Estamos en la semana 4 de nuestro estudio en Santiago. La semana pasada vimos que hay una diferencia entre una fe genuina que salva y decir algo de labios para afuera. Puedes decir que eres salvo y aun así estar engañándote porque no vives lo que dices.
Si mañana te arrestaran por el “crimen” de seguir a Jesús, ¿habría suficiente evidencia para declararte culpable? ¿O el jurado regresaría en unos minutos con un veredicto de “No culpable”? Porque si dices ser cristiano debes vivir como tal como dice Santiago:
Santiago 1:22 (NTV) No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se engañan a sí mismos.
No se trata solo de oír la Palabra con los oídos. Es vivirla con el cuerpo. Y eso es lo que veremos en el resto de la serie: poner la Palabra en la práctica. Hoy estaremos hablando de controlar la lengua. ¡Qué tema tan oportuno! Empecemos con la pregunta para hoy:
¿Cómo debe impactar mi fe a mi lengua y a mis pulgares?
Esta pregunta puede sonar un poco rara. Pero es que la fe debe impactar mi mente —trato de pensar bíblicamente—, mis domingos, mi ropa (sí, yo uso jeans para venir a la iglesia). Para algunos, hasta mis accesorios: si llegara a usar una cruz o un brazalete de esos que dicen WWJD (What would Jesus do? / ¿Qué haría Jesús?).
¿Pero mi lengua y mis pulgares? ¿La gente todavía usa los pulgares para textear, no? Y es que en la época en la que vivimos, este versículo no solo aplica a lo que decimos con la boca, sino también a lo que publicamos con nuestros pulgares. Santiago tiene algo que decir al respecto.
Santiago 3:5-6 (NTV) De la misma manera, la lengua es algo pequeño que pronuncia grandes discursos. Así también una sola chispa puede incendiar todo un bosque. 6 De todas las partes del cuerpo, la lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de maldad que corrompe todo el cuerpo. Puede incendiar toda la vida, porque el infierno mismo la enciende.
Antes de entrar a este pasaje de Santiago, veamos una enseñanza de Jesús. Recordemos: Santiago era el hermano menor de Jesús. Mucho de lo que escribe está conectado directamente a las enseñanzas de Jesús. Y lo que veremos hoy en Santiago está conectado a esta historia:
Mateo 12:22 (NTV) Luego le llevaron a Jesús a un hombre ciego y mudo que estaba poseído por un demonio. Jesús sanó al hombre para que pudiera hablar y ver.
Nota que el hombre endemoniado no podía hablar. No creo que sea un detalle al azar. Toda la enseñanza de hoy trata sobre el poder de las palabras.
Mateo 12:24 (NTV) Pero cuando los fariseos oyeron del milagro, dijeron: «Con razón puede expulsar demonios. Él recibe su poder de Satanás, el príncipe de los demonios».
¡Qué cosa tan loca de decir! ¡Herejía! La gente sigue diciendo cosas locas sobre Jesús hasta la fecha. Por cierto, este es el pasaje donde Jesús habla de la blasfemia contra el Espíritu Santo, el pecado imperdonable. Ese tema es para otro sermón. Hoy, veamos lo que dijo sobre las palabras:
Mateo 12:34-37 (NTV) 34 ¡Camada de víboras! ¿Cómo podrían hombres malvados como ustedes hablar de lo que es bueno y correcto? Pues lo que está en el corazón determina lo que uno dice.
Aquí Jesús introduce el problema fundamental de la humanidad: el problema no está allá afuera, está aquí adentro, en el corazón.
Mateo 12:34-37 (NTV) 35 Una persona buena produce cosas buenas del tesoro de su buen corazón, y una persona mala produce cosas malas del tesoro de su mal corazón.
Estas eran ideas revolucionarias para los fariseos o para cualquiera que viene de una religión basada en obras.
Mateo 12:34-37 (NTV) 36 Les digo lo siguiente: el día del juicio, tendrán que dar cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho. 37 Las palabras que digas te absolverán o te condenarán».
¡Escalofriante! Este es uno de esos versículos que te quitan el sueño. Porque claramente dice que mis palabras importan. Tus palabras importan. Importa tanto lo que dices como lo que publicas. O sea, tu lengua y tus pulgares.
Volvamos al inicio de esta enseñanza: Jesús sanó a un hombre poseído que no podía hablar. Su sanidad le soltó la lengua. Este hombre tuvo asiento en primera fila para esta enseñanza: “¡Cuiden sus palabras!” (ustedes, fariseos). Qué lección tan perfecta para alguien que acaba de recuperar la voz. Los demonios fueron expulsados… y ahora tenía un nuevo problema: ¡podía hablar! Esto es lo que Santiago retoma en su carta…
Santiago 1:19-20 (NTV) Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse. 20 El enojo humano no produce la rectitud que Dios desea.
Muy parecido a Proverbios 17:27-28 (NTV) que dice: El verdadero sabio emplea pocas palabras; la persona con entendimiento es serena. 28 Hasta los necios pasan por sabios si permanecen callados; parecen inteligentes cuando mantienen la boca cerrada.
Leamos el v 21
Santiago 1:21 (NTV) 21 Así que quiten de su vida todo lo malo y lo sucio, y acepten con humildad la palabra que Dios les ha sembrado en el corazón, porque tiene el poder para salvar su alma.
Analicemos algunas frases sobresalientes de este pasaje. Primero, veamos que dice “quiten”. Viene de la idea de quitarse la ropa sucia. Pablo usa el mismo lenguaje: Efesios 4:22 (NTV) dice “desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño.”
Otra frase que sobresale es: “Acepten con humildad la palabra que Dios les ha sembrado.” Es un hecho consumado: Jesús “nos dio vida al darnos su palabra” (v.18). Pero tú debes aceptarla. Permitir que haga su obra purificadora. Permitir que la “nueva naturaleza” gane sobre la “vieja naturaleza”. Y entonces Santiago lo dice sin rodeos:
Santiago 1:26 (NTV) Si afirmas ser religioso pero no controlas tu lengua, te engañas a ti mismo y tu religión no vale nada.
Ahí está otra vez esa palabra “engañarse”. La vimos la semana pasada en:
Santiago 1:22 (NTV) No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se engañan a sí mismos.
Quiero que comprendas que “aceptar” la palabra no es solo oírla con los oídos. Va más allá de eso. Es ponerla por obra con el cuerpo. Y, como estamos descubriendo hoy, empieza con tu lengua y tus pulgares.
Mira el cristianismo en línea en la actualidad. En Facebook noto que algunas personas publican versículos todos los días, comparten imágenes cristianas y dicen “Dios te bendiga” en cada comentario, pero cuando alguien no está de acuerdo con lo que publican, responden con sarcasmo, burla o enojo. En sus mentes creen que están siendo espirituales, pero según Santiago, se están engañando a sí mismos, porque sus lenguas revelan que la Palabra no ha transformado su corazón. Su “religión” se vuelve vacía, no por falta de versículos, sino por falta de dominio propio.
Otra cosa que veo en redes sociales es que hay cristianos que nunca levantarían la voz en persona, pero en redes escriben comentarios hirientes, comparten chismes disfrazados de “preocupación” o publican indirectas pasivo-agresivas. Piensan: “Solo estoy diciendo la verdad”. Pero en ambos ejemplos, Santiago diría: si no controlas tus palabras —habladas o escritas— te estás engañando a ti mismo y tu fe no está produciendo fruto. La lengua y los pulgares revelan si la Palabra fue aceptada o solo escuchada. La fe se demuestra en lo que decimos.
Volvamos a Santiago y a nuestro versículo clave de hoy:
Santiago 3:6 (NTV) De todas las partes del cuerpo, la lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de maldad que corrompe todo el cuerpo. Puede incendiar toda la vida, porque el infierno mismo la enciende.
Observa la destrucción de la lengua. Corrompe tu cuerpo porque el discurso tóxico te afecta a ti primero. Segundo, incendia toda tu vida ya que el discurso tóxico causa estragos en toda tu existencia como en tu ámbito familiar, en tus amistades, en tu entorno laboral y en todo lo demás que toca.
Y para que entendamos la seriedad del asunto, Santiago usa la misma palabra para “infierno” que Jesús usó once veces: Gehenna. Gehenna significa el Valle de Hinón. Se refiere a un basurero donde se quemaba la basura día y noche. Es como si dijera: cuando no controlas tu lengua, estás dejando que el humo de ese basurero entre en tu vida.
O peor aú n, que tus propias palabras pueden convertirse en la basura tóxica y dañina que arrojas sobre otros, palabras que hieren, contaminan y destruyen. Y es precisamente por eso que Santiago continúa con una advertencia aún más directa sobre nuestra lengua:
Santiago 3:9-10 (NTV) A veces alaba a nuestro Señor y Padre, y otras veces maldice a quienes Dios creó a su propia imagen. 10 Y así, la bendición y la maldición salen de la misma boca. Sin duda, hermanos míos, ¡eso no está bien!
Santiago es tan directo porque quiere que entendamos que no podemos separar nuestras palabras de nuestra fe. La misma boca que alaba a Dios no puede, al mismo tiempo, maldecir o herir. No puede salir adoración y veneno del mismo corazón. Si nuestras palabras no reflejan al Padre cuya imagen llevan las personas que lastimamos, entonces algo dentro de nosotros necesita ser rendido, purificado y transformado.
Esta manera de actuar no corresponde a la fe que profesamos en Jesús. Cuando nuestras palabras contradicen nuestro testimonio, revelan un corazón dividido que debe alinearse con Él. Santiago nos recuerda que la lengua no es un detalle menor: es un indicador espiritual que muestra si la Palabra está transformando nuestra vida o si solo la estamos escuchando sin obedecerla. La lengua revela nuestra fe.
La fe genuina no se trata solo de aceptar la Palabra. Se trata de vivirla. De poner la Palabra en acción. No te engañes. Si no estás obrando de acuerdo a lo que Dios nos dice en la Biblia, no estás viviendo bajo Su voluntad y tu fe está muerta.
Así que, medita esta semana en la pregunta de hoy: ¿Cómo debe impactar mi fe a mi lengua y a mis pulgares?
Porque la respuesta es: absolutamente, sí. La fe no se trata solo de llevar una cruz en el cuello o una camiseta con un versículo bíblico. La fe verdadera —la fe que obra— impacta tus palabras y tus publicaciones. La fe transforma lo que decimos.
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