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Puntos de conversación:
- El secreto del plan de Dios es que Cristo puede vivir en cualquiera que cree. Colosenses 1:26-27, Romanos 3:22, Efesios 2:8-9
- El corazón del mensaje es Cristo mismo. Mateo 15:8, Colosenses 1:27
- La fe auténtica y personal puede dar a los creyentes confianza total. Colosenses 2:2, Colosenses 2:5, Colosenses 1:27
Había a un chico que siempre fue solitario en la escuela. Nunca se le vio con alguien: subía y bajaba del bus solo, comía solo, caminaba solo. No encajaba en ningún lugar. Y aunque han pasado los años, todavía pienso en lo duro que debe ser vivir sintiéndose fuera de todo. La verdad es que muchos, en algún momento, hemos sentido lo mismo: como extraños en nuestra familia, en el trabajo o incluso en la iglesia.
Por eso este pasaje es tan precioso. Pablo nos muestra que, desde el principio, el plan de Dios nunca fue crear un círculo cerrado donde unos pertenecen y otros no. Su plan siempre fue abrir su familia para que cualquiera que crea —sin importar su origen, historia o trasfondo— pueda tener a Cristo viviendo en él. Jesús vino precisamente para invitar a los de afuera a entrar, para que nadie quede excluido de su amor ni de su presencia.
Como este siempre fue el deseo de Dios —abrir su familia para que cualquiera pueda pertenecer— entonces vale la pena detenernos y mirar cómo Pablo describe ese plan en este pasaje. Porque aquí, en Colosenses 1:24–2:5, él nos revela paso a paso el misterio que Dios ha estado construyendo desde el principio. Y lo primero que Pablo quiere que entendamos es esto:
El secreto del plan de Dios es que Cristo puede vivir en cualquiera que cree.
A veces parece que todo se acomoda a favor de los que están “adentro”. Y es cierto: ser parte del grupo privilegiado se siente bien, mientras que quedarse fuera suele ser doloroso. Los de adentro parecen tener todas las ventajas: privilegios, beneficios, atención, segundas oportunidades y bendiciones. Los de afuera, en cambio, reciben miradas, burlas, rechazo y las sobras.
Durante siglos, esa era exactamente la percepción entre judíos y gentiles. A simple vista, los judíos eran los privilegiados: el pueblo especial de Dios, su familia escogida. Los gentiles, por otro lado, estaban fuera de la familia de Dios y fuera de la herencia espiritual. Muchos judíos los despreciaban, los consideraban inferiores, espiritualmente impuros y socialmente corruptos. Es difícil describir lo radical y revolucionario de este cambio.
Imagina estar sentado en la iglesia de Colosas hace dos mil años. Llega la carta tan esperada del apóstol Pablo. Todos contienen la respiración para escucharla. Y de pronto, cuando se lee en voz alta, el ambiente se llena de sorpresa, incredulidad y emoción. Porque Pablo anuncia algo que nadie vio venir: Cristo está disponible para cualquier persona que cree en Él, sin importar si es judío o gentil. Ahora escuchemos estas palabras que, en su tiempo, fueron profundamente controversiales:
Colosenses 1:26-27 Este mensaje se mantuvo en secreto durante siglos y generaciones, pero ahora se dio a conocer al pueblo de Dios. 27 Pues él quería que su pueblo supiera que las riquezas y la gloria de Cristo también son para ustedes, los gentiles…
Cuando esta carta fue leída en la iglesia primitiva de Colosas, seguramente se escuchó una mezcla de reacciones. Es fácil imaginar un jadeo colectivo recorriendo el lugar cuando se leyó esta sección. Algunos lloraron, otros se regocijaron, y unos pocos movieron la cabeza con decepción.
Para los gentiles, debió sentirse como una ola abrumadora de alegría y alivio. Para muchos judíos, en cambio, fue un choque emocional lleno de incomodidad, temor e incluso ira. Ellos despreciaban a los gentiles y los consideraban espiritualmente inferiores, si no completamente corruptos.
Durante siglos habían sido el pueblo de Dios, su nación escogida, y ahora todo estaba cambiando. Dios estaba abriendo su tabernáculo para incluir también a los gentiles. Mostrando así que Dios no hace distinción. No hay ventaja por herencia religiosa, cultura o posición social. Todos somos pecadores y todos necesitamos que Cristo “ponga todo en su lugar”.
