El mensaje central del evangelio es la gracia de Dios. Pero a veces, quienes creemos en ese mensaje no lo reflejamos en la manera en que tratamos a quienes están fuera de la iglesia. La gracia no es solo un concepto teológico; es un estilo de vida que debe marcar nuestras palabras, nuestras actitudes y nuestras relaciones.
Habla con gracia a quienes no conocen a Dios
No podemos ganar a las personas con un mensaje de gracia usando métodos que no reflejan gracia.
Colosenses 4:5-6 (NTV) Vivan sabiamente entre los que no creen en Cristo y aprovechen al máximo cada oportunidad. 6 Que sus conversaciones sean cordiales y agradables, a fin de que ustedes tengan la respuesta adecuada para cada persona.
1 Pedro 3:15-16 (NTV) En cambio, adoren a Cristo como el Señor de su vida. Si alguien les pregunta acerca de la esperanza que tienen como creyentes, estén siempre preparados para dar una explicación; 16 pero háganlo con humildad y respeto. Mantengan siempre limpia la conciencia. Entonces, si la gente habla en contra de ustedes será avergonzada al ver la vida recta que llevan porque pertenecen a Cristo.
Colosenses 4:5-6 y 1 Pedro 3:15-16 nos llaman a hablar con sabiduría, gentileza y respeto. La realidad es que la verdad sin gracia se vuelve dura. La gracia sin verdad se vuelve vacía y el evangelio necesita ambas. Nosotros somos llamados a convertir el evangelio de Cristo. A hablarles a las personas de que hay esperanza en Jesús. Pero esto se debe hacer con gentileza, humildad y respeto.
No podemos compartir la verdad de Jesús de una manera que ofenda a quienes no lo conocen. Necesitamos ser cuidadosos con cómo decimos las cosas. Recordemos que estamos llamados a decir la verdad con amor. Si hablamos groseramente o sin respeto, lo único que lograremos es que las personas dejen de escucharnos. Y lo más triste es que podrían cerrarse al evangelio de Cristo por causa de nuestra actitud.
Tratar con gracia incluso a quienes no siguen a Dios
Jesús nos llama a amar, bendecir y orar por quienes no piensan como nosotros.
Mateo 5:44-45 (NTV) Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! 45 De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual.
Los cristianos no estamos llamados a quejarnos de cómo vive la sociedad, sino a compartir las buenas noticias.
Hechos 1:8 (NTV) pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra.
Este pasaje nos recuerda que somos testigos, no jueces. Nuestro rol no es condenar, sino mostrar el corazón del Padre. Dios quiere que todos vengamos al arrepentimiento y recibamos su perdón. El no quiere que nadie se pierda.
El Espíritu Santo es quien transforma vidas
Juan 16:8 enseña que es el Espíritu Santo quien convence del pecado.
Juan 16:8 (NTV) y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado y de la justicia de Dios y del juicio que viene.
No es nuestro trabajo cambiar el comportamiento de nadie. Nuestro trabajo es vivir de tal manera que la gente pueda ver a Jesús en nosotros (Mateo 5:16). Cuando tratamos de hacer el trabajo del Espíritu, terminamos alejando a las personas en lugar de acercarlas.
Jesús mismo modeló esto.
En Mateo 9:10-13, Él se sentó a la mesa con personas consideradas “pecadores” por los fariseos. Para ellos, esto era escandaloso. Pero Jesús no estaba aprobando su estilo de vida; estaba mostrando el corazón de Dios.
Él dijo: “Quiero que tengan misericordia, no que ofrezcan sacrificios”.
En otras palabras: Dios desea un corazón compasivo más que rituales religiosos. Jesús se acercó a los que estaban lejos para guiarlos hacia el Padre, no para gritarles desde la distancia. Y ese sigue siendo nuestro llamado hoy.
Enseñanza clave
Extender gracia fuera de la iglesia es parte esencial de seguir a Jesús. No ganamos a nadie con dureza, juicio o superioridad moral. Dios nos llama a vivir con sabiduría, hablar con gentileza y reflejar Su carácter en cada interacción. El Espíritu Santo es quien transforma vidas; nosotros simplemente mostramos a Cristo con nuestras palabras, nuestras acciones y nuestro amor.
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