Quiero comenzar contándoles algo muy personal. Hace un tiempo, mi esposa y yo tuvimos un accidente automovilístico horrible. Íbamos en nuestro Mazda pequeño cuando una van grande perdió el control y se estrelló contra nosotros. Por centímetros —literalmente centímetros— no golpeó de lleno el lado del pasajero delantero, donde mi esposa iba sentada. Si ese impacto hubiera sido unos centímetros más hacia adentro ella no estaría aquí hoy. Fue un milagro.
Pero después del accidente, algo cambió en mí. Cada vez que pensaba en subirme al carro, me invadía un miedo paralizante. Me sudaban las manos, me faltaba el aire, sentía que el pecho se me cerraba. Era como si mi cuerpo recordara el accidente antes de que yo pudiera razonar. Mi esposa tuvo que manejar por varias semanas porque yo simplemente no podía hacerlo.
Y lo peor es que mi mente me decía: “Si vuelvo a manejar y volvemos a chocar, esta vez sí la mato.” Era un miedo absurdo, irracional, pero completamente real para mí. ¿Puedes relacionarte? Tal vez no con un accidente, pero sí con un miedo que te domina, que te controla, que te hace imaginar lo peor. Por lo tanto, hoy veremos maneras prácticas de vencer el miedo y la ansiedad. Comencemos:
Reconoce tus miedos: No ignores la ansiedad; preséntala delante de Dios para comenzar a recuperar el control.
Para algunos de ustedes esto estará MUY fuera de su zona de confort. Incluso puede sonar un poco irreal. O desconectado. Puede sonar como una respuesta “muy de iglesia”. Muchos nunca han considerado que Jesús realmente es la respuesta al problema de miedo que han tenido. David lo aprendió en carne propia y escribió bastante sobre esto. Veamos lo que leímos más de cerca:
Salmos 27:1 (NTV) El Señor es mi luz y mi salvación, entonces ¿por qué habría de temer? El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro, entonces ¿por qué habría de temblar?
David declara la solución desde el principio. Sin embargo, el resto del salmo reconoce todo lo que podría salir mal: los enemigos podían atacarlos, la nación podía entrar en guerra, podía ser rechazado por Dios o incluso por su propia familia. Esta también era MI historia. Yo conocía la respuesta, pero aun así estaba paralizado por el pánico. No tenía sentido lógico. Pero no se trataba de lógica. Había algo más pasando dentro de mí.
Observa en el Salmo 27: David no está enterrando la cabeza en la arena. Esa tampoco es la solución para nosotros. Hoy, pon esas cosas sobre la mesa: miedo al fracaso, miedo a la muerte, miedo al futuro, miedo a la misma ansiedad. Sácalas. Reconócelas. Yo literalmente lo hice hablándolo. Ese es el primer paso para recuperar el control.
Pero dejemos algo claro: cuando digo que reconocerlo es el primer paso para recuperar el control, no estoy diciendo que la solución es convertirnos en nuestro propio jefe, en el que manda. La solución es
Cambia tu estructura de autoridad: La solución al miedo no es convertirte en tu propio jefe, sino hacer del SEÑOR tu luz, tu salvación y tu fortaleza.
Mira otra vez el versículo 1: “El Señor es mi luz y mi salvación.” “El Señor es mi fortaleza.” Algunos de ustedes nunca han intentado creer y reconocer esto antes, así que veamos lo que David nos dice cómo funciona en la práctica.
Salmos 27:4 Lo único que le pido al Señor —lo que más anhelo— es vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, deleitándome en la perfección del Señor y meditando dentro de su templo.
¡Allí está la respuesta! Pero lo que normalmente buscamos cuando tenemos miedo es otra cosa. Buscamos ayuda en amigos o familia —y no está mal, usualmente sí ayuda. También buscamos ayuda médica, y tampoco está mal. Todo eso puede ser parte del proceso. Pero la solución de David es diferente:
Busca Su rostro: Enfócate en una relación profunda y personal con Dios, en lugar de solo pedirle soluciones rápidas o “regalos”.
Buscar Su rostro, no solo Su mano. Esto significa buscar una relación profunda y personal con Él, deseando Su presencia por encima de Sus regalos. Sí, suena cursi. Pero es la verdad. Hablemos un poco de la expresión “buscar Su rostro”. En hebreo, la palabra para “rostro” (panim) es plural. Aunque la traducimos como “rostro”, lleva la idea de “rostros” o “facetas”. Es decir, Dios se revela de muchas maneras.
Piensa en el profeta Elías buscando a Dios en la montaña: un viento fuerte partió los montes, pero Dios no estaba en el viento. Un terremoto sacudió la tierra, pero Dios tampoco estaba en el terremoto.
1 Reyes 19:12 (NTV) Pasado el terremoto hubo un incendio, pero el Señor no estaba en el incendio. Y después del incendio hubo un suave susurro.
