La Biblia enseña que Jesús no siempre tuvo un cuerpo físico, pero sí lo tendrá por toda la eternidad. Antes de su nacimiento en Belén, Jesús existía como el Verbo eterno y espiritual de Dios, sin forma humana. Sin embargo, mediante la Encarnación, tomó carne humana para salvarnos. Después de su resurrección, Jesús conservó su cuerpo físico, lo que significa que hoy sigue siendo plenamente Dios y plenamente hombre en el cielo.
La preexistencia eterna del Hijo de Dios
Para entender si Jesús siempre tuvo un cuerpo físico, debemos mirar antes de que el mundo comenzara. La Biblia es clara en que Jesús existía mucho antes de nacer de María. En el evangelio de Juan se le llama “el Verbo”. En este estado preexistente, Jesús era espíritu. Compartía la gloria del Padre y del Espíritu Santo como la segunda persona de la Trinidad. No era un ser creado; era el mismo Creador.
Aunque el Antiguo Testamento contiene relatos del “Ángel del Señor” apareciendo a personas, estos suelen describirse como “teofanías” o apariciones temporales. No eran cuerpos físicos permanentes. El Hijo de Dios no estaba limitado por huesos, piel o la necesidad de comida antes del comienzo del tiempo. Su naturaleza era puramente divina y espiritual.
“En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. El que es la Palabra existía en el principio con Dios. Dios creó todas las cosas por medio de él, y nada fue creado sin él.” (Juan 1:1–3)
El misterio de la Encarnación
El punto de inflexión en la historia ocurrió cuando el Hijo eterno de Dios decidió tomar naturaleza humana. Los teólogos llaman a esto la Encarnación. No fue un disfraz temporal que Dios usó por unos años. En cambio, el Verbo “se hizo carne”. Esto significa que Jesús añadió una naturaleza humana a su naturaleza divina. Comenzó su existencia física como un diminuto embrión en el vientre de la virgen María.
Al tomar un cuerpo físico, Jesús se hizo como nosotros en todo, excepto en el pecado. Experimentó hambre, sed, cansancio y dolor físico. Esto era necesario porque solo un ser humano podía representar a la humanidad y morir como sustituto por nuestros pecados. Si Jesús no hubiera tenido un cuerpo real, su muerte en la cruz habría sido una ilusión y no un sacrificio verdadero.
“Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de amor inagotable y fidelidad. Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre.” (Juan 1:14)
La realidad física de la resurrección
Algunas personas creen erróneamente que Jesús abandonó su cuerpo después de morir y volvió a ser “solo espíritu”. Sin embargo, el Nuevo Testamento enfatiza que la resurrección fue física. Cuando Jesús salió de la tumba, su cuerpo fue transformado y glorificado, pero seguía siendo un cuerpo de carne y hueso. Incluso se esforzó por demostrarlo a sus discípulos aterrados.
Jesús invitó a Tomás a tocar las heridas de sus manos y su costado. Se sentó y comió pescado asado para mostrar que no era un fantasma. Este “cuerpo glorificado” tenía propiedades únicas —como la capacidad de aparecer en habitaciones cerradas— pero seguía siendo un cuerpo humano. Esto es una parte vital de la esperanza cristiana porque muestra que Dios también piensa redimir nuestros cuerpos físicos, no solo nuestras almas.
“Miren mis manos. Miren mis pies. Pueden ver que de veras soy yo. Tóquenme y asegúrense de que no soy un fantasma, pues los fantasmas no tienen cuerpo, como ven que yo tengo».” (Lucas 24:39)
Jesús todavía tiene un cuerpo humano hoy
La verdad más sorprendente es que Jesús todavía tiene un cuerpo físico en este momento. Cuando Jesús ascendió al cielo, lo hizo en su forma humana resucitada. No se disolvió en las nubes ni dejó su cuerpo atrás. Hechos 1 nos dice que fue “elevado” mientras los discípulos lo observaban. Actualmente está a la derecha del Padre, sirviendo como nuestro Gran Sumo Sacerdote.
Porque Jesús conserva su humanidad, puede empatizar verdaderamente con nuestras luchas. Él sabe lo que se siente vivir en un mundo físico. La Biblia promete que cuando regrese, volverá de la misma manera en que se fue. Lo veremos cara a cara. Él sigue siendo el “Hombre Cristo Jesús” por toda la eternidad, cerrando para siempre la brecha entre un Dios santo y una humanidad quebrantada.
Enseñanza clave
Jesús no siempre tuvo un cuerpo físico, aunque existía antes de que comenzara el tiempo. Una vez que el Verbo se hizo carne, se unió a la humanidad para siempre. Jesús resucitó en un cuerpo real y físico, y llevó ese cuerpo al cielo en su ascensión. Hoy, Jesús sigue siendo plenamente Dios y plenamente hombre, asegurándonos que tenemos un Salvador que realmente entiende nuestra experiencia humana y tiene el poder de darnos nueva vida.
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