Ya vamos por la sexta semana de esta serie. Hemos estado hablando de cómo la fe salvadora —que es completamente por gracia— nos impulsa a actuar y a hacer la obra de Jesús en este mundo. No hacemos obras para ser salvos; hacemos obras porque ya somos salvos.
En cada sermón de esta serie hemos estado respondiendo una pregunta clave. La pregunta de hoy es: ¿Cómo se ve la “mundanalidad”? Santiago la llama “la amistad con el mundo”.
Santiago 4:4-10 (NTV) ¡Adúlteros! ¿No se dan cuenta de que la amistad con el mundo los convierte en enemigos de Dios? Lo repito: si alguien quiere ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios.
En griego, la palabra “adúlteros” que usa Santiago es femenina, es decir, “adúlteras”. Esta imagen aparece constantemente en el Antiguo Testamento, donde Dios es presentado como el esposo e Israel como la esposa. Un ejemplo claro lo vemos en Jeremías, cuando Dios le dice al pueblo: “Sin embargo, me fuiste infiel, pueblo de Israel. Has sido como una esposa infiel que deja a su marido…” (Jeremías 3:20, NTV).
El punto máximo de esta ilustración aparece en Oseas, donde Dios usa la vida del profeta como una metáfora viviente. Le dice: “Ve y cásate con una prostituta, de modo que algunos de los hijos de ella sean concebidos en prostitución. Esto ilustrará cómo Israel se ha comportado como una prostituta, al volverse en contra del Señor y al rendir culto a otros dioses” (Oseas 1:2, NTV). Es una imagen fuerte, pero revela la gravedad de la infidelidad espiritual.
Cuando pensamos en “amistad con el mundo”, solemos imaginar pecados graves como una vida sin Dios, idolatría o pecado sexual. Sin embargo, lo aterrador es que Santiago probablemente no solo está hablando de pecados grandes, sino también de actitudes de bajo nivel que pueden parecer pequeñas. Él mismo ya ha mencionado cosas como mostrar favoritismo, no controlar la lengua, y la envidia y la ambición egoísta.
Pablo hace algo similar en Romanos 1, mostrando cómo la mundanalidad puede comenzar con una negación de Dios y terminar manifestándose tanto en pecados graves como en actitudes cotidianas que parecen insignificantes.
Romanos 1:18 (NTV) Pero Dios muestra su ira desde el cielo contra todos los que son pecadores y perversos, que detienen la verdad con su perversión.
Pablo habla de personas mundanas que niegan a Dios, el tipo de personas con las que, si no tenemos cuidado, podemos terminar haciéndonos “amigos”. La progresión que él describe es interesante. Comienza mostrando cómo estas personas se alejaron de Dios y terminaron adorando ídolos. Después, ese alejamiento los llevó a caer en pecado sexual.
Romanos 1:28 (NTV) Por pensar que era una tontería reconocer a Dios, él los abandonó a sus tontos razonamientos y dejó que hicieran cosas que jamás deberían hacerse.
¿El resultado? Aquí se pone mas interesante:
Romanos 1:29 (NTV) Se llenaron de toda clase de perversiones, pecados, avaricia, odio, envidia, homicidios, peleas, engaños, conductas maliciosas y chismes.
¿Ves lo que pasó? Pasamos de idolatría y pecado sexual… ¡a peleas y chismes! El siguiente versículo es aún más impactante:
Romanos 1:30 (NTV) Son traidores, insolentes, arrogantes, fanfarrones y gente que odia a Dios. Inventan nuevas formas de pecar y desobedecen a sus padres.
Pablo menciona algo que nos sorprende: entre toda la lista de pecados que describe, incluye también la desobediencia a los padres. ¿Desobedecer a los padres? Sí, también eso es pecado. Pero ese es un tema para otro día. Lo importante aquí es notar que tendemos a separar los pecados “graves” de los “ligeros”, como si unos fueran realmente peligrosos y otros casi insignificantes. Sin embargo, parece que Dios no los ve así. Para Él, todo está conectado.
La raíz de esta conexión es una oscuridad interna que comienza mucho antes de que los pecados se manifiesten externamente. Esa oscuridad nace cuando una persona se niega a reconocer a Dios y rehúsa someterse a Su autoridad. Esa es la esencia de la mundanalidad. Y eso es exactamente lo que Santiago está advirtiendo a sus lectores: no es solo lo que haces, sino la postura interna del corazón frente a Dios.
Entonces, con todo lo que ya hemos aprendido, estamos listos para responder la pregunta de hoy: ¿Cómo se ve la “mundanalidad”?
La respuesta es que la mundanalidad se ve tanto en lo grande como en lo pequeño. Puede colarse en la vida sin que te des cuenta, y allí está el verdadero problema. Todo comienza cuando empiezas a juntarte con personas que no creen, no aman ni respetan a Dios. Al principio solo observas, pero mientras más crece tu amistad con el mundo, más empieza a cambiar tu conducta. De repente ya no solo eres un espectador, sino un participante. Sin darte cuenta, vuelves a ser parte del mundo del que saliste cuando decidiste seguir a Jesús.
