Hoy regresamos a un tema que introdujimos en la Semana 2 de nuestra serie. Ahí respondimos la pregunta: “¿Por qué Jesús tuvo que hacerse humano?” El autor nos dio siete razones. Aquí está la razón #5: Jesús se hizo humano para poder ser nuestro Sumo Sacerdote. “Por lo tanto, era necesario que en todo sentido él se hiciera semejante a nosotros, sus hermanos, para que fuera nuestro Sumo Sacerdote fiel y misericordioso, delante de Dios…” (Hebreos 2:17)
En la Semana 2 tocamos este concepto de pasadita, porque eso es exactamente lo que el autor de Hebreos hace en el capítulo 2. Pero luego regresa al tema en los capítulos 4 al 8. Es una sección densa de la Escritura, con muchas referencias del Antiguo Testamento, pero principalmente trata sobre el sacerdocio.
Así que hoy vas a aprender más sobre el sacerdocio en 30 minutos de lo que jamás pensaste posible. Para profundizar más en este tema, ve y lee los artículos relacionados al final de este artículo. Entremos al texto bíblico:
Hebreos 4:14–16 (NTV) 14 Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. 15 Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. 16 Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.
Hebreos 5:7–10 (NTV) Mientras estuvo aquí en la tierra, Jesús ofreció oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía rescatarlo de la muerte. Y Dios oyó sus oraciones por la gran reverencia que Jesús le tenía. 8 Aunque era Hijo de Dios, Jesús aprendió obediencia por las cosas que sufrió. 9 De ese modo, Dios lo hizo apto para ser el Sumo Sacerdote perfecto, y Jesús llegó a ser la fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen. 10 Y Dios lo designó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.
Adán y Eva en el Jardín
La mayoría piensa que el sacerdocio comenzó con Moisés, pero en realidad comenzó en el Edén.
Edén representa el templo original (Génesis 2:15). Edén era el lugar donde Dios caminaba y hablaba con la humanidad. Esto es exactamente lo que el Tabernáculo y el Templo buscaban facilitar más adelante en la historia de Israel. Dios le dijo a Adán que “cultivara y cuidara” el Jardín. En el idioma original, estas son las mismas palabras usadas después para describir las funciones de los sacerdotes en el Tabernáculo.
Los elementos del Edén —oro, piedras preciosas, la entrada hacia el oriente— reaparecen en la construcción del Templo. El candelabro de oro (la Menorá) simboliza el Árbol de la Vida. La mesa del pan de la proposición representa comer en la presencia de Dios. Los querubines son los guardianes de la presencia de Dios.
Después de la caída, Dios colocó querubines al oriente del Edén. En el Tabernáculo, los querubines están por todas partes: tejidos en los velos azules y púrpuras, y tallados en oro sobre el Arca del Pacto. Era un recordatorio visual para los sacerdotes: “Están entrando a un espacio que una vez se perdió.”
El punto es que Adán y Eva estaban destinados a ser “sacerdotes del Reino”, viviendo en la presencia directa de Dios y extendiendo Su gloria por toda la tierra. Como portadores de Su imagen, tenían la capacidad única de recibir comunicación de Dios y ejercer Su dominio sobre los animales y la tierra. Representaban la creación delante de Dios, ofreciendo la “voz” de la naturaleza en adoración. (Si ellos no lo hacían, “las piedras clamarían”.)
La Caída: Cuando pecaron, fueron exiliados del Santuario. Perdieron su acceso sacerdotal. Fallaron en su deber sacerdotal de “guardar” el santuario. La conexión con Dios quedó rota.
Moisés y Aarón en el desierto
El sacerdocio levítico medió entre Dios e Israel por más de mil años.
Avanzando hasta el Éxodo, Dios provee una manera temporal para que los “exiliados” puedan encontrarse con Él: el Tabernáculo. Aarón, el hermano de Moisés, se convierte en el primer Sumo Sacerdote. (Referencia: ¿Quién fue el Sumo Sacerdote en el judaísmo?) Había distintos niveles de servicio.
