Cuando te conviertes en cristiano, tu vieja naturaleza —la persona que eras separado de Dios— queda legal y espiritualmente muerta, pero aún no está físicamente destruida. La Biblia enseña que eres una “nueva creación” en Cristo, pero sigues viviendo en un cuerpo caído con hábitos antiguos. Aunque el poder del pecado ha sido quebrado, la presencia del pecado permanece, lo que produce una lucha interna constante entre tu nueva identidad espiritual y tus viejos patrones pecaminosos.
La realidad de tu nueva identidad
En el momento en que confías en Jesús para salvación, ocurre una transformación radical en lo más profundo de tu ser. La Biblia no dice que Dios simplemente “arregla” tu vida pasada; dice que te da una completamente nueva. Esto es lo que los teólogos llaman regeneración. Ya no estás definido por tus errores pasados ni por tu linaje familiar, sino por tu relación con Cristo.
2 Corintios 5:17 (NTV) Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!
Esta “nueva vida” es una realidad espiritual. A los ojos de Dios, tu “viejo yo” fue crucificado con Jesús en la cruz. Tu deuda fue pagada y tu estatus legal cambió de “culpable” a “justo”. Has recibido un nuevo corazón y el Espíritu Santo para guiarte. Sin embargo, muchos cristianos se frustran porque todavía experimentan las mismas tentaciones y fallas que tenían antes de ser salvos.
La batalla entre la carne y el Espíritu
Si la vieja naturaleza está “muerta”, ¿por qué es tan difícil hacer lo correcto? La Biblia explica esto distinguiendo entre nuestra nueva naturaleza y “la carne”. Aunque tu espíritu ha sido hecho nuevo, sigues viviendo en un cuerpo físico condicionado por años de deseos egoístas. Esto crea un tira y afloja interno que todo creyente experimenta.
Gálatas 5:17 (NTV) La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, que es precisamente lo contrario de lo que quiere el Espíritu. Y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa. Estas dos fuerzas luchan constantemente entre sí, entonces ustedes no son libres para llevar a cabo sus buenas intenciones,
Piénsalo como un hábito. Si pasaste veinte años mordiéndote las uñas, tu “vieja naturaleza” es la persona que lo hace. Cuando decides parar, el “nuevo tú” quiere manos saludables, pero tu sistema nervioso sigue llevándote a la boca. La “carne” es, en esencia, la memoria muscular del pecado. Es el efecto residual de la vieja naturaleza que permanece en nuestros miembros físicos hasta que recibamos nuestros cuerpos glorificados en el cielo.
Muertos al pecado, pero vivos para Dios
El apóstol Pablo usa una palabra muy específica en Romanos para describir nuestra relación con la vieja naturaleza: “considerar”. Nos dice que nos “consideremos muertos” al poder del pecado. Esto implica que, aunque el pecado todavía nos grite, ya no estamos obligados a obedecer su voz. El viejo amo fue despedido, aunque todavía intente entrar al trabajo y dar órdenes.
Romanos 6:11 (NTV) Así también ustedes deberían considerarse muertos al poder del pecado y vivos para Dios por medio de Cristo Jesús.
Ganar esta batalla no se trata de esforzarte más para ser “bueno”. Se trata de descansar en lo que Jesús ya hizo. Cuando sientas el tirón de viejos hábitos, puedes recordarte: “Ese ya no soy yo.” No eres un pecador tratando de convertirte en santo; eres un santo que ocasionalmente lucha con el pecado. Cuanto más alimentas tu nueva naturaleza mediante la oración, la Escritura y la comunidad, más débil se vuelve la influencia de la carne.
El proceso de la santificación
La vida cristiana es un viaje de “convertirte en lo que ya eres”. En el cielo, la vieja naturaleza desaparecerá por completo y ya no enfrentaremos tentación. Pero aquí en la tierra, Dios usa la lucha para ayudarnos a crecer. Este proceso se llama santificación. Es la práctica diaria de “quitarse” los hábitos antiguos y “vestirse” del nuevo carácter de Jesús.
Jesús no solo murió para llevarte al cielo; murió para traer el cielo a tu interior. Él provee la gracia necesaria para vencer los patrones antiguos de pensamiento. Cuando tropiezas, no pierdes tu nueva identidad. Simplemente necesitas levantarte, confesar esa caída a Dios y volver a caminar en el Espíritu. La vieja naturaleza puede ser un fantasma persistente, pero ya no tiene las llaves de tu vida.
Enseñanza clave
Tu vieja naturaleza fue derrotada espiritualmente en la cruz, pero su influencia persistente —la carne— sigue siendo una realidad hasta que llegues al cielo. Convertirte en cristiano significa que tienes una nueva identidad y el poder del Espíritu Santo para vencer los hábitos antiguos. Eres una nueva creación en Cristo, llamado a vivir esa realidad cada día al elegir seguir al Espíritu en lugar de los deseos egoístas de tu pasado.
Ver también:
Fuentes para este artículo:
- https://www.gotquestions.org/old-new-nature.html
- https://www.desiringgod.org/articles/the-dead-man-walking