Romanos 3:22 Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere.
Pablo está diciendo esto de la manera más directa posible. No está dorando la píldora ni suavizando el mensaje. Es una declaración frontal: Jesús está disponible para cualquier persona que cree en Él, sin importar su origen religioso, el color de su piel, su educación o su situación económica. El Dios que pone todo en su lugar —del que hemos leído en este pasaje— se ha convertido en Jesús, quien “pone todo en su lugar” por nosotros.
Y no solo por nosotros, sino por todos los que creen en Él. Porque en esto no hay diferencia entre “nosotros” y “ellos”. Todos compartimos el mismo historial lamentable como pecadores, todos hemos demostrado ser incapaces de vivir la vida gloriosa que Dios desea para nosotros. Por eso Jesús tuvo que poner todo en orden para todos y hacernos justos.
Cristo lo hizo por pura generosidad. Él nos hizo justos con Él, pagando por cada pecado que hemos cometido. No merecemos esta bondad ni esta misericordia; es un regalo de Jesús. Él nos sacó del enredo en el que estábamos y nos restauró al lugar donde siempre quiso que estuviéramos.
Así que no pienses más de ti mismo de lo que debes, ni creas que tu herencia religiosa te da alguna ventaja. Jesús hizo justos tanto a los de adentro como a los de afuera, y al hacerlo, convirtió a todos los que creen en parte de su familia para siempre.
Efesios 2:8-9 Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9 La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.
Lo que Pablo está diciendo aquí es que Dios siempre ha estado de nuestra parte; simplemente muchos no lo sabían hasta ahora. Pero ahora lo sabes, y esta verdad tiene el poder de transformar tu vida. No eres demasiado malo para Dios, ni estás demasiado lejos de Él. Quizás pensaste que no calificabas, que no encajabas, que eras un extraño… pero gracias a Jesús, ya no lo eres.
Gracias a Jesús, judíos y gentiles pudieron sentarse juntos en una misma iglesia y, por primera vez, compartir la misma mesa como un solo pueblo. Es difícil expresar cuán milagroso fue ese momento. Una de las maravillas más grandes de Jesús es que une a personas completamente diferentes en todos los sentidos y las convierte en parte de una sola familia: su familia.
Y si Jesús hizo posible que todos —sin importar su trasfondo— entren a la familia de Dios, entonces es importante entender qué es exactamente lo que nos une. Porque lo que nos mantiene dentro no es una tradición, ni un sistema, ni una religión sin vida… es Cristo mismo. Y eso nos lleva al segundo punto.
El corazón del mensaje es Cristo mismo.
Y no una religión impersonal y sin vida. Te explico: A lo largo de la historia, siempre ha habido personas que pueden hablar de Dios con una precisión impresionante. Gente que domina datos, fechas, idiomas bíblicos, doctrinas y sistemas teológicos. Personas capaces de explicar cada detalle… pero incapaces de reconocer la voz de Dios en su propia vida. Y eso revela una realidad muy seria: es posible llenar la mente de información sobre Dios y, aun así, tener el corazón lejos de Él.
Podemos estudiar, memorizar, debatir, enseñar, cantar y hasta servir… y aun así no tener una relación viva con el Señor. Podemos saber todo sobre Dios y, al mismo tiempo, no conocerlo a Él. Jesús mismo lo advirtió con palabras fuertes:
Mateo 15:8 Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí.
Piensa en esto: ¿qué pasaría si un esposo le dijera a su esposa: “Mi amor, quiero saber todo sobre ti: cuándo naciste, dónde creciste, a qué escuela fuiste… incluso quiero aprender a decir tu nombre en griego. Quiero conocer cada dato sobre tu vida. Pero no quiero estar emocionalmente cerca de ti, ni caminar contigo en los altibajos de la vida. Solo tengamos una relación intelectual, ¿te parece?” Todos sabemos que ese hombre estaría en serios problemas, y con razón.