A diferencia del Edén, este acceso era restringido. Solo un hombre —el Sumo Sacerdote— una vez al año, en el Día de la Expiación, podía entrar al Lugar Santísimo. Los levitas servían, cuidaban, enseñaban y realizaban los sacrificios.
Pero este sistema era solo una “sombra”. Los sacerdotes humanos eran pecadores y temporales. Tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de poder ayudar al pueblo. Eran un recordatorio de la separación, no el puente final. Durante mil años, esto fue “sacerdocio” para el pueblo judío.
Pero escondido en las Escrituras había un secreto que nos lleva a…
El Orden de Melquisedec
Retrocede 500 años y encontrarás que había más en el sacerdocio desde el principio.
Lees sobre los levitas en Levítico y Deuteronomio, pero si retrocedes hasta Génesis 14 encuentras a una figura misteriosa. Parece fuera de lugar y adelantado a su tiempo, y tiene la interacción más extraña con Abraham… ¡500 años antes de que comenzara el sacerdocio formal! Y esto es exactamente lo que el autor de Hebreos señala.
Melquisedec era un tipo diferente de sacerdote. Él no era descendiente de Aarón. Era Rey de Salem y Sacerdote del Dios Altísimo. Aparece de la nada, sin registro de nacimiento ni de muerte. Representa un sacerdocio eterno, superior y más antiguo que las leyes judías dadas por medio de Moisés. Fue una prefiguración de lo que Jesús llegaría a ser. ¿Y qué llegaría a ser Jesús?
Jesús: Nuestro Gran Sumo Sacerdote
Jesús completa el cuadro y restaura el sacerdocio original del Jardín.
Jesús es totalmente humano: “Enfrentó todas nuestras pruebas” (Hebreos 4:15). Sabe lo que es estar cansado, ser tentado y ser traicionado. Él es plenamente sin pecado: A diferencia de Aarón, Jesús no tuvo que ofrecer sacrificios por sí mismo. Él es el “Sumo Sacerdote perfecto.”
Él es el sacrificio final: No trajo la sangre de un macho cabrío; ofreció Su propia vida para “rescatarnos de la muerte” (Hebreos 5:7).
El sacerdocio de todos los creyentes
Aquí está la conclusión sorprendente: Jesús no se convirtió en Sumo Sacerdote solo para que lo observáramos trabajar. Lo hizo para restaurarnos. Hoy, todos los creyentes somos sacerdotes. Podemos caminar cerca de Dios y representarlo al mundo, como Adán y Eva estaban destinados a hacerlo.
Cuando Jesús murió, la cortina que bloqueaba el Lugar Santísimo se rasgó en dos. Por Jesús, ahora eres un sacerdote. No necesitas un mediador humano para hablar con Dios.
Hemos vuelto al principio. Como Adán y Eva, ahora podemos “acercarnos confiadamente al trono de la gracia” (Hebreos 4:16). Hemos sido restaurados a nuestro propósito original: vivi
r en la presencia de Dios y reflejar Su luz al mundo.
Hebreos 4:16 (NTV) Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.
Llamado para los creyentes
Muévete con valentía. No solo “esperes” que Dios te escuche. Entra al trono. Tu Sumo Sacerdote ya abrió el camino. Ya quitó las barreras, ya rasgó el velo. Si estás en la iglesia pero sientes que has fallado o te sientes lejos de Dios, hoy es el día de volver a la presencia de Dios, de retomar tu sacerdocio, de caminar con la seguridad de que eres escuchado, amado y recibido. Da el paso. Entra. Él te espera.
Llamado para los no creyentes
Si aún no conoces a Jesús, escucha esto: el camino hacia Dios no está cerrado para ti. No tienes que ganarte el acceso, no tienes que limpiarte primero, no tienes que arreglar tu vida antes de venir. Jesús —tu Sumo Sacerdote— ya abrió el camino. Él dio Su vida para que tú pudieras acercarte sin miedo, sin culpa y sin condenación. Hoy puedes entrar. Hoy puedes ser recibido. Hoy puedes comenzar una vida nueva. Solo dile:
Jesús, quiero acercarme.
Sálvame, perdóname y hazme tuyo.
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