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Una reflexión brutalmente honesta sobre el trabajo y la riqueza
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Puntos de conversación:
- El trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, destinados a ser administrados y disfrutados, no adorados. Eclesiastés 5:19, 10:18
- El ajetreo sin descanso convierte el trabajo significativo en afán sin sentido y nos roba la paz. Eclesiastés 4:6, 2:22–23
- Amar el dinero promete felicidad pero produce ansiedad e insatisfacción. Eclesiastés 5:10, 1 Timoteo 6:10
- El contentamiento crece cuando disfrutamos lo que tenemos en lugar de perseguir lo que nos falta. Eclesiastés 6:9, Lucas 12:15
- Como no podemos llevarnos la riqueza, las verdaderas riquezas se encuentran en una relación con Dios. Eclesiastés 5:15, Lucas 12:21
En el libro de Eclesiastés, el Maestro ofrece una mirada sorprendentemente honesta sobre el dinero. No lo presenta como algo puramente malo ni como el bien supremo. Lo observa a través del lente de “hevel”, una palabra hebrea que significa vapor o aliento. Como el humo, el dinero es real al tacto, pero se escurre entre los dedos si intentas construir tu vida sobre él.
Con la enseñanza de hoy aprenderemos que el dinero es una herramienta útil, pero un dios terrible. Debemos aprender a sostenerlo con una mano abierta, encontrando nuestra satisfacción final en el Dador y no en el regalo. Empecemos con la pregunta de hoy:
¿Tu dinero es una herramienta o un dios?
Una herramienta sirve a tus buenos propósitos. Un dios es algo que terminas sirviendo. El dinero es amoral; no es bueno ni malo en sí mismo. Todo depende de cómo lo uses.
Hoy veremos una reflexión brutalmente honesta sobre el dinero y aprenderemos cinco perspectivas sobre este tema de parte del Maestro (Qohelet) en Eclesiastés. Esta es sabiduría atemporal que tiene tanto sentido hoy como hace miles de años.
El trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, destinados a ser administrados y disfrutados, no adorados.
Eclesiastés 5:19–20 (NTV) También es algo bueno recibir riquezas de parte de Dios y la buena salud para disfrutarlas. Disfrutar del trabajo y aceptar lo que depara la vida son verdaderos regalos de Dios. 20 A esas personas Dios las mantiene tan ocupadas en disfrutar de la vida que no pasan tiempo rumiando el pasado.
La Escritura dice que las riquezas vienen de parte de Dios. No somos la fuente de nuestra riqueza; somos administradores. La Biblia nunca nos manda a ser pobres, ni desempleados, ni perezosos.
Eclesiastés 10:18 (NTV) Por la pereza se hunde el techo; por el ocio gotea la casa.
Eclesiastés 4:5 (NTV) «Los necios se cruzan de brazos, y acaban en la ruina».
Debemos trabajar y ser productivos. La enseñanza es que el dinero no es malo en sí mismo… pero puede convertirse en un dios. Y ahí está el error.
El ajetreo sin descanso convierte el trabajo significativo en afán sin sentido y nos roba la paz.
Eclesiastés 4:6 (NTV) Sin embargo, «es mejor tener un puñado con tranquilidad que tener dos puñados con mucho esfuerzo y perseguir el viento».
Aquí aparece otra vez “hevel”. El trabajo es bueno, pero la cultura del vivir acelerado para conseguir algo es una trampa. Si tu búsqueda de éxito te roba el sueño y la paz, ya no es trabajo… es afán.
Eclesiastés 2:22–23 (NTV) Entonces, ¿qué gana la gente con tanto esfuerzo y preocupación en esta vida? 23 Sus días de trabajo están llenos de dolor y angustia, ni siquiera de noche pueden descansar la mente. Nada tiene sentido.
Eclesiastés 5:12 (NTV) La gente trabajadora siempre duerme bien, coma mucho o coma poco; pero los ricos rara vez tienen una buena noche de descanso.
Amar el dinero promete felicidad pero produce ansiedad e insatisfacción.
Eclesiastés 5:10–11 (NTV) Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente. ¡Qué absurdo es pensar que las riquezas traen verdadera felicidad! 11 Cuanto más tengas, más se te acercará la gente para ayudarte a gastarlo. Por lo tanto, ¿de qué sirven las riquezas? ¡Quizás solo para ver cómo se escapan de las manos!
Otra vez aparece “hevel:: se escapan de las manos.
1 Timoteo 6:10 (NTV) Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal; y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas.
El contentamiento crece cuando disfrutamos lo que tenemos en lugar de perseguir lo que nos falta.
Eclesiastés 6:9 (NTV) Disfruta de lo que tienes en lugar de desear lo que no tienes; soñar con tener cada vez más no tiene sentido, es como perseguir el viento.
La riqueza no puede comprar felicidad, pero lo que ya tienes sí puede disfrutarse. El contentamiento no es obtener lo que quieres; es disfrutar lo que ya tienes. Es un cambio de mentalidad: sé agradecido, no codicioso; sé presente, no vivas donde quisieras estar.
Lucas 12:15 (NTV) Y luego dijo: «¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen».
Jesús luego cuenta una parábola sobre un hombre muy rico que acumuló tanto que decidió construir graneros más grandes para guardar todo y vivir confiado. Veremos el final en un momento.
Como no podemos llevarnos la riqueza, las verdaderas riquezas se encuentran en una relación con Dios.
Eclesiastés 5:15 (NTV) Todos llegamos al final de nuestra vida tal como estábamos el día que nacimos: desnudos y con las manos vacías. No podemos llevarnos las riquezas al morir.
Esto no es para deprimirte; es para liberarte. No hay carros fúnebres jalando remolques.
Eclesiastés 7:14 (NTV) Disfruta de la prosperidad mientras puedas, pero cuando lleguen los tiempos difíciles, reconoce que ambas cosas provienen de Dios. Recuerda que nada es seguro en esta vida.
1 Timoteo 6:6–8 (NTV) Ahora bien, la verdadera sumisión a Dios es una gran riqueza en sí misma cuando uno está contento con lo que tiene. 7 Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos. 8 Así que, si tenemos suficiente alimento y ropa, estemos contentos.
Un segundo después de morir, tu valor neto es $0.00. Más vale tener otro tipo de riqueza. Ahora veamos el final de la parábola de Jesús que mencioné en la cuarta perspectiva:
Lucas 12:21 (NTV) »Así es, el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios es un necio».
Después de pasar toda su vida acumulando riquezas, cuando por fin pensó que ya tenía suficiente y era hora de disfrutarlo, Dios le dice que esa misma noche morirá. Todo lo que guardó no le servirá de nada. Así termina quien acumula para sí mismo y no es rico para con Dios.
El dinero es hevel. El Maestro nos recuerda que, por más real y útil que sea, sigue siendo vapor, aliento, viento, humo. Puedes verlo, tocarlo y usarlo, pero no puedes descansar en él. Es inestable, temporal e insuficiente para sostener tu identidad o tu seguridad.
El dinero puede ayudarte, pero no puede sostener tu alma. Puede resolver problemas, pero no puede sanar el corazón. Puede darte comodidad, pero no puede darte propósito. Es un buen regalo, pero un pésimo cimiento. Dios nos permite administrarlo, pero no fue diseñado para cargar el peso de nuestra esperanza.
En contraste, Dios es roca. Su presencia, su carácter y su pacto no cambian. Él es el único que puede ofrecer una vida que no se desvanece. Una relación rica con Dios es el terreno firme donde nuestra alma encuentra descanso, dirección y significado.
Dios es constante cuando todo lo demás cambia. Dios es suficiente cuando lo que poseemos no lo es. Dios es eterno cuando lo demás es temporal. Mientras el dinero se escapa entre los dedos, Dios sostiene nuestra vida con fidelidad. Mientras lo material se desgasta, su gracia se renueva cada mañana. Mientras lo terrenal se queda aquí, la vida con Dios trasciende lo que está bajo el sol.
Así que reconoce que el trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, no la fuente de tu identidad. Rehúsa sacrificar la paz por perseguir más. Acepta que el dinero no puede dar felicidad. Aprende a disfrutar lo que ya tienes. Y recuerda que nada de esto nos lo llevamos.
Esa riqueza verdadera y eterna comienza cuando venimos a Jesús, el único que puede perdonar, restaurar y darnos una vida plena ahora y para siempre. Comienza cuando reconocemos que nada bajo el sol puede sostener nuestra alma, pero Cristo sí. Cuando dejamos de perseguir lo que se desvanece y abrazamos al único que permanece. Cuando entregamos nuestra vida a Aquel que dio la suya por nosotros.
Y hoy, Jesús te invita. Te llama por tu nombre. Te ofrece una vida nueva, un corazón nuevo y una esperanza que no se apaga. No importa tu pasado, tus errores, tus cargas o tus dudas. Él está aquí, listo para recibirte, perdonarte y hacerte suyo.
Si hoy quieres recibir esa riqueza eterna, esa vida plena que solo Jesús puede dar, puedes hacer esta oración conmigo:
“Señor Jesús, reconozco que te necesito. Creo que moriste por mis pecados y resucitaste para darme vida nueva. Hoy dejo atrás mi manera de vivir y te entrego mi corazón. Perdóname, límpiame y hazme tuyo. Te recibo como mi Señor y mi Salvador. Desde hoy quiero seguirte y vivir para ti. Gracias por darme una vida plena, ahora y para siempre. Amén.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Por qué crees que el dinero pasa tan fácilmente de ser una herramienta a convertirse en un “dios” en nuestras vidas?
- ¿Cómo has visto que la cultura del ajetreo afecta tu paz, tus prioridades o tus relaciones?
- ¿Qué es más difícil para ti personalmente: ganar dinero con sabiduría o disfrutarlo con contentamiento? ¿Por qué?
- Lee Eclesiastés 6:9. ¿Cómo se vería para ti disfrutar lo que ya tienes esta semana?
- ¿Cómo cambia tu manera de pensar sobre el éxito recordar que no puedes llevarte el dinero contigo?
- ¿Qué significa tener una “relación rica con Dios” en la vida diaria?
Una reflexión brutalmente honesta de lo incontrolable
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Puntos de conversación:
- Dios es soberano, y los seres humanos son responsables, pero no definitivos. Eclesiastés 7:13–14
- No puedes controlar las consecuencias. El esfuerzo importa, pero los resultados nunca están garantizados. Eclesiastés 9:11; 10:10
- No puedes controlar el reloj. El futuro es incierto y la muerte es inevitable. Eclesiastés 10:14, 8:7-8j
- Lo único que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios—temerle y obedecer Sus mandamientos. Eclesiastés 12:13–14; Proverbios 1:7
Hoy estamos en la última semana de nuestra serie en Eclesiastés. Ha sido un recorrido profundo por un libro que no suaviza la realidad, sino que la presenta con una honestidad que a veces incomoda. Eclesiastés es la respuesta directa y sin rodeos a la simplicidad de Proverbios: mientras Proverbios nos muestra cómo funciona la vida cuando todo va como debería, Eclesiastés nos muestra cómo se siente la vida cuando no lo hace.
A lo largo de estas semanas aprendimos un par de palabras hebreas esenciales. La primera es Qohelet, “el Maestro”, el narrador y guía del libro, cuyo nombre en griego es Eclesiastés. La segunda es hevel, traducida como “vanidad”, pero que literalmente significa vapor, humo, algo que está ahí… y luego no está. Esta palabra es la clave para entender el mensaje del libro.
El punto central de Eclesiastés es contundente: la vida “debajo del sol” está destinada a decepcionar. No porque Dios sea cruel, sino porque el mundo es limitado, frágil y fuera de nuestro control. El placer es hevel: no es un dios, no es un pecado, sino un regalo que no puede sostener el peso de nuestra esperanza. La riqueza también es hevel: útil como herramienta, pero destructiva como ídolo. Nada en este mundo puede cargar con la expectativa de darnos significado permanente.
Hoy cerramos esta serie con una reflexión brutalmente honesta sobre lo incontrolable. Vivimos en una cultura marcada por el “ajetreo”, por la prisa, por la productividad constante. Una cultura que nos vende una mentira seductora: que si trabajas lo suficiente, oras lo suficiente y planeas lo suficiente, puedes controlar tu destino. Nos entrenan a ver la vida como una máquina expendedora: introduces el esfuerzo correcto y recibes el resultado correcto.
Pero Qohelet, el hombre más sabio que jamás vivió, corre la cortina y nos muestra que la vida no es una máquina que operamos, sino un misterio que habitamos. No es un sistema que dominamos, sino una realidad que nos supera. Y por eso, hoy nos enfrentamos a la pesadilla de todo controlador: tres grandes realidades de la vida que simplemente no podemos controlar.
La primera realidad:
No puedes controlar al Creador. Dios es soberano, y los seres humanos son responsables, pero no definitivos.
Vivimos bajo la ilusión del control—especialmente en Estados Unidos. Pero Qohelet no está de acuerdo.
Eclesiastés 7:13 (NTV) Acepta el modo en que Dios hace las cosas, porque, ¿quién puede enderezar lo que él torció?
La píldora más difícil de tragar para alguien que quiere controlarlo todo es esta: Dios es Dios… y nosotros no. En teología, esta verdad se expresa a través de la Soberanía de Dios, una realidad que opera en tres formas complementarias: Su voluntad activa, Su voluntad pasiva y el principio de concurrencia. Estas tres dimensiones no compiten entre sí; más bien, juntas revelan cómo Dios gobierna el universo sin anular la responsabilidad humana.
La voluntad activa de Dios se refiere a aquellos eventos que Él causa directamente, como la Creación o la Resurrección. Es el ámbito donde lo que Dios decreta soberanamente simplemente sucede. No hablamos solo de presciencia, como si Dios simplemente supiera lo que ocurrirá; hablamos de que Él sostiene activamente el universo y dirige la historia hacia Sus propósitos finales.
A esta dimensión a veces se le llama Su “voluntad secreta”, porque suele permanecer oculta hasta que ocurre, y casi siempre la reconocemos en retrospectiva: como cuando llegaste a la fe, o cuando Dios abrió una puerta que no estabas buscando, pero que luego entendiste que era parte de Su plan.
La voluntad pasiva de Dios describe aquello que Él permite. Dios permite que las criaturas actúen conforme a su naturaleza, pero eso no significa que Él sea un observador distante. Él pone límites, marca fronteras, y aun cuando permite algo, sigue estando en control.
Lo vemos cuando permitió que Adán y Eva comieran del fruto, o cuando permitió que los hermanos de José lo vendieran. Nada de eso escapó de Su soberanía, aunque no fue Él quien produjo el mal. Esta categoría nos recuerda que Dios puede permitir decisiones humanas sin dejar de ser el Señor de la historia.
El principio de concurrencia explica cómo la soberanía de Dios coexiste con las decisiones reales de los seres humanos. Dios es la Causa Primaria, el poder y el plan detrás de todo lo que existe. Nosotros somos causas secundarias: nuestras decisiones, motivos y acciones son reales, significativas y responsables, pero nunca absolutas. Dios obra a través de nuestras decisiones sin violar nuestra voluntad, y nosotros actuamos libremente sin frustrar la Suya.
El punto final es ineludible: no puedes controlar al Creador. No eres el guionista de tu vida. Puedes influir, decidir, planear… pero no puedes gobernar la realidad. Piensa en Steve Jobs: un hombre cuya visión cambió el mundo, pero que no pudo controlar una sola célula microscópica de cáncer. Y cuando un ateo grita: “¡Soy el dueño de mi destino!”, para Dios suena como un juguete chillón en medio de una tormenta. La soberanía de Dios no es una teoría; es una realidad que humilla al orgulloso y libera al que confía.
La segunda realidad que forman parte de la pesadilla de un controlador es:
No puedes controlar las consecuencias. El esfuerzo importa, pero los resultados nunca están garantizados.
Asumimos que la vida es una meritocracia—que los “mejores” siempre ganan. Qohelet no está de acuerdo.
Eclesiastés 9:11 (NTV) Observé algo más bajo el sol. El corredor más veloz no siempre gana la carrera y el guerrero más fuerte no siempre gana la batalla. Los sabios a veces pasan hambre, los habilidosos no necesariamente son ricos, y los bien instruidos no siempre tienen éxito en la vida. Todo depende de la suerte, de estar en el lugar correcto en el momento oportuno.
Qohelet presenta lo que podríamos llamar el “factor suerte”. Aunque trabajemos duro y seamos responsables, hay variables que simplemente no controlamos: momentos inesperados, circunstancias que cambian sin aviso, oportunidades que aparecen o desaparecen, accidentes que nadie anticipa, decisiones de otras personas que nos afectan profundamente.
Todos estos elementos influyen en los resultados de la vida tanto como —y a veces más que— nuestro propio esfuerzo. Esto no es superstición ni pesimismo; es una realidad estadística que se observa una y otra vez en distintos ámbitos de la vida.
Si alguien cree que su éxito es 100% resultado de su esfuerzo, basta mirar los datos para darse cuenta de que no siempre es así. En el hockey, por ejemplo, los analistas señalan que la NHL es una de las ligas donde la suerte influye más que en otros deportes: rebotes del puck, lesiones inesperadas, decisiones arbitrales que cambian el rumbo de un partido. Y como el marcador suele ser bajo, un solo desvío aleatorio puede decidir un campeonato, sin importar qué equipo era “más rápido” o “mejor”. El mérito importa, sí, pero no lo explica todo.
Lo mismo ocurre en otros campos. Una simulación computarizada de 2018 mostró que las personas más exitosas en una carrera rara vez son las más talentosas; normalmente son personas de talento promedio que tuvieron golpes excepcionales de suerte. Incluso el ingreso futuro de un niño se predice con mayor precisión por su lugar de nacimiento que por su coeficiente intelectual. El país… e incluso el código postal… pesa más que el talento. Es una verdad incómoda, pero innegable.
Y en el mundo de los negocios la historia se repite. Muchas de las empresas más “exitosas” no fueron las primeras ni las más brillantes; simplemente llegaron cuando la infraestructura estaba lista. SixDegrees.com, por ejemplo, era funcionalmente idéntica a Facebook, pero se lanzó en 1997, cuando el mundo no estaba preparado: la mayoría usaba internet por módem, no existían los smartphones, subir una foto requería revelar un rollo y escanearlo, y conocer gente en línea se consideraba “raro” o “peligroso”.
Facebook, en cambio, llegó en 2004 a un entorno completamente distinto: estudiantes con internet de alta velocidad, cámaras digitales por todas partes, y luego el iPhone en 2007 y la App Store en 2008. Para 2012, ya había más usuarios móviles que de escritorio. Hoy, el 98% de los usuarios de Facebook están en móvil. El éxito no fue solo habilidad; fue timing.
El punto es este: no puedes controlar las consecuencias. Los “mejores” no siempre ganan. Los más talentosos no siempre llegan. Los más preparados no siempre reciben la oportunidad. La vida no funciona como una ecuación exacta.
Pero ojo: esto no significa dejar de intentarlo o rendirse. No significa que el esfuerzo no importe. Significa que el esfuerzo no garantiza el resultado. Y en el capítulo siguiente, Qohelet nos recuerda precisamente eso…
Eclesiastés 10:10 (NTV) Si se usa un hacha sin filo hay que hacer doble esfuerzo, por lo tanto, afila la hoja. Ahí está el valor de la sabiduría: ayuda a tener éxito.
Aunque no puedas controlar las consecuencias, sí puedes afilar el hacha: prepararte, entrenarte, estudiar y crecer en sabiduría. No puedes controlar cada resultado, pero sí puedes controlar cómo respondes a ellos.
La tercera y última realidad que atormenta a un controlador es que…
No puedes controlar el reloj. El futuro es incierto y la muerte es inevitable.
Eclesiastés 10:14 (NTV) …Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que va a suceder; nadie puede predecir el futuro.
Algunas personas son mejores que otras para predecir. Hay analistas, inversionistas y estrategas que parecen tener un instinto casi sobrenatural para anticipar tendencias, mercados o movimientos culturales. Y muchos de ellos se han vuelto increíblemente ricos gracias a esa habilidad. Pero aun así… por más brillante que sea el experto, una predicción sigue siendo eso: una predicción, no una ciencia exacta. El futuro nunca se somete por completo al cálculo humano.
La historia está llena de ejemplos famosos de “expertos” que se equivocaron rotundamente. En 1903, por ejemplo, un presidente de banco en Michigan advirtió a un inversionista que no pusiera dinero en Ford porque, según él, “el automóvil es solo una moda pasajera”. Hoy sabemos quién tenía razón. Ese comentario, que en su momento sonaba razonable, quedó registrado como uno de los peores pronósticos de la historia.
Otro caso emblemático ocurrió en el año 2000. Los fundadores de una pequeña startup ofrecieron vender su empresa a Blockbuster por 50 millones de dólares. El CEO se rió de ellos, convencido de que era un “negocio de nicho muy pequeño”. Esa startup se llamaba Netflix. Hoy, Netflix vale alrededor de 410 mil millones de dólares, mientras que solo queda un Blockbuster físico en todo el mundo, en Bend, Oregón. La ironía habla por sí sola.
Todo esto nos recuerda una verdad sencilla pero contundente: no puedes predecir el futuro. Puedes analizar, proyectar, estimar… pero no controlar. Y justo cuando creemos haber entendido cómo funciona el mundo, Qohelet nos lleva un paso más profundo. Porque hay más que el Maestro quiere mostrarnos.
Eclesiastés 8:7–8 (NTV) Además, ¿cómo puede uno evitar lo que no sabe que está por suceder? 8 Nadie puede retener su espíritu y evitar que se marche. Nadie tiene el poder de impedir el día de su muerte. No hay forma de escapar de esa cita obligatoria: esa batalla oscura. Y al enfrentarse con la muerte, la maldad no rescatará al malvado.
No solo no podemos prever o predecir el futuro; tampoco podemos frenar lo inevitable: la muerte. Esta es la realidad más inescapable de la existencia humana. Y frente a ella, nuestra cultura no responde con humildad, sino con resistencia. En lugar de aceptar nuestros límites, tratamos de pelear contra el tiempo mismo. De ahí surge la obsesión moderna por vencer al tiempo, por extender la vida indefinidamente, por retrasar lo que ningún ser humano ha logrado detener.
Un ejemplo claro es Larry Ellison, fundador de Oracle, quien ha donado más de 370 millones de dólares a la investigación contra el envejecimiento. Él no acepta el fin de la vida, y lo expresa con brutal honestidad: “La muerte nunca ha tenido sentido para mí. ¿Cómo puede alguien estar aquí… y luego simplemente desaparecer?”. Su pregunta refleja el anhelo humano de permanencia, pero también la negación de nuestra fragilidad.
Otro caso es Peter Thiel, cofundador de PayPal y primer inversionista de Facebook. Él planea ser congelado en nitrógeno líquido en el momento en que sea declarado muerto. Tiene incluso un “Cryonics Trust”, un fondo reservado por 500 años en caso de que algún día pueda ser “descongelado”. Su filosofía es simple y reveladora: “La muerte es un problema técnico que debe resolverse”. Para muchos, la mortalidad no es una realidad espiritual, sino un desafío científico.
Sin embargo, por más dinero, tecnología o ingenio que se invierta, luchar contra el reloj y contra la muerte es en vano. La sabiduría de Qohelet es mucho más sobria y honesta: no hay forma de escapar de esa cita obligatoria. El punto que hace el Maestro es claro: no puedes controlar el reloj. La tasa de mortalidad humana sigue siendo un 100% constante. Y si hay algo que el ser humano sí puede predecir con absoluta certeza es que un día moriremos. Esa es la única obligación que nadie puede evitar.
Lo único que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios—temerle y obedecer Sus mandamientos.
Aquí está la conclusión de Qohelet:
Eclesiastés 12:13–14 (NTV) Aquí culmina el relato. Mi conclusión final es la siguiente: teme a Dios y obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos. 14 Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea bueno o sea malo.
La única cosa que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios. Esa responsabilidad es completamente tuya. No recae en tus padres, ni en tu cónyuge, ni en tu pastor. Es algo profundamente personal. Tú eres quien debe decidir cómo responderás al Dios que te creó, te sostiene y te llamará a cuentas. Y aunque esta verdad puede incomodar, sigue siendo absolutamente necesaria: Dios juzgará todo lo que haces. No para aplastarte, sino porque Él es justo, santo y soberano.
Por eso el Maestro resume tu deber en dos partes fundamentales. La primera es temer a Dios. No has aprendido nada hasta que has aprendido esto. Salomón lo expresó con claridad en Proverbios 1:7: “El temor del Señor es la base del verdadero conocimiento, pero los necios desprecian la sabiduría y la disciplina”.
Temer a Dios no significa únicamente “tenerle miedo”, aunque siendo honestos, eso también forma parte de la ecuación, porque Él es el Juez. Pero es mucho más profundo que eso. Temer a Dios es vivir con asombro, con reverencia, con respeto, y con una confianza humilde en Su autoridad. Es reconocer quién es Él… y quién no eres tú.
La segunda parte es obedecer Sus mandamientos. ¿Por qué? Porque Dios es soberano… y tú no eres Dios. La obediencia siempre es la decisión correcta, incluso cuando no garantiza el resultado que deseas. Incluso cuando el futuro sigue siendo incierto. Incluso cuando la muerte sigue siendo inevitable. Obedecer no es una estrategia para controlar la vida; es una postura de sumisión ante Aquel que sí la controla.
Entonces, el punto es claro: tu “deber” no es estar en control; es estar en sumisión. Eso fue lo que Qohelet aprendió al final de todo lo que hizo y deshizo en su búsqueda del sentido de la vida. Pero hay una diferencia importante entre él y nosotros. Él vivió “bajo el sol”, en un mundo de sombras, ciclos y límites. Vivió bajo la Ley, no bajo la gracia. No tenía el cuadro completo. No sabía cómo Jesús cambiaría todo.
Así es como Jesús resolvió la verdad brutalmente honesta de Eclesiastés: Jesús entró en los “Incontrolables.” Él entró en un mundo de muerte, azar y sufrimiento. Jesús tomó el Juicio. Eclesiastés termina con una advertencia de juicio.
El Evangelio nos dice que en la Cruz, Jesús tomó el juicio por cada “cosa secreta” que hemos hecho. Jesús rompió el Ciclo. No podemos controlar la muerte, pero Jesús la conquistó.
En conclusión, el punto final de todo es que Jesús resuelve la dura realidad de la vida “bajo el sol” … pero solo para quienes se vuelven a Él en fe. Y si tú quieres venir a Jesús en fe, reconociendo que no tienes el control de nada —porque solo Él es Dios y tú no— te invito a que no le entregues tu vida a Jesús.
No puedes controlar la muerte, pero sí puedes decidir dónde pasarás la eternidad. Solo hay dos destinos: cielo o infierno. La decisión es tuya.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Cuál de los tres “incontrolables” te cuesta más: el Creador, las consecuencias o el reloj? ¿Por qué?
- ¿Cómo afecta a tu visión del éxito y el fracaso creer que la vida es una meritocracia?
- ¿Cómo desafía Eclesiastés esa creencia? ¿Cómo se ve, de manera práctica, “temer a Dios” en tus decisiones diarias?
- ¿Por qué es difícil obedecer cuando los resultados son inciertos? Comparte un ejemplo personal.
- ¿Cómo cambia la resurrección de Jesús la manera en que vemos la muerte y el control?
- ¿En qué área podría estar llamándote Dios esta semana a pasar del control a la confianza?
El amor que edifica: una mirada a Cantares
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Puntos de conversación:
- El amor verdadero se expresa con palabras que afirman (Cantares 4:1)
- El amor bíblico es exclusivo y comprometido (Cantares 2:16)
- El amor se cultiva con búsqueda, tiempo y cercanía (Cantares 3:1–4)
- El amor celebra la belleza y la dignidad del otro (Cantares 4:7)
El amor de pareja es un regalo de Dios. No es casualidad que la Biblia incluya un libro entero dedicado a celebrar el amor romántico, la atracción, la admiración y la unión entre un hombre y una mujer. Cantares nos recuerda que el amor verdadero no solo se siente: se cultiva, se cuida y se honra.
Hoy exploraremos cómo este libro nos enseña a vivir un amor que edifica, que honra a Dios y que fortalece el corazón.
El amor verdadero se expresa con palabras que afirman.
Cantares 4:1 (NTV) Eres hermosa, amada mía; tan hermosa que no puedo expresarlo…
Al leer Cantares, notamos que la pareja se edifica mutuamente con palabras de admiración y afirmación. En el encabezamiento del versículo 1, la NTV usa la expresión “el joven”, mientras que la RVC dice: “el esposo alaba a la esposa”. En este contexto, alabar significa elogiar, afirmar y expresar aprecio.
Dios no quiere que seamos fríos o distantes en el amor, como si sentir o expresar afecto fuera una debilidad. El amor bíblico es expresivo, afirmador y tierno; Cantares presenta un amor vivo, verbal y celebrado, no un amor apagado o emocionalmente retraído. Las palabras crean un ambiente emocional sano; construyen confianza y seguridad. Dios nos muestra que el amor florece cuando se expresa con ternura y verdad.
Gary Chapman explica que una de las formas principales en que las personas sienten amor es a través de las Palabras de Afirmación, uno de los Cinco lenguajes del amor. Para quienes tienen este lenguaje, escuchar aprecio, gratitud, reconocimiento o admiración fortalece profundamente su corazón. Cantares refleja este principio: el amor se nutre cuando se expresa verbalmente con intención y sinceridad.
Ejemplo de palabras de afirmación para la pareja: “Gracias por todo lo que haces por nuestra familia. Admiro tu esfuerzo y me siento bendecida de caminar la vida contigo.”
El amor bíblico es exclusivo y comprometido.
Cantares 2:16 (NTV) Mi amado es mío, y yo soy suya…
Esta frase refleja exclusividad, pertenencia mutua y pacto. No habla de posesión tóxica, sino de compromiso profundo. El amor según Dios no es casual ni temporal: es una entrega mutua que se cuida, se respeta y se protege. La relación florece cuando ambos se sienten seguros en la fidelidad del otro.
Autores cristianos como Timothy Keller, en su libro El significado del matrimonio, explican que el amor bíblico es un amor de pacto, no un amor de consumo. El amor de consumo se sostiene mientras la otra persona “me sirva”, pero el amor de pacto se basa en una decisión espiritual y moral que permanece incluso cuando las emociones cambian.
Este tipo de amor crea un espacio seguro donde ambos pueden crecer, sanar y fortalecerse. Es el mismo principio que vemos en pasajes como Efesios 5:25, donde el esposo es llamado a amar “como Cristo amó a la iglesia”. Él la amó dando Su vida por ella. Así que es un amor sacrificial y protector que se entrega, que busca el bien del otro y que permanece fiel.
Cuando una pareja vive este tipo de compromiso, el matrimonio se convierte en un refugio donde la confianza se profundiza y el amor madura con el tiempo. Es un amor que refleja el corazón de Dios y que sostiene la relación en cada temporada.
El amor se cultiva con tiempo, búsqueda y cercanía.
Cantares 3:1-4 (NTV) [Lo] busqué por todas partes pero no lo encontré… ¡encontré a mi amado!
La sunamita busca a su amado con intención. Caminaba por la ciudad buscándolo y no lo encontraba. Preguntaba por él y nadie sabía darle razón. Aun así, no se rindió: siguió su búsqueda hasta que por fin lo encontró.
Este pasaje nos enseña que el amor no se sostiene solo con emociones; requiere búsqueda, esfuerzo, presencia y dedicación. Las relaciones se enfrían cuando se descuidan, pero se fortalecen cuando se invierte tiempo, atención y ternura. Tenemos que ser intencionales cuando de fortalecer el amor se trata. No des nada por sentado.
El matrimonio, según la Biblia, es un diseño de Dios desde la creación misma (Gn 2:18, 24). No es solo un acuerdo humano, sino un pacto sagrado, como lo afirma Mal 2:14. También es un regalo bueno que refleja la bondad del Señor (Pr 18:22). Y para quienes Dios los llama al matrimonio, se convierte en un llamado a reflejar el amor de Cristo en la relación (Ef 5:25–32; 1 Co 7:17). Cuando entendemos el matrimonio como diseño, pacto, regalo y llamado, lo valoramos con la intención y la honra que Dios quiso desde el principio.
Consejos prácticos para cultivar y fortalece la relación:
- Busca momentos intencionales: aparta 10–15 minutos al día para conversar sin pantallas, sin prisas y sin interrupciones.
- Haz preguntas que muestran interés: “¿Cómo te sentiste hoy en el trabajo?” “¿Qué te gustaría hacer esta semana juntos?”
- Inicia contacto afectivo: un abrazo más largo, un toque en el hombro, tomar su mano al caminar.
- Planea algo pequeño pero significativo: prepara su comida o postre favorito, déjale una nota o envíale un mensaje afirmador.
- Escucha sin corregir ni solucionar: simplemente está presente, valida y acompaña.
- Muestra disponibilidad emocional: di “estoy aquí contigo”, “cuentas conmigo”, “me importas”.
- Retoma prácticas que antes los unían: una caminata juntos, un juego de mesa, leer un devocional en pareja.
- Busca reconciliación con humildad: da el primer paso para hablar, pedir perdón o aclarar un malentendido.
El amor celebra la belleza y la dignidad del otro
Cantares 4:7 (NTV) Toda tú eres hermosa, amada mía, bella en todo sentido.
En palabras de la RVC, el amado le dice a la sulamita: “no tienes ningún defecto” (Cnt 4:7). Él la ve perfecta. No porque lo sea en un sentido absoluto, sino porque la mira con un amor que cubre, no que critica. La Biblia enseña que “el amor cubrirá multitud de pecados” (1 P 4:8), es decir, el amor elige no enfocarse en las faltas, sino en el valor de la persona.
Debemos ver a nuestra pareja de la misma manera que Cristo nos ve: a través de Su gracia. Dios no nos mira según nuestras fallas, sino a través de la justicia de Jesús en nosotros (2 Co 5:21). Algunos interpretan Cantares como una imagen del amor de Cristo por Su iglesia, un amor lleno de ternura, honra, respeto y aprecio. Es un amor que no usa una lupa para resaltar defectos, sino que crea un ambiente seguro para reconocer nuestras faltas y trabajarlas.
El amor bíblico reconoce la belleza interior y exterior, y la afirma. Esto no significa negar la realidad, sino aprender a ver al otro con amor y dignidad, como Dios nos invita a ver a quienes amamos. Y especialmente en el matrimonio, necesitamos recordar que la dignidad humana —como explica el pastor Bryan en La Búsqueda, cap. 3— no depende de conducta, logros o estatus, sino del hecho de haber sido creados por Dios.
Cuando miramos a nuestra pareja desde esa verdad, afirmamos su valor, honramos su identidad y amamos de una manera que refleja el corazón de Dios. Por eso, en el matrimonio necesitamos aprender a exaltar lo bueno: lo noble, lo admirable y lo bello en la pareja. Evitemos palabras hirientes que lastiman la dignidad, comentarios como “qué gordo te ves” o “qué feo te ríes”, que no reflejan el amor que “cubre multitud de pecados’ ni la gracia con la que Cristo nos mira.
En cambio, aprendamos del amado en Cantares a ver a nuestra pareja como el más guapo, valioso, capaz e inteligente, y a tratarlo conforme al valor que Dios ya le dio desde la creación. Cuando elegimos hablar vida, afirmación y honra, nutrimos nuestro amor en la relación.
Cantares nos recuerda que el amor de pareja es un regalo sagrado que debe cultivarse con palabras que edifican, compromiso fiel, búsqueda intencional y una mirada llena de gracia y dignidad. Cuando una relación se construye sobre estos principios, refleja el corazón de Dios y se convierte en un espacio de gozo, seguridad y crecimiento mutuo.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Por qué es importante expresar afirmación verbal en la relación?
- ¿Qué enseña Cantares sobre la exclusividad en el amor?
- ¿Qué nos revela la búsqueda de la sunamita sobre el esfuerzo en la relación?
- ¿Cómo podemos aplicar la mirada de gracia de Cantares 4:7 en la vida diaria?
- ¿Qué aspecto del amor de Cantares necesitas cultivar más en tu vida?
Una reflexión brutalmente honesta del placer
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Puntos de conversación:
- Salomón probó el entretenimiento, el alcohol, las posesiones, la riqueza, el sexo y el éxito, y descubrió que nada de eso lo satisfizo. Eclesiastés 2:1–10
- La caminadora hedónica explica por qué el placer siempre exige ‘más’ pero nunca trae plenitud. Eclesiastés 2:11
- El ascetismo es el error opuesto: negar los buenos regalos de Dios en lugar de recibirlos con gratitud. Génesis 2:8–9
- El placer es un regalo de Dios, no un dios que deba reemplazarlo a Él. Eclesiastés 3:12–13
- La verdadera satisfacción se encuentra en Jesús, quien ofrece una vida rica y plena más allá de los placeres temporales. Juan 10:9–10
Estamos en la segunda semana de nuestra serie en Eclesiastés, y seguimos explorando este libro tan honesto y profundo. La primera semana dijimos que Eclesiastés es una respuesta realista a la simplicidad de Proverbios. Mientras que Proverbios, en principio, enseña: “Haz esto y recibirás aquello”, Eclesiastés responde: “La vida no es tan simple.”
Aprendimos dos palabras hebreas clave: Qohelet, que significa “El Maestro”, y Hevel, que se traduce como “vapor” o “sin sentido”. El punto central fue que la vida “debajo del sol” decepciona, pero fuimos hechos para más. La segunda semana hablamos del dinero. Hoy profundizamos en el tema del placer.
En la mitología griega, Hedoné era la diosa del placer, hija de Eros. De allí viene el término “hedónico”, que se refiere al placer sensorial y momentáneo. Esto contrasta con la satisfacción profunda y duradera que en griego se llama “eudaimonía”. También de Hedoné proviene la palabra hedonismo, la creencia de que el placer es el bien supremo y el objetivo principal de la vida humana. Un hedonista vive bajo el código: “Si se siente bien, hazlo; si duele, evítalo.” Muy parecido a la manera en que vivimos hoy, ¿no te parece?
La ironía del hedonismo es que mientras más persigues el placer, más se te escapa. A esta paradoja se le llama la caminadora hedónica, una imagen que describe cómo corremos tras el placer sin llegar nunca a la satisfacción real.
La caminadora hedónica explica por qué el placer siempre exige ‘más’ pero nunca trae plenitud.
Funciona así: alcanzas algo y tu felicidad sube. Pero cuando la euforia del momento baja, quedas insatisfecho. Luego vuelves a tu línea base… y vas tras otra cosa. Así comienza un ciclo vicioso que se repite una y otra vez.
Primero viene la búsqueda. Puede ser algo “bueno”, como un ascenso, una casa nueva o una relación ideal; o puede ser algo destructivo, como drogas, pornografía o apuestas. Después llega el logro: lo alcanzas, sientes un subidón de euforia, y por un momento la vida se siente más brillante, más emocionante.