En mi caso, después del accidente, yo quería que Dios me hiciera libre de golpe. Quería un terremoto espiritual que me quitara el miedo. Pero Dios me hablaba en susurros. Y tuve que aprender a escucharlo. David lo entendía muy bien:
Salmo 27:7–8 (NTV) Escúchame cuando oro, oh Señor; ¡ten misericordia y respóndeme! 8 Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo». Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor».
“Escúchame cuando oro, oh Señor…” Eso es lo que David dice. Pero si somos honestos, lo que normalmente hacemos en la oración es otra cosa: hablamos todo el tiempo, le decimos a Dios lo que necesitamos y esperamos que Él lo anote todo. Es una mentalidad de máquina expendedora. Pero ese no es el plan de Dios. Dios quiere que te mudes a Su mansión, no que vivas de monedas espirituales.
Escucha a Dios, no a tu corazón: Tu corazón puede ser un narrador poco confiable durante el pánico; entrena tu corazón para escuchar el susurro de Dios.
Sorprendentemente, después que David dice: “Escúchame cuando oro…” Agrega: “Mi corazón te ha oído…” Mira que fuerte: “Mi corazón te ha oído.” Es todo lo contrario a nuestra cultura. El mantra moderno es: “escucha tu corazón”. Pero cuando estás dominado por el miedo, tu corazón es un narrador poco confiable. David nos enseña algo distinto: Haz que tu corazón escuche a Dios.
Y cuando haces que tu corazón escuche a Dios, Él te responderá. La respuesta de Dios es: “Ven y conversa conmigo”. Esa respuesta muestra claramente que Él quiere una relación. Para nosotros, la oración suele ser transaccional. Para Dios, la oración es relacional. Yo tuve que aprender a escuchar a Dios. En mi caso, Dios me dijo cosas como: “Tú no estás en control.” “No necesitas salvar a nadie.” “Tu valor no depende de tu desempeño.”
¿Alguna vez has escuchado la voz del Señor? ¿Sabes que Él tiene cosas que decirte? Tu miedo, la ansiedad, los ataques de pánico, la depresión o lo que sea con lo que estés luchando en este momento puede convertirse en una puerta para que aprendas a escuchar a Dios. Para que empieces a relacionarte con Él y permitas que tu vida de oración sea completamente transformada.
David termina el salmo así:
Salmo 27:14 (NTV) Espera con paciencia al Señor; sé valiente y esforzado; sí, espera al Señor con paciencia.
Lo que normalmente hacemos cuando tenemos miedo, pánico, ansiedad o depresión es siempre lo mismo: queremos resolverlo YA. Queremos ser los dueños de nuestra vida y hacer que desaparezca lo que estamos sintiendo. Yo intenté eso. No funcionó.
La verdad es esta: Jesús es la respuesta. Puede que no te libere hoy. Puede que tenga algo más para ti en esta temporada. Él todavía quiere enseñarte. Está usando esto para acercarte a Él. Él sabe lo que harás cuando te libere: tal vez le agradecerás y seguirás tu camino. Te olvidarás de lo que viviste y volverás a confiar en ti mismo, a tomar el control de tu vida en vez de darle el mando a Él.
Por eso, hoy Él te dice: Espera con paciencia. Esto puede ser lo más grande que he aprendido en mi batalla con el miedo y el pánico: Dios está en control, no yo. La espera es mi maestra. La espera no retrasa la sanidad; es el mecanismo de la sanidad.
Después del accidente pensé: “No puedo vivir así.” Y Dios me respondió: “Vas a vivir así pero no dominado por el miedo. Vas a vivir consciente de mi presencia. Dependiendo de mi gracia. Caminando conmigo.” Eventualmente, vencí el temor y volví a manejar. Hoy puedo decir: El miedo no me manda ni me controla. “El Señor es mi luz y mi salvación, entonces ¿por qué habría de temer?” Confío en que Él tiene mi vida en Sus manos y esto inunda mi vida de paz.
Isaías 26:3 (NTV) ¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti, a todos los que concentran en ti sus pensamientos!
¿Estás tratando de ser el dueño de tu vida? ¿De controlar tu miedo con tus propias fuerzas? No va a funcionar. Entrégate a Jesús. Para los creyentes, esto es un recordatorio: solo podemos confiar en Jesús. Y si centramos nuestros pensamientos en Él, entonces tendremos esa paz que tanto buscamos. No una paz superficial, sino esa paz profunda que sostiene, que calma, que guarda el corazón cuando nada más puede hacerlo.
Para los que todavía están queriendo saber quien es Jesus y no saben que es vivir con Él, esta es una invitación a poner tu confianza en Jesús. Él es el único que puede quitar lo que te está debilitando y desgastando día a día. Él quiere darte Su paz. Solo déjalo entrar a tu corazón.
Ver también: