Cada nuevo año trae una presión familiar: hacer más, ser mejores, esforzarnos más. Pero la noche antes de Su crucifixión, Jesús les ofreció a Sus discípulos algo radicalmente diferente. En un momento lleno de incertidumbre, ansiedad y transición, Él reveló los verdaderos secretos para una vida fructífera, no por medio del esfuerzo, sino por medio de la conexión.
Juan 15 no es un pasaje típico de Año Nuevo, pero quizá sea el capítulo más importante para entrar en una nueva temporada. Jesús y Sus discípulos están en el Aposento Alto. Él les ha lavado los pies. Han compartido la Última Cena. Judas ya se ha ido. El peso de lo que viene se siente en el ambiente.
Este momento se siente como un discurso final: Jesús preparando a Sus seguidores más cercanos para vivir sin Su presencia física. Dos veces en Juan 14 les dice que no dejen que su corazón se turbe ni tenga miedo. Y aun así, claramente lo están.
Podemos relacionarnos. Ninguno de nosotros sabe lo que nos espera en el año que viene. No sabemos qué desafíos, cambios o pérdidas podrían venir. Entonces, ¿cómo podemos vivir sin miedo? Jesús responde esa pregunta en Juan 15. Y de ese pasaje aprendemos tres “secretos”, por llamarlos así, que nos ayudarán para tener una vida fructífera.
Secreto #1: Piensa como productor, no como consumidor
Jesús comienza con una metáfora:
Juan 15:1–2 (NTV) »Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Él corta de mí toda rama que no produce fruto y poda las ramas que sí dan fruto, para que den aún más
Los discípulos probablemente estaban confundidos. Estaban enfocados en sí mismos: ¿Por qué te vas? ¿Por qué no podemos ir contigo? Pero Jesús cambia la perspectiva. Mueve el enfoque hacia afuera. Y es que la fructificación (el llevar fruto) no se trata de mejorarnos a nosotros mismos; se trata de impacto.
Una mentalidad de consumidor pregunta: ¿Qué obtengo de esto? Una mentalidad de productor pregunta: ¿Qué puede hacer Dios a través de mí? Esto cambia todo: nuestro matrimonio, nuestra crianza, nuestro trabajo, nuestra participación en la iglesia.
En lugar de vernos como víctimas de las circunstancias, comenzamos a preguntar cómo podemos traer paz, servir a otros y hacer discípulos. Jesús acababa de modelar esto al lavar los pies de Sus discípulos. Una vida fructífera comienza cuando dejamos de hacer que todo gire alrededor de nosotros. El centro de nuestra vida debe ser Cristo.
Secreto #2: Mantente conectado a la Vid
Jesús continúa su relato:
Juan 15:4–5 (NTV) Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí. 5 »Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.
Nota que la imagen presentada aquí es orgánica, no mecánica. Las ramas no se esfuerzan para producir fruto; simplemente permanecen conectadas. Esto va en contra de cómo solemos pensar. Nos enseñan a maximizar el esfuerzo, construir mejores hábitos y buscar más dentro de nosotros mismos.
Pero Jesús dice que el fruto viene de permanecer, de aprender el arte de estar con Él. Eso es más difícil de lo que parece. Muchos somos buenos para hacer cosas para Dios, pero no para estar con Dios.
Permanecer requiere prácticas intencionales que nos desaceleren y creen espacio para la relación: tomarse un tiempo a solas, de quietud y descanso. Jesús no necesita que produzcamos resultados para Él. Quiere hacer algo en nosotros antes de trabajar a través de nosotros.
Secreto #3: Deja que la obediencia fluya de la relación.
Jesús explica lo que realmente significa permanecer mantenerse conectado a él:
Juan 15:9–10 (NTV) »Yo los he amado a ustedes tanto como el Padre me ha amado a mí. Permanezcan en mi amor. 10 Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Permanecer en una relación con Jesús no es místico ni complicado. Es relacional. Jesús lo llama amor. La relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu existía antes del tiempo.
Durante Su vida terrenal, Jesús vivió en obediencia amorosa al Padre, y ahora invita a Sus discípulos a esa misma relación. La obediencia no gana amor; lo expresa. Una relación real con Jesús siempre produce obediencia con el tiempo. No perfección, sino transformación.
Pero ¿cuál es el “por qué”? ¿Cuál es la motivación de Jesús para decirles estas cosas a Sus discípulos? Que sean productores, no consumidores. Que permanezcan conectados a Él. Que vivan en obediencia a Él. Es un versículo apropiado para cerrar el año:
Juan 15:11 (NTV) Les he dicho estas cosas para que se llenen de mi gozo; así es, desbordarán de gozo.
Este es el objetivo, no presión, culpa o miedo, sino gozo. Al entrar en una nueva temporada, Jesús nos invita a una vida fructífera marcada por impacto, conexión, obediencia y un gozo que desborda. Estos son los “secretos” dados a Sus discípulos. Y ¿sabes qué? Siguen funcionando.