La Biblia presenta a Moisés como la figura más significativa del Antiguo Testamento: profeta, libertador y legislador de Israel. Conocido principalmente por guiar a los israelitas fuera de la esclavitud en Egipto y recibir los Diez Mandamientos, Moisés actuó como el mediador principal entre Dios y Su pueblo. Su recorrido —de príncipe en Egipto, a pastor humilde, y finalmente líder de una nación— demuestra cómo Dios usa a personas comunes y con fallas para cumplir propósitos extraordinarios mediante la fe y la obediencia.
La vida temprana de un príncipe oculto
La historia de Moisés comienza en un capítulo oscuro para el pueblo hebreo. Mientras vivían como esclavos en Egipto, el faraón ordenó la muerte de todo niño varón hebreo para controlar su población. En un acto desesperado de fe, la madre de Moisés lo escondió en una cesta entre los juncos del río Nilo. Dios orquestó un rescate divino cuando la hija del faraón encontró al bebé y lo crió en el palacio. Esta crianza única le dio a Moisés la mejor educación de Egipto, aunque nunca olvidó sus raíces hebreas.
Eventualmente, su vida dio un giro drástico cuando vio a un egipcio golpeando a un hebreo. En un impulso de ira, Moisés mató al egipcio y huyó para salvar su vida. Llegó a la tierra de Madián, lejos de los lujos del palacio. Durante los siguientes cuarenta años, el hombre que una vez fue príncipe vivió como un pastor silencioso. Esta temporada de aislamiento fue un aula donde Dios despojó a Moisés de su autosuficiencia y lo preparó para una tarea mucho mayor.
El profeta y portavoz
Moisés tenía ochenta años cuando Dios finalmente lo llamó a su misión principal. Mientras pastoreaba cerca del monte Sinaí, encontró una zarza que ardía sin consumirse. Desde las llamas, Dios reveló Su plan para rescatar a los israelitas y anunció que Moisés sería quien se presentaría ante el faraón. Esto estableció su papel como profeta: alguien que habla en nombre de Dios.
Éxodo 3:10 (NTV) Ahora ve, porque te envío al faraón. Tú vas a sacar de Egipto a mi pueblo Israel.
El enfrentamiento entre Moisés y el faraón sigue siendo uno de los relatos más dramáticos de la historia. Después de diez plagas milagrosas, el faraón liberó a los israelitas. El viaje alcanzó su clímax en el Mar Rojo, donde Dios abrió las aguas para que Israel cruzara en seco. Este evento consolidó a Moisés como líder del pueblo y verdadero profeta. No solo tenía un mensaje; tenía una intimidad incomparable con el Creador, hablando con Dios “cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Éxodo 33:11).
El legislador y juez
Después del Éxodo, Moisés sirvió como juez supremo y líder. Fue responsable de transformar a un grupo desorganizado de esclavos cansados en una nación santa. En el monte Sinaí, Dios le dio las leyes morales, civiles y ceremoniales que gobernarían a Israel por siglos. No era simplemente una lista de reglas; era un pacto que definía cómo debían relacionarse con Dios y entre ellos.
Al recibir los Diez Mandamientos, Moisés estableció una sociedad basada en la justicia divina, no en los caprichos de un tirano humano. También supervisó la construcción del Tabernáculo, una tienda portátil donde la presencia de Dios habitaría.
Su contribución como legislador fue tan fundamental que los primeros cinco libros de la Biblia se conocen como los “Libros de Moisés” o la Torá. Cada aspecto de la vida judía —desde cómo trataban a sus vecinos hasta cómo adoraban— se remontaba a las instrucciones que Moisés recibió.
El intercesor y mediador
Quizá el aspecto más conmovedor del ministerio de Moisés fue su labor como intercesor. Los israelitas eran a menudo rebeldes, quejándose de sus circunstancias e incluso recurriendo a la idolatría. En varias ocasiones, la justicia de Dios fue provocada por su pecado, pero Moisés se puso en la brecha. Rogó por misericordia, incluso llegando a pedir que Dios lo tomara a él en lugar del pueblo.
Números 14:19 (NTV) En conformidad con tu magnífico e inagotable amor, por favor, perdona los pecados de este pueblo, así como lo has perdonado desde que salió de Egipto.
En este papel de mediador vemos la imagen más clara de Jesucristo. Así como Moisés se colocó entre un Dios santo y un pueblo pecador, Jesús es nuestro Mediador definitivo. A pesar de su enorme autoridad, la Biblia describe a Moisés como el hombre más humilde de la tierra. Nunca buscó su propia gloria, demostrando su total devoción al bienestar de la nación por encima de su reputación personal.
¿Por qué fue Moisés tan reverenciado?
En la tradición judía, Moisés ocupa una categoría única. Es conocido como Moshe Rabbenu —“Moisés, nuestro maestro”. Aunque Abraham es el padre de la nación, Moisés es el “Padre de todos los profetas”. La razón principal de esta profunda reverencia es la naturaleza única de su comunicación con Dios. Mientras otros profetas recibían mensajes mediante sueños o visiones, Dios habló con Moisés clara y directamente.
Números 12:6–8 (NTV) »Si hubiera profetas entre ustedes, yo, el Señor, me revelaría en visiones… Pero no con mi siervo Moisés… hablo… cara a cara…».
Por esto, Moisés es el estándar de fe en el Antiguo Testamento. Para el cristiano, esta reverencia sirve como puente para entender a Jesús. Cuando los líderes religiosos desafiaron a Jesús, lo hicieron apelando a la autoridad de Moisés. Jesús no lo rechazó; afirmó que toda la vida y los escritos de Moisés apuntaban hacia Él.
Enseñanza clave
Moisés fue un hombre con fallas que se convirtió en el líder más influyente del Antiguo Testamento gracias a su relación con Dios. Como profeta, legislador e intercesor, formó una nación y entregó los fundamentos de la Palabra de Dios. Aunque Moisés sigue siendo el maestro supremo en el pensamiento judío, su vida es una señal hermosa para los cristianos. Él dirigió un rescate físico de la esclavitud, pero apuntaba a Jesús, el Libertador definitivo que nos saca de la esclavitud del pecado y nos lleva a la presencia de Dios para siempre.
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