Ese proceso suele comenzar con “cositas” que parecen sin importancia, pero que poco a poco escalan a cosas mayores. A esas cositas Dios les llama pecado. Sean pequeñas o grandes, siguen siendo pecado. Por eso la amistad con el mundo no nos edifica ni nos acerca a Dios. Ahora, esto no significa que no podamos relacionarnos con personas que no son cristianas. Claro que podemos. Lo que no debemos hacer es adoptar sus prácticas pecaminosas ni acomodarnos a su manera de vivir.
Recordemos que estamos en este mundo, pero somos extranjeros en él, porque nuestra ciudadanía está en los cielos. Nos relacionamos con quienes no creen o no siguen a Dios para ganarlos para Él, pero ya no nos enredamos en sus prácticas. Puedes ir a un cumpleaños, disfrutar, convivir, pero si la fiesta se convierte en borrachera —especialmente si has luchado con el alcohol— es sabio retirarte. No te metas en la boca del lobo. La fidelidad a Dios requiere decisiones sabias y conscientes. Tenemos que mantenernos fieles a Él. Veamos las palabras de Santiago:
Santiago 4:5-6 (NTV) ¿Acaso piensan que las Escrituras no significan nada? Ellas dicen que Dios desea fervientemente que el espíritu que puso dentro de nosotros le sea fiel. 6 Y él da gracia con generosidad. Como dicen las Escrituras: «Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes».
Me encanta el enfoque aquí en estos versículos. Santiago está por darnos instrucciones prácticas sobre cómo funciona la fe, pero primero nos recuerda que todo esto trata de GRACIA. Él da gracia abundantemente.
En otras palabras, no tiene nada que ver con tu esfuerzo ni con tus obras. Todo se basa sobre la gracia de Dios.
Luego da el antídoto en tres pasos para como NO ser mundano. El primer paso lo encontramos en el versículo 7.
Santiago 4:7 (NTV) Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.
Este paso y es un 2×1. Dice: humíllense ante Dios y resistan al diablo.
Humillarse ante Dios es mantenerse sometido a Dios; algo que el mundo no hace ni quiere hacer.
Luego, debemos resistir al diablo. Cuando de esto se trata, pensamos en cosas grandes o graves como el satanismo, la idolatría, pecado sexual, matar, etc. Pero recuerda el contexto: las cosas pequeñas también son pecado. Cosas como mostrar favoritismo, no controlar la lengua, la envidia y ambición egoísta también son pecado. Tenemos que resistir al diablo en estas cosas también.
El segundo paso lo hallamos en el versículo 8.
Santiago 4:8 (NTV) Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo.
Dejándolo claro, el segundo paso es acercarse a Dios. No basta con resistir al diablo. ¡Corre hacia Jesús! Y ¿Cómo lo haces? A través de leer y meditar en la Palabra de Dios. A través del Espíritu de Dios (oración, adoración). Y con la ayuda del pueblo de Dios (mentores, grupos, iglesia). A esto le llamamos la “triple alianza espiritual”.
Ahora, para el paso final vayamos al versículo 9.
Santiago 4:9 (NTV) Derramen lágrimas por lo que han hecho. Que haya lamento y profundo dolor. Que haya llanto en lugar de risa y tristeza en lugar de alegría.
Esto está hablando de un arrepentimiento profundo. Normalmente yo lo pondría como el primer paso, pero aquí es el último. A medida que te acercas a Dios, empiezas a entender Su corazón y a ver tu pecado como realmente es.
Primero te sientes convencido, pero con el tiempo experimentas “profunda tristeza”. Eso es bueno, aunque no es permanente. Debes arrepentirte. Que te duela profundamente pecar contra Dios. Que no se te haga fácil ir y pecar con el mundo. Y si caes en la tentación de pecar, que te duela hasta la entrañas y te arrepientas y le pides perdón a Dios. Y te levantas. Te apartas de los lugares o personas que te llevan a pecar. Esto es parte de resistir al diablo.
Santiago resume eso así:
Santiago 4:10 (NTV) Humíllense delante del Señor, y él los levantará con honor.
Este es el A a la Z del pasaje: Comienza con sumisión humilde a Dios que es lo opuesto a la amistad con el mundo. Y eventualmente Él te levantará. Habrá altibajos en tu caminar con Cristo. Tendrás que aprender a practicar nuevas disciplinas espirituales: leer la Biblia, orar, congregarte, etc.
Experimentarás tristeza profunda. Pero el resultado final vale la pena: ¡Una eternidad con Jesús! Por lo tanto, que no te duela dejar tu vida mundana atrás o tu amistad con el mundo como lo llama Santiago. Ahora vives una vida nueva en Cristo donde tu meta es agradar a Dios en todo lo que hagas.
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