Luego aparece la adaptación. Después de unas semanas o meses, lo extraordinario se vuelve ordinario. Tu cerebro se acostumbra al nuevo nivel y deja de producir la misma respuesta emocional.
Y aquí ocurre algo importante: esto crea un déficit de dopamina. Cuando tu cerebro se adapta y deja de sentir el mismo nivel de placer, la dopamina baja y entras en un estado de déficit que te impulsa a seguir buscando más placer. Ese ciclo —buscar, lograr, adaptarse, acelerar— es lo que con tanta frecuencia termina llevando a las adicciones.
Lo curioso es que, miles de años antes de que los neurocientíficos hablaran de los “déficits de dopamina”, el rey Salomón llevó a cabo el experimento humano más costoso de la historia para ver si el placer podía satisfacer el alma.
Salomón probó el entretenimiento, el alcohol, las posesiones, la riqueza, el sexo y el éxito, y descubrió que nada de eso lo satisfizo.
Salomón está en busca del placer, como la mayoría de la humanidad. Por eso inicia una serie de experiencias —o podríamos llamarlas experimentos— para descubrir dónde podía encontrarlo y qué realmente lo hacía feliz. Cada intento es un esfuerzo por llenar el vacío interior, una prueba más en su búsqueda por una vida que tenga sentido.
#1 – El experimento del entretenimiento
Eclesiastés 2:1–2 (NTV) Me dije: «Vamos, probemos los placeres. ¡Busquemos “las cosas buenas” de la vida!»; pero descubrí que eso también carecía de sentido. 2 Entonces dije: «La risa es tonta. ¿De qué sirve andar en busca de placeres?».
Salomón prueba el placer y la risa, pero descubre que también son hevel. Son vanidad: se evaporan, no tienen sustancia, no sostienen el alma. Y si miras a tu alrededor, verás lo mismo. Todos buscan entretenimiento.
La industria de la comedia mueve más de veinte mil millones de dólares al año porque la gente quiere reír, aunque sea por un momento. Pero después regresan a su rutina y vuelven a sentirse vacíos. Es un experimento fallido. El entretenimiento no da la felicidad. Así que Salomón pasó al alcohol, buscando en otro lugar lo que la risa tampoco pudo darle.
#2 – El experimento del alcohol
Eclesiastés 2:3 (NTV) Después de pensarlo bien, decidí alegrarme con vino. Y mientras seguía buscando sabiduría, me aferré a la insensatez. Así traté de experimentar la única felicidad que la mayoría de la gente encuentra en su corto paso por este mundo.
Busco la felicidad en la bebida. ¿Te suena familiar? Salomón hace exactamente eso: prueba la bebida buscando alegría sin perder la sabiduría. Pero es una contradicción absurda. ¿Qué borracho puede ser sensato? Él mismo lo reconoce cuando dice: “Y mientras seguía buscando sabiduría, me aferré a la insensatez.”
Salomón no ha sido —ni es— el único en buscar significado y felicidad en la bebida. La industria del alcohol genera más de seiscientos mil millones de dólares al año. Y cuántas personas han destruido sus vidas allí: han perdido hogares, trabajos, relaciones, oportunidades… y aun así siguen vacíos, incluso peor que cuando empezaron.
El Maestro, Salomón, al darse cuenta de que tampoco la bebida le daba felicidad ni sentido, dirigió su búsqueda hacia las posesiones. En este punto, pasó por dos fases distintas en su vida: una de adquisición y otra de acumulación.
#3 – El experimento de adquisición
Eclesiastés 2:4–6 (NTV) También traté de encontrar sentido a la vida edificándome enormes mansiones y plantando hermosos viñedos. 5 Hice jardines y parques, y los llené con toda clase de árboles frutales. 6 Construí represas para juntar agua con la cual regar todos mis huertos florecientes.
En esta fase de adquisición, Salomón se dedica a obtener cosas. Construye, compra, crea y acumula. Son proyectos, propiedades y bienes tangibles: sistemas de riego, viñedos, jardines y huertos, casas y mansiones. Prácticamente se convierte en un inversionista en bienes raíces.
Y, por cierto, no es casualidad que esto suene tan familiar. Hoy en día, el sector de bienes raíces es uno de los más grandes de la economía de Estados Unidos y el principal motor de la riqueza nacional. El mercado de vivienda tiene un valor estimado de 52 billones de dólares y genera más de un billón anual en rentas, comisiones y servicios relacionados.
Pero ni siquiera todo eso le dio satisfacción. Así que pasó al siguiente experimento en su búsqueda de significado.
#4 – El experimento de acumulación
Pareciera que esta fase es lo mismo que la anterior, pero no lo es. Aquí Salomón se enfoca en cosas que se construyen, se compran o se poseen físicamente. Es el experimento de los bienes y raíces, de la propiedad, de lo visible. En esta etapa entran casas, viñedos, huertos, proyectos de construcción y todo aquello que puede tocarse, medirse o mostrarse.
¿Y qué representa esto hoy? Prácticamente lo mismo: bienes y raíces. Comprar casas, remodelar, invertir en propiedades, construir negocios, obtener “cosas grandes”. La misma lógica, solo con un lenguaje moderno. Y detrás de este experimento hay una mentira muy seductora: “Si tengo más cosas, seré feliz.” Pero la conclusión de Salomón es contundente: puedes tener todo lo que se puede comprar… y aun así sentirte vacío.
Ahora bien, en el experimento de acumulación, Salomón cambia de enfoque. Ya no está adquiriendo cosas; ahora está acumulando recursos, riqueza y personas. Este es el experimento de los activos, de los “assets”, de aquello que produce, genera o sostiene estatus y poder.
Eclesiastés 2:7–8 (NTV) Compré esclavos y esclavas, y otros nacieron en mi propiedad. También tuve enormes manadas y rebaños, más que cualquiera de los reyes que vivieron en Jerusalén antes que yo. 8 Junté grandes cantidades de plata y de oro, el tesoro de muchos reyes y provincias. Contraté cantores estupendos, tanto hombres como mujeres, y tuve muchas concubinas hermosas. ¡Tuve todo lo que un hombre puede desear!
Entonces, Salomón acumula esclavos, ganado, plata y oro, tesoros de reyes —lo que hoy llamaríamos inversiones—, además de cantores y concubinas, que veremos en el siguiente experimento. Esta fase ya no trata de adquirir cosas, sino de acumular recursos, riqueza y personas para construir una vida de poder, estatus y seguridad.
¿Y qué representa esto hoy? Los “esclavos” serían empleados o personal a nuestro servicio. El “ganado” sería capital productivo. La plata y el oro equivaldrían a riqueza líquida. Los tesoros de reyes serían nuestras inversiones, ahorros y cuentas bancarias. En resumen: influencia, seguidores, estabilidad financiera y la sensación de seguridad.
Pero detrás de este experimento hay una mentira muy poderosa: “Si acumulo suficiente, estaré seguro.” Sin embargo, la conclusión de Salomón es clara. Puedes tener todo lo que se puede acumular para obtener estatus, seguridad y poder… y aun así sentirte inseguro, ansioso y vacío.
Pasemos ahora a la última parte del versículo 8, donde vemos el siguiente paso en su búsqueda.
#5 – El experimento sensorial
Lo sensorial se refiere a todo lo que se percibe a través de los sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Es cualquier experiencia que entra por el cuerpo y produce una impresión física o emocional.
Si el experimento de adquisición tenía que ver con bienes y raíces, y el experimento de acumulación con bienes, riqueza y personas, entonces el experimento sensorial es el experimento del placer, del cuerpo, de todo lo que entra por los sentidos y promete satisfacción inmediata.
Eclesiastés 2:8b (NTV) 8…Contraté cantores estupendos, tanto hombres como mujeres, y tuve muchas concubinas hermosas. ¡Tuve todo lo que un hombre puede desear!
Este experimento incluye todo lo que produce sensaciones físicas o emocionales: música, entretenimiento, placer sexual —concubinas y esposas secundarias legales—, festividades, banquetes, aromas, sabores y experiencias. Según 1 Reyes 11, Salomón tuvo setecientas esposas y trescientas concubinas.
En otras palabras, todo lo que “se siente rico”. Por eso podemos llamar a esta etapa el experimento del hedonismo, la filosofía que afirma: “El placer es el bien supremo… y si se siente bien, hazlo.”
¿Y qué representa esto hoy en día? Música, fiestas, conciertos, playlists, Netflix, TikTok y entretenimiento constante. Comida gourmet, restaurantes y experiencias culinarias. Viajes, spas y masajes. La hipersexualización, el rechazo al matrimonio, las relaciones sin compromiso y la pornografía —una industria que mueve más de cien mil millones al año—. También las compras impulsivas para sentir “dopamina”. En resumen, todo lo que estimula los sentidos para “sentirse bien”. Es el experimento del subidón de dopamina.
La mentira detrás de este experimento es simple pero poderosa: “Si siento más, seré feliz.” Es la idea de que el placer sensorial puede llenar el alma. Pero la conclusión de Salomón es contundente: puedes tener todas las experiencias, todos los placeres, todas las sensaciones… y aun así sentirte vacío. Porque el placer no cura el alma, no sana el corazón, no da propósito, no sostiene en el sufrimiento y no llena el espíritu. Salomón dice que incluso este experimento fue hevel: vapor, humo, algo que se desvanece.
Así que todos los experimentos fallaron. Nada le dio satisfacción. Y permíteme decir algo pastoral antes de pasar al siguiente versículo: si estás pensando en tener una amante, no lo hagas. Si una mujer —tu esposa— no te satisface, no lo harán novecientas noventa y nueve. Tenía que decirlo antes de continuar.
Eclesiastés 2:9–10 (NTV) De modo que me hice más poderoso que todos los que vivieron en Jerusalén antes que yo, y mi sabiduría nunca me falló. 10 Todo lo que quise lo hice mío; no me negué ningún placer. Hasta descubrí que me daba gran satisfacción trabajar mucho, la recompensa de toda mi labor;
Este hombre no se negó ningún placer; incluso disfrutó del trabajo. Suena casi como la versión antigua del sueño americano moderno —solo que hoy, muchos querrían quitar la parte del trabajo. En los tiempos de Salomón, el placer era escaso y reservado para unos pocos; él era la excepción. Pero hoy, comparados con la historia, todos vivimos como reyes: acceso a comida, entretenimiento, comodidad, viajes, tecnología… cosas que ni los monarcas más ricos pudieron imaginar.
Ahora veamos la conclusión a la que llego el Maestro de sus experimentos:
Eclesiastés 2:11 (NTV) pero al observar todo lo que había logrado con tanto esfuerzo, vi que nada tenía sentido; era como perseguir el viento. No había absolutamente nada que valiera la pena en ninguna parte.
Nada tenía “hevel” ; era como perseguir el viento. Ahí está otra vez esa palabra: “sin sentido”. Hevel, como vimos la semana pasada: vapor, humo. Todo se desvaneció; nada era sólido. En otras palabras, es la caminadora hedónica: no importa qué tan rápido corras hacia una meta, cuando la alcanzas tu nivel básico de felicidad vuelve a resetearse y empiezas a buscar la siguiente cosa que perseguir, porque nada te ha dado satisfacción.
¿Por qué pasa esto? Lo explicamos así: por el estado de déficit de dopamina. El impulso del cerebro hacia el consumo excesivo está alimentado por un mecanismo biológico donde el placer y el dolor funcionan como dos lados opuestos de una balanza.
Cuando experimentamos algo placentero, el cerebro libera dopamina y la balanza se inclina hacia el lado del placer. Pero el cerebro está diseñado para mantener homeostasis, un nivel estable, y trabaja intensamente para regresar esa balanza a su punto neutral cada vez que se inclina.
Cuando la balanza se inclina hacia el placer, el cerebro no solo vuelve al nivel normal; sobrecompensa reduciendo la producción de dopamina. Eso crea un estado de déficit de dopamina. Y ahí es donde vive tanta gente hoy. Sin sentido. Lo que me encanta es que la Palabra de Dios nos enseñó esto miles de años antes que la ciencia.
Ahora bien, ¿cuál es la solución? Algunos podrían pensar que la respuesta es negar el placer. Pero tampoco. No se trata de irse al otro extremo. El otro extremo del hedonismo —la búsqueda exagerada del placer— es el ascetismo. Y el ascetismo es el error opuesto: negar los buenos regalos de Dios en lugar de recibirlos con gratitud.
Ascetismo es la creencia de que hacer tu vida miserable te convierte en una mejor persona.
O en un mejor cristiano. O en alguien más santo. Muchos, al cerrar un sermón como este, dirían: “Ya ven, el placer es malo. Tenemos que negarnos a todo placer para ser buenos cristianos. El sexo con tu esposa es solo para procrear. No debes invertir, comprar, vender o disfrutar nada.” Pero el ascetismo tampoco es la respuesta.
El hedonismo, por un lado, puede provocar una reacción exagerada… pero también lo hace el ascetismo. Lutero lo explicó con una imagen brillante: la naturaleza humana es como un campesino borracho tratando de montar un caballo. Te caes por el lado izquierdo, así que decides hacerlo mejor. Vuelves a subirte, pero te inclinas tanto hacia el otro lado que te caes por la derecha.
Ese es nuestro problema: cuando intentamos corregir un extremo, solemos caer en el extremo opuesto. Del hedonismo saltamos al ascetismo. De “el placer es mi dios” pasamos a “el placer es pecado”. De abusar de los regalos de Dios pasamos a temerlos. Y en ambos casos… seguimos fuera del caballo. Seguimos lejos del corazón de Dios.
El ascetismo no es la solución porque:
Génesis 2:8 (NTV) 8 Después, el Señor Dios plantó un huerto en Edén, en el oriente, y allí puso al hombre que había formado. 9 El Señor Dios hizo que crecieran del suelo toda clase de árboles: árboles hermosos y que daban frutos deliciosos…
Edén literalmente significa “placer”. Dios lo hizo para el hombre. Así que podemos decir, sin exagerar, que Dios puso al ser humano en el huerto del Placer. Si el placer fuera malo, Dios jamás habría creado un lugar así, ni mucho menos habría puesto allí al hombre y a la mujer.
Además, el fruto no era solo funcional, “bueno para comer”; también era agradable a la vista, una expresión que habla de estética, belleza, deleite. Dios colocó a Adán y Eva en este jardín de placer y les dio libertad para comer de casi todos los árboles. Él es un Dios bueno y quiere que disfrutemos sus buenos regalos.
Y eso es precisamente lo que Salomón descubrió. Después de todos sus experimentos fallidos por encontrar el placer y la satisfacción plena, se dio cuenta de la diferencia entre disfrutar un regalo y depender de él, la bondad del Creador frente a la insuficiencia de la creación y el límite del placer cuando se convierte en un dios.
El placer es un regalo de Dios, no un dios que deba reemplazarlo a Él.
Eclesiastés 3:12–13 (NTV) Así que llegué a la conclusión de que no hay nada mejor que alegrarse y disfrutar de la vida mientras podamos. 13 Además, la gente debería comer, beber y aprovechar el fruto de su trabajo, porque son regalos de Dios.
Así que tengamos cuidado de no caer en ninguno de los dos extremos. Ni en el hedonismo, que busca la felicidad última en placeres pasajeros —hevel, vapor que se desvanece—. Ni en el ascetismo, que niega las cosas buenas con un corazón orgulloso y amargado.
La invitación bíblica es distinta: disfruta las cosas buenas que Dios provee. Míralas como regalos, no como obligaciones. Reconoce que estas cosas vienen y van, pero Dios mismo es el constante, el único que permanece.
Te lo resumo así: la clave no es idolatrar el placer ni temerlo, sino recibirlo con gratitud, dentro de los límites de Dios, y sin depender de él para vivir.
El hedonismo dice: “El placer es mi dios.”
Ese es el problema. Todos estos experimentos que hizo Salomón elevaron el placer a un lugar máximo, al mismo nivel que solo le corresponde a Dios. Es exactamente lo que hacemos hoy: tratar de buscar el placer a cualquier costo, como si fuera la fuente última de significado. Cuando haces eso, el placer se convierte en tu dios. Ese es un extremo.
En el otro extremo está la reacción opuesta, igual de dañina, que veremos a continuación.
El ascetismo dice: “El placer es pecado.”
Dios no quiere que goces de nada. Esa es la idea que muchos abrazan sin darse cuenta. Viven una vida sombría, apagada, casi gris. Y lo más triste es que algunos incluso se jactan de ello, como si la falta de alegría y de gusto los hiciera más santos.
Pero la Biblia cuenta otra historia, una muy distinta, una que revela a un Dios que no solo permite el gozo, sino que lo diseñó como parte de la vida humana.
El evangelio dice: “El placer es un regalo.”
Disfrutas de la esposa que Dios te ha dado porque es un regalo que viene de Él. Lo mismo ocurre cuando te da una casa, un trabajo o cualquier otra bendición. Estás presente, lo recibes como un regalo de Dios y lo disfrutas con gratitud. Agradeces las victorias. Sabes cómo celebrar. Y aunque las cosas buenas vengan y vayan por temporadas, nada de eso destruye tu fe.
Lo disfrutas, pero no dependes de eso. No haces del placer un dios, ni lo conviertes en un pecado. Reconoces que es un regalo de Dios, porque Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Y eso es exactamente lo que Jesús expresó, mostrando el corazón del Padre y articulando la misma verdad que Salomón descubrió en su búsqueda.
Juan 10:9-10 (NTV) 9 Yo soy la puerta; los que entren a través de mí serán salvos. Entrarán y saldrán libremente y encontrarán buenos pastos. 10 El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; (este es el diablo, y él lo puede hacer a través del hedonismo o el ascetismo) mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Eso es lo que Dios quiere para todos. El Dios de Salomón, Jesús, vino para darnos una vida plena y abundante, una vida verdaderamente satisfactoria. Él es un Dios bueno, un Dios que nos ama y nos da cosas para que las disfrutemos, y que deben recibirse como regalos que vienen de su mano, usados de una manera bíblica, apropiada y dentro de sus límites. Solo así pueden disfrutarse como deben. Y, en última instancia, eso solo se encuentra en Jesucristo.
Ven. Te animo a que busques a este Jesús que quiere que vivas una vida con sentido, una vida plena. Solo Él puede completar tu vida y darte lo que has estado buscando. Quizás has destruido tu matrimonio o tu hogar persiguiendo algo que te diera placer o felicidad. Pero nada en esta vida puede darte eso… solo Jesús.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Qué formas de placer promete con más fuerza nuestra cultura que nos harán felices? ¿Por qué esas promesas resultan tan convincentes?
- ¿Dónde has experimentado personalmente la “caminadora hedónica”, esa necesidad de más solo para sentir lo mismo?
- ¿Por qué es tan tentador pasar del hedonismo al ascetismo cuando el placer nos decepciona?
- ¿Cómo cambia nuestra manera de disfrutar el placer cuando lo vemos como un regalo y no como un dios?
- Lee Eclesiastés 3:12–13. ¿Cómo se ve en la práctica disfrutar los regalos de Dios sin depender de ellos?
- ¿Cómo redefine la promesa de Jesús de una “vida plena y abundante” lo que realmente significa satisfacción?
Una reflexión brutalmente honesta de la fe
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Puntos de conversación:
- Una vida enfocada solo en lo temporal es una vida sin verdadero significado (hevel). Eclesiastés 1:2,
- No somos los primeros en enfrentar la fragilidad de la vida. Salmos 39:5, 7
- La vida “bajo el sol” inevitablemente decepciona. Pero fuimos creados para algo más que esta vida. Eclesiastés 1:9–11, Eclesiastés 5:2
- Fuimos creados para algo más que esta vida; el verdadero significado proviene de una perspectiva eterna arraigada en Cristo. Juan 10:10, Hebreos 12:24
Estamos comenzando nuestra serie sobre el libro de Eclesiastés. Estoy seguro de que algunos piensan: “¿Eclesiastés? ¿No había algo más alegre para iniciar el año nuevo que Eclesiastés?” Le hemos puesto como título “Una reflexión brutalmente honesta de la fe” porque Eclesiastés no endulza las frustraciones y desilusiones de esta vida. Las expone. Y si no prestas atención, puedes perderte el punto central del libro.
Tal vez tú mismo estás luchando con frustraciones o decepciones mientras estás sentado aquí hoy. Si ese es tu caso, espero que esta serie te dé dirección y ánimo. Creo que este libro habla con fuerza a nuestro tiempo y a nuestra cultura. No somos la primera generación que se pregunta: “¿Cuál es el punto de todo esto?”. De hecho, es en Eclesiastés donde leemos que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Estamos lidiando con las mismas preguntas que la humanidad ha enfrentado por miles de años.
Así que comencemos con una pregunta: ¿Alguna vez trabajaste duro para lograr algo, solo para descubrir que no te satisfizo? Que no te llenó. Un ascenso que no fue lo que imaginabas. Un viaje soñado que te dejó queriendo más. Un logro deportivo que solo te dio placer momentáneo.
Como en la entrevista de Patrick Mahomes después del Super Bowl 2024: dijo “No hemos terminado. Tenemos un equipo joven. Vamos a seguir con esto.” Acababa de ganar su segundo Super Bowl consecutivo, el tercero en cinco años… y ya estaba pensando en el siguiente. ¿Qué pasó con el clásico “¡Me voy a Disneyland!”? Vivimos en una cultura en la que nada nos satisface. Incluso los logros más increíbles pueden dejarnos queriendo más.
Antes de entrar al texto, hablemos del libro en sí. Cuando lees la Biblia, es importante recordar que, aunque cuenta una historia unificada, contiene diferentes géneros literarios: narrativa histórica (Génesis, Josué, Rut, Hechos), ley (Levítico y Deuteronomio), profecía (Isaías, Jeremías, entre otros), poesía (Salmos, Cantar de los Cantares) y sabiduría (Proverbios, Job, Eclesiastés). Eclesiastés pertenece a la literatura de sabiduría. Y dentro de esa literatura existía un estilo llamado literatura pesimista. Eclesiastés es el único ejemplo de este estilo dentro de la Biblia, aunque la tradición se remonta al menos al 2000 a.C. en Egipto y Mesopotamia.
Pero hay una diferencia enorme entre Eclesiastés y otros escritos pesimistas de la época: los otros eran completamente desesperanzados. Eclesiastés no. Reconoce la frustración, pero también abre la puerta a la posibilidad de esperanza y gozo, a pesar de todo, por la bondad de Dios y porque esta vida no es el final. Con ese trasfondo, entremos al capítulo 1.
Eclesiastés 1:1 (NTV) Estas son las palabras del Maestro, hijo del rey David y gobernante de Jerusalén.
Ya hablamos del libro; ahora hablemos del autor. El versículo 1 identifica al Maestro como el hijo de David, rey de Jerusalén. No se menciona explícitamente a Salomón, pero la mayoría de los estudiosos coinciden en que él es el autor. Las pistas internas del libro apuntan a él: sus obras, su sabiduría y sus logros coinciden con lo que se describe en 1 Reyes y 2 Crónicas.
Si miras tu Biblia, verás una nota al pie con la palabra “Qohelet”. Ese es el título hebreo del personaje central, traducido como “Maestro” o “Predicador”. Proviene de la raíz qahal, que significa reunir o convocar. En griego, Ekklesiastés significa “el que pertenece a la asamblea”. Es la misma raíz de ekklesia, iglesia. En cierto sentido, podríamos parafrasearlo como: “El Maestro que habla a la asamblea.”
Salomón también escribió la mayor parte de Proverbios, que ofrece consejos prácticos para vivir bien. Me encanta estudiar Proverbios. Si necesitas consejos para ser un buen hombre, esposo, padre e hijo, te aconsejo leerlo. Pero recuerda: los proverbios no son promesas. Son principios que generalmente se cumplen, pero no siempre.
Es como algunos dichos populares que no siempre se cumplen: “Una manzana al día mantiene al doctor lejos.” O “Lento pero seguro gana la carrera.” No siempre funciona así.
Eclesiastés es una respuesta directa y sin rodeos a la simplicidad de Proverbios. Proverbios dice: “Haz esto, y en general te irá bien.” Eclesiastés responde: “La vida no es tan simple; no siempre funciona así.” La mayoría cree que Salomón escribió Proverbios cuando era joven y Eclesiastés cuando ya era mayor. Después de vivirlo todo, se da cuenta de que muchas cosas no resultan como uno espera.
Por eso Eclesiastés es tan relevante hoy. Mucha gente se pregunta: “¿Qué sentido tiene todo esto?” “Pensé que esto me iba a hacer feliz… y no lo hizo.” “¿Por qué la vida se siente tan vacía a veces?” Si has sido herido por injusticias, frustraciones o incluso por la iglesia, este libro tiene mucho que decirte. Y no lo hace con un mensaje superficial de “todo está bien”. Reconoce el dolor, pero también apunta a la esperanza.
Una vida enfocada solo en lo temporal es una vida sin verdadero significado.
Eclesiastés 1:2–8 (NTV) 2 «Nada tiene sentido—dice el Maestro—, ¡ningún sentido en absoluto!». 3 ¿Qué obtiene la gente con trabajar tanto bajo el sol? 4 Las generaciones van y vienen, pero la tierra nunca cambia. 5 El sol sale y se pone, y se apresura a dar toda la vuelta para volver a salir. 6 El viento sopla hacia el sur y luego gira hacia el norte. Da vueltas y vueltas soplando en círculos. 7 Los ríos desembocan en el mar, pero el mar nunca se llena. Luego el agua vuelve a los ríos y sale nuevamente al mar. 8 Todo es tan tedioso, imposible de describir. No importa cuánto veamos, nunca quedamos satisfechos. No importa cuánto oigamos, nada nos tiene contentos.
Cuando escuchamos “nada tiene sentido”, podríamos pensar que el Maestro dice que la vida no tiene propósito. Pero no es eso. La palabra hebrea “hevel” aparece casi 40 veces. Literalmente significa vapor, aliento, humo. Algo frágil, temporal, imposible de agarrar. Es también el nombre de Abel, cuya vida fue breve como un soplo. Hizo lo correcto y aun así sufrió injusticia.
Mientras tanto, Caín representa la tendencia humana a querer controlar. Ese deseo llevó al primer asesinato. Desde Génesis, la Biblia ya mostraba el mensaje de Eclesiastés.
¿Has experimentado la vida así? Como Abel, herido o traicionado. O como Caín, intentando controlar lo que no puedes.
Otra frase clave es “bajo el sol”. También aparecen “debajo del cielo” y “en la tierra”. En Eclesiastés 5:2 leemos: “Dios está en el cielo, y tú estás aquí en la tierra.” Una vida enfocada solo en lo temporal es inestable y poco satisfactoria. Es como tratar de agarrar humo.
No somos los primeros en enfrentar la fragilidad de la vida.
El Maestro no es el primero en reflexionar sobre lo breve y frágil que es la vida. Ni siquiera en su familia. Mira lo que escribió su padre, David:
Salmos 39:5 (NTV) La vida que me has dado no es más larga que el ancho de mi mano. Toda mi vida es apenas un instante para ti; cuando mucho, cada uno de nosotros es apenas un suspiro».
La palabra “suspiro” es la misma “hevel”. David dice que somos como sombras y que todo nuestro afán termina en nada. Acumulamos riquezas sin saber quién las disfrutará. Pero no dice que la vida sea inútil, sino que es breve y fuera de nuestro control. Por eso debemos mirar al Dios que sostiene todas las cosas.
Salmos 39:7 (NTV) Entonces, Señor, ¿dónde pongo mi esperanza? Mi única esperanza está en ti.
Podemos atravesar injusticias y aun así tener gozo. Nuestra esperanza no está en nada bajo el sol, sino en el Dios que hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y han sido llamados según su propósito.
La vida “bajo el sol” inevitablemente decepciona. Pero fuimos creados para algo más que esta vida.
Eclesiastés 1:9–11 (NTV) 9 La historia no hace más que repetirse; ya todo se hizo antes. No hay nada realmente nuevo bajo el sol. 10 A veces la gente dice: «¡Esto es algo nuevo!»; pero la verdad es que no lo es, nada es completamente nuevo. 11 Ninguno de nosotros recuerda lo que sucedió en el pasado, y las generaciones futuras tampoco recordarán lo que hacemos ahora.
Aunque no haya nada nuevo bajo el sol, los creyentes no vivimos solo bajo el sol. Tenemos una nueva naturaleza, una nueva familia, una nueva comunidad y un nuevo pacto basado en la sangre de Jesús.
La idea central es esta: la vida bajo el sol decepciona, pero fuimos creados para algo más. Se trata de vivir con una perspectiva eterna, sin caer en extremos de ser tan “espirituales” que no somos de utilidad en la tierra..
Como dice el autor de How to Inhabit Time, “Como un pueblo que vive desde la tradición y consciente de lo que ha heredado, vivimos orientados hacia el futuro, esperando el reino por venir. Pero al mismo tiempo, siempre vivimos en el presente. Los dones del pasado y las esperanzas del futuro se unen en nosotros ahora. No puedo dejar de estar en el presente. El desafío es habitar fielmente el presente sin caer en un presentismo donde solo importa el ahora.”
Jesús lo expresó así:
Juan 10:10 (NTV) El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Esa vida plena comienza ahora. Comienza cuando estamos presentes en nuestras relaciones. Cuando reconocemos que Dios usa lo cotidiano y lo difícil para nuestro bien. Cuando disfrutamos sus bendiciones. Cuando vivimos con gratitud. Cuando recordamos que esta vida no es el final. Hay más que lo que está bajo el sol.
Con esto cerramos el mensaje que nos lleva al evangelio:
Hebreos 12:24 (NTV) Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel.
Y esa es la invitación del evangelio: no solo entender que hay más que lo que está bajo el sol, sino venir a Jesús, el único que puede darnos una vida que no se desvanece. Todo lo temporal es frágil, pero Jesús ofrece un nuevo pacto, una nueva identidad y una nueva esperanza.
La sangre de Abel clamaba justicia. La sangre de Jesús proclama perdón. Abel nos recuerda lo que está roto. Jesús nos muestra lo que Dios vino a restaurar.
Esa restauración comienza ahora, cuando venimos a Cristo con nuestras cargas y descubrimos que Él es suficiente. Comienza cuando dejamos de buscar significado en lo que se desvanece y lo encontramos en Aquel que permanece para siempre.
Hoy Jesús te invita a entrar en esa vida plena. A dejar atrás la ilusión de que lo que está bajo el sol puede sostener tu alma. A recibir el perdón, la gracia y la esperanza que solo Él puede dar.
Porque al final, la verdadera vida no se encuentra en lo que hacemos o logramos, sino en Aquel que dio su vida por nosotros. Y cuando venimos a Él, descubrimos que lo que está bajo el sol ya no es nuestro límite… es simplemente el lugar donde comenzamos a vivir para su gloria.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Cuándo has logrado algo que pensaste que te satisfaría, pero no lo hizo? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
- ¿Cómo cambia tu manera de leer Eclesiastés al entender el significado de hevel?
- ¿Por qué crees que Eclesiastés resuena tan fuertemente con la cultura moderna?
- ¿Cómo se ve vivir con una perspectiva eterna mientras sigues estando plenamente presente hoy?
- ¿Cómo redefine Jesús lo que realmente significa una vida “rica y satisfactoria”?
- ¿En qué área podría Dios estar invitándote a mover tu esperanza lejos de lo que está “bajo el sol” y dirigirla hacia Él?
Eclesiastés (serie)

Eclesiastés – Una reflexión brutalmente honesta de la fe
La vida es frustrante y no puedes controlarla. En esta serie de 4 semanas exploramos una perspectiva brutalmente honesta de la fe a partir del libro más misterioso de la Biblia.
Una reflexión brutalmente honesta de la fe
Haz clic aquí para ver el bosquejo del sermón.
Puntos de conversación:
- Una vida enfocada solo en lo temporal es una vida sin verdadero significado (hevel). Eclesiastés 1:2,
- No somos los primeros en enfrentar la fragilidad de la vida. Salmos 39:5, 7
- La vida “bajo el sol” inevitablemente decepciona. Pero fuimos creados para algo más que esta vida. Eclesiastés 1:9–11, Eclesiastés 5:2
- Fuimos creados para algo más que esta vida; el verdadero significado proviene de una perspectiva eterna arraigada en Cristo. Juan 10:10, Hebreos 12:24
Estamos comenzando nuestra serie sobre el libro de Eclesiastés. Estoy seguro de que algunos piensan: “¿Eclesiastés? ¿No había algo más alegre para iniciar el año nuevo que Eclesiastés?” Le hemos puesto como título “Una reflexión brutalmente honesta de la fe” porque Eclesiastés no endulza las frustraciones y desilusiones de esta vida. Las expone. Y si no prestas atención, puedes perderte el punto central del libro.
Tal vez tú mismo estás luchando con frustraciones o decepciones mientras estás sentado aquí hoy. Si ese es tu caso, espero que esta serie te dé dirección y ánimo. Creo que este libro habla con fuerza a nuestro tiempo y a nuestra cultura. No somos la primera generación que se pregunta: “¿Cuál es el punto de todo esto?”. De hecho, es en Eclesiastés donde leemos que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Estamos lidiando con las mismas preguntas que la humanidad ha enfrentado por miles de años.
Así que comencemos con una pregunta: ¿Alguna vez trabajaste duro para lograr algo, solo para descubrir que no te satisfizo? Que no te llenó. Un ascenso que no fue lo que imaginabas. Un viaje soñado que te dejó queriendo más. Un logro deportivo que solo te dio placer momentáneo.
Como en la entrevista de Patrick Mahomes después del Super Bowl 2024: dijo “No hemos terminado. Tenemos un equipo joven. Vamos a seguir con esto.” Acababa de ganar su segundo Super Bowl consecutivo, el tercero en cinco años… y ya estaba pensando en el siguiente. ¿Qué pasó con el clásico “¡Me voy a Disneyland!”? Vivimos en una cultura en la que nada nos satisface. Incluso los logros más increíbles pueden dejarnos queriendo más.
Antes de entrar al texto, hablemos del libro en sí. Cuando lees la Biblia, es importante recordar que, aunque cuenta una historia unificada, contiene diferentes géneros literarios: narrativa histórica (Génesis, Josué, Rut, Hechos), ley (Levítico y Deuteronomio), profecía (Isaías, Jeremías, entre otros), poesía (Salmos, Cantar de los Cantares) y sabiduría (Proverbios, Job, Eclesiastés). Eclesiastés pertenece a la literatura de sabiduría. Y dentro de esa literatura existía un estilo llamado literatura pesimista. Eclesiastés es el único ejemplo de este estilo dentro de la Biblia, aunque la tradición se remonta al menos al 2000 a.C. en Egipto y Mesopotamia.
Pero hay una diferencia enorme entre Eclesiastés y otros escritos pesimistas de la época: los otros eran completamente desesperanzados. Eclesiastés no. Reconoce la frustración, pero también abre la puerta a la posibilidad de esperanza y gozo, a pesar de todo, por la bondad de Dios y porque esta vida no es el final. Con ese trasfondo, entremos al capítulo 1.
Eclesiastés 1:1 (NTV) Estas son las palabras del Maestro, hijo del rey David y gobernante de Jerusalén.
Ya hablamos del libro; ahora hablemos del autor. El versículo 1 identifica al Maestro como el hijo de David, rey de Jerusalén. No se menciona explícitamente a Salomón, pero la mayoría de los estudiosos coinciden en que él es el autor. Las pistas internas del libro apuntan a él: sus obras, su sabiduría y sus logros coinciden con lo que se describe en 1 Reyes y 2 Crónicas.
Si miras tu Biblia, verás una nota al pie con la palabra “Qohelet”. Ese es el título hebreo del personaje central, traducido como “Maestro” o “Predicador”. Proviene de la raíz qahal, que significa reunir o convocar. En griego, Ekklesiastés significa “el que pertenece a la asamblea”. Es la misma raíz de ekklesia, iglesia. En cierto sentido, podríamos parafrasearlo como: “El Maestro que habla a la asamblea.”
Salomón también escribió la mayor parte de Proverbios, que ofrece consejos prácticos para vivir bien. Me encanta estudiar Proverbios. Si necesitas consejos para ser un buen hombre, esposo, padre e hijo, te aconsejo leerlo. Pero recuerda: los proverbios no son promesas. Son principios que generalmente se cumplen, pero no siempre.
Es como algunos dichos populares que no siempre se cumplen: “Una manzana al día mantiene al doctor lejos.” O “Lento pero seguro gana la carrera.” No siempre funciona así.
Eclesiastés es una respuesta directa y sin rodeos a la simplicidad de Proverbios. Proverbios dice: “Haz esto, y en general te irá bien.” Eclesiastés responde: “La vida no es tan simple; no siempre funciona así.” La mayoría cree que Salomón escribió Proverbios cuando era joven y Eclesiastés cuando ya era mayor. Después de vivirlo todo, se da cuenta de que muchas cosas no resultan como uno espera.
Por eso Eclesiastés es tan relevante hoy. Mucha gente se pregunta: “¿Qué sentido tiene todo esto?” “Pensé que esto me iba a hacer feliz… y no lo hizo.” “¿Por qué la vida se siente tan vacía a veces?” Si has sido herido por injusticias, frustraciones o incluso por la iglesia, este libro tiene mucho que decirte. Y no lo hace con un mensaje superficial de “todo está bien”. Reconoce el dolor, pero también apunta a la esperanza.
Una vida enfocada solo en lo temporal es una vida sin verdadero significado.
Eclesiastés 1:2–8 (NTV) 2 «Nada tiene sentido—dice el Maestro—, ¡ningún sentido en absoluto!». 3 ¿Qué obtiene la gente con trabajar tanto bajo el sol? 4 Las generaciones van y vienen, pero la tierra nunca cambia. 5 El sol sale y se pone, y se apresura a dar toda la vuelta para volver a salir. 6 El viento sopla hacia el sur y luego gira hacia el norte. Da vueltas y vueltas soplando en círculos. 7 Los ríos desembocan en el mar, pero el mar nunca se llena. Luego el agua vuelve a los ríos y sale nuevamente al mar. 8 Todo es tan tedioso, imposible de describir. No importa cuánto veamos, nunca quedamos satisfechos. No importa cuánto oigamos, nada nos tiene contentos.
Cuando escuchamos “nada tiene sentido”, podríamos pensar que el Maestro dice que la vida no tiene propósito. Pero no es eso. La palabra hebrea “hevel” aparece casi 40 veces. Literalmente significa vapor, aliento, humo. Algo frágil, temporal, imposible de agarrar. Es también el nombre de Abel, cuya vida fue breve como un soplo. Hizo lo correcto y aun así sufrió injusticia.
Mientras tanto, Caín representa la tendencia humana a querer controlar. Ese deseo llevó al primer asesinato. Desde Génesis, la Biblia ya mostraba el mensaje de Eclesiastés.
