
Mayor amor
“Mayor Amor” explora tres expresiones del amor según Dios: el amor filial que sostiene la amistad, el amor eros que celebra la unión diseñada por Dios y el amor ágape que revela el sacrificio perfecto de Cristo. Cada tema nos invita a crecer en un amor más profundo, más puro y más parecido al de Jesús.
¿Qué es el amor ágape?
Puntos de conversación:
- El amor ágape es amor incondicional y abnegado. Es la forma más elevada de amor, y se origina en Dios mismo. Juan 21:15–17; 1 Juan 4:8; 1 Corintios 13:4–7
- El amor ágape siempre se demuestra en acción. El amor ágape de Dios se ve con mayor claridad en la cruz. 1 Juan 4:9–10
- El amor ágape nos llama a amar a los demás como Cristo nos amó. Cuando nos amamos unos a otros, el Dios invisible se revela al mundo. Juan 1:18; 1 Juan 4:19; Juan 15:12–13
El amor es una palabra que usamos todo el tiempo: amamos a nuestra familia, a nuestras mascotas, a nuestros pasatiempos, a la comida, a los viajes. Pero en nuestra cultura, el significado del amor se ha distorsionado. Se ha vuelto algo cambiante, emocional, manipulable. Por eso surge la pregunta: ¿qué es realmente el amor? ¿Existe un amor más grande que el que conocemos? ¿Qué dice la Biblia sobre el amor?
En el Nuevo Testamento, el idioma griego usa varias palabras para describir diferentes tipos de amor. En esta serie veremos tres: fileo (amor amistoso), eros (amor apasionado) y ágape (amor divino). Comenzamos con ágape porque es el amor más importante de todos. Sin entender el amor ágape, ninguno de los otros amores puede vivirse correctamente.
El amor ágape es amor incondicional y abnegado. Es la forma más elevada de amor, y se origina en Dios mismo.
La Biblia dice: “Dios es amor” (1 Juan 4:8).
1 Juan 4: 8 pero el que no ama (ágape) no conoce a Dios, porque Dios es amor (ágape).
No solo es amoroso; en su esencia, Él es amor. Su amor no cambia según emociones o circunstancias. Él ama porque es su naturaleza amar. Este amor perfecto se describe en 1 Corintios 13.
1 Corintios 13:4-7 El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso 5 ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. 6 No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. 7 El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.
Aquí encontramos la respuesta a nuestra pregunta: ¿qué es realmente el amor? El verdadero amor es el amor ágape, el amor que viene de Dios. Es un amor perfecto, gratuito, sin medida y completamente desinteresado. Se entrega sin esperar nada a cambio y se ofrece sin condiciones, sin importar lo que alguien haya hecho. Si sigues leyendo el versículo 13, verás que la Biblia lo llama el amor más grande de todos.
Ahora bien, cuando pensamos en el amor en nuestra cultura, ¿es esto lo que imaginamos? La mayoría de nosotros diría que no. En nuestras relaciones, muchas veces amamos, pero esperamos algo a cambio. Nuestro amor suele ser impaciente, condicionado y frágil. Amamos a quienes nos aman, y fácilmente “nos desenamoramos”. Imagina por un momento cómo sería nuestro mundo si todos amáramos con amor ágape: matrimonios fuertes, familias sanas, amistades sin rupturas, menos violencia, menos enojo, incluso en la carretera. Y si amáramos a Dios con ese amor perfecto, nuestras iglesias estarían llenas, viviríamos sin miedo ni ansiedad, y confiaríamos plenamente en sus caminos.
Cuanto más pienso en esto, más consciente soy de lo lejos que estoy de merecer el amor de Dios. Veo mi egoísmo, mis fallas y mis motivaciones equivocadas. Tal vez tú también lo sientes: no soy suficiente, he fallado, ¿cómo podría Dios amarme? Pero esa es precisamente la belleza del amor ágape. Dios no nos ama por lo que hacemos o dejamos de hacer. Su amor no depende de nuestro desempeño, sino de su naturaleza. Él es amor, y por eso nos ama incondicionalmente. Su amor se nos da gratuitamente y con sacrificio.
El amor ágape de Dios se muestra más claramente a través de Jesús en la cruz.
Al inicio de mi vida cristiana no entendía realmente el amor de Dios por mí. Ni siquiera entendía el amor en general. Estaba emocionalmente roto, enojado y marcado por un pasado que distorsionó por completo mi visión del amor. Buscaba aceptación en los lugares equivocados y no sabía cómo amar, así que tampoco podía comprender cómo Dios podría amarme a mí.
Recuerdo pensar en todas las cosas terribles que había hecho y preguntarme: “¿Cómo podría Dios amarme? ¿Por qué querría hacerlo?” Luego leía pasajes como 1 Corintios 13 y me veía reflejado en lo contrario: impaciente, egoísta, grosero, enojón. Nada en mí parecía encajar con esa descripción del amor perfecto.
Aun así, aunque estaba cansado de mi pasado, seguí buscando a Dios. Y un día, al leer la Escritura, algo cambió. En ese momento sentí Su amor ágape por mí. No un amor basado en mi desempeño, sino un amor que me alcanzó justo donde estaba. Un amor que me tomó roto y me hizo sentir visto, conocido y profundamente amado.
1 Juan 4:9-10 Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. 10 En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.
No podía creer que Dios me amara tanto como para entregar la vida de Su Hijo por mí. En medio de mi caos entendí que no se trataba de que yo amara a Dios primero, ni de ser lo suficientemente bueno o perfecto. Él me amó antes de que yo hiciera algo, perdonó mis pecados de manera proactiva y me extendió un amor que no dependía de mi desempeño. Me amó con amor ágape, y a través de ese amor se dio a conocer a mi vida.
Esto es lo asombroso del amor ágape: no es solo algo que se dice, es algo que se demuestra. Podemos escuchar que Dios nos ama, pero sus acciones hablan más fuerte que cualquier palabra. El amor ágape siempre se expresa en hechos concretos. Y Dios quiere que entendamos que la evidencia más grande de Su amor ágape es la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Allí vemos ese amor paciente, bondadoso, humilde y perseverante puesto en acción por nosotros.
1 Corintios 13: 4-7. El amor espaciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.
El amor es paciente y bondadoso, y Jesús lo demostró soportando en silencio los golpes, las burlas y la tortura hasta la cruz. No se defendió; se entregó por nosotros. El amor no es orgulloso ni busca reconocimiento, y Jesús, siendo el Rey del cielo, dejó su gloria, nació en un pesebre, lavó los pies de sus discípulos y murió en una cruz. El amor no guarda rencor, y si Jesús llevara un registro de nuestras faltas, no tendríamos esperanza. Pero Él no nos da lo que merecemos; en cambio, perdona nuestros pecados y tomó sobre sí nuestro castigo.
El amor siempre persevera, y el amor de Jesús nunca falla. Él cumplió perfectamente todo lo que Dios requería, vivió una vida marcada por el amor y murió por nosotros por amor. Eso es el amor ágape: amor demostrado en acción, amor que nos alcanza a pesar de lo que hemos hecho, amor completamente desinteresado. El amor ágape es Dios, es Jesús, es lo que Jesús hizo por nosotros. Dios pidió un amor perfecto, y Jesús lo cumplió.
Entonces, ¿qué significa esto para nosotros? Que hoy podemos experimentar ese amor incondicional y abnegado de Dios. Lo recibimos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. El Nuevo Testamento deja claro que el amor ágape es el amor más grande de todos, y se revela plenamente en Jesús, quien murió por nosotros en la cruz.
Y qué maravilloso es saber que Dios nos ama y se preocupa por nosotros de esa manera. Pero este amor no es solo para recibirlo; también es para compartirlo. El amor ágape no se queda entre Dios y nosotros, sino que nos llama a amar a los demás con ese mismo amor. Ese es el siguiente punto.
El amor ágape nos llama a amar a los demás como Cristo nos amó a nosotros. Cuando nos amamos unos a otros, el Dios invisible se revela al mundo.
Quiero leerte algo en las Escrituras que es realmente sorprendente. En Juan 1:18, uno de los primeros escritos del Nuevo Testamento, el apóstol Juan explica cómo el amor de Dios se revela a nosotros por medio de Jesucristo. Allí vemos que, aunque nadie ha visto jamás a Dios, Él se ha dado a conocer de manera visible y personal a través de Su Hijo. Jesús es la expresión perfecta del amor de Dios hecho real, cercano y comprensible para nosotros.
Juan 1:18 Nadie ha visto jamás a Dios; pero el Único, que es Dios, está íntimamente ligado al Padre. Él nos ha revelado a Dios..
En el pasado, Dios se comunicó con su pueblo por medio de profetas y de maneras misteriosas, pero nadie había visto jamás a Dios. Eso es lo que hace este mensaje tan asombroso: en Jesús vemos a Dios mismo. Él demuestra su amor dándose a conocer a través de su Hijo. El Bien eterno se hizo carne y reveló su naturaleza y su amor de una forma cercana y comprensible. ¡Es impresionante!
Y esta verdad es realmente maravillosa. Dios nos ama tanto que se revela a nosotros por medio de Jesús. No es un Dios distante; está cerca. Jesús nos ama tanto que no toma en cuenta nuestros errores. Nos perdona cuando se lo pedimos y borra nuestros pecados. Nos ama tanto que entregó su vida por nosotros. Pero aún hay más. Juan, en uno de sus escritos posteriores, profundiza todavía más en esta increíble realidad del amor ágape.
1 Juan 4:12 Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.
¿Suena familiar? Juan 1:18 y 1 Juan 4:12 muestran una verdad profunda: Dios quiere que amemos a los demás como Él nos ha amado. Más aún, cuando nos amamos unos a otros, el Dios invisible revela Su amor al mundo a través de nosotros. Si eres seguidor de Jesús, esto no es algo pequeño; es un privilegio y una responsabilidad enorme. Juan nos recuerda que nuestro amor es una ventana por la cual otros pueden ver a Dios.
Muchos de nosotros sabemos que Jesús dijo que debemos amar a Dios y amar a los demás. Pero cuando llegamos a la parte de amar a los demás, ahí es donde muchos ponemos un límite. Pensamos: “¿Jesús quiere que ame así? ¿De verdad?” Nos sentimos incapaces. No somos perfectos. Nos cuesta perdonar. Recordamos lo que nos hicieron. Pensamos en cómo nos trata nuestro cónyuge, en quienes se burlan de nuestras creencias, incluso en nuestros “enemigos” deportivos. Amar con amor ágape se siente imposible.
Y es cierto: por naturaleza, nos inclinamos al egoísmo. Queremos justicia. Queremos que otros sientan lo que nos hicieron. Pero aquí está la pregunta clave: ¿no nos dio Jesús Su amor ágape cuando no lo merecíamos? La respuesta es un rotundo sí. Y porque Él nos amó así, ahora nos llama a amar de la misma manera. Recuerda…
1 Juan 4:19 Nos amamos unos a otros, porque él nos amó primero.
Dios ha sido increíblemente paciente con nosotros. No se enoja fácilmente ni lleva un registro de nuestras fallas. Nos amó tanto que entregó a Su Hijo por nosotros. Si Dios ha amado así a pecadores como tú y como yo, entonces ciertamente podemos amar a los demás de la misma manera. Cuando recordamos cómo Jesús nos ha amado —cómo nos ha mostrado el amor ágape perfecto— ese amor debería impulsarnos a amarlo más a Él y a amar también a quienes nos rodean.
Y esto no es simplemente una sugerencia de Jesús; es un mandamiento.
Juan 15:12-13 »Éste es mi mandamiento: Que se amen unos a otros, como yo los he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que éste, que es el poner su vida por sus amigos.
Jesús les dijo a sus seguidores que se amaran unos a otros de la misma manera en que Él los amó: con un amor sacrificial. Este mandamiento nos llama a un tipo de amor completamente nuevo, un amor ágape. Y cuando vivimos este amor, el resultado es poderoso: la gente puede ver que pertenecemos a Jesús, y nuestro amor se convierte en un testimonio que atrae a otros hacia Dios.
Quizá te preguntes: “¿Cómo puedo amar así?” La verdad es que no podemos hacerlo por nuestras propias fuerzas. Necesitamos buscar a Dios, pedirle que nos dé la capacidad y la fortaleza para amar como Él ama. Poner a otros primero no es natural; es sobrenatural. La única manera de dar amor ágape es permanecer en el amor ágape de Dios.
Nuestra capacidad de amar está profundamente conectada con entender quiénes somos y de quién somos. Podemos amar porque Dios nos ama. Podemos perdonar porque Dios nos perdona. Podemos poner a otros primero porque Jesús hizo eso mismo por nosotros. Él nos dio más de lo que merecíamos, y ahora nos llama a hacer lo mismo por los demás. Y con eso en mente, quiero que terminemos con lo siguiente…
Filipenses 2:5-8 Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. 6 Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. 17 – 7 En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre. 8 se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.
¿A quién necesitamos extenderle el amor ágape hoy? ¿A quién debemos perdonar, con quién debemos mostrar humildad, a quién debemos anteponer a nosotros mismos? ¿Quién en nuestra vida necesita ver el amor de Dios a través de nosotros? En nuestras relaciones y en nuestro día a día, ¿recordaremos la magnitud del amor ágape de Jesús por nosotros y lo compartiremos con otros? Ese es mi deseo.
