En el Nuevo Testamento, el significado de “corazón” en griego se expresa con la palabra kardia. Aunque hoy usamos esta palabra en un sentido estrictamente médico (como en “cardiología”), los escritores bíblicos la usaban para describir la vida interna del ser humano. La kardia es el “santuario interior” de una persona: el lugar donde tus pensamientos, pasiones, deseos e incluso tu lógica se entrelazan para formar quién eres realmente.
El centro físico y el núcleo espiritual
Los griegos, al igual que los hebreos antes que ellos, usaban órganos físicos para describir realidades espirituales. Así como el corazón físico es el centro de la circulación sanguínea y de la vida física, la kardia es el centro de la vida espiritual. Es el núcleo de la personalidad humana. Cuando la Biblia habla del corazón, no se refiere a un músculo; se refiere al “verdadero tú” que existe debajo de la superficie de tu apariencia externa.
Porque la kardia es el centro de nuestro ser, también es el lugar donde Dios realiza su obra más importante. Podemos fingir nuestro comportamiento exterior, pero no podemos fingir nuestro corazón delante de Dios. Él mira más allá de nuestras palabras y acciones para ver los verdaderos motivos escondidos en la kardia. Entender este término griego nos ayuda a darnos cuenta de que el cristianismo no es un programa de modificación de conducta, sino una transformación total del corazón.
El asiento del pensamiento y del sentimiento
En la cultura occidental moderna, solemos separar la “cabeza” (razón) del “corazón” (emoción). Decimos cosas como: “Lo sé en la cabeza, pero no lo siento en el corazón”. Sin embargo, la palabra griega kardia fusiona estos dos conceptos. En el Nuevo Testamento, el corazón es donde procesamos información, dudamos, creemos y razonamos. Es el lugar donde nuestras convicciones intelectuales se encuentran con nuestros sentimientos más profundos.
Romanos 10:10 (NTV) Pues es por creer en tu corazón que eres hecho justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo.
Observa que Pablo no dice que creemos con el “cerebro”, sino con el corazón. Esto sugiere que la fe bíblica verdadera es más que estar de acuerdo con un conjunto de hechos. Es una convicción profunda que toma todo nuestro ser interior. Cuando entendemos el significado de “corazón” en griego, vemos que Dios quiere involucrar nuestra mente y nuestras emociones juntas en una búsqueda unificada de Él.
El campo de batalla de la voluntad
La kardia también se describe como el asiento de la voluntad. Es el lugar donde tomamos nuestras decisiones y compromisos finales. Cada elección que hacemos nace en el corazón antes de ser ejecutada por nuestras manos. Esto convierte al corazón en un campo de batalla espiritual. Es donde decidimos si seguiremos nuestros propios deseos egoístas o nos someteremos a la guía del Espíritu Santo.
Jesús señaló frecuentemente que la condición del corazón determina la calidad de la vida de una persona. Enseñó que “el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón, saca lo bueno” (Lucas 6:45). Si el corazón está lleno de amargura, orgullo o lujuria, esas cosas eventualmente saldrán a la superficie. Pero si el corazón está rendido a Cristo, se convierte en una fuente de amor, gozo y paz que fluye hacia todos los que nos rodean.
Jesús habitando en el corazón
El aspecto más hermoso de la kardia es que es el hogar destinado para Jesucristo. Los autores del Nuevo Testamento enfatizan que, por medio de la fe, Cristo realmente toma residencia en nuestro ser interior. Esto no es solo una metáfora para “pensar en Jesús”; es una realidad espiritual. Cuando el Espíritu de Dios habita en nuestros corazones, comienza a remodelar nuestros deseos y aclarar nuestro pensamiento desde adentro hacia afuera.
Efesios 3:17 (NTV) Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes.
Esta presencia interna de Cristo es lo que hace posible el crecimiento espiritual. No tenemos que esforzarnos por ser “mejores personas” por nuestra propia fuerza de voluntad. En cambio, permitimos que el “Dueño de la Casa” reorganice los muebles de nuestra vida. A medida que Cristo hace su hogar en nuestra kardia, nuestros corazones se vuelven más como el suyo: llenos de compasión, verdad y devoción inquebrantable al Padre.
Enseñanza clave
El significado de “corazón” en griego revela que nuestra kardia es el centro de nuestra existencia. Es el lugar donde convergen nuestros pensamientos, emociones y decisiones. Dios no busca un desempeño religioso externo; Él quiere acceso a este centro de control interior. Cuando invitamos a Jesús a habitar en nuestro corazón, Él transforma toda nuestra identidad, alineando nuestros deseos más profundos con su reino y su voluntad.
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