¿Has experimentado la vida así? Como Abel, herido o traicionado. O como Caín, intentando controlar lo que no puedes.
Otra frase clave es “bajo el sol”. También aparecen “debajo del cielo” y “en la tierra”. En Eclesiastés 5:2 leemos: “Dios está en el cielo, y tú estás aquí en la tierra.” Una vida enfocada solo en lo temporal es inestable y poco satisfactoria. Es como tratar de agarrar humo.
No somos los primeros en enfrentar la fragilidad de la vida.
El Maestro no es el primero en reflexionar sobre lo breve y frágil que es la vida. Ni siquiera en su familia. Mira lo que escribió su padre, David:
Salmos 39:5 (NTV) La vida que me has dado no es más larga que el ancho de mi mano. Toda mi vida es apenas un instante para ti; cuando mucho, cada uno de nosotros es apenas un suspiro».
La palabra “suspiro” es la misma “hevel”. David dice que somos como sombras y que todo nuestro afán termina en nada. Acumulamos riquezas sin saber quién las disfrutará. Pero no dice que la vida sea inútil, sino que es breve y fuera de nuestro control. Por eso debemos mirar al Dios que sostiene todas las cosas.
Salmos 39:7 (NTV) Entonces, Señor, ¿dónde pongo mi esperanza? Mi única esperanza está en ti.
Podemos atravesar injusticias y aun así tener gozo. Nuestra esperanza no está en nada bajo el sol, sino en el Dios que hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y han sido llamados según su propósito.
La vida “bajo el sol” inevitablemente decepciona. Pero fuimos creados para algo más que esta vida.
Eclesiastés 1:9–11 (NTV) 9 La historia no hace más que repetirse; ya todo se hizo antes. No hay nada realmente nuevo bajo el sol. 10 A veces la gente dice: «¡Esto es algo nuevo!»; pero la verdad es que no lo es, nada es completamente nuevo. 11 Ninguno de nosotros recuerda lo que sucedió en el pasado, y las generaciones futuras tampoco recordarán lo que hacemos ahora.
Aunque no haya nada nuevo bajo el sol, los creyentes no vivimos solo bajo el sol. Tenemos una nueva naturaleza, una nueva familia, una nueva comunidad y un nuevo pacto basado en la sangre de Jesús.
La idea central es esta: la vida bajo el sol decepciona, pero fuimos creados para algo más. Se trata de vivir con una perspectiva eterna, sin caer en extremos de ser tan “espirituales” que no somos de utilidad en la tierra..
Como dice el autor de How to Inhabit Time, “Como un pueblo que vive desde la tradición y consciente de lo que ha heredado, vivimos orientados hacia el futuro, esperando el reino por venir. Pero al mismo tiempo, siempre vivimos en el presente. Los dones del pasado y las esperanzas del futuro se unen en nosotros ahora. No puedo dejar de estar en el presente. El desafío es habitar fielmente el presente sin caer en un presentismo donde solo importa el ahora.”
Jesús lo expresó así:
Juan 10:10 (NTV) El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Esa vida plena comienza ahora. Comienza cuando estamos presentes en nuestras relaciones. Cuando reconocemos que Dios usa lo cotidiano y lo difícil para nuestro bien. Cuando disfrutamos sus bendiciones. Cuando vivimos con gratitud. Cuando recordamos que esta vida no es el final. Hay más que lo que está bajo el sol.
Con esto cerramos el mensaje que nos lleva al evangelio:
Hebreos 12:24 (NTV) Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel.
Y esa es la invitación del evangelio: no solo entender que hay más que lo que está bajo el sol, sino venir a Jesús, el único que puede darnos una vida que no se desvanece. Todo lo temporal es frágil, pero Jesús ofrece un nuevo pacto, una nueva identidad y una nueva esperanza.
La sangre de Abel clamaba justicia. La sangre de Jesús proclama perdón. Abel nos recuerda lo que está roto. Jesús nos muestra lo que Dios vino a restaurar.
Esa restauración comienza ahora, cuando venimos a Cristo con nuestras cargas y descubrimos que Él es suficiente. Comienza cuando dejamos de buscar significado en lo que se desvanece y lo encontramos en Aquel que permanece para siempre.
Hoy Jesús te invita a entrar en esa vida plena. A dejar atrás la ilusión de que lo que está bajo el sol puede sostener tu alma. A recibir el perdón, la gracia y la esperanza que solo Él puede dar.
Porque al final, la verdadera vida no se encuentra en lo que hacemos o logramos, sino en Aquel que dio su vida por nosotros. Y cuando venimos a Él, descubrimos que lo que está bajo el sol ya no es nuestro límite… es simplemente el lugar donde comenzamos a vivir para su gloria.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Cuándo has logrado algo que pensaste que te satisfaría, pero no lo hizo? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
- ¿Cómo cambia tu manera de leer Eclesiastés al entender el significado de hevel?
- ¿Por qué crees que Eclesiastés resuena tan fuertemente con la cultura moderna?
- ¿Cómo se ve vivir con una perspectiva eterna mientras sigues estando plenamente presente hoy?
- ¿Cómo redefine Jesús lo que realmente significa una vida “rica y satisfactoria”?
- ¿En qué área podría Dios estar invitándote a mover tu esperanza lejos de lo que está “bajo el sol” y dirigirla hacia Él?
Una reflexión brutalmente honesta del placer
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Puntos de conversación:
- Salomón probó el entretenimiento, el alcohol, las posesiones, la riqueza, el sexo y el éxito, y descubrió que nada de eso lo satisfizo. Eclesiastés 2:1–10
- La caminadora hedónica explica por qué el placer siempre exige ‘más’ pero nunca trae plenitud. Eclesiastés 2:11
- El ascetismo es el error opuesto: negar los buenos regalos de Dios en lugar de recibirlos con gratitud. Génesis 2:8–9
- El placer es un regalo de Dios, no un dios que deba reemplazarlo a Él. Eclesiastés 3:12–13
- La verdadera satisfacción se encuentra en Jesús, quien ofrece una vida rica y plena más allá de los placeres temporales. Juan 10:9–10
Estamos en la segunda semana de nuestra serie en Eclesiastés, y seguimos explorando este libro tan honesto y profundo. La primera semana dijimos que Eclesiastés es una respuesta realista a la simplicidad de Proverbios. Mientras que Proverbios, en principio, enseña: “Haz esto y recibirás aquello”, Eclesiastés responde: “La vida no es tan simple.”
Aprendimos dos palabras hebreas clave: Qohelet, que significa “El Maestro”, y Hevel, que se traduce como “vapor” o “sin sentido”. El punto central fue que la vida “debajo del sol” decepciona, pero fuimos hechos para más. La segunda semana hablamos del dinero. Hoy profundizamos en el tema del placer.
En la mitología griega, Hedoné era la diosa del placer, hija de Eros. De allí viene el término “hedónico”, que se refiere al placer sensorial y momentáneo. Esto contrasta con la satisfacción profunda y duradera que en griego se llama “eudaimonía”. También de Hedoné proviene la palabra hedonismo, la creencia de que el placer es el bien supremo y el objetivo principal de la vida humana. Un hedonista vive bajo el código: “Si se siente bien, hazlo; si duele, evítalo.” Muy parecido a la manera en que vivimos hoy, ¿no te parece?
La ironía del hedonismo es que mientras más persigues el placer, más se te escapa. A esta paradoja se le llama la caminadora hedónica, una imagen que describe cómo corremos tras el placer sin llegar nunca a la satisfacción real.
La caminadora hedónica explica por qué el placer siempre exige ‘más’ pero nunca trae plenitud.
Funciona así: alcanzas algo y tu felicidad sube. Pero cuando la euforia del momento baja, quedas insatisfecho. Luego vuelves a tu línea base… y vas tras otra cosa. Así comienza un ciclo vicioso que se repite una y otra vez.
Primero viene la búsqueda. Puede ser algo “bueno”, como un ascenso, una casa nueva o una relación ideal; o puede ser algo destructivo, como drogas, pornografía o apuestas. Después llega el logro: lo alcanzas, sientes un subidón de euforia, y por un momento la vida se siente más brillante, más emocionante.
Luego aparece la adaptación. Después de unas semanas o meses, lo extraordinario se vuelve ordinario. Tu cerebro se acostumbra al nuevo nivel y deja de producir la misma respuesta emocional.
Y aquí ocurre algo importante: esto crea un déficit de dopamina. Cuando tu cerebro se adapta y deja de sentir el mismo nivel de placer, la dopamina baja y entras en un estado de déficit que te impulsa a seguir buscando más placer. Ese ciclo —buscar, lograr, adaptarse, acelerar— es lo que con tanta frecuencia termina llevando a las adicciones.
Lo curioso es que, miles de años antes de que los neurocientíficos hablaran de los “déficits de dopamina”, el rey Salomón llevó a cabo el experimento humano más costoso de la historia para ver si el placer podía satisfacer el alma.
Salomón probó el entretenimiento, el alcohol, las posesiones, la riqueza, el sexo y el éxito, y descubrió que nada de eso lo satisfizo.
Salomón está en busca del placer, como la mayoría de la humanidad. Por eso inicia una serie de experiencias —o podríamos llamarlas experimentos— para descubrir dónde podía encontrarlo y qué realmente lo hacía feliz. Cada intento es un esfuerzo por llenar el vacío interior, una prueba más en su búsqueda por una vida que tenga sentido.
#1 – El experimento del entretenimiento
Eclesiastés 2:1–2 (NTV) Me dije: «Vamos, probemos los placeres. ¡Busquemos “las cosas buenas” de la vida!»; pero descubrí que eso también carecía de sentido. 2 Entonces dije: «La risa es tonta. ¿De qué sirve andar en busca de placeres?».
Salomón prueba el placer y la risa, pero descubre que también son hevel. Son vanidad: se evaporan, no tienen sustancia, no sostienen el alma. Y si miras a tu alrededor, verás lo mismo. Todos buscan entretenimiento.
La industria de la comedia mueve más de veinte mil millones de dólares al año porque la gente quiere reír, aunque sea por un momento. Pero después regresan a su rutina y vuelven a sentirse vacíos. Es un experimento fallido. El entretenimiento no da la felicidad. Así que Salomón pasó al alcohol, buscando en otro lugar lo que la risa tampoco pudo darle.
#2 – El experimento del alcohol
Eclesiastés 2:3 (NTV) Después de pensarlo bien, decidí alegrarme con vino. Y mientras seguía buscando sabiduría, me aferré a la insensatez. Así traté de experimentar la única felicidad que la mayoría de la gente encuentra en su corto paso por este mundo.
Busco la felicidad en la bebida. ¿Te suena familiar? Salomón hace exactamente eso: prueba la bebida buscando alegría sin perder la sabiduría. Pero es una contradicción absurda. ¿Qué borracho puede ser sensato? Él mismo lo reconoce cuando dice: “Y mientras seguía buscando sabiduría, me aferré a la insensatez.”
Salomón no ha sido —ni es— el único en buscar significado y felicidad en la bebida. La industria del alcohol genera más de seiscientos mil millones de dólares al año. Y cuántas personas han destruido sus vidas allí: han perdido hogares, trabajos, relaciones, oportunidades… y aun así siguen vacíos, incluso peor que cuando empezaron.
El Maestro, Salomón, al darse cuenta de que tampoco la bebida le daba felicidad ni sentido, dirigió su búsqueda hacia las posesiones. En este punto, pasó por dos fases distintas en su vida: una de adquisición y otra de acumulación.
#3 – El experimento de adquisición
Eclesiastés 2:4–6 (NTV) También traté de encontrar sentido a la vida edificándome enormes mansiones y plantando hermosos viñedos. 5 Hice jardines y parques, y los llené con toda clase de árboles frutales. 6 Construí represas para juntar agua con la cual regar todos mis huertos florecientes.
En esta fase de adquisición, Salomón se dedica a obtener cosas. Construye, compra, crea y acumula. Son proyectos, propiedades y bienes tangibles: sistemas de riego, viñedos, jardines y huertos, casas y mansiones. Prácticamente se convierte en un inversionista en bienes raíces.
Y, por cierto, no es casualidad que esto suene tan familiar. Hoy en día, el sector de bienes raíces es uno de los más grandes de la economía de Estados Unidos y el principal motor de la riqueza nacional. El mercado de vivienda tiene un valor estimado de 52 billones de dólares y genera más de un billón anual en rentas, comisiones y servicios relacionados.
Pero ni siquiera todo eso le dio satisfacción. Así que pasó al siguiente experimento en su búsqueda de significado.
#4 – El experimento de acumulación
Pareciera que esta fase es lo mismo que la anterior, pero no lo es. Aquí Salomón se enfoca en cosas que se construyen, se compran o se poseen físicamente. Es el experimento de los bienes y raíces, de la propiedad, de lo visible. En esta etapa entran casas, viñedos, huertos, proyectos de construcción y todo aquello que puede tocarse, medirse o mostrarse.
¿Y qué representa esto hoy? Prácticamente lo mismo: bienes y raíces. Comprar casas, remodelar, invertir en propiedades, construir negocios, obtener “cosas grandes”. La misma lógica, solo con un lenguaje moderno. Y detrás de este experimento hay una mentira muy seductora: “Si tengo más cosas, seré feliz.” Pero la conclusión de Salomón es contundente: puedes tener todo lo que se puede comprar… y aun así sentirte vacío.
Ahora bien, en el experimento de acumulación, Salomón cambia de enfoque. Ya no está adquiriendo cosas; ahora está acumulando recursos, riqueza y personas. Este es el experimento de los activos, de los “assets”, de aquello que produce, genera o sostiene estatus y poder.
Eclesiastés 2:7–8 (NTV) Compré esclavos y esclavas, y otros nacieron en mi propiedad. También tuve enormes manadas y rebaños, más que cualquiera de los reyes que vivieron en Jerusalén antes que yo. 8 Junté grandes cantidades de plata y de oro, el tesoro de muchos reyes y provincias. Contraté cantores estupendos, tanto hombres como mujeres, y tuve muchas concubinas hermosas. ¡Tuve todo lo que un hombre puede desear!
Entonces, Salomón acumula esclavos, ganado, plata y oro, tesoros de reyes —lo que hoy llamaríamos inversiones—, además de cantores y concubinas, que veremos en el siguiente experimento. Esta fase ya no trata de adquirir cosas, sino de acumular recursos, riqueza y personas para construir una vida de poder, estatus y seguridad.
¿Y qué representa esto hoy? Los “esclavos” serían empleados o personal a nuestro servicio. El “ganado” sería capital productivo. La plata y el oro equivaldrían a riqueza líquida. Los tesoros de reyes serían nuestras inversiones, ahorros y cuentas bancarias. En resumen: influencia, seguidores, estabilidad financiera y la sensación de seguridad.
Pero detrás de este experimento hay una mentira muy poderosa: “Si acumulo suficiente, estaré seguro.” Sin embargo, la conclusión de Salomón es clara. Puedes tener todo lo que se puede acumular para obtener estatus, seguridad y poder… y aun así sentirte inseguro, ansioso y vacío.
Pasemos ahora a la última parte del versículo 8, donde vemos el siguiente paso en su búsqueda.
#5 – El experimento sensorial
Lo sensorial se refiere a todo lo que se percibe a través de los sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Es cualquier experiencia que entra por el cuerpo y produce una impresión física o emocional.
Si el experimento de adquisición tenía que ver con bienes y raíces, y el experimento de acumulación con bienes, riqueza y personas, entonces el experimento sensorial es el experimento del placer, del cuerpo, de todo lo que entra por los sentidos y promete satisfacción inmediata.
Eclesiastés 2:8b (NTV) 8…Contraté cantores estupendos, tanto hombres como mujeres, y tuve muchas concubinas hermosas. ¡Tuve todo lo que un hombre puede desear!
Este experimento incluye todo lo que produce sensaciones físicas o emocionales: música, entretenimiento, placer sexual —concubinas y esposas secundarias legales—, festividades, banquetes, aromas, sabores y experiencias. Según 1 Reyes 11, Salomón tuvo setecientas esposas y trescientas concubinas.
En otras palabras, todo lo que “se siente rico”. Por eso podemos llamar a esta etapa el experimento del hedonismo, la filosofía que afirma: “El placer es el bien supremo… y si se siente bien, hazlo.”
¿Y qué representa esto hoy en día? Música, fiestas, conciertos, playlists, Netflix, TikTok y entretenimiento constante. Comida gourmet, restaurantes y experiencias culinarias. Viajes, spas y masajes. La hipersexualización, el rechazo al matrimonio, las relaciones sin compromiso y la pornografía —una industria que mueve más de cien mil millones al año—. También las compras impulsivas para sentir “dopamina”. En resumen, todo lo que estimula los sentidos para “sentirse bien”. Es el experimento del subidón de dopamina.
La mentira detrás de este experimento es simple pero poderosa: “Si siento más, seré feliz.” Es la idea de que el placer sensorial puede llenar el alma. Pero la conclusión de Salomón es contundente: puedes tener todas las experiencias, todos los placeres, todas las sensaciones… y aun así sentirte vacío. Porque el placer no cura el alma, no sana el corazón, no da propósito, no sostiene en el sufrimiento y no llena el espíritu. Salomón dice que incluso este experimento fue hevel: vapor, humo, algo que se desvanece.
Así que todos los experimentos fallaron. Nada le dio satisfacción. Y permíteme decir algo pastoral antes de pasar al siguiente versículo: si estás pensando en tener una amante, no lo hagas. Si una mujer —tu esposa— no te satisface, no lo harán novecientas noventa y nueve. Tenía que decirlo antes de continuar.
Eclesiastés 2:9–10 (NTV) De modo que me hice más poderoso que todos los que vivieron en Jerusalén antes que yo, y mi sabiduría nunca me falló. 10 Todo lo que quise lo hice mío; no me negué ningún placer. Hasta descubrí que me daba gran satisfacción trabajar mucho, la recompensa de toda mi labor;
Este hombre no se negó ningún placer; incluso disfrutó del trabajo. Suena casi como la versión antigua del sueño americano moderno —solo que hoy, muchos querrían quitar la parte del trabajo. En los tiempos de Salomón, el placer era escaso y reservado para unos pocos; él era la excepción. Pero hoy, comparados con la historia, todos vivimos como reyes: acceso a comida, entretenimiento, comodidad, viajes, tecnología… cosas que ni los monarcas más ricos pudieron imaginar.
Ahora veamos la conclusión a la que llego el Maestro de sus experimentos:
Eclesiastés 2:11 (NTV) pero al observar todo lo que había logrado con tanto esfuerzo, vi que nada tenía sentido; era como perseguir el viento. No había absolutamente nada que valiera la pena en ninguna parte.
Nada tenía “hevel” ; era como perseguir el viento. Ahí está otra vez esa palabra: “sin sentido”. Hevel, como vimos la semana pasada: vapor, humo. Todo se desvaneció; nada era sólido. En otras palabras, es la caminadora hedónica: no importa qué tan rápido corras hacia una meta, cuando la alcanzas tu nivel básico de felicidad vuelve a resetearse y empiezas a buscar la siguiente cosa que perseguir, porque nada te ha dado satisfacción.
¿Por qué pasa esto? Lo explicamos así: por el estado de déficit de dopamina. El impulso del cerebro hacia el consumo excesivo está alimentado por un mecanismo biológico donde el placer y el dolor funcionan como dos lados opuestos de una balanza.
Cuando experimentamos algo placentero, el cerebro libera dopamina y la balanza se inclina hacia el lado del placer. Pero el cerebro está diseñado para mantener homeostasis, un nivel estable, y trabaja intensamente para regresar esa balanza a su punto neutral cada vez que se inclina.