En nuestra cultura, el amor está influenciado por tantas cosas. Se distorsiona por la perspectiva humana y termina siendo moldeado según lo que queremos que sea. Pero ese amor cultural está muy lejos del amor que Dios desea que experimentemos. El amor de Dios va más profundo que cualquier definición humana; trasciende cultura, lenguaje y emociones. Su amor ágape es perfecto. Y cuando realmente lo experimentamos, transforma nuestras vidas y nuestras relaciones de una manera que nada más puede lograr.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- Comparte sobre una persona en tu vida que ama bien. ¿Qué cualidades tiene que hacen que su amor sea especial?
- Lee Juan 21:15–17. ¿Cómo has entendido el hecho de que Jesús repite su pregunta a Pedro tres veces?
- Lee 1 Corintios 13:4–7. Revisa la lista. ¿Cuáles son las más difíciles para ti? ¿Cómo ves el amor descrito como acción en las palabras de Pablo?
- Lee 1 Juan 4:9–10. ¿Cómo difieren la encarnación y la expiación de cualquier otra religión? Reflexiona sobre esta frase: “El ágape se basa en la bondad del que da, no en la dignidad del que recibe.” ¿Por qué es tan importante esta idea? ¿Quién en tu vida necesita escuchar esto?
- Lee 1 Juan 4:19 y Juan 15:12–13. ¿Cómo crees que los cristianos están demostrando el amor ágape hoy? ¿Qué cosas deberíamos estar haciendo para mostrar este amor abnegado a los demás?
- ¿Cómo puedes vaciarte a ti mismo por el bien de otra persona?
¿Qué es el amor eros?
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Puntos de conversación:
- El amor eros es la intimidad física entre un esposo y una esposa dentro del matrimonio. Es un regalo de Dios. Génesis 2:18,24; Proverbios 5:18–19; Cantar de los Cantares 4:9–10
- El eros se intensifica con el amor desinteresado (amor ágape) y se debilita con el egoísmo. El buen eros requiere esfuerzo. Cantar de los Cantares 7:10
- La cultura actual tiene una visión distorsionada del eros. El mensaje de Dios es “no despiertes el amor hasta que sea el momento adecuado”. Cantar de los Cantares 2:7; 1 Corintios 6:18
Hoy, según la cultura, se celebra el día del amor, y todo parece recordarlo: flores, chocolates, tarjetas y detalles que buscan expresar afecto. Es un día en el que muchos desean sentirse amados, porque ese anhelo está profundamente arraigado en todos nosotros.
Pero si alguien está buscando amor de verdad, este es el espacio adecuado. Aquí no hablamos del amor pasajero o cambiante que ofrece el mundo, sino de un amor mayor, un amor que transforma. En esta serie estamos explorando lo que la Biblia enseña sobre el amor, estudiando tres palabras griegas que aparecen en las Escrituras. La semana pasada vimos el amor ágape: el amor incondicional y sacrificial de Dios, revelado plenamente en Jesucristo y ofrecido gratuitamente a quienes creen. Ese amor no solo se recibe; también se comparte.
Hoy nos enfocamos en otro tipo de amor: el amor eros, un amor apasionado e íntimo que Dios diseñó para disfrutarse dentro del matrimonio. Es un tema sensible, así que vale la pena tenerlo en cuenta si hay niños pequeños cerca.
Históricamente, eros se usaba para describir la atracción física y el amor sexual. Con el tiempo, la cultura griega distorsionó profundamente este concepto, usándolo de manera liberal e impía. La corrupción fue tan grande que los autores del Nuevo Testamento evitaron por completo la palabra eros. Incluso su figura mitológica —Eros, luego llamado Cupido por los romanos— terminó asociándose con un amor impulsivo, sin límites y centrado en el deseo.
Sin embargo, esa no era la intención original de Dios. El amor eros no fue creado para la distorsión cultural, sino para la intimidad segura, comprometida y sagrada dentro del matrimonio. Hoy buscamos recuperar ese diseño, mirando este amor a través del lente de la Palabra de Dios. Empecemos con una definición básica del Amor Eros.
El amor Eros es la intimidad física experimentada entre un esposo y una esposa en el matrimonio. Es un regalo de Dios.
A pesar de que el amor eros fue manipulado con el paso del tiempo y no aparece como tal en el Nuevo Testamento, Dios sí nos dejó una imagen clara de Su intención para este tipo de amor. Esa visión no se perdió. De hecho, está bellamente expuesta en el Antiguo Testamento. El amor eros era tan importante para Dios que le dedicó un libro completo en la Biblia: Cantar de los Cantares.
Cantares 1:1-4 Este es el Cantar de los Cantares de Salomón, la mejor de las canciones. (La joven) 2 Bésame, una y otra vez, porque tu amor es más dulce que el vino. … 4 ¡Llévame contigo, ven, corramos!
El rey me ha traído a su alcoba. …
Dios dedicó un libro entero de la Biblia para resaltar la belleza de la intimidad física y sensual dentro del matrimonio. Cantar de los Cantares es una celebración divina del amor apasionado, diseñado por Dios para ser disfrutado en el contexto seguro y comprometido del pacto matrimonial.
Antes de adentrarnos en este libro para ver el amor eros en acción, es importante comprender primero lo que Dios tenía en mente desde el principio. Para eso, debemos volver a Génesis. Allí vemos que Dios creó a Adán para gobernar la tierra y cuidar de Su creación, pero Adán estaba solo. Entonces Dios formó a Eva, una compañera diseñada para compartir relación, intimidad y unidad con él. Desde ese momento inicial, Dios estableció el fundamento para la conexión profunda —emocional, espiritual y física— que Él mismo quiso para el matrimonio.
Génesis 2:18, 23-24 Después, el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda ideal para él». 23 «¡Al fin!—exclamó el hombre—. ¡Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ella será llamada “mujer” porque fue tomada del hombre». 24 Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo.
Adán fue formado del polvo de la tierra, pero Eva fue creada de la propia carne de Adán. Este detalle no es menor: Dios estaba uniendo simbólicamente a ambos, estableciendo una relación única y exclusiva. Desde el principio, Dios definió el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, una relación íntima, física y profundamente cercana. Es en este contexto donde nace el amor eros, un amor que une, que conecta, que hace de dos personas “una sola carne”.
Adán y Eva fueron creados para complementarse y disfrutar de una intimidad reservada únicamente para el matrimonio. El matrimonio, la sexualidad y el amor eros no son inventos humanos; fueron instituidos por Dios. La Biblia deja claro que esposo y esposa deben disfrutar de este regalo. La unión física es un símbolo de unidad, compromiso y entrega mutua. A los ojos de Dios, este es el lugar donde el amor eros encuentra su propósito y su plenitud.
Y cuando hablamos del amor eros, es fundamental recordar que también es un regalo divino. La intimidad física es un don precioso que Dios ha puesto en nuestras manos, y está diseñado para fortalecer, nutrir y alegrar el matrimonio. Es un regalo que merece ser valorado y cultivado dentro del pacto que Dios estableció.
Proverbios 5: 18-19 Que tu esposa sea una fuente de bendición para ti. Alégrate con la esposa de tu juventud. 19 Es una cierva amorosa, una gacela llena de gracia. Que sus pechos te satisfagan siempre. Que siempre seas cautivado por su amor.
Dios deja claro que el amor eros —la intimidad física dentro del matrimonio— es un regalo diseñado para el disfrute mutuo del esposo y la esposa. Sin embargo, este diseño contrasta fuertemente con lo que la cultura actual promueve acerca del amor y el sexo: algo temporal, intercambiable y sin compromiso. Frente a esa visión superficial, la Biblia invita a las parejas casadas a buscar satisfacción, compañía y entrega duradera el uno en el otro.
Cuando llegamos a Cantar de los Cantares, encontramos un verdadero canto nupcial que celebra el matrimonio. Es allí donde el amor eros aparece en su forma más pura. Las expresiones más sensuales y poéticas sobre este tipo de amor en toda la Biblia están en este libro. Lo que vemos entre el esposo y la esposa es hermoso: un amor íntimo, misterioso, exclusivo y profundamente sagrado. Dios revela en estas páginas Su visión del amor eros, mostrándolo como un regalo que fortalece el pacto matrimonial. El tema central del libro es un matrimonio comprometido, apasionado y lleno de intimidad, un vínculo que refleja la unión de “una sola carne”.
Cantar de los Cantares nos recuerda que el amor eros no es algo trivial ni meramente físico, sino parte del diseño divino para un matrimonio duradero y lleno de vida. Es un pacto, una unión profunda, un regalo que Dios mismo instituyó como leemos:
Cantares 8: 6 Ponme como un sello sobre tu corazón, como un sello sobre tu brazo. Pues el amor es tan fuerte como la muerte, y sus celos, tan duraderos como la tumba. …
Es importante recordar que un matrimonio no puede sostenerse únicamente en lo físico o en la sexualidad. Aunque el amor eros es un regalo de Dios, no es el fundamento principal de la relación. Si volvemos al amor ágape —del que hablamos antes— vemos que es la forma más elevada de amor, el que sostiene, nutre y permite que todos los demás tipos de amor florezcan. Sin ágape, el eros pierde profundidad, propósito y dirección.
Eros se intensifica con el desinterés propio (amor ágape) y disminuye por el egoísmo. Un buen eros lleva trabajo.
Cuando somos jóvenes, solemos vivir una etapa intensa de enamoramiento, pero esa emoción puede desvanecerse con el tiempo. La realidad es que podemos enamorarnos y desenamorarnos con facilidad porque, en el fondo, somos egoístas. Nos atraen las cosas mientras nos entretienen, pero cuando nos cansamos, buscamos algo nuevo. Lamentablemente, muchas personas ven el matrimonio y el amor eros de la misma manera: algo que aparece y desaparece según el estado de ánimo. “Hoy siento amor, mañana quizá no”. Y cuando la chispa se apaga, algunos piensan que es momento de buscar fuego en otro lugar.
Pero esa no es la visión bíblica del amor. Un amor basado únicamente en emociones o sentimientos tarde o temprano nos decepcionará. Un amor centrado solo en uno mismo nunca podrá sostener un matrimonio. El amor eros requiere tiempo, energía y compromiso. De hecho, este amor solo florece plenamente cuando está sostenido por el amor ágape: el amor incondicional y abnegado que pone al otro primero. Cuando un matrimonio se compromete de verdad, la pasión se profundiza. Cuando un cónyuge decide priorizar al otro, el resultado es una conexión más fuerte, más íntima y más plena, lo cual también se refleja en una mejor vida sexual.
Sin embargo, nuestra cultura está profundamente confundida respecto al matrimonio. La alta tasa de divorcio y los intentos modernos de redefinir lo que Dios estableció contrastan por completo con la visión de amor que encontramos en Cantar de los Cantares. Y esto es lo que quiero decir:
Cantares 5:2, 6 Yo dormía, pero mi corazón estaba atento, cuando oí que mi amante (mi amado) tocaba a la puerta y llamaba … 6 Le abrí a mi amado, ¡pero él ya se había ido! Se me desplomó el corazón. Lo busqué pero no pude encontrarlo. Lo llamé pero no tuve respuesta.
En este capítulo vemos cómo el matrimonio de la pareja crece y madura a pesar de las dificultades. La escena aparece en forma de un sueño: ella rechaza a su esposo y él se marcha. Es una imagen que bien podría representar esas discusiones o tensiones que todos enfrentamos en el matrimonio. En el sueño, la tristeza la impulsa a buscarlo desesperadamente por la ciudad, pero no lo encuentra de inmediato. Aun así, se mueve con rapidez para restaurar la relación, y finalmente los amantes se reencuentran y se reconcilian. Ese es el mensaje central del capítulo.
Ha pasado un tiempo desde la boda y la joven ya no siente lo mismo que al principio. La etapa de “mariposas en el estómago” se ha desvanecido. El amor ya no se siente tan intenso, y por eso se enfría. En el sueño, ella reconoce que cometió un error: su egoísmo e impaciencia provocaron distancia.
Esta escena revela una verdad profunda sobre el amor eros y el matrimonio: con el paso del tiempo y la familiaridad, el brillo inicial puede disminuir. Los conflictos, las presiones y el cansancio suelen apagar la pasión. Las responsabilidades diarias consumen energía, las expectativas no se expresan o no se cumplen, y de pronto sentimos que “ya no estamos enamorados”. En muchos casos, las parejas se rinden en ese punto. Pero ese no es el deseo de Dios para nuestras relaciones.
El amor eros por sí solo se desvanece, pero se fortalece cuando está sostenido por el amor ágape. Con comunicación honesta, el amor puede reavivarse; el compromiso puede renovarse; el romance puede refrescarse. La clave está en resolver los problemas cuando aún son pequeños. Si la intimidad y la pasión disminuyen, pueden recuperarse. Tal vez alguien piense: “No entiendes mi matrimonio. No sabes lo que ha pasado. No sabes cómo me tratan”. Y es cierto: yo no lo sé, pero Dios sí. Y Él puede obrar un milagro en cualquier matrimonio. Para ello, debemos estar dispuestos a extender la misma gracia que hemos recibido de Él. Dios desea matrimonios llenos de amor ágape, amor y gracia.
Entonces surge la pregunta: ¿cómo reavivar el fuego? ¿Cómo fortalecer el amor en el matrimonio? La verdad es que el amor eros requiere tiempo, energía y compromiso.
Un matrimonio saludable demanda trabajo intencional. ¿Por dónde empezar? Primero, dando a tu cónyuge la atención que necesita. Tomarse el tiempo para conocer verdaderamente al otro es esencial para que el amor florezca.
Cantares 7:10 Yo soy de mi amante, y él me declara como suya.