Así mismo es con Dios. Nuestro Dios quiere ser conocido. Sí, quiere que sepamos quién es, pero también quiere que lo conozcamos por experiencia, de manera íntima y personal. Muchas religiones enseñan sobre un dios distante o impersonal, pero el cristianismo es único porque afirma que Dios es cercano, relacional, y desea una relación profunda con su pueblo. Escucha lo que dice el apóstol Pablo al respecto:
Colosenses 1:27 Pues él quería que su pueblo supiera que las riquezas y la gloria de Cristo también son para ustedes, los gentiles. Y el secreto es: Cristo vive en ustedes…
En otras palabras, Jesús nos está diciendo que es totalmente posible saber muchísimo acerca de Dios —conocer cada libro de la Biblia, manejar doctrina y teología, cantar alabanzas y participar en actividades espirituales— y aun así estar en quiebra cuando se trata de conocer a Dios personalmente.
Si lo piensas, Dios pudo haberse comunicado con nosotros de muchas maneras distintas. Pudo habernos dado solo un libro, enviar un ángel con instrucciones o incluso escribir mensajes en el cielo. Pero no hizo eso. Dios decidió venir Él mismo. Jesús es su propio mensajero; Él entrega el mensaje en persona. Emanuel —Dios con nosotros— vino porque desea una relación cercana y viva con nosotros.
Y esa es la razón: Dios es relacional. No quiere que solo sepamos acerca de Él; quiere que lo conozcamos a Él. Quiere cercanía, intimidad, comunión real.
Ese es el gran misterio que Pablo revela: Cristo, Dios en la carne, quiere vivir en ti. Quiere habitar en tu vida, caminar contigo y ser parte de tu día a día. Nuestro Dios no es una fuerza impersonal ni un creador distante; es un Dios personal que nos hizo para relacionarnos con Él. Por eso, la noticia más increíble es esta: Jesús vive en aquellos que creen en Él.
Y si Jesús realmente vive en nosotros —si el Dios cercano del que habla Pablo habita en nuestro interior— entonces eso cambia cómo enfrentamos cada día. Porque esa presencia produce una fe firme y segura. Y eso nos lleva al tercer punto.
La fe auténtica y personal puede dar a los creyentes confianza total.
A veces, aun sabiendo que Cristo vive en nosotros, seguimos enfrentando la vida con miedo, duda y ansiedad. Y no porque Dios sea pequeño, sino porque lo vemos pequeño. Como dice Ed Welch: “La forma en que vives revela lo que realmente piensas acerca de Dios.” Si vivimos preocupados, inseguros o paralizados por el temor, es porque hemos olvidado quién habita realmente en nuestro interior.
¿Qué pasaría si te dijera que Dios quiere que tengas plena confianza en Él? ¿Y si te dijera que Dios no quiere que vivas cargando preocupación y miedo todo el tiempo? Escucha lo que Dios dice a través del apóstol Pablo:
Colosenses 2:2 Quiero que ellos cobren ánimo y estén bien unidos con fuertes lazos de amor. Quiero que tengan la plena confianza de que entienden el misterioso plan de Dios, que es Cristo mismo.
Escucha: Dios quiere que tengas plena confianza de que Cristo está en ti y está a tu favor. No tienes que pasar por aros religiosos ni demostrar que mereces algo. Ya no eres un observador externo. No estás compitiendo con nadie, ni se trata de comparar lo que “tienes” con lo que “careces”. En Cristo, judíos y gentiles, fuertes y débiles, todos están en el mismo nivel.
Cristo está por ti y vive en ti. Esa verdad te da una seguridad profunda (1:27). Ya no tienes por qué caminar con la cabeza baja, sintiéndote inadecuado, ansioso o preocupado. No enfrentas tus desafíos solo. Tienes la presencia de Cristo y su poder en tu vida ahora. ¿Sabes lo que eso significa?
El mismo poder que levantó a Jesús de entre los muertos, que abrió los ojos de los ciegos y que calmó la tormenta con su voz, está disponible para ti en Él. Y no solo tienes su poder; también tienes su presencia. Eso significa que su amor, paz, alegría, bondad, mansedumbre y dominio propio están disponibles para ti en todo momento, sin importar la situación. Esta realidad interna —Cristo en ti— obra en tu vida y te sostiene. Pablo lo celebra así:
Colosenses 2:5 …Y me alegro de que viven como deben hacerlo y de que su fe en Cristo se mantiene firme.
Piensa en esto: después del bombardeo del maratón de Boston en 2013, surgió el lema “Boston Strong”, un grito de unidad y fortaleza. Se imprimió en camisetas, estadios y cascos. Era una declaración poderosa de resistencia.