Cuando la balanza se inclina hacia el placer, el cerebro no solo vuelve al nivel normal; sobrecompensa reduciendo la producción de dopamina. Eso crea un estado de déficit de dopamina. Y ahí es donde vive tanta gente hoy. Sin sentido. Lo que me encanta es que la Palabra de Dios nos enseñó esto miles de años antes que la ciencia.
Ahora bien, ¿cuál es la solución? Algunos podrían pensar que la respuesta es negar el placer. Pero tampoco. No se trata de irse al otro extremo. El otro extremo del hedonismo —la búsqueda exagerada del placer— es el ascetismo. Y el ascetismo es el error opuesto: negar los buenos regalos de Dios en lugar de recibirlos con gratitud.
Ascetismo es la creencia de que hacer tu vida miserable te convierte en una mejor persona.
O en un mejor cristiano. O en alguien más santo. Muchos, al cerrar un sermón como este, dirían: “Ya ven, el placer es malo. Tenemos que negarnos a todo placer para ser buenos cristianos. El sexo con tu esposa es solo para procrear. No debes invertir, comprar, vender o disfrutar nada.” Pero el ascetismo tampoco es la respuesta.
El hedonismo, por un lado, puede provocar una reacción exagerada… pero también lo hace el ascetismo. Lutero lo explicó con una imagen brillante: la naturaleza humana es como un campesino borracho tratando de montar un caballo. Te caes por el lado izquierdo, así que decides hacerlo mejor. Vuelves a subirte, pero te inclinas tanto hacia el otro lado que te caes por la derecha.
Ese es nuestro problema: cuando intentamos corregir un extremo, solemos caer en el extremo opuesto. Del hedonismo saltamos al ascetismo. De “el placer es mi dios” pasamos a “el placer es pecado”. De abusar de los regalos de Dios pasamos a temerlos. Y en ambos casos… seguimos fuera del caballo. Seguimos lejos del corazón de Dios.
El ascetismo no es la solución porque:
Génesis 2:8 (NTV) 8 Después, el Señor Dios plantó un huerto en Edén, en el oriente, y allí puso al hombre que había formado. 9 El Señor Dios hizo que crecieran del suelo toda clase de árboles: árboles hermosos y que daban frutos deliciosos…
Edén literalmente significa “placer”. Dios lo hizo para el hombre. Así que podemos decir, sin exagerar, que Dios puso al ser humano en el huerto del Placer. Si el placer fuera malo, Dios jamás habría creado un lugar así, ni mucho menos habría puesto allí al hombre y a la mujer.
Además, el fruto no era solo funcional, “bueno para comer”; también era agradable a la vista, una expresión que habla de estética, belleza, deleite. Dios colocó a Adán y Eva en este jardín de placer y les dio libertad para comer de casi todos los árboles. Él es un Dios bueno y quiere que disfrutemos sus buenos regalos.
Y eso es precisamente lo que Salomón descubrió. Después de todos sus experimentos fallidos por encontrar el placer y la satisfacción plena, se dio cuenta de la diferencia entre disfrutar un regalo y depender de él, la bondad del Creador frente a la insuficiencia de la creación y el límite del placer cuando se convierte en un dios.
El placer es un regalo de Dios, no un dios que deba reemplazarlo a Él.
Eclesiastés 3:12–13 (NTV) Así que llegué a la conclusión de que no hay nada mejor que alegrarse y disfrutar de la vida mientras podamos. 13 Además, la gente debería comer, beber y aprovechar el fruto de su trabajo, porque son regalos de Dios.
Así que tengamos cuidado de no caer en ninguno de los dos extremos. Ni en el hedonismo, que busca la felicidad última en placeres pasajeros —hevel, vapor que se desvanece—. Ni en el ascetismo, que niega las cosas buenas con un corazón orgulloso y amargado.
La invitación bíblica es distinta: disfruta las cosas buenas que Dios provee. Míralas como regalos, no como obligaciones. Reconoce que estas cosas vienen y van, pero Dios mismo es el constante, el único que permanece.
Te lo resumo así: la clave no es idolatrar el placer ni temerlo, sino recibirlo con gratitud, dentro de los límites de Dios, y sin depender de él para vivir.
El hedonismo dice: “El placer es mi dios.”
Ese es el problema. Todos estos experimentos que hizo Salomón elevaron el placer a un lugar máximo, al mismo nivel que solo le corresponde a Dios. Es exactamente lo que hacemos hoy: tratar de buscar el placer a cualquier costo, como si fuera la fuente última de significado. Cuando haces eso, el placer se convierte en tu dios. Ese es un extremo.
En el otro extremo está la reacción opuesta, igual de dañina, que veremos a continuación.
El ascetismo dice: “El placer es pecado.”
Dios no quiere que goces de nada. Esa es la idea que muchos abrazan sin darse cuenta. Viven una vida sombría, apagada, casi gris. Y lo más triste es que algunos incluso se jactan de ello, como si la falta de alegría y de gusto los hiciera más santos.
Pero la Biblia cuenta otra historia, una muy distinta, una que revela a un Dios que no solo permite el gozo, sino que lo diseñó como parte de la vida humana.
El evangelio dice: “El placer es un regalo.”
Disfrutas de la esposa que Dios te ha dado porque es un regalo que viene de Él. Lo mismo ocurre cuando te da una casa, un trabajo o cualquier otra bendición. Estás presente, lo recibes como un regalo de Dios y lo disfrutas con gratitud. Agradeces las victorias. Sabes cómo celebrar. Y aunque las cosas buenas vengan y vayan por temporadas, nada de eso destruye tu fe.
Lo disfrutas, pero no dependes de eso. No haces del placer un dios, ni lo conviertes en un pecado. Reconoces que es un regalo de Dios, porque Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Y eso es exactamente lo que Jesús expresó, mostrando el corazón del Padre y articulando la misma verdad que Salomón descubrió en su búsqueda.
Juan 10:9-10 (NTV) 9 Yo soy la puerta; los que entren a través de mí serán salvos. Entrarán y saldrán libremente y encontrarán buenos pastos. 10 El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; (este es el diablo, y él lo puede hacer a través del hedonismo o el ascetismo) mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Eso es lo que Dios quiere para todos. El Dios de Salomón, Jesús, vino para darnos una vida plena y abundante, una vida verdaderamente satisfactoria. Él es un Dios bueno, un Dios que nos ama y nos da cosas para que las disfrutemos, y que deben recibirse como regalos que vienen de su mano, usados de una manera bíblica, apropiada y dentro de sus límites. Solo así pueden disfrutarse como deben. Y, en última instancia, eso solo se encuentra en Jesucristo.
Ven. Te animo a que busques a este Jesús que quiere que vivas una vida con sentido, una vida plena. Solo Él puede completar tu vida y darte lo que has estado buscando. Quizás has destruido tu matrimonio o tu hogar persiguiendo algo que te diera placer o felicidad. Pero nada en esta vida puede darte eso… solo Jesús.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Qué formas de placer promete con más fuerza nuestra cultura que nos harán felices? ¿Por qué esas promesas resultan tan convincentes?
- ¿Dónde has experimentado personalmente la “caminadora hedónica”, esa necesidad de más solo para sentir lo mismo?
- ¿Por qué es tan tentador pasar del hedonismo al ascetismo cuando el placer nos decepciona?
- ¿Cómo cambia nuestra manera de disfrutar el placer cuando lo vemos como un regalo y no como un dios?
- Lee Eclesiastés 3:12–13. ¿Cómo se ve en la práctica disfrutar los regalos de Dios sin depender de ellos?
- ¿Cómo redefine la promesa de Jesús de una “vida plena y abundante” lo que realmente significa satisfacción?
Una reflexión brutalmente honesta sobre el trabajo y la riqueza
Haz clic aquí para ver el bosquejo del sermón.
Puntos de conversación:
- El trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, destinados a ser administrados y disfrutados, no adorados. Eclesiastés 5:19, 10:18
- El ajetreo sin descanso convierte el trabajo significativo en afán sin sentido y nos roba la paz. Eclesiastés 4:6, 2:22–23
- Amar el dinero promete felicidad pero produce ansiedad e insatisfacción. Eclesiastés 5:10, 1 Timoteo 6:10
- El contentamiento crece cuando disfrutamos lo que tenemos en lugar de perseguir lo que nos falta. Eclesiastés 6:9, Lucas 12:15
- Como no podemos llevarnos la riqueza, las verdaderas riquezas se encuentran en una relación con Dios. Eclesiastés 5:15, Lucas 12:21
En el libro de Eclesiastés, el Maestro ofrece una mirada sorprendentemente honesta sobre el dinero. No lo presenta como algo puramente malo ni como el bien supremo. Lo observa a través del lente de “hevel”, una palabra hebrea que significa vapor o aliento. Como el humo, el dinero es real al tacto, pero se escurre entre los dedos si intentas construir tu vida sobre él.
Con la enseñanza de hoy aprenderemos que el dinero es una herramienta útil, pero un dios terrible. Debemos aprender a sostenerlo con una mano abierta, encontrando nuestra satisfacción final en el Dador y no en el regalo. Empecemos con la pregunta de hoy:
¿Tu dinero es una herramienta o un dios?
Una herramienta sirve a tus buenos propósitos. Un dios es algo que terminas sirviendo. El dinero es amoral; no es bueno ni malo en sí mismo. Todo depende de cómo lo uses.
Hoy veremos una reflexión brutalmente honesta sobre el dinero y aprenderemos cinco perspectivas sobre este tema de parte del Maestro (Qohelet) en Eclesiastés. Esta es sabiduría atemporal que tiene tanto sentido hoy como hace miles de años.
El trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, destinados a ser administrados y disfrutados, no adorados.
Eclesiastés 5:19–20 (NTV) También es algo bueno recibir riquezas de parte de Dios y la buena salud para disfrutarlas. Disfrutar del trabajo y aceptar lo que depara la vida son verdaderos regalos de Dios. 20 A esas personas Dios las mantiene tan ocupadas en disfrutar de la vida que no pasan tiempo rumiando el pasado.
La Escritura dice que las riquezas vienen de parte de Dios. No somos la fuente de nuestra riqueza; somos administradores. La Biblia nunca nos manda a ser pobres, ni desempleados, ni perezosos.
Eclesiastés 10:18 (NTV) Por la pereza se hunde el techo; por el ocio gotea la casa.
Eclesiastés 4:5 (NTV) «Los necios se cruzan de brazos, y acaban en la ruina».
Debemos trabajar y ser productivos. La enseñanza es que el dinero no es malo en sí mismo… pero puede convertirse en un dios. Y ahí está el error.
El ajetreo sin descanso convierte el trabajo significativo en afán sin sentido y nos roba la paz.
Eclesiastés 4:6 (NTV) Sin embargo, «es mejor tener un puñado con tranquilidad que tener dos puñados con mucho esfuerzo y perseguir el viento».
Aquí aparece otra vez “hevel”. El trabajo es bueno, pero la cultura del vivir acelerado para conseguir algo es una trampa. Si tu búsqueda de éxito te roba el sueño y la paz, ya no es trabajo… es afán.
Eclesiastés 2:22–23 (NTV) Entonces, ¿qué gana la gente con tanto esfuerzo y preocupación en esta vida? 23 Sus días de trabajo están llenos de dolor y angustia, ni siquiera de noche pueden descansar la mente. Nada tiene sentido.
Eclesiastés 5:12 (NTV) La gente trabajadora siempre duerme bien, coma mucho o coma poco; pero los ricos rara vez tienen una buena noche de descanso.
Amar el dinero promete felicidad pero produce ansiedad e insatisfacción.
Eclesiastés 5:10–11 (NTV) Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente. ¡Qué absurdo es pensar que las riquezas traen verdadera felicidad! 11 Cuanto más tengas, más se te acercará la gente para ayudarte a gastarlo. Por lo tanto, ¿de qué sirven las riquezas? ¡Quizás solo para ver cómo se escapan de las manos!
Otra vez aparece “hevel:: se escapan de las manos.
1 Timoteo 6:10 (NTV) Pues el amor al dinero es la raíz de toda clase de mal; y algunas personas, en su intenso deseo por el dinero, se han desviado de la fe verdadera y se han causado muchas heridas dolorosas.
El contentamiento crece cuando disfrutamos lo que tenemos en lugar de perseguir lo que nos falta.
Eclesiastés 6:9 (NTV) Disfruta de lo que tienes en lugar de desear lo que no tienes; soñar con tener cada vez más no tiene sentido, es como perseguir el viento.
La riqueza no puede comprar felicidad, pero lo que ya tienes sí puede disfrutarse. El contentamiento no es obtener lo que quieres; es disfrutar lo que ya tienes. Es un cambio de mentalidad: sé agradecido, no codicioso; sé presente, no vivas donde quisieras estar.
Lucas 12:15 (NTV) Y luego dijo: «¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen».
Jesús luego cuenta una parábola sobre un hombre muy rico que acumuló tanto que decidió construir graneros más grandes para guardar todo y vivir confiado. Veremos el final en un momento.
Como no podemos llevarnos la riqueza, las verdaderas riquezas se encuentran en una relación con Dios.
Eclesiastés 5:15 (NTV) Todos llegamos al final de nuestra vida tal como estábamos el día que nacimos: desnudos y con las manos vacías. No podemos llevarnos las riquezas al morir.
Esto no es para deprimirte; es para liberarte. No hay carros fúnebres jalando remolques.
Eclesiastés 7:14 (NTV) Disfruta de la prosperidad mientras puedas, pero cuando lleguen los tiempos difíciles, reconoce que ambas cosas provienen de Dios. Recuerda que nada es seguro en esta vida.
1 Timoteo 6:6–8 (NTV) Ahora bien, la verdadera sumisión a Dios es una gran riqueza en sí misma cuando uno está contento con lo que tiene. 7 Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos. 8 Así que, si tenemos suficiente alimento y ropa, estemos contentos.
Un segundo después de morir, tu valor neto es $0.00. Más vale tener otro tipo de riqueza. Ahora veamos el final de la parábola de Jesús que mencioné en la cuarta perspectiva:
Lucas 12:21 (NTV) »Así es, el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios es un necio».
Después de pasar toda su vida acumulando riquezas, cuando por fin pensó que ya tenía suficiente y era hora de disfrutarlo, Dios le dice que esa misma noche morirá. Todo lo que guardó no le servirá de nada. Así termina quien acumula para sí mismo y no es rico para con Dios.
El dinero es hevel. El Maestro nos recuerda que, por más real y útil que sea, sigue siendo vapor, aliento, viento, humo. Puedes verlo, tocarlo y usarlo, pero no puedes descansar en él. Es inestable, temporal e insuficiente para sostener tu identidad o tu seguridad.
El dinero puede ayudarte, pero no puede sostener tu alma. Puede resolver problemas, pero no puede sanar el corazón. Puede darte comodidad, pero no puede darte propósito. Es un buen regalo, pero un pésimo cimiento. Dios nos permite administrarlo, pero no fue diseñado para cargar el peso de nuestra esperanza.
En contraste, Dios es roca. Su presencia, su carácter y su pacto no cambian. Él es el único que puede ofrecer una vida que no se desvanece. Una relación rica con Dios es el terreno firme donde nuestra alma encuentra descanso, dirección y significado.
Dios es constante cuando todo lo demás cambia. Dios es suficiente cuando lo que poseemos no lo es. Dios es eterno cuando lo demás es temporal. Mientras el dinero se escapa entre los dedos, Dios sostiene nuestra vida con fidelidad. Mientras lo material se desgasta, su gracia se renueva cada mañana. Mientras lo terrenal se queda aquí, la vida con Dios trasciende lo que está bajo el sol.
Así que reconoce que el trabajo y la riqueza son buenos regalos de Dios, no la fuente de tu identidad. Rehúsa sacrificar la paz por perseguir más. Acepta que el dinero no puede dar felicidad. Aprende a disfrutar lo que ya tienes. Y recuerda que nada de esto nos lo llevamos.
Esa riqueza verdadera y eterna comienza cuando venimos a Jesús, el único que puede perdonar, restaurar y darnos una vida plena ahora y para siempre. Comienza cuando reconocemos que nada bajo el sol puede sostener nuestra alma, pero Cristo sí. Cuando dejamos de perseguir lo que se desvanece y abrazamos al único que permanece. Cuando entregamos nuestra vida a Aquel que dio la suya por nosotros.
Y hoy, Jesús te invita. Te llama por tu nombre. Te ofrece una vida nueva, un corazón nuevo y una esperanza que no se apaga. No importa tu pasado, tus errores, tus cargas o tus dudas. Él está aquí, listo para recibirte, perdonarte y hacerte suyo.
Si hoy quieres recibir esa riqueza eterna, esa vida plena que solo Jesús puede dar, puedes hacer esta oración conmigo:
“Señor Jesús, reconozco que te necesito. Creo que moriste por mis pecados y resucitaste para darme vida nueva. Hoy dejo atrás mi manera de vivir y te entrego mi corazón. Perdóname, límpiame y hazme tuyo. Te recibo como mi Señor y mi Salvador. Desde hoy quiero seguirte y vivir para ti. Gracias por darme una vida plena, ahora y para siempre. Amén.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Por qué crees que el dinero pasa tan fácilmente de ser una herramienta a convertirse en un “dios” en nuestras vidas?
- ¿Cómo has visto que la cultura del ajetreo afecta tu paz, tus prioridades o tus relaciones?
- ¿Qué es más difícil para ti personalmente: ganar dinero con sabiduría o disfrutarlo con contentamiento? ¿Por qué?
- Lee Eclesiastés 6:9. ¿Cómo se vería para ti disfrutar lo que ya tienes esta semana?
- ¿Cómo cambia tu manera de pensar sobre el éxito recordar que no puedes llevarte el dinero contigo?
- ¿Qué significa tener una “relación rica con Dios” en la vida diaria?
Una reflexión brutalmente honesta de lo incontrolable
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Puntos de conversación:
- Dios es soberano, y los seres humanos son responsables, pero no definitivos. Eclesiastés 7:13–14
- No puedes controlar las consecuencias. El esfuerzo importa, pero los resultados nunca están garantizados. Eclesiastés 9:11; 10:10
- No puedes controlar el reloj. El futuro es incierto y la muerte es inevitable. Eclesiastés 10:14, 8:7-8j
- Lo único que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios—temerle y obedecer Sus mandamientos. Eclesiastés 12:13–14; Proverbios 1:7
Hoy estamos en la última semana de nuestra serie en Eclesiastés. Ha sido un recorrido profundo por un libro que no suaviza la realidad, sino que la presenta con una honestidad que a veces incomoda. Eclesiastés es la respuesta directa y sin rodeos a la simplicidad de Proverbios: mientras Proverbios nos muestra cómo funciona la vida cuando todo va como debería, Eclesiastés nos muestra cómo se siente la vida cuando no lo hace.
A lo largo de estas semanas aprendimos un par de palabras hebreas esenciales. La primera es Qohelet, “el Maestro”, el narrador y guía del libro, cuyo nombre en griego es Eclesiastés. La segunda es hevel, traducida como “vanidad”, pero que literalmente significa vapor, humo, algo que está ahí… y luego no está. Esta palabra es la clave para entender el mensaje del libro.
El punto central de Eclesiastés es contundente: la vida “debajo del sol” está destinada a decepcionar. No porque Dios sea cruel, sino porque el mundo es limitado, frágil y fuera de nuestro control. El placer es hevel: no es un dios, no es un pecado, sino un regalo que no puede sostener el peso de nuestra esperanza. La riqueza también es hevel: útil como herramienta, pero destructiva como ídolo. Nada en este mundo puede cargar con la expectativa de darnos significado permanente.