En Cantar de los Cantares vemos cómo el esposo y la esposa se buscan, se elogian y se conocen profundamente. Esto demuestra un deseo genuino de acercarse el uno al otro, de cultivar fidelidad y compromiso. Antes de este pasaje, el esposo dedica tiempo a elogiar nueve partes del cuerpo de su esposa: su cuello, sus piernas, su ombligo, sus pechos… la ama con intención. Nada de esto fue improvisado. Los poemas de Cantares fueron escritos con dedicación, pensamiento y energía. Son ocho capítulos llenos de comunicación constante, no solo un “te amo” ocasional, sino expresiones profundas de afecto. Es un recordatorio de que conocer y comunicarse con el cónyuge requiere tiempo y presencia.
En otras palabras, el estímulo y el elogio —no la crítica— son esenciales para una relación saludable. Edificarse mutuamente, animarse y aun tener conversaciones difíciles con amor fortalece el vínculo. Durante todo el libro, esta pareja no hace más que afirmarse y honrarse. Es un modelo hermoso para cualquier matrimonio.
Tercero, también es importante disfrutar el uno del otro. Salir juntos, planear momentos especiales, ser creativos e incluso juguetones mantiene viva la conexión. El matrimonio es un regalo de Dios, y Él desea que lo disfrutemos plenamente.
Y cuarto, es vital proteger el compromiso. Renovar los votos en el corazón cada día, resolver los problemas sin dejar que crezcan y no considerar el divorcio como una salida preserva la seguridad emocional del matrimonio. Dios quiere que vivamos en un amor estable, profundo y lleno de paz. Mira cómo concluye Cantar de los Cantares…
Cantares 8:14 ¡Ven conmigo, mi amor! Sé como una gacela, o como un venado joven sobre los montes de especias.
El amor entre Salomón y su amada no perdió intensidad con el tiempo. Su relación se mantuvo firme porque estaba construida sobre devoción y compromiso mutuo. La fidelidad que compartían reflejaba el amor ágape, y el fruto de ese amor profundo era precisamente el amor eros. Vale la pena vivir un matrimonio así: uno donde la pasión se sostiene sobre la base sólida de la entrega y la gracia.
Ahora bien, quizá alguien lea esto y piense: “Esto es extraño… yo no estoy casado. ¿Qué tiene que ver esto conmigo?” En realidad, tiene mucho que ver. El mensaje de Cantar de los Cantares no es solo para matrimonios; es para todos los que desean entender el diseño de Dios para el amor, la intimidad y las relaciones. Nos muestra cómo Dios valora la pureza, la fidelidad, la entrega y la conexión profunda. Nos recuerda que el amor verdadero —en cualquier etapa de la vida— nace de un corazón transformado por el amor ágape de Dios.
La cultura actual tiene una visión distorsionada de eros. El mensaje de Dios es “no despiertes el amor hasta que sea el momento adecuado”.
Todos sabemos que la distorsión del sexo y la sexualidad no comenzó ni terminó con los griegos. Hoy seguimos experimentando las consecuencias de una cultura que ha pervertido el amor eros. La sexualidad está en todas partes: en anuncios, series, redes sociales y prácticamente cualquier espacio digital. El amor eros se ha abaratado y se presenta como algo disponible a cualquier hora, sin compromiso ni propósito. Internet ha abierto puertas para experimentar la sexualidad de maneras impías y dañinas, y con solo unos clics muchos —incluidos niños— son empujados hacia un mundo de engaño sexual.
La verdad es que el amor eros ha sido manipulado para mostrar una imagen completamente distinta a la que Dios diseñó. El estándar de Dios siempre ha sido claro: el amor eros, la intimidad sexual, fue creado para disfrutarse entre esposo y esposa dentro del pacto matrimonial. Todo lo que se sale de ese diseño va en contra de la voluntad de Dios. Eso se llama pecado. No debemos suavizarlo como lo hace el mundo. El pecado sexual está desenfrenado. La pornografía es pecado; es una herramienta del enemigo que destruye el amor eros. La infidelidad es pecado; rompe un pacto sagrado. El sexo antes del matrimonio es pecado; desvía el propósito de Dios para la intimidad. Por eso, Dios nos llama a huir del pecado sexual, no a negociar con él.
1 Corintios 6:18 ¡Huyan del pecado sexual! Ningún otro pecado afecta tanto el cuerpo como este, porque la inmoralidad sexual es un pecado contra el propio cuerpo.
No es sorpresa que este no sea un concepto nuevo. De hecho, si volvemos a Cantar de los Cantares, encontramos la misma advertencia. En medio de esta apasionada carta de amor entre esposo y esposa, aparece una clara protección del amor eros. Hay un mandato repetido, casi como un estribillo, que se convierte en uno de los temas centrales del libro: el amor eros debe manejarse con cuidado, con honra y dentro del diseño de Dios. Cantar de los Cantares no solo celebra la pasión; también la resguarda, recordándonos que la intimidad tiene un tiempo, un lugar y un propósito establecidos por Dios.
Cantares 2:7, 3:5, 8:4 Prométanme, oh mujeres de Jerusalén … que no despertarán al amor hasta que llegue el momento apropiado.
La distorsión del sexo y la sexualidad no es algo nuevo, pero hoy la vemos con más fuerza que nunca. Nuestra cultura ha tomado el amor eros y lo ha reducido a un producto barato, accesible en cualquier momento y despojado de su propósito. La sexualidad aparece en anuncios, series, redes sociales y en cada rincón del internet. Con solo unos clics, cualquiera —incluso niños— puede ser arrastrado hacia un mundo de engaño sexual. Es una realidad dolorosa, pero evidente: el amor eros ha sido manipulado para mostrar algo muy distinto a lo que Dios diseñó.
La verdad es que Dios estableció un estándar claro para Su pueblo: el amor eros, la intimidad sexual, fue creado para disfrutarse entre esposo y esposa dentro del matrimonio. Todo lo que se sale de ese diseño va en contra de Su voluntad. Eso es pecado. No debemos suavizarlo como lo hace el mundo. La pornografía es pecado; destruye el amor eros y es una herramienta del enemigo. La infidelidad es pecado; rompe un pacto sagrado. El sexo antes del matrimonio es pecado; desvía el propósito de Dios para la intimidad. Por eso, Dios nos llama a huir del pecado sexual, no a coquetear con él.
Y este es el tema central: la pureza antes del matrimonio importa. No debemos despertar el amor eros antes del tiempo adecuado. No podemos permitir que el mundo distorsione lo que Dios creó como perfecto. Si estamos solteros, debemos guardar el amor eros para nuestro futuro cónyuge. Si estamos casados, debemos honrarlo dentro del matrimonio y no buscarlo fuera de él. Aunque el mundo trate el sexo con ligereza y lo haga tan accesible, Dios tiene algo mejor reservado para quienes permanecen puros. No necesitamos apresurar los sentimientos románticos ni forzar el amor; Dios sabe exactamente a quién tiene preparado para cada uno.