Ahora imagina un lema para los creyentes: Jesús Fuerte. Dios sabe que la vida es difícil, que hay temporadas de sufrimiento y pruebas que nos desarman. Por eso es tan importante recordar quiénes somos en Cristo y lo que tenemos en Cristo. En esos momentos, una fe fuerte en Él puede ser lo que te sostenga… y a veces lo único que te sostenga.
Si abrazamos la realidad de lo que Jesús ha hecho por nosotros y de cómo vive en nosotros, podremos vivir como Jesús Fuerte. Tu nueva identidad en Cristo —y el hecho de que Él vive en ti— permite que tu fe sea fuerte. Y cuando tu fe en Cristo es fuerte, eso te lleva a vivir una vida fuerte por Cristo.
Hay una perspectiva más que necesitamos compartir.. Como suele decirse, “dejé lo mejor para el final.” Escucha lo que dice Pablo:
Colosenses 1:27 …Eso les da la seguridad de que participarán de su gloria.
Una vez que entendemos que no solo somos “Jesús Fuerte” por causa de Cristo, sino que también tenemos la seguridad de su presencia y su poder, entonces podemos estar confiados en que Él nos ayudará a compartir su gloria con otros. Esa certeza nos da valentía para hablar de Jesús sin miedo ni vergüenza. Cuando reconocemos que Cristo vive en nosotros, nuestra fe se fortalece y crece nuestra confianza para guiar a otros hacia Dios.
Por eso la mentoría es tan importante. Vivimos con fuerza por causa de Jesús, y esa misma fuerza nos asegura que Él estará a nuestro lado cuando hablemos de Él con otras personas. Esa seguridad nos da valor para ayudar a otros a ir “círculo completo” con Dios. De eso se trata el discipulado: caminar con Cristo y ayudar a otros a caminar con Él también.
No sé qué estás enfrentando hoy, pero sí sé esto: lo que eres en Jesús lo cambia todo. No importa cuán grande sea la carga, cuán incierto el futuro o cuán débil te sientas. Cristo está en ti. Cristo está contigo. Cristo es suficiente para sostenerte, transformarte y darte seguridad en cada paso.
Ese es el misterio revelado desde la eternidad: Jesús vive en ti. No a tu lado solamente, no observándote desde lejos, sino en ti, llenando tu vida con su presencia, su poder y su paz. Y cuando esa verdad se vuelve real en tu corazón, nada vuelve a ser igual. Tu identidad cambia, tu confianza cambia, tu manera de enfrentar la vida cambia. Jesús vive en ti. Y eso, verdaderamente, lo cambia todo.
Ver también:
- El misterio antiguo del plan de Dios
- La Búsqueda
- Cómo funciona la Biblia
- ¿Cómo puedo discernir la voz de Dios por encima de mis propios pensamientos? (Hechos 21-22)
- ¿Se fundó Los Estados Unidos sobre principios bíblicos?
- Política del Reino
- ¿Es la Biblia tan sólo un libro más?
- Abriendo la caja: contestando las preguntas que la gente hace
- Cómo Dios se revela al mundo
- Alimentándose de la Palabra de Dios
- ¿Qué tan bien conoces tu Biblia? (Marcos 12:28-34)
- Aliméntate de las Escrituras todos los días (El hombre guía #5)
- Los “5 Grandes” hábitos espirituales
- Todo lo que necesitamos para ser rectos
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- ¿Verdaderamente escuché de Dios?
- Fundamentos (serie)
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- Lee Colosenses 1:24-27. En tus propias palabras, explica el secreto del evangelio. ¿Por qué crees que Dios lo mantuvo en secreto por tanto tiempo?
- Según Efesios 2:8-9, ¿cómo es salva una persona? ¿Por qué es tan maravillosa la respuesta a esa pregunta?
- Lee Colosenses 2:2. ¿De qué manera conocer a Jesús te da confianza?
- “El gran misterio”, que Pablo está revelando aquí, es que Cristo quiere vivir en ti. ¿Cómo cambia la realidad de que Cristo vive en nosotros nuestras vidas de manera positiva?
- Pablo se regocija porque la fe de los colosenses era fuerte. Comparte un momento en el que tu fe en Dios fue fuerte.