Hoy cerramos esta serie con una reflexión brutalmente honesta sobre lo incontrolable. Vivimos en una cultura marcada por el “ajetreo”, por la prisa, por la productividad constante. Una cultura que nos vende una mentira seductora: que si trabajas lo suficiente, oras lo suficiente y planeas lo suficiente, puedes controlar tu destino. Nos entrenan a ver la vida como una máquina expendedora: introduces el esfuerzo correcto y recibes el resultado correcto.
Pero Qohelet, el hombre más sabio que jamás vivió, corre la cortina y nos muestra que la vida no es una máquina que operamos, sino un misterio que habitamos. No es un sistema que dominamos, sino una realidad que nos supera. Y por eso, hoy nos enfrentamos a la pesadilla de todo controlador: tres grandes realidades de la vida que simplemente no podemos controlar.
La primera realidad:
No puedes controlar al Creador. Dios es soberano, y los seres humanos son responsables, pero no definitivos.
Vivimos bajo la ilusión del control—especialmente en Estados Unidos. Pero Qohelet no está de acuerdo.
Eclesiastés 7:13 (NTV) Acepta el modo en que Dios hace las cosas, porque, ¿quién puede enderezar lo que él torció?
La píldora más difícil de tragar para alguien que quiere controlarlo todo es esta: Dios es Dios… y nosotros no. En teología, esta verdad se expresa a través de la Soberanía de Dios, una realidad que opera en tres formas complementarias: Su voluntad activa, Su voluntad pasiva y el principio de concurrencia. Estas tres dimensiones no compiten entre sí; más bien, juntas revelan cómo Dios gobierna el universo sin anular la responsabilidad humana.
La voluntad activa de Dios se refiere a aquellos eventos que Él causa directamente, como la Creación o la Resurrección. Es el ámbito donde lo que Dios decreta soberanamente simplemente sucede. No hablamos solo de presciencia, como si Dios simplemente supiera lo que ocurrirá; hablamos de que Él sostiene activamente el universo y dirige la historia hacia Sus propósitos finales.
A esta dimensión a veces se le llama Su “voluntad secreta”, porque suele permanecer oculta hasta que ocurre, y casi siempre la reconocemos en retrospectiva: como cuando llegaste a la fe, o cuando Dios abrió una puerta que no estabas buscando, pero que luego entendiste que era parte de Su plan.
La voluntad pasiva de Dios describe aquello que Él permite. Dios permite que las criaturas actúen conforme a su naturaleza, pero eso no significa que Él sea un observador distante. Él pone límites, marca fronteras, y aun cuando permite algo, sigue estando en control.
Lo vemos cuando permitió que Adán y Eva comieran del fruto, o cuando permitió que los hermanos de José lo vendieran. Nada de eso escapó de Su soberanía, aunque no fue Él quien produjo el mal. Esta categoría nos recuerda que Dios puede permitir decisiones humanas sin dejar de ser el Señor de la historia.
El principio de concurrencia explica cómo la soberanía de Dios coexiste con las decisiones reales de los seres humanos. Dios es la Causa Primaria, el poder y el plan detrás de todo lo que existe. Nosotros somos causas secundarias: nuestras decisiones, motivos y acciones son reales, significativas y responsables, pero nunca absolutas. Dios obra a través de nuestras decisiones sin violar nuestra voluntad, y nosotros actuamos libremente sin frustrar la Suya.
El punto final es ineludible: no puedes controlar al Creador. No eres el guionista de tu vida. Puedes influir, decidir, planear… pero no puedes gobernar la realidad. Piensa en Steve Jobs: un hombre cuya visión cambió el mundo, pero que no pudo controlar una sola célula microscópica de cáncer. Y cuando un ateo grita: “¡Soy el dueño de mi destino!”, para Dios suena como un juguete chillón en medio de una tormenta. La soberanía de Dios no es una teoría; es una realidad que humilla al orgulloso y libera al que confía.
La segunda realidad que forman parte de la pesadilla de un controlador es:
No puedes controlar las consecuencias. El esfuerzo importa, pero los resultados nunca están garantizados.
Asumimos que la vida es una meritocracia—que los “mejores” siempre ganan. Qohelet no está de acuerdo.
Eclesiastés 9:11 (NTV) Observé algo más bajo el sol. El corredor más veloz no siempre gana la carrera y el guerrero más fuerte no siempre gana la batalla. Los sabios a veces pasan hambre, los habilidosos no necesariamente son ricos, y los bien instruidos no siempre tienen éxito en la vida. Todo depende de la suerte, de estar en el lugar correcto en el momento oportuno.
Qohelet presenta lo que podríamos llamar el “factor suerte”. Aunque trabajemos duro y seamos responsables, hay variables que simplemente no controlamos: momentos inesperados, circunstancias que cambian sin aviso, oportunidades que aparecen o desaparecen, accidentes que nadie anticipa, decisiones de otras personas que nos afectan profundamente.
Todos estos elementos influyen en los resultados de la vida tanto como —y a veces más que— nuestro propio esfuerzo. Esto no es superstición ni pesimismo; es una realidad estadística que se observa una y otra vez en distintos ámbitos de la vida.
Si alguien cree que su éxito es 100% resultado de su esfuerzo, basta mirar los datos para darse cuenta de que no siempre es así. En el hockey, por ejemplo, los analistas señalan que la NHL es una de las ligas donde la suerte influye más que en otros deportes: rebotes del puck, lesiones inesperadas, decisiones arbitrales que cambian el rumbo de un partido. Y como el marcador suele ser bajo, un solo desvío aleatorio puede decidir un campeonato, sin importar qué equipo era “más rápido” o “mejor”. El mérito importa, sí, pero no lo explica todo.
Lo mismo ocurre en otros campos. Una simulación computarizada de 2018 mostró que las personas más exitosas en una carrera rara vez son las más talentosas; normalmente son personas de talento promedio que tuvieron golpes excepcionales de suerte. Incluso el ingreso futuro de un niño se predice con mayor precisión por su lugar de nacimiento que por su coeficiente intelectual. El país… e incluso el código postal… pesa más que el talento. Es una verdad incómoda, pero innegable.
Y en el mundo de los negocios la historia se repite. Muchas de las empresas más “exitosas” no fueron las primeras ni las más brillantes; simplemente llegaron cuando la infraestructura estaba lista. SixDegrees.com, por ejemplo, era funcionalmente idéntica a Facebook, pero se lanzó en 1997, cuando el mundo no estaba preparado: la mayoría usaba internet por módem, no existían los smartphones, subir una foto requería revelar un rollo y escanearlo, y conocer gente en línea se consideraba “raro” o “peligroso”.
Facebook, en cambio, llegó en 2004 a un entorno completamente distinto: estudiantes con internet de alta velocidad, cámaras digitales por todas partes, y luego el iPhone en 2007 y la App Store en 2008. Para 2012, ya había más usuarios móviles que de escritorio. Hoy, el 98% de los usuarios de Facebook están en móvil. El éxito no fue solo habilidad; fue timing.
El punto es este: no puedes controlar las consecuencias. Los “mejores” no siempre ganan. Los más talentosos no siempre llegan. Los más preparados no siempre reciben la oportunidad. La vida no funciona como una ecuación exacta.
Pero ojo: esto no significa dejar de intentarlo o rendirse. No significa que el esfuerzo no importe. Significa que el esfuerzo no garantiza el resultado. Y en el capítulo siguiente, Qohelet nos recuerda precisamente eso…
Eclesiastés 10:10 (NTV) Si se usa un hacha sin filo hay que hacer doble esfuerzo, por lo tanto, afila la hoja. Ahí está el valor de la sabiduría: ayuda a tener éxito.
Aunque no puedas controlar las consecuencias, sí puedes afilar el hacha: prepararte, entrenarte, estudiar y crecer en sabiduría. No puedes controlar cada resultado, pero sí puedes controlar cómo respondes a ellos.
La tercera y última realidad que atormenta a un controlador es que…
No puedes controlar el reloj. El futuro es incierto y la muerte es inevitable.
Eclesiastés 10:14 (NTV) …Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que va a suceder; nadie puede predecir el futuro.
Algunas personas son mejores que otras para predecir. Hay analistas, inversionistas y estrategas que parecen tener un instinto casi sobrenatural para anticipar tendencias, mercados o movimientos culturales. Y muchos de ellos se han vuelto increíblemente ricos gracias a esa habilidad. Pero aun así… por más brillante que sea el experto, una predicción sigue siendo eso: una predicción, no una ciencia exacta. El futuro nunca se somete por completo al cálculo humano.
La historia está llena de ejemplos famosos de “expertos” que se equivocaron rotundamente. En 1903, por ejemplo, un presidente de banco en Michigan advirtió a un inversionista que no pusiera dinero en Ford porque, según él, “el automóvil es solo una moda pasajera”. Hoy sabemos quién tenía razón. Ese comentario, que en su momento sonaba razonable, quedó registrado como uno de los peores pronósticos de la historia.
Otro caso emblemático ocurrió en el año 2000. Los fundadores de una pequeña startup ofrecieron vender su empresa a Blockbuster por 50 millones de dólares. El CEO se rió de ellos, convencido de que era un “negocio de nicho muy pequeño”. Esa startup se llamaba Netflix. Hoy, Netflix vale alrededor de 410 mil millones de dólares, mientras que solo queda un Blockbuster físico en todo el mundo, en Bend, Oregón. La ironía habla por sí sola.
Todo esto nos recuerda una verdad sencilla pero contundente: no puedes predecir el futuro. Puedes analizar, proyectar, estimar… pero no controlar. Y justo cuando creemos haber entendido cómo funciona el mundo, Qohelet nos lleva un paso más profundo. Porque hay más que el Maestro quiere mostrarnos.
Eclesiastés 8:7–8 (NTV) Además, ¿cómo puede uno evitar lo que no sabe que está por suceder? 8 Nadie puede retener su espíritu y evitar que se marche. Nadie tiene el poder de impedir el día de su muerte. No hay forma de escapar de esa cita obligatoria: esa batalla oscura. Y al enfrentarse con la muerte, la maldad no rescatará al malvado.
No solo no podemos prever o predecir el futuro; tampoco podemos frenar lo inevitable: la muerte. Esta es la realidad más inescapable de la existencia humana. Y frente a ella, nuestra cultura no responde con humildad, sino con resistencia. En lugar de aceptar nuestros límites, tratamos de pelear contra el tiempo mismo. De ahí surge la obsesión moderna por vencer al tiempo, por extender la vida indefinidamente, por retrasar lo que ningún ser humano ha logrado detener.
Un ejemplo claro es Larry Ellison, fundador de Oracle, quien ha donado más de 370 millones de dólares a la investigación contra el envejecimiento. Él no acepta el fin de la vida, y lo expresa con brutal honestidad: “La muerte nunca ha tenido sentido para mí. ¿Cómo puede alguien estar aquí… y luego simplemente desaparecer?”. Su pregunta refleja el anhelo humano de permanencia, pero también la negación de nuestra fragilidad.
Otro caso es Peter Thiel, cofundador de PayPal y primer inversionista de Facebook. Él planea ser congelado en nitrógeno líquido en el momento en que sea declarado muerto. Tiene incluso un “Cryonics Trust”, un fondo reservado por 500 años en caso de que algún día pueda ser “descongelado”. Su filosofía es simple y reveladora: “La muerte es un problema técnico que debe resolverse”. Para muchos, la mortalidad no es una realidad espiritual, sino un desafío científico.
Sin embargo, por más dinero, tecnología o ingenio que se invierta, luchar contra el reloj y contra la muerte es en vano. La sabiduría de Qohelet es mucho más sobria y honesta: no hay forma de escapar de esa cita obligatoria. El punto que hace el Maestro es claro: no puedes controlar el reloj. La tasa de mortalidad humana sigue siendo un 100% constante. Y si hay algo que el ser humano sí puede predecir con absoluta certeza es que un día moriremos. Esa es la única obligación que nadie puede evitar.
Lo único que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios—temerle y obedecer Sus mandamientos.
Aquí está la conclusión de Qohelet:
Eclesiastés 12:13–14 (NTV) Aquí culmina el relato. Mi conclusión final es la siguiente: teme a Dios y obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos. 14 Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea bueno o sea malo.
La única cosa que sí puedes controlar es tu respuesta a Dios. Esa responsabilidad es completamente tuya. No recae en tus padres, ni en tu cónyuge, ni en tu pastor. Es algo profundamente personal. Tú eres quien debe decidir cómo responderás al Dios que te creó, te sostiene y te llamará a cuentas. Y aunque esta verdad puede incomodar, sigue siendo absolutamente necesaria: Dios juzgará todo lo que haces. No para aplastarte, sino porque Él es justo, santo y soberano.
Por eso el Maestro resume tu deber en dos partes fundamentales. La primera es temer a Dios. No has aprendido nada hasta que has aprendido esto. Salomón lo expresó con claridad en Proverbios 1:7: “El temor del Señor es la base del verdadero conocimiento, pero los necios desprecian la sabiduría y la disciplina”.
Temer a Dios no significa únicamente “tenerle miedo”, aunque siendo honestos, eso también forma parte de la ecuación, porque Él es el Juez. Pero es mucho más profundo que eso. Temer a Dios es vivir con asombro, con reverencia, con respeto, y con una confianza humilde en Su autoridad. Es reconocer quién es Él… y quién no eres tú.
La segunda parte es obedecer Sus mandamientos. ¿Por qué? Porque Dios es soberano… y tú no eres Dios. La obediencia siempre es la decisión correcta, incluso cuando no garantiza el resultado que deseas. Incluso cuando el futuro sigue siendo incierto. Incluso cuando la muerte sigue siendo inevitable. Obedecer no es una estrategia para controlar la vida; es una postura de sumisión ante Aquel que sí la controla.
Entonces, el punto es claro: tu “deber” no es estar en control; es estar en sumisión. Eso fue lo que Qohelet aprendió al final de todo lo que hizo y deshizo en su búsqueda del sentido de la vida. Pero hay una diferencia importante entre él y nosotros. Él vivió “bajo el sol”, en un mundo de sombras, ciclos y límites. Vivió bajo la Ley, no bajo la gracia. No tenía el cuadro completo. No sabía cómo Jesús cambiaría todo.
Así es como Jesús resolvió la verdad brutalmente honesta de Eclesiastés: Jesús entró en los “Incontrolables.” Él entró en un mundo de muerte, azar y sufrimiento. Jesús tomó el Juicio. Eclesiastés termina con una advertencia de juicio.
El Evangelio nos dice que en la Cruz, Jesús tomó el juicio por cada “cosa secreta” que hemos hecho. Jesús rompió el Ciclo. No podemos controlar la muerte, pero Jesús la conquistó.
En conclusión, el punto final de todo es que Jesús resuelve la dura realidad de la vida “bajo el sol” … pero solo para quienes se vuelven a Él en fe. Y si tú quieres venir a Jesús en fe, reconociendo que no tienes el control de nada —porque solo Él es Dios y tú no— te invito a que no le entregues tu vida a Jesús.
No puedes controlar la muerte, pero sí puedes decidir dónde pasarás la eternidad. Solo hay dos destinos: cielo o infierno. La decisión es tuya.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Cuál de los tres “incontrolables” te cuesta más: el Creador, las consecuencias o el reloj? ¿Por qué?
- ¿Cómo afecta a tu visión del éxito y el fracaso creer que la vida es una meritocracia?
- ¿Cómo desafía Eclesiastés esa creencia? ¿Cómo se ve, de manera práctica, “temer a Dios” en tus decisiones diarias?
- ¿Por qué es difícil obedecer cuando los resultados son inciertos? Comparte un ejemplo personal.
- ¿Cómo cambia la resurrección de Jesús la manera en que vemos la muerte y el control?
- ¿En qué área podría estar llamándote Dios esta semana a pasar del control a la confianza?
Secretos para una vida fructífera
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Puntos de conversación:
- Jesús enseña que una vida fructífera comienza cuando dejamos de pensar como consumidores y empezamos a pensar como productores, enfocándonos en nuestro impacto en los demás. Juan 15:1–2
- La fructificación no se trata de esforzarnos más, sino de permanecer conectados a Jesús, la vid verdadera. Separados de Él no podemos hacer nada. Juan 15:4–5
- Permanecer en Jesús es relacional, no místico; se trata de permanecer en Su amor mediante una conexión diaria. Juan 15:9-10
- Jesús revela que la meta final de permanecer, producir y obedecer es un gozo desbordante. Juan 15:11
Cada nuevo año trae una presión familiar: hacer más, ser mejores, esforzarnos más. Pero la noche antes de Su crucifixión, Jesús les ofreció a Sus discípulos algo radicalmente diferente. En un momento lleno de incertidumbre, ansiedad y transición, Él reveló los verdaderos secretos para una vida fructífera, no por medio del esfuerzo, sino por medio de la conexión.
Juan 15 no es un pasaje típico de Año Nuevo, pero quizá sea el capítulo más importante para entrar en una nueva temporada. Jesús y Sus discípulos están en el Aposento Alto. Él les ha lavado los pies. Han compartido la Última Cena. Judas ya se ha ido. El peso de lo que viene se siente en el ambiente.
Este momento se siente como un discurso final: Jesús preparando a Sus seguidores más cercanos para vivir sin Su presencia física. Dos veces en Juan 14 les dice que no dejen que su corazón se turbe ni tenga miedo. Y aun así, claramente lo están.
Podemos relacionarnos. Ninguno de nosotros sabe lo que nos espera en el año que viene. No sabemos qué desafíos, cambios o pérdidas podrían venir. Entonces, ¿cómo podemos vivir sin miedo? Jesús responde esa pregunta en Juan 15. Y de ese pasaje aprendemos tres “secretos”, por llamarlos así, que nos ayudarán para tener una vida fructífera.
Secreto #1: Piensa como productor, no como consumidor
Jesús comienza con una metáfora:
Juan 15:1–2 (NTV) »Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Él corta de mí toda rama que no produce fruto y poda las ramas que sí dan fruto, para que den aún más
Los discípulos probablemente estaban confundidos. Estaban enfocados en sí mismos: ¿Por qué te vas? ¿Por qué no podemos ir contigo? Pero Jesús cambia la perspectiva. Mueve el enfoque hacia afuera. Y es que la fructificación (el llevar fruto) no se trata de mejorarnos a nosotros mismos; se trata de impacto.
Una mentalidad de consumidor pregunta: ¿Qué obtengo de esto? Una mentalidad de productor pregunta: ¿Qué puede hacer Dios a través de mí? Esto cambia todo: nuestro matrimonio, nuestra crianza, nuestro trabajo, nuestra participación en la iglesia.
En lugar de vernos como víctimas de las circunstancias, comenzamos a preguntar cómo podemos traer paz, servir a otros y hacer discípulos. Jesús acababa de modelar esto al lavar los pies de Sus discípulos. Una vida fructífera comienza cuando dejamos de hacer que todo gire alrededor de nosotros. El centro de nuestra vida debe ser Cristo.
Secreto #2: Mantente conectado a la Vid
Jesús continúa su relato:
Juan 15:4–5 (NTV) Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí. 5 »Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.
Nota que la imagen presentada aquí es orgánica, no mecánica. Las ramas no se esfuerzan para producir fruto; simplemente permanecen conectadas. Esto va en contra de cómo solemos pensar. Nos enseñan a maximizar el esfuerzo, construir mejores hábitos y buscar más dentro de nosotros mismos.
