Buscar el rostro de Dios significa buscar, no solo querer, tener una relación profunda y personal con Él. Es desear Su presencia por encima de Sus regalos. Mientras que buscar Su mano se enfoca en pedirle cosas o ayuda, buscar Su rostro se trata de conocer quién es Él y disfrutar de Su compañía. Es un viaje de volver nuestro corazón hacia Jesús, invitarlo a nuestra vida diaria y vivir en una conciencia constante de Su amor y santidad.
La diferