Estamos comenzando nuestra serie sobre el libro de Eclesiastés. Estoy seguro de que algunos piensan: “¿Eclesiastés? ¿No había algo más alegre para iniciar el año nuevo que Eclesiastés?” Le hemos puesto como título “Una reflexión brutalmente honesta de la fe” porque Eclesiastés no endulza las frustraciones y desilusiones de esta vida. Las expone. Y si no prestas atención, puedes perderte el punto central del libro.
Tal vez tú mismo estás luchando con frustraciones o decepciones mientras estás sentado aquí hoy. Si ese es tu caso, espero que esta serie te dé dirección y ánimo. Creo que este libro habla con fuerza a nuestro tiempo y a nuestra cultura. No somos la primera generación que se pregunta: “¿Cuál es el punto de todo esto?”. De hecho, es en Eclesiastés donde leemos que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Estamos lidiando con las mismas preguntas que la humanidad ha enfrentado por miles de años.
Así que comencemos con una pregunta: ¿Alguna vez trabajaste duro para lograr algo, solo para descubrir que no te satisfizo? Que no te llenó. Un ascenso que no fue lo que imaginabas. Un viaje soñado que te dejó queriendo más. Un logro deportivo que solo te dio placer momentáneo.
Como en la entrevista de Patrick Mahomes después del Super Bowl 2024: dijo “No hemos terminado. Tenemos un equipo joven. Vamos a seguir con esto.” Acababa de ganar su segundo Super Bowl consecutivo, el tercero en cinco años… y ya estaba pensando en el siguiente. ¿Qué pasó con el clásico “¡Me voy a Disneyland!”? Vivimos en una cultura en la que nada nos satisface. Incluso los logros más increíbles pueden dejarnos queriendo más.
Antes de entrar al texto, hablemos del libro en sí. Cuando lees la Biblia, es importante recordar que, aunque cuenta una historia unificada, contiene diferentes géneros literarios: narrativa histórica (Génesis, Josué, Rut, Hechos), ley (Levítico y Deuteronomio), profecía (Isaías, Jeremías, entre otros), poesía (Salmos, Cantar de los Cantares) y sabiduría (Proverbios, Job, Eclesiastés). Eclesiastés pertenece a la literatura de sabiduría. Y dentro de esa literatura existía un estilo llamado literatura pesimista. Eclesiastés es el único ejemplo de este estilo dentro de la Biblia, aunque la tradición se remonta al menos al 2000 a.C. en Egipto y Mesopotamia.
Pero hay una diferencia enorme entre Eclesiastés y otros escritos pesimistas de la época: los otros eran completamente desesperanzados. Eclesiastés no. Reconoce la frustración, pero también abre la puerta a la posibilidad de esperanza y gozo, a pesar de todo, por la bondad de Dios y porque esta vida no es el final. Con ese trasfondo, entremos al capítulo 1.
Eclesiastés 1:1 (NTV) Estas son las palabras del Maestro, hijo del rey David y gobernante de Jerusalén.
Ya hablamos del libro; ahora hablemos del autor. El versículo 1 identifica al Maestro como el hijo de David, rey de Jerusalén. No se menciona explícitamente a Salomón, pero la mayoría de los estudiosos coinciden en que él es el autor. Las pistas internas del libro apuntan a él: sus obras, su sabiduría y sus logros coinciden con lo que se describe en 1 Reyes y 2 Crónicas.
Si miras tu Biblia, verás una nota al pie con la palabra “Qohelet”. Ese es el título hebreo del personaje central, traducido como “Maestro” o “Predicador”. Proviene de la raíz qahal, que significa reunir o convocar. En griego, Ekklesiastés significa “el que pertenece a la asamblea”. Es la misma raíz de ekklesia, iglesia. En cierto sentido, podríamos parafrasearlo como: “El Maestro que habla a la asamblea.”
Salomón también escribió la mayor parte de Proverbios, que ofrece consejos prácticos para vivir bien. Me encanta estudiar Proverbios. Si necesitas consejos para ser un buen hombre, esposo, padre e hijo, te aconsejo leerlo. Pero recuerda: los proverbios no son promesas. Son principios que generalmente se cumplen, pero no siempre.
Es como algunos dichos populares que no siempre se cumplen: “Una manzana al día mantiene al doctor lejos.” O “Lento pero seguro gana la carrera.” No siempre funciona así.
Eclesiastés es una respuesta directa y sin rodeos a la simplicidad de Proverbios. Proverbios dice: “Haz esto, y en general te irá bien.” Eclesiastés responde: “La vida no es tan simple; no siempre funciona así.” La mayoría cree que Salomón escribió Proverbios cuando era joven y Eclesiastés cuando ya era mayor. Después de vivirlo todo, se da cuenta de que muchas cosas no resultan como uno espera.
Por eso Eclesiastés es tan relevante hoy. Mucha gente se pregunta: “¿Qué sentido tiene todo esto?” “Pensé que esto me iba a hacer feliz… y no lo hizo.” “¿Por qué la vida se siente tan vacía a veces?” Si has sido herido por injusticias, frustraciones o incluso por la iglesia, este libro tiene mucho que decirte. Y no lo hace con un mensaje superficial de “todo está bien”. Reconoce el dolor, pero también apunta a la esperanza.
Una vida enfocada solo en lo temporal es una vida sin verdadero significado.
Eclesiastés 1:2–8 (NTV) 2 «Nada tiene sentido—dice el Maestro—, ¡ningún sentido en absoluto!». 3 ¿Qué obtiene la gente con trabajar tanto bajo el sol? 4 Las generaciones van y vienen, pero la tierra nunca cambia. 5 El sol sale y se pone, y se apresura a dar toda la vuelta para volver a salir. 6 El viento sopla hacia el sur y luego gira hacia el norte. Da vueltas y vueltas soplando en círculos. 7 Los ríos desembocan en el mar, pero el mar nunca se llena. Luego el agua vuelve a los ríos y sale nuevamente al mar. 8 Todo es tan tedioso, imposible de describir. No importa cuánto veamos, nunca quedamos satisfechos. No importa cuánto oigamos, nada nos tiene contentos.
Cuando escuchamos “nada tiene sentido”, podríamos pensar que el Maestro dice que la vida no tiene propósito. Pero no es eso. La palabra hebrea “hevel” aparece casi 40 veces. Literalmente significa vapor, aliento, humo. Algo frágil, temporal, imposible de agarrar. Es también el nombre de Abel, cuya vida fue breve como un soplo. Hizo lo correcto y aun así sufrió injusticia.
Mientras tanto, Caín representa la tendencia humana a querer controlar. Ese deseo llevó al primer asesinato. Desde Génesis, la Biblia ya mostraba el mensaje de Eclesiastés.
¿Has experimentado la vida así? Como Abel, herido o traicionado. O como Caín, intentando controlar lo que no puedes.
Otra frase clave es “bajo el sol”. También aparecen “debajo del cielo” y “en la tierra”. En Eclesiastés 5:2 leemos: “Dios está en el cielo, y tú estás aquí en la tierra.” Una vida enfocada solo en lo temporal es inestable y poco satisfactoria. Es como tratar de agarrar humo.
No somos los primeros en enfrentar la fragilidad de la vida.
El Maestro no es el primero en reflexionar sobre lo breve y frágil que es la vida. Ni siquiera en su familia. Mira lo que escribió su padre, David:
Salmos 39:5 (NTV) La vida que me has dado no es más larga que el ancho de mi mano. Toda mi vida es apenas un instante para ti; cuando mucho, cada uno de nosotros es apenas un suspiro».
La palabra “suspiro” es la misma “hevel”. David dice que somos como sombras y que todo nuestro afán termina en nada. Acumulamos riquezas sin saber quién las disfrutará. Pero no dice que la vida sea inútil, sino que es breve y fuera de nuestro control. Por eso debemos mirar al Dios que sostiene todas las cosas.
Salmos 39:7 (NTV) Entonces, Señor, ¿dónde pongo mi esperanza? Mi única esperanza está en ti.
Podemos atravesar injusticias y aun así tener gozo. Nuestra esperanza no está en nada bajo el sol, sino en el Dios que hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y han sido llamados según su propósito.
La vida “bajo el sol” inevitablemente decepciona. Pero fuimos creados para algo más que esta vida.
Eclesiastés 1:9–11 (NTV) 9 La historia no hace más que repetirse; ya todo se hizo antes. No hay nada realmente nuevo bajo el sol. 10 A veces la gente dice: «¡Esto es algo nuevo!»; pero la verdad es que no lo es, nada es completamente nuevo. 11 Ninguno de nosotros recuerda lo que sucedió en el pasado, y las generaciones futuras tampoco recordarán lo que hacemos ahora.
Aunque no haya nada nuevo bajo el sol, los creyentes no vivimos solo bajo el sol. Tenemos una nueva naturaleza, una nueva familia, una nueva comunidad y un nuevo pacto basado en la sangre de Jesús.
La idea central es esta: la vida bajo el sol decepciona, pero fuimos creados para algo más. Se trata de vivir con una perspectiva eterna, sin caer en extremos de ser tan “espirituales” que no somos de utilidad en la tierra..
Como dice el autor de How to Inhabit Time, “Como un pueblo que vive desde la tradición y consciente de lo que ha heredado, vivimos orientados hacia el futuro, esperando el reino por venir. Pero al mismo tiempo, siempre vivimos en el presente. Los dones del pasado y las esperanzas del futuro se unen en nosotros ahora. No puedo dejar de estar en el presente. El desafío es habitar fielmente el presente sin caer en un presentismo donde solo importa el ahora.”
Jesús lo expresó así:
Juan 10:10 (NTV) El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Esa vida plena comienza ahora. Comienza cuando estamos presentes en nuestras relaciones. Cuando reconocemos que Dios usa lo cotidiano y lo difícil para nuestro bien. Cuando disfrutamos sus bendiciones. Cuando vivimos con gratitud. Cuando recordamos que esta vida no es el final. Hay más que lo que está bajo el sol.
Con esto cerramos el mensaje que nos lleva al evangelio:
Hebreos 12:24 (NTV) Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel.
Y esa es la invitación del evangelio: no solo entender que hay más que lo que está bajo el sol, sino venir a Jesús, el único que puede darnos una vida que no se desvanece. Todo lo temporal es frágil, pero Jesús ofrece un nuevo pacto, una nueva identidad y una nueva esperanza.
La sangre de Abel clamaba justicia. La sangre de Jesús proclama perdón. Abel nos recuerda lo que está roto. Jesús nos muestra lo que Dios vino a restaurar.
Esa restauración comienza ahora, cuando venimos a Cristo con nuestras cargas y descubrimos que Él es suficiente. Comienza cuando dejamos de buscar significado en lo que se desvanece y lo encontramos en Aquel que permanece para siempre.
Hoy Jesús te invita a entrar en esa vida plena. A dejar atrás la ilusión de que lo que está bajo el sol puede sostener tu alma. A recibir el perdón, la gracia y la esperanza que solo Él puede dar.
Porque al final, la verdadera vida no se encuentra en lo que hacemos o logramos, sino en Aquel que dio su vida por nosotros. Y cuando venimos a Él, descubrimos que lo que está bajo el sol ya no es nuestro límite… es simplemente el lugar donde comenzamos a vivir para su gloria.