La perseverancia en la moralidad honra a Dios, y Él promete recompensa. Cuando caminamos en pureza, encontramos Su favor, el favor de nuestro cónyuge y un amor que puede ser puro, fuerte y duradero.
Cantares 8:10 Yo era virgen como un muro … Cuando mi amante me mira se deleita con lo que ve.
Al final de Cantar de los Cantares vemos que el amor entre Salomón y su amada no disminuyó. Su relación se mantuvo firme porque estaba construida sobre una base pura, comprometida y duradera. Ellos protegieron el amor eros, y su fidelidad reflejó el amor ágape. El fruto fue un amor apasionado, estable y lleno de vida. Vale la pena vivir un amor así.
Pero aquí es importante hacer una pausa. Algunos de nosotros hemos fallado en esta área. Tal vez hemos cruzado límites, cedido a la tentación o permitido que el pecado sexual distorsione lo que Dios diseñó como bueno. Y quiero que esto quede absolutamente claro: si hemos fallado, no debemos quedarnos estancados en la culpa. En Cristo hay perdón, restauración y un amor ágape que cubre, limpia y renueva. El Evangelio es precisamente para esto: para levantarnos cuando caemos.
Donde sea que estemos en nuestro camino —casados, enamorados, saliendo con alguien o solteros— todos anhelamos experimentar amor. Por eso es tan importante comprender el propósito del amor eros. Este amor fue diseñado para el matrimonio, para fortalecer la unión y profundizar la intimidad. Si estás casado y estás luchando, dedica tiempo y energía a tu relación. Lean juntos Cantar de los Cantares, recuerden el amor que los unió y trabajen para reavivar la conexión. Si están en una etapa de mucha pasión y cercanía, sigan cultivando ese amor; fortalézcanlo con intención.
Si no estás casado y estás saliendo con alguien, permanece puro. Dios honra ese compromiso. Y si estás soltero, espera con paciencia. Dios sabe exactamente a quién tiene preparado para ti. Joven, protégente y guárdate; tu futuro matrimonio será bendecido por tu fidelidad hoy.
Y para quienes sienten que han fallado, recuerda esta verdad: todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. Pero también tenemos un Salvador que restaura. Corre hacia Él con un corazón arrepentido. Él perdona. Él renueva. Él hace nuevas todas las cosas.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- Mira este video para obtener una visión rápida del libro). ¿Cuál es tu familiaridad con Cantar de los Cantares? ¿Por qué crees que merece estar incluido en la Biblia? ¿Cómo ha disminuido nuestra cultura el amor eros?
- Lee Proverbios 5:18–19. ¿Cómo revela este pasaje la manera en que Dios desea que sea la relación sexual entre un esposo y una esposa?
- Lee Cantar de los Cantares 6:4, 8–9 y Cantar de los Cantares 7:1–6, 10. ¿Cómo tiende a perderse el amor eros dentro del matrimonio? ¿Cómo puede volverse egoísta este tipo de amor? ¿Por qué requiere trabajo para que el eros funcione bien en el matrimonio?
- Lee Cantar de los Cantares 2:7, Cantar de los Cantares 3:5 y Cantar de los Cantares 8:4. ¿Por qué es dañino despertar el amor eros antes del matrimonio? ¿Cuáles son algunas de las consecuencias de compartir el amor eros fuera del contexto que Dios diseñó? ¿Qué consejo darías a los jóvenes que están siendo influenciados por nuestra cultura hipersexualizada?
¿Qué es el amor fileo?
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Puntos de conversación:
- Fileo es un afecto hacia otros que crece más allá de un buen sentimiento y se convierte en un compromiso mutuo. Juan 11:1-3, 35-36
- Los cristianos se distinguen por un amor mutuo que nace de nuestra identidad y experiencia compartida en Cristo. Este amor trasciende cualquier otra cosa que tengamos en común con alguien. 1 Tesalonicenses 4:9-10, Romanos 12:10
- Fileo es la base de una conexión profunda y duradera que compartimos con nuestros amigos más cercanos. Son los amigos que necesitamos para crecer en la vida y en la fe. 1 Samuel 18:1-3, Proverbios 17:17; 27:6; 27:17
Hasta ahora hemos hablado del amor ágape y del amor eros. Eros es el amor sensual; ágape es el amor desinteresado y sacrificial. El desafío es que, tanto en español como en inglés, solo tenemos una palabra —“amor”— para describir todas estas dimensiones. Por eso es tan fácil confundirse cuando usamos la misma palabra para hablar de cosas tan distintas. Pero además de ágape y eros, la Biblia habla de un tercer tipo de amor que es esencial para la vida cristiana: el amor fileo.
Este amor se describe con la palabra griega phílos o phileō, que en español expresamos como “amor fileo”. Si te suena familiar, es porque aparece en muchas palabras que usamos hoy: filosofía (amor por la sabiduría), filantropía (amor por la humanidad), filarmónica (amor por la música hermosa). El amor fileo es el que tenemos en mente cuando decimos: “Amo a mi familia”, “Amo a mis compañeros de equipo”, “Amo a la gente de mi grupo de conexión”, “Amo a mis amigos”. Es el amor de amistad profunda, de afecto leal, de compañerismo verdadero.
Hoy quiero mostrarte lo importante que es el amor fileo. Este amor llena el espacio entre el amor ágape y el amor eros. Es el amor que sostiene las amistades verdaderas, las que Dios usa para formarnos, corregirnos, animarnos y acompañarnos. Y es especialmente fundamental porque nuestra cultura está perdiendo el arte de la amistad. Cada vez más personas viven aisladas, desconectadas de relaciones significativas. Las redes sociales han redefinido lo que significa “amigo”, reduciéndolo a un clic o a un seguidor. Muchos ven las amistades solo en términos de “¿Qué gano yo?”. Otros piensan que si no hay romance, la relación no importa. Y así, la amistad se pasa por alto, se subestima y se descuida.
Pero todos necesitamos el tipo de amigo del que habla la Biblia. Necesitamos amistades arraigadas en este tercer tipo de amor: el amor fileo. Porque sin amistades verdaderas, no podemos crecer a nuestro máximo potencial en la vida ni en la fe. Dios nos diseñó para caminar acompañados, para ser fortalecidos por otros y para fortalecer a otros. El amor fileo no es opcional; es esencial para una vida cristiana plena.
El amor fileo —o filo— es un afecto hacia los demás que crece más allá de un simple buen sentimiento y se convierte en un compromiso mutuo.
No es un amor superficial ni pasajero; es un amor que se profundiza con el tiempo, que se expresa en lealtad, cercanía y amistad verdadera. La Biblia usa el sustantivo fileo y también varias palabras relacionadas. En conjunto, este grupo de términos describe la amistad: ese vínculo con alguien que te agrada, te importa, a quien tratas con bondad y afecto, y a quien deseas lo mejor. A veces, en las traducciones al español, aparece como “amor”; otras veces, como “amigo”. En esencia, este tipo de amor es la base de relaciones reales, profundas y significativas.