Pero Jesús dice que el fruto viene de permanecer, de aprender el arte de estar con Él. Eso es más difícil de lo que parece. Muchos somos buenos para hacer cosas para Dios, pero no para estar con Dios.
Permanecer requiere prácticas intencionales que nos desaceleren y creen espacio para la relación: tomarse un tiempo a solas, de quietud y descanso. Jesús no necesita que produzcamos resultados para Él. Quiere hacer algo en nosotros antes de trabajar a través de nosotros.
Secreto #3: Deja que la obediencia fluya de la relación.
Jesús explica lo que realmente significa permanecer mantenerse conectado a él:
Juan 15:9–10 (NTV) »Yo los he amado a ustedes tanto como el Padre me ha amado a mí. Permanezcan en mi amor. 10 Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Permanecer en una relación con Jesús no es místico ni complicado. Es relacional. Jesús lo llama amor. La relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu existía antes del tiempo.
Durante Su vida terrenal, Jesús vivió en obediencia amorosa al Padre, y ahora invita a Sus discípulos a esa misma relación. La obediencia no gana amor; lo expresa. Una relación real con Jesús siempre produce obediencia con el tiempo. No perfección, sino transformación.
Pero ¿cuál es el “por qué”? ¿Cuál es la motivación de Jesús para decirles estas cosas a Sus discípulos? Que sean productores, no consumidores. Que permanezcan conectados a Él. Que vivan en obediencia a Él. Es un versículo apropiado para cerrar el año:
Juan 15:11 (NTV) Les he dicho estas cosas para que se llenen de mi gozo; así es, desbordarán de gozo.
Este es el objetivo, no presión, culpa o miedo, sino gozo. Al entrar en una nueva temporada, Jesús nos invita a una vida fructífera marcada por impacto, conexión, obediencia y un gozo que desborda. Estos son los “secretos” dados a Sus discípulos. Y ¿sabes qué? Siguen funcionando.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Por qué crees que Jesús enfatizó la producción de fruto cuando Sus discípulos estaban ansiosos e inseguros sobre el futuro?
- ¿De qué maneras tiendes a acercarte a la fe como un consumidor en lugar de un productor?
- ¿Qué te dificulta desacelerar y simplemente estar con Jesús?
- ¿Cómo cambia tu comprensión del crecimiento espiritual al ver la obediencia como un resultado natural de la relación?
- ¿Cuál de los tres secretos te resulta más desafiante en este momento? ¿Por qué?
- ¿Cómo se vería para ti buscar el gozo permaneciendo en Jesús este año?
El árbol genealógico de la Navidad: Nochebuena
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Puntos de conversación:
- No hay personas intachables en el árbol genealógico de Jesús; de hecho, algunos ni pertenecían al pueblo israelita.
- Dios entra en nuestras familias rotas para ofrecer una elección a cada generación. Mateo 1:12
- Jesús ama incluir a la gente común en su árbol genealógico. 1 Corintios 1:26
No solo la Navidad se trata de Jesús, sino toda la Biblia y toda la historia. En la serie de este mes hemos estado hablando del árbol genealógico de Jesús. Hoy veremos una parte de la historia de Navidad que quizá nunca has escuchado. Está justo al inicio, las primeras palabras del Nuevo Testamento:
Mateo 1:1-2 (NTV) El siguiente es un registro de los antepasados de Jesús el Mesías, descendiente de David y de Abraham: 2 Abraham fue el padre de Isaac. Isaac fue el padre de Jacob. Jacob fue el padre de Judá y de sus hermanos.
Aquí, en Utah, les encantan las genealogías. Pero esta parte parece como el botón de “saltar intro” en Netflix. ¿No es importante? ¡Incorrecto!
La verdad es que las personas en esa genealogía no son lo que esperarías. Jesús es perfecto… ¿no debería tener un papá, abuelo y tatarabuela perfectos? Resulta que no. Durante las últimas dos semanas al investigar estos nombres hemos descubierto que:
No hay personas intachables en el árbol genealógico de Jesús; de hecho, algunos ni pertenecían al pueblo israelita.
Como Rahab y Rut, dos mujeres que ni siquiera eran israelitas. Y aun así están en el árbol genealógico de Jesús. En aquel tiempo, ni siquiera se mencionaban a las mujeres en las genealogías. Pero ellas aparecen, junto con tres más.
Y cuando profundizamos aún más, encontramos otra verdad:
Dios entra en nuestras familias rotas para ofrecer una elección a cada generación.
Vimos a tres generaciones de reyes en la línea de David: Acaz, un rey malvado. Su hijo Ezequías, que rompió la maldición y honró a Dios. Su nieto Manasés, que siguió los caminos malvados de su abuelo. La enseñanza clave es que cada generación es libre de tomar su decisión.
Por eso enseñamos a familias completas acerca de Jesús. Queremos que padres e hijos hagan la elección correcta. Puedes heredar buen cabello, buena voz e incluso la Biblia familiar. Pero no puedes heredar una relación con Dios. Los hijos necesitan tomar su propia decisión. Incluso si sus padres no la tienen, ustedes aún pueden elegir seguir a Jesús.
Hoy quiero que veamos otra sección del árbol genealógico para aprender una lección más importante. Es un versículo que nunca hemos visto en Nochebuena, porque parece tan al azar:
Mateo 1:12 (NTV) Luego del destierro a Babilonia: Joaquín fue el padre de Salatiel. Salatiel fue el padre de Zorobabel.
¡Ese es un nombre divertido! ¿Hay algún Zorobabel leyendo esto hoy? Lo interesante de ese nombre es que es el último en la lista del que sabemos algo bíblicamente. Nadie más en esta parte de la genealogía aparece en el Antiguo Testamento.
Nombres como Abiud, Eliaquim, Azor, Sadoc… nueve nombres en total en los versículos 13–15 vuelven a aparecer en la Biblia. Esta es la primera y última vez que los vemos. Son personas perdidas en la historia. Gente común, no patriarcas, profetas ni príncipes. Y aun así están en la historia de Navidad. Y es porque,
Jesús ama incluir a la gente común en su árbol genealógico. 1 Corintios 1:26
No necesitas ser famoso, rico, talentoso o atractivo. Si Azor y Sadoc entraron en la lista, ¡tú también puedes!
Más adelante, el apóstol Pablo lo dice de la siguiente manera:
1 Corintios 1:26 (NTV) Recuerden, amados hermanos, que pocos de ustedes eran sabios a los ojos del mundo o poderosos o ricos cuando Dios los llamó.
Muchas personas vienen a la iglesia cada semana a aprender de Jesús. Somos gente común como tú, nada especial. Rotos e imperfectos. Pero somos seguidores de Jesús. No solo el bebé en el pesebre, sino el Jesús adulto que murió en la cruz por nuestros pecados. Él cambió completamente nuestras vidas. Ahora somos parte de su árbol genealógico. Y tú estás invitado a ser parte también.
Este año queremos dar a cada familia un reto: haz de Jesús parte de tu nueva tradición. No solo en Nochebuena, sino cada domingo. Únete a una iglesia donde la Palabra de Dios se enseñe.
Y es que la vida no siempre se trata de luces y regalos divertidos. A veces la vida es frustrante, injusta e incontrolable. Y la Biblia tiene mucho que decir al respecto. ¡Así que se parte de una iglesia este enero!
Porque Jesús quiere tener una relación con gente común como tú y yo. Por eso vino a morir en la cruz para darte salvación y que podamos pasar la eternidad con Él.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Por qué crees que Mateo comienza la historia de Jesús con una genealogía llena de personas imperfectas y comunes?
- ¿Qué te enseña la presencia de mujeres como Rahab y Rut sobre el corazón de Dios y Su manera de incluir a quienes otros excluirían?
- ¿Cómo te ayuda la historia de Acaz, Ezequías y Manasés a reflexionar sobre las decisiones espirituales que toma cada generación?
- ¿Qué impacto tiene en tu fe saber que Dios usa a personas comunes y desconocidas, como los nombres mencionados en Mateo 1:12–15?
- ¿De qué manera te anima o desafía la idea de que no puedes heredar la fe de tus padres, sino que debes tomar tu propia decisión sobre Jesús?
- ¿Cómo podrías hacer de Jesús una parte real y constante de tus tradiciones familiares este año, más allá de la temporada navideña?
El árbol genealógico de la Navidad: Los tres reyes
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Puntos de conversación:
- El rey Acaz representa el pecado generacional: sacrificar lo que más importaba por miedo y autopreservación. 2 Reyes 16:2–3
- El rey Ezequías rompió el ciclo confiando en Dios, quitando los ídolos y orando en tiempos de crisis demostrando que la gracia es más fuerte que la genética; tu pasado no tiene por qué definir tu futuro. 2 Reyes 18:5–7, Ezequiel 18:20
- La gracia es más fuerte que la genética; tu pasado no tiene por qué definir tu futuro. Ezequiel 18:20
- El rey Manasés muestra que la fe no se hereda. Cada generación debe elegir a Dios por sí misma. Dios no tiene nietos. Los padres moldean ambientes, pero solo Dios cambia los corazones. 2 Reyes 21:2–6, Deuteronomio 6:4–7
En esta serie estamos profundizando en el árbol genealógico del niño Jesús, según Mateo 1. Es una parte que normalmente pasamos por alto —las genealogías— pero que contiene lecciones valiosas en los nombres inesperados que aparecen allí.
La genealogía de Mateo incluye tres conjuntos de catorce nombres: Abraham → David (historia del Antiguo Testamento) David → Exilio (reyes del Antiguo Testamento de Judá) Exilio → Mesías (período post-exílico)
La semana pasada vimos a Tamar, Rahab y Rut, tres de las cinco mujeres que Mateo incluye en su lista. Hoy nos detenemos en la sección de los reyes, el segundo conjunto de catorce nombres. Nos centraremos en tres figuras: Acaz, Ezequías y Manasés. Padre, hijo y nieto. Sus vidas muestran los altibajos de las generaciones y nos recuerdan que la historia de Navidad no es un relato de perfección, sino de fidelidad divina.
La semana pasada vimos a Tamar, Rahab y Rut, tres de las cinco mujeres que Mateo incluye en su lista. Hoy nos detenemos en la sección de los reyes, el segundo conjunto de catorce nombres. Nos centraremos en tres figuras: Acaz, Ezequías y Manasés. Padre, hijo y nieto. Sus vidas muestran los altibajos de las generaciones y nos recuerdan que la historia de Navidad no es un relato de perfección, sino de fidelidad divina.
Mateo 1:9b-10a (NTV) …Jotam fue el padre de Acaz. Acaz fue el padre de Ezequías. 10 Ezequías fue el padre de Manasés…
Primero hablemos de Acaz
2 Reyes 16:2-3 (NTV) Acaz tenía veinte años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén dieciséis años. Él no hizo lo que era agradable a los ojos del Señor su Dios, como sí lo había hecho su antepasado David. 3 En cambio, siguió el ejemplo de los reyes de Israel, hasta sacrificó a su propio hijo en el fuego. De esta manera, siguió las prácticas detestables de las naciones paganas que el Señor había expulsado de la tierra del paso de los israelitas.
Nota que Israel se dividió en dos después del reinado de Salomón. Así, se dividió en el reinado de “Israel” con 10 tribus en el norte y en el reinado de “Judá” con 2 tribus en el sur. Este reino del sur fue el que trazó el linaje de David. Cada rey era descendiente biológico de David. Esos son los reyes que Mateo está incluyendo en su genealogía.
Todos los reyes del Norte eran malvados. El Sur lo hizo un poco mejor ya que un puñado eran temerosos de Dios.
El rey Acaz de Judá (2 Reyes 16; 2 Crónicas 28) fue conocido por su idolatría. En vez de confiar en el Dios de Israel, imitó prácticas paganas. Entre ellas, llegó a sacrificar a su propio hijo en el fuego, siguiendo costumbres de los pueblos vecinos (como los moabitas y amonitas que ofrecían niños a Moloc).
El rey Acaz representa el pecado generacional: sacrificar lo que más importaba por miedo y autopreservación.
Acaz ofreció a su propio hijo como sacrificio humano, un acto claramente condenado por Dios. Su decisión refleja cómo los pecados del padre pueden afectar directamente a la siguiente generación: el hijo termina pagando las consecuencias de la rebelión de quien lo engendró. El reinado de Acaz nos enseña que apartarse del Señor trae destrucción, incluso dentro de la propia familia, dejando una herencia marcada por el dolor y la injusticia.
Ahora pasemos al segundo rey de este mensaje: Ezequías. A diferencia de su padre, él tomó medidas radicales para revertir el mal. Entre sus acciones más significativas estuvo romper la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque el pueblo de Israel había comenzado a ofrecerle sacrificios.
Esa figura se conocía como Nehustán, y Ezequías la destruyó para eliminar la idolatría. Fue uno de los pocos “buenos reyes” en la genealogía, un hombre que eligió la fidelidad y que se destacó por corregir lo que estaba torcido en la nación.
2 Reyes 18:5-7 (NTV) Ezequías confiaba en el Señor, Dios de Israel. No hubo nadie como él entre todos los reyes de Judá, ni antes ni después de él. 6 Permaneció fiel al Señor en todo y obedeció cuidadosamente todos los mandatos que el Señor le había dado a Moisés. 7 Por eso el Señor estaba con él, y Ezequías tuvo éxito en todo lo que hizo. Se rebeló contra el rey de Asiria y se negó a pagarle tributo.
La historia más conocida sobre el rey Ezequías fue su firme postura contra el imperio asirio. Durante su reinado en Judá, esta nación enemiga avanzó contra el norte y el sur. Las tribus del norte finalmente cayeron bajo el poder de Asiria, un hecho histórico que marcó profundamente al pueblo. Judá se convirtió entonces en el siguiente objetivo de conquista.
El relato completo se encuentra en 2 Reyes 19, pero podemos destacar algunos momentos clave. Senaquerib, el rey de Asiria, se burló de Ezequías y del Dios de Israel, intentando intimidar al pueblo. Frente a esta amenaza, Ezequías no confió en su fuerza militar ni en alianzas humanas, sino que invocó humildemente al Señor para que lo librara.
La respuesta divina fue sorprendente: un ángel del Señor destruyó a 185.000 soldados asirios en una sola noche, cambiando el curso de la historia. Veinte años más tarde, los propios hijos de Senaquerib terminaron matándolo, cerrando así el ciclo de su arrogancia y mostrando que la justicia de Dios siempre prevalece.
El rey Ezequías rompió el ciclo confiando en Dios, quitando los ídolos y orando en tiempos de crisis demostrando que la gracia es más fuerte que la genética; tu pasado no tiene por qué definir tu futuro. 2 Reyes 18:5–7 Ezequiel 18:20
Recuerda que Ezequías fue el segundo hijo del rey Acaz. El primero había sido sacrificado en un altar pagano, víctima de las prácticas idolátricas de su padre. Sin embargo, Ezequías eligió un camino distinto y se convirtió en un ejemplo de fidelidad al Señor.
Para nosotros hoy, la Navidad es una época marcada por las tradiciones familiares. Es un buen momento para reflexionar sobre qué costumbres hemos recibido de nuestros padres y cuáles de ellas queremos transmitir a nuestros hijos. También es una oportunidad para preguntarnos qué patrones generacionales necesitamos eliminar, porque no estamos obligados a repetir tradiciones, sentimientos o creencias que no edifican.
En cambio, podemos decidir pasar a la siguiente generación patrones de adoración y servicio a Dios: asistir a la iglesia, participar en la vida comunitaria y servir tanto dentro como fuera de ella. Así, como Ezequías, podemos romper cadenas destructivas y dejar un legado de fe y obediencia al Señor.
Pasemos al último rey del que hablaremos hoy de la genealogía de Jesús: Manasés
2 Reyes 21:2-3 (NTV) Él hizo lo malo a los ojos del Señor y siguió las prácticas detestables de las naciones paganas que el Señor había expulsado de la tierra del paso de los israelitas. 3 Reconstruyó los santuarios paganos que su padre Ezequías había destruido. …
2 Reyes 21:6 (NTV) Manasés también sacrificó a su propio hijo en el fuego
¡Ni hablar! ¡De vuelta a las andadas de su abuelo!
El rey Manasés muestra que la fe no se hereda. Cada generación debe elegir a Dios por sí misma. Dios no tiene nietos. Los padres moldean ambientes, pero solo Dios cambia los corazones. 2 Reyes 21:2–6, Deuteronomio 6:4–7
La fe no se transmite de manera automática de una generación a otra. Aunque Ezequías fue un rey fiel al Señor, su hijo tuvo que tomar su propia decisión respecto a seguir o apartarse de los caminos de Dios. Cada generación enfrenta este mismo dilema: escoger entre la obediencia al Señor o la rebelión contra Él.
La historia de Manasés nos recuerda que no basta con tener padres o ancestros creyentes; cada persona debe responder personalmente al llamado de Dios. El evangelio es siempre una invitación viva y actual que exige una respuesta individual: ¿seguirás tú al Señor en tu generación? La fidelidad de Dios permanece constante, pero la decisión de caminar con Él corresponde a cada corazón.
Más adelante, cuando Manasés fue llevado cautivo a Babilonia, se humilló ante Dios y se arrepintió. Este hecho demuestra que cada generación tiene la oportunidad de decidir y que la misericordia divina alcanza incluso a quienes se han desviado. Siempre existe la posibilidad de arrepentimiento y restauración, porque el amor de Dios es más grande que cualquier fracaso humano.
Entonces, ¿qué hemos aprendido de la genealogía de Jesús? La semana pasada vimos que la historia de Navidad no trata de gente perfecta, sino de un Dios fiel que invita a personas externas a su familia.
Esta semana descubrimos que tampoco trata de familias perfectas, sino de un Dios que puede restaurar lo que las generaciones anteriores rompieron. Los reyes de Judá eran de la realeza, pero en muchos casos fueron un desastre real. El reinado de Acaz nos enseña que apartarse de Dios trae destrucción, incluso dentro de la propia familia.
En contraste, la genealogía bíblica muestra que Dios puede redimir una historia rota: aunque Acaz fue infiel, de su línea vendría finalmente Jesús, el Hijo que se entregó voluntariamente, no por idolatría, sino por amor.
Tu familia esta Navidad no necesita ser perfecta, ni tener un pasado limpio, ni aparentar santidad. La genealogía de Jesús nos recuerda que Dios incluye a Tamar, Rahab, Rut, Acaz y Manasés: personas quebradas, extranjeras, con historias de pecado y fracaso. La buena noticia es que Dios abre su familia a los que estaban lejos. Él invita a los de afuera a entrar, transforma la vergüenza en gracia y convierte las cicatrices en testimonio.
Así que esta Navidad, la pregunta no es si tu familia es digna, sino si estás dispuesto a recibir la invitación de Dios. Jesús vino para que tú y tu familia puedan ser parte de la suya. Y su mensaje sigue siendo el mismo: Ven, únete a mi familia. No porque seas perfecto, sino porque yo soy fiel.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Qué tradiciones familiares —buenas o rotas— se te han transmitido? ¿Cómo han moldeado tu fe?
- ¿De qué maneras las familias modernas sacrifican a sus hijos sin darse cuenta?
- ¿Qué es lo que más destaca de la decisión de Ezequías de romper el ciclo del pecado de su padre?
- ¿Por qué es reconfortante —y a la vez desafiante— que “Dios no tiene nietos”?
- ¿Cómo pueden los padres influir en la fe sin tratar de controlar los resultados?
- Mientras te reúnes alrededor de la mesa de Navidad este año, ¿qué patrones deseas continuar o terminar para la próxima generación?
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