La visión tricotomista es la perspectiva teológica de que los seres humanos están compuestos de tres partes distintas: cuerpo, alma y espíritu. Mientras que la visión “dicotomista” —la idea de que el ser humano es un ser unificado compuesto de lo material (cuerpo) y lo inmaterial (alma/espíritu)— ha sido la posición más dominante a lo largo de la historia de la iglesia, la tricotomía busca hacer una distinción más marcada entre nuestra vida psicológica y nuestra vida espiritual. Según este marco, el alma y el espíritu no son simplemente palabras diferentes para lo mismo, sino componentes separados con funciones únicas.
El marco de las tres partes
La palabra “tricotomía” proviene del término griego tricha, que significa “triple”. En este modelo, la persona humana se categoriza en tres capas. El cuerpo es el recipiente físico que se relaciona con el entorno. El alma se define como el asiento de la mente, la voluntad y las emociones —esencialmente la personalidad humana—. Finalmente, el espíritu se considera una parte más elevada y distinta del ser inmaterial, diseñada específicamente para tener comunión con Dios.
Los defensores de esta visión se apoyan principalmente en algunos pasajes específicos del Nuevo Testamento donde las palabras “alma” y “espíritu” aparecen en la misma lista. Argumentan que, si estos términos fueran realmente intercambiables, los autores bíblicos no los habrían colocado uno al lado del otro como entidades separadas.
1 Tesalonicenses 5:23 (NTV) Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva.
Distinguiendo el espíritu del alma
La afirmación central de la tricotomía es que el alma (psuché) y el espíritu (pneuma) cumplen roles diferentes. Los tricotomistas suelen sugerir que el alma representa nuestra “autoconciencia”, mientras que el espíritu representa nuestra “conciencia de Dios”. En esta visión, el alma es lo que nos permite pensar, razonar y sentir, mientras que el espíritu es la parte que quedó “muerta” por la Caída y debe “nacer de nuevo” para percibir la verdad espiritual.
Los críticos de esta visión, especialmente quienes sostienen la postura dicotomista, señalan que la Biblia usa “alma” y “espíritu” de manera intercambiable con frecuencia. Por ejemplo, la Biblia dice que podemos amar a Dios con nuestra “alma” (Marcos 12:30) y que nuestro “espíritu” puede experimentar angustia emocional (Juan 13:21). Sin embargo, los tricotomistas mantienen que, aunque se superpongan, debe existir una distinción debido a pasajes como Hebreos 4:12, que describe la Palabra de Dios como una espada que divide ambos.
Hebreos 4:12 (LBLA) Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.
El orden funcional y la Caída
En un marco tricotomista, la salud espiritual se entiende como una jerarquía de autoridad. Antes de que el pecado entrara al mundo, el espíritu del hombre estaba en unión directa con Dios, proporcionando liderazgo al alma, que a su vez dirigía al cuerpo. El pecado se ve como la interrupción de este orden, donde el espíritu se vuelve inactivo, dejando que el alma y el cuerpo sean impulsados por deseos naturales y lógica mundana en lugar de guía divina.
Aunque esto ofrece una ilustración clara del crecimiento espiritual, muchos teólogos prefieren la visión dicotomista porque evita el riesgo de “compartimentalizar” a la persona. Si vemos el alma y el espíritu como completamente separados, podríamos pensar erróneamente que nuestro “espíritu” puede permanecer puro mientras nuestra “alma” (pensamientos y emociones) lucha con el pecado. La mayoría de los evangélicos argumentan que todo el ser inmaterial —alma/espíritu— fue corrompido por la Caída y está siendo redimido como un todo unificado.
Implicaciones prácticas de la visión
A pesar del debate teológico, la visión tricotomista ofrece una manera particular de entender el conflicto interno. Sugiere que el “tira y afloja” que muchos cristianos sienten es el espíritu (influenciado por Dios) luchando contra el alma (influenciada por los deseos humanos naturales). Anima a los creyentes a mirar más allá de su estado emocional (alma) para encontrar un ancla espiritual más profunda.
Sin embargo, es importante recordar que, ya sea que nos veamos como dos partes o tres, el objetivo de Dios es el mismo: la redención de la persona completa. No buscamos tener un “espíritu santo” mientras mantenemos un “alma mundana”. Queremos que el Espíritu Santo transforme nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. Aunque la tricotomía ofrece un mapa detallado de la naturaleza humana, el enfoque bíblico sigue siendo la unidad de nuestra devoción a Cristo.
Enseñanza clave
La visión tricotomista sostiene que los seres humanos están formados por tres partes: cuerpo, alma y espíritu. Aunque ofrece una forma interesante de categorizar nuestras experiencias internas, muchos estudiosos bíblicos prefieren la visión dicotomista, viendo “alma” y “espíritu” como dos nombres para un mismo ser interior. Sea cual sea el marco teológico, la verdad central es que Dios quiere santificar cada parte de nosotros: corazón, alma, mente y fuerzas.
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Fuentes para este artículo:
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