Hoy comenzamos una serie de nueve semanas sobre el libro de Hebreos. Aunque está en el Nuevo Testamento, muchas veces suena como si fuera parte del Antiguo Testamento. La audiencia original probablemente eran cristianos judíos que enfrentaban una persecución intensa. Muchos estaban siendo tentados a abandonar su fe y regresar a la seguridad del judaísmo tradicional.
El mensaje principal del libro es directo y poderoso: Jesucristo es superior a cualquier persona, sistema o revelación que vino antes de Él. Volver al Antiguo Pacto sería apartarse del cumplimiento de todas las promesas de Dios. En otras palabras, si Jesús es la plenitud, regresar atrás sería perderlo todo.
Hasta aquí, ese sería el resumen de toda la serie… ¡listo! (jaja). Pero eso solo nos da la vista panorámica. Ahora vamos a entrar en los detalles. Antes de avanzar, surge una pregunta interesante: ¿quién escribió Hebreos? El capítulo 1 nos da varias pistas. Pablo pudo haber influido en algunas ideas, pero definitivamente no fue el autor directo. Las razones principales son dos: las pistas textuales y el estilo de escritura.
Las cartas de Pablo están escritas en un griego sencillo y directo. Hebreos, en cambio, es uno de los escritos más sofisticados de todo el Nuevo Testamento. El capítulo 1 lo demuestra claramente.
Hebreos 1 es una verdadera obra maestra. Combina arte literario elevado con doctrina profunda, usando las formas más altas de retórica del mundo antiguo para exaltar a su tema central: Jesucristo. La belleza literaria no es adorno; apunta a una verdad teológica: Jesús es la revelación superior, final y perfecta de Dios.
Hoy nos enfocaremos en los primeros cuatro versículos. Esta es la semana 1 de 3 sobre Cristología, el estudio de la persona y obra de Jesús.
En el griego original, los versículos 1 al 4 forman una sola oración majestuosa, conocida como una oración periódica —un tipo de oración larga y cuidadosamente construida que mantiene la tensión hasta el final. Esta sección, llamada exordio —la introducción formal de un discurso diseñada para preparar y atraer a la audiencia— está pensada para captar la atención con su belleza retórica y su peso teológico.
El autor usa aliteración, paralelismo y contraste para mostrar cómo Dios habló en el pasado y cómo habla ahora. Y uno de los momentos literarios más impresionantes es la descripción rápida y precisa de Jesús en los versículos 2 y 3. Allí encontramos siete atributos distintos del Hijo, un retrato perfecto de su divinidad y su obra. En la Biblia, el número siete simboliza plenitud o perfección.
Hoy veremos el texto y explicaremos esos siete atributos. Pero antes de llegar a los “siete grandes”, el autor comienza así…
Hebreos 1:1-4 (NTV) Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas. 2 Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo.
Hagamos una pausa aquí antes de seguir leyendo. Vale la pena detenernos un momento para observar lo que el autor está haciendo en los versículos 2 y 3. Estamos a punto de llegar a lo que muchos llaman los siete grandes o sea los siete atributos de Jesús. Se refiere a siete descripciones… casi como apodos llenos de cariño. Algo así como: “mi gordita”, “mi terrón de azúcar”, “mi princesa”, etc. Es una manera de mostrar afecto, cercanía e identidad.
Es como si el autor de Hebreos pudiera contenerse de hablar de Jesús con frases cariñosas. Estas descripciones simplemente brotan de su pluma. No es solo un sermón teológico.Es un acto de adoración. Leamos el pasaje y luego vamos a desglosar cada uno de estos siete “apodos” del Hijo…
Hebreos 1:1-4 (NTV) Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creó el universo. 3 El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo.
Haz una pausa y deja que esto te cale hondo. Pausa. Reflexiona. Déjate impresionar por lo que acabas de leer. Ahora sí, vamos a desglosarlo.
Los siete atributos de Jesús:
- Jesús es el Heredero de todas las cosas.
Dios le prometió todo al Hijo como herencia” (v.2), lo que significa que toda la historia, toda la creación y todo propósito encuentran su destino final en Él. Nada existe fuera de su autoridad; todo apunta hacia Jesús. Él no fue creado, no es un “plan B” ni un pensamiento de último momento. Desde el principio, todo se dirige hacia Él.
- Jesús es el Creador del universo.
“mediante el Hijo, creó el universo” (v.2). Esto quiere decir que Él es el agente de la creación. Dios hizo el mundo por medio de Él. Jesús no es parte de la creación: Él es el Creador. Cada estrella, cada átomo, cada galaxia existe porque Él habló y fue hecho.
- Jesús es el Resplandor de la gloria de Dios
“El Hijo irradia la gloria de Dios” (v.3). En otras palabras, Jesús irradia la gloria de Dios, no como un reflejo externo, sino como la luz que brota de su propia naturaleza divina. Lo que vemos en Jesús es la gloria misma del Padre manifestada. Muestra que Él es de la misma naturaleza que el Padre. No solo refleja un poco de luz; Él es el resplandor mismo.
- Jesús es la Expresión exacta del carácter de Dios.
“expresa el carácter mismo de Dios” (v.3). Así como un sello deja una impresión perfecta en la cera, Jesús revela exactamente cómo es Dios. No hay diferencia entre el corazón del Padre y el corazón del Hijo. Lo que ves en Jesús es exactamente cómo es Dios. Si quieres conocer a Dios, mira a Jesús.
- Jesús es el Sustentador de todas las cosas.
“sostiene todo con el gran poder de su palabra” (v.3). Jesús mismo es quien mantiene el universo funcionando con el poder de su palabra. No
solo creó todo; lo sostiene momento a momento. Si Él dejara de hablar, todo dejaría de existir.
- Jesús es el Que arregla nuestro problema de pecado.
“Después de habernos limpiado de nuestros pecados” (v.3). A esto se le llama la obra sacerdotal de la expiación. Lo que significa que Jesús trató de una vez por todas con nuestro pecado. No cubrió el pecado temporalmente; lo quitó. Su sacrificio resolvió de una vez por todas nuestro problema más profundo. (Hablaremos más sobre esto en la semana 6).
- Jesús es el Gobernante del universo.
“se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo” (v.3). Por consiguiente, Jesús tiene la posición real de autoridad.
Está sentado a la diestra de Dios: el lugar de honor, poder y gobierno.
Reina sobre todo lo creado. Su trono es eterno, su poder es absoluto y su nombre es superior a todo nombre.
Después de ver estos siete atributos, queda claro que el autor de Hebreos quiere que entendamos algo fundamental: Jesús no es simplemente otro mensajero, otro profeta u otro líder espiritual. Él es absolutamente único. Por eso el pasaje concluye con esta afirmación poderosa:
Hebreos 1:1-4 (NTV) Esto demuestra que el Hijo es muy superior a los ángeles, así como el nombre que Dios le dio es superior al nombre de ellos.
En otras palabras: no hay nadie por encima de Jesús. No hay nombre más alto que el suyo. No hay autoridad que compita con la suya. No hay gloria que se acerque a la suya. Él es quien heredó todas las cosas, creó el universo e irradia la gloria de Dios. Él es quien sostiene todo con Su palabra y nos limpió de nuestros pecados. Él es quien reina.
Y como Él es tan grande, tan glorioso, tan perfecto entonces la única respuesta adecuada es adorarlo, confiar en Él y rendirle nuestra vida. Hebreos 1 nos invita a levantar la mirada y ver a Jesús como realmente es: Supremo, Incomparable, Suficiente y Digno de toda nuestra devoción.
Así que después de haber aprendido quién es Jesus, queda una pregunta inevitable: ¿Qué vas a hacer con Jesús? No estamos hablando de un maestro más, ni de un líder religioso más. Estamos hablando del Hijo de Dios, el único que puede salvar, perdonar y transformar una vida.
La Biblia dice que Él nos limpió de nuestros pecados. Eso significa que Jesús ya hizo todo lo necesario para reconciliarte con Dios. La cruz no fue un símbolo; fue un sacrificio real, por ti. Y ahora, el Jesús que reina en gloria te invita a venir a Él. No para condenarte, sino para salvarte. No para reformarte, sino para darte una vida nueva.
Si hoy reconoces que necesitas perdón… si sabes que no puedes salvarte a ti mismo… si deseas comenzar una relación real con Dios… Entonces hoy puedes decirle a Jesús:
“Señor Jesús, creo que eres el Hijo de Dios.
Creo que moriste por mis pecados y resucitaste para darme vida.
Hoy te entrego mi corazón.
Límpiame, perdóname y hazme tuyo.
Desde hoy quiero seguirte y vivir para ti.”
No son las palabras mágicas; es el corazón que se rinde. Y la Biblia promete que todo aquel que invoca el nombre del Señor será salvo.