos por Dios, no por nuestras obras, sino por la gracia recibida mediante la fe. Santiago, en cambio, usa la misma palabra para hablar del fruto: lo que muestra que esa fe es real, lo que se ve, lo que otros pueden observar. Para él, “ser justificado” es ser vindicado delante de los demás, es decir, que la fe se demuestra en la vida.
Entonces, cuando Santiago dice “no solo por la fe”, no está contradiciendo a Pablo ni enseñando salvación por obras. Está diciendo que no somos salvos por una fe que confesamos de labios para afuera, una fe vacía, una fe que solo vive en la boca. Somos salvos por una fe que vivimos, una fe que transforma, una fe que produce evidencia. Esa es la fe verdadera que salva.
Entonces, respondamos la pregunta: ¿Una persona realmente es salva si no actúa como tal?
Tal vez no. Definitivamente hay personas que se engañan a sí mismas. ¿Y tú? El punto no es juzgar a otros; es examinar nuestra propia vida. ¿Tu fe es solo de labios para afuera? ¿Tienes la actitud correcta hacia Dios? ¿Más que los demonios? ¿Hay evidencia que lo respalde?
En un tribunal, ¿habría suficiente evidencia para condenarte por seguir a Jesús? Si no, preocúpate, porque puede que tu fe sea falsa.
Y si tú, que estás aquí hoy, nunca le has entregado tu vida a Jesús, hoy es un buen día para hacerlo.
Efesios 2:8–9 (NTV) Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9 La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.
Efesios 2:10 (NTV) Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.
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