Para entenderlo mejor, pensemos en cómo estas palabras se aplican a Jesús. La Biblia usa fileo para describir Su afecto por personas cercanas a Él, como Lázaro. No era un amor distante ni meramente espiritual; era un amor tierno, humano, lleno de cercanía y emoción. Jesús lloró por su amigo. Jesús mostró cariño. Jesús vivió el amor fileo.
Este amor es el que sostiene amistades verdaderas. Es el amor que crea conexiones profundas, que nos ayuda a crecer, que nos acompaña en la vida y en la fe. Es el amor que necesitamos para caminar juntos, para animarnos, para corregirnos, para fortalecernos mutuamente.
Juan 11:1,3 Un hombre llamado Lázaro estaba enfermo. Vivía en Betania con sus hermanas María y Marta. … 3 Así que las dos hermanas le enviaron un mensaje a Jesús que decía: «Señor, tu querido amigo está muy enfermo».
Jesús tenía una relación cercana con esta familia: María, Marta y Lázaro. Cuando Lázaro enfermó, sus hermanas enviaron a buscar a Jesús no solo por Su poder, sino porque era un amigo querido. Cuando Jesús llegó, Lázaro ya había muerto, y aun así pidió que lo llevaran a la tumba donde había sido enterrado.
Juan 11:35-36 Entonces Jesús lloró. 36 La gente que estaba cerca dijo: «¡Miren cuánto lo amaba!».
Cuando la gente vio la reacción de Jesús, lamentándose por su amigo, quedó claro que Él lo amaba. Es la misma palabra usada en el versículo 3, mostrando cómo fileo puede traducirse tanto como “amor” como “amigo”. No era un simple conocido; era alguien por quien Jesús tenía un gran afecto, y por eso se conmovió profundamente cuando su amigo murió. Con esto en mente, aquí tienes un resumen de seis características del amor fileo, basadas en cómo se usa este grupo de palabras en el griego bíblico.
La primera característica es que fileo se basa en una identidad o experiencia común. Una identidad compartida crea un vínculo, como ocurre con la ciudad de Filadelfia (“amor fraternal”). Lo mismo sucede cuando conoces a alguien de tu ciudad natal, de tu escuela o con quien has vivido experiencias juntos: jugar en el mismo equipo, trabajar en un proyecto o ayudar a los vecinos después de una tormenta. Esa afinidad básica crea conexión.
La segunda característica es que implica cariño, admiración y aprecio. Fileo es cuando simplemente te gusta alguien, disfrutas su compañía y te alegra verlo. Cuando Jesús manda amar a los enemigos, usa ágape, no fileo, porque fileo incluye afecto y calidez. No siempre podemos sentir eso por todos, pero fileo sí tiene ese elemento emocional.
La tercera característica es que es mutuo. Fileo es recíproco; no puedes decir: “Soy su amigo, pero él no es mi amigo”. La atracción romántica puede ser unilateral, y el amor ágape puede darse sin recibirlo de vuelta, pero fileo requiere correspondencia.
La cuarta característica es que es intencional. Puede comenzar con algo en común, pero necesita inversión para crecer. No exige el nivel de sacrificio de ágape, pero sin esfuerzo no avanza.
La quinta característica es que promueve el bienestar. Dos personas desean lo mejor el uno para el otro.
La sexta característica es que sobrevive a las pruebas. A medida que crece, este tipo de amor puede superar crisis y fortalecerse.
La Biblia sugiere dos formas principales en que los cristianos experimentan el amor fileo: en cómo tratamos a todos los creyentes y como base de nuestras amistades más profundas.
Los cristianos están marcados por un amor mutuo arraigado en nuestra identidad compartida y experiencia en Cristo. Este amor trasciende todo lo que tenemos en común con cualquier otra persona.
Dije anteriormente que parte del amor fileo es una identidad o experiencia compartida. Como seguidores de Cristo, nuestra identidad más básica es que pertenecemos a Jesús, y nuestra experiencia en Él trasciende cualquier otra similitud: mucho más que el lugar donde creciste, la escuela a la que fuiste, tu generación, tu política, tu cultura o tu etnia. Si eres cristiano, quiero asegurarme de que no te pierdas esto.
1 Tesalonicenses 4:9-10 Pero no hace falta que les escribamos sobre la importancia de amarse mutuamente, pues Dios mismo les ha enseñado a amarse unos a otros. 10 Es más, ustedes ya muestran amor por todos los creyentes en toda Macedonia. Aun así, amados hermanos, les rogamos que los amen todavía más.queridos hermanos y hermanas, los instamos a amarlos aún más.
Este pasaje no habla de un amor tipo ágape, sino de cómo nos cuidamos unos a otros por nuestro vínculo común en Cristo. El apóstol Pablo elogió a estos cristianos por el amor que tenían por todos los creyentes en toda la región. Estoy seguro de que no conocían personalmente a cada cristiano en Macedonia, pero los veían por lo que realmente eran: hermanos y hermanas en su nueva familia en Cristo.
Romanos 12:10 Ámense unos a otros con un afecto genuino y deléitense al honrarse mutuamente.
El resto de estos capítulos nos muestra cómo se ve el amor fileo en nuestras relaciones con otros cristianos: ayudar a los demás cuando lo necesiten, ser hospitalarios, compartir alegrías y dolores, no creernos mejores que otros y buscar la reconciliación cuando hay un problema. Estamos llamados a valorar a otros cristianos y ser devotos unos a otros, no porque apoyemos al mismo equipo o votemos igual, sino por lo que Jesús ha hecho por nosotros.
He adorado con cristianos en muchos lugares diferentes, en idiomas que no hablo, con comidas, apariencias y costumbres distintas, pero siempre había un vínculo inmediato porque todos sabíamos que somos hermanos y hermanas en Cristo. Esa identidad compartida y nuestra experiencia común de salvación es mucho más fuerte que cualquier diferencia entre nosotros. Tal vez hayas notado que los seres humanos no se llevan muy bien, especialmente cuando pertenecen a grupos distintos. La historia del mundo está llena de conflictos entre grupos, ya sea en tu ciudad o alrededor del mundo.
En Efesios 2 vemos que cuando Jesús murió en la cruz, Su sacrificio reconcilió a cada individuo con Dios, pero también nos reconcilió entre nosotros. La cruz nivela el terreno y destruye la hostilidad porque nos da una nueva identidad que trasciende lo antiguo. Este es el poder de Jesús y lo que hizo por ti. Esta nueva identidad se vuelve tuya cuando te alejas de la vida autodirigida, te vuelves a Jesús y confías tu vida y tu eternidad a Él.
Él amor fileo es la base de una conexión profunda y duradera que compartimos con nuestros amigos más cercanos. Estos son los amigos que necesitamos para ayudarnos a crecer en fe y en la vida.
Así que hemos visto que fileo es un tipo de amor diferente al ágape o al eros. Se basa en la identidad y las experiencias compartidas, e implica afecto mutuo, simplemente gustarse mutuamente. Aquí es donde comienzan las mejores amistades. No significa que tendrás una amistad profunda con todos los cristianos, pero sí necesitas tenerla con al menos algunos. Tampoco significa que, por ser cristiano, no puedas tener amigos que no lo sean; puedes y debes, como lo hizo Jesús. Si vives toda tu vida dentro de una burbuja cristiana, no has entendido tu misión ni el corazón de Jesús.
Quizás el ejemplo más fuerte en la Biblia es la amistad entre David y Jonatán.
1 Samuel 18:1-3 Después de que David terminó de hablar con Saúl, conoció a Jonatán, el hijo del rey. De inmediato se creó un vínculo entre ellos, pues Jonatán amó a David como a sí mismo. 2 A partir de ese día Saúl mantuvo a David con él y no lo dejaba volver a su casa. 3 Jonatán hizo un pacto solemne con David, porque lo amaba tanto como a sí mismo.
Lo que vemos en este pasaje es que las grandes amistades implican compromiso. Es cierto que David y Jonatán se llevaron bien y se agradaron de inmediato, pero de esa conexión surgió un fuerte compromiso. No puedes ser pasivo y esperar tener amistades profundas; muchas personas nunca las experimentan porque son demasiado egocéntricas para invertir en otra persona. Si sigues la historia de David y Jonatán, verás que Dios estaba en el corazón de su amistad. En 1 Samuel 23, cuando David estaba deprimido y asustado, Jonatán lo encontró y lo animó, y más específicamente, lo fortaleció en su fe. También verás que estaban dispuestos a correr riesgos el uno por el otro.
El padre de Jonatán, Saúl, era el rey, y Jonatán era el heredero del trono, pero Dios había prometido el trono a David. Saúl vio a David como un rival y lo convirtió en un fugitivo, decidido a sacarlo del camino. En 1 Samuel 20, Jonatán arriesgó la ira de su padre, se reunió en secreto con David y lo ayudó a escapar. No puso su propio futuro ni su seguridad primero. El libro de Proverbios también habla mucho sobre la amistad, y de muchos pasajes, estos muestran que las amistades maduras son leales incluso en la adversidad.
Proverbios 17:17 Un amigo es siempre leal, y un hermano nace para ayudar en tiempo de necesidad.
Lo dijimos antes: este tipo de amor sobrevive a las pruebas y a las crisis. Un verdadero amigo se queda contigo sin importar lo que suceda, y eso lo vimos claramente en la relación entre Jonatán y David. ¿Quién es esa persona en tu vida? Las grandes amistades también son honestas.
Proverbios 27:6 Las heridas de un amigo sincero son mejores que muchos besos de un enemigo.
A esto lo llamo “apuñalarlo por enfrente”, no por la espalda. A veces necesitamos escuchar la verdad incómoda, y duele recibirla. Ser así de honesto es arriesgado, pero es un acto de amor hacia un amigo. Las amistades más profundas se benefician mutuamente.
Proverbios 27 :17 Como el hierro se afila con hierro, así un amigo se afila con su amigo.
Está hablando de cómo se afila una espada o un cuchillo, y su punto es que los verdaderos amigos te hacen mejor y tú los haces mejores. Así como Jonatán fortaleció la confianza de David en Dios cuando todo se veía oscuro, así funciona el amor fileo: amigos que se afilan mutuamente.
Él amor fileo es la base de una conexión profunda y duradera que compartimos con nuestros amigos más cercanos. Estos son los amigos que necesitamos para ayudarnos a crecer en fe y en la vida.
Lo principal que quiero que notes es que este tipo de amistad te ayuda a crecer en la vida y en la fe. Por eso todos necesitamos cultivar amistades profundas. Si no tienes a alguien que esté contigo en momentos de necesidad, que te anime a mantenerte fuerte en tu relación con Dios, que te diga la verdad que necesitas escuchar o que te afile, ¿cómo vas a crecer realmente como ser humano? ¿Cómo vas a crecer en tu relación con Dios?
Así que seamos prácticos. Para quienes están casados, ya hablamos de cómo el amor ágape y el amor eros se aplican al matrimonio. Hoy puedes ver lo importante que es también el amor fileo en el matrimonio. Un gran matrimonio tiene los tres tipos de amor: compromiso, intimidad y profunda camaradería y afecto. ¿Estás invirtiendo en eso en tu matrimonio, o solo son compañeros de cuarto?
Por supuesto, la amistad profunda no se limita al matrimonio. Si estás casado, necesitas amigos verdaderos además de tu cónyuge. Si no estás casado, este tipo de amigo es muy valioso, así que vale la pena buscarlo. No pierdas oportunidades de amistad porque estás poniendo todas tus esperanzas en casarte algún día. Y si ya tienes personas así en tu vida, no las des por sentado. Necesitas seguir alimentando esas amistades: comunícate, dedica tiempo, haz llamadas, ponte al día con su vida.
Si no tienes a alguien así, es hora de empezar a buscar. Sé intencional. Forma parte de un grupo de conexión o únete a un equipo de servicio en la iglesia. A medida que conoces gente allí, da un paso más: invita a alguien, forma un pequeño grupo, haz algo juntos. Esto también puede surgir en una relación de mentoría; quizá no comience como amistad, pero puede convertirse en una. Y sí, es verdad lo que decía tu mamá: tienes que ser un amigo para hacer un amigo. No podemos esperar tener amistades profundas si no estamos dispuestos a ofrecerlas nosotros mismos.
Estos tres tipos de amor tienen un lugar en la vida cristiana, pero no pases por alto el amor fileo, porque define cómo debes mirar y relacionarte con otros cristianos como tus hermanos y hermanas en Cristo. Comprender el amor fileo debería cambiar la forma en que tratas a tus amigos, lo que haces para construir esas amistades y por qué, en última instancia, es parte de tu identidad como seguidor de Jesús. Él murió en la cruz para reconciliarte con Dios, pero también para reconciliarte con los demás, de modo que puedas tener verdaderos amigos que te ayuden a crecer en la vida y en la fe.
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- ¿Quién es alguien a quien tienes que amar (ágape)? ¿Quién es alguien a quien quieres amar (philia)?
- Lee Juan 11:1-3 y 35-36. ¿Cómo demostró Jesús el amor philia en esta historia?
- Lee 1 Tesalonicenses 4:9-10. ¿Por qué fue más fácil para la iglesia primitiva ser una “hermandad unida”? ¿Qué se necesitaría para que nosotros volviéramos a eso hoy?
- Lee 1 Samuel 18:1-3. ¿Quiénes son dos o tres de tus amigos del alma? ¿Cómo te han ayudado a acercarte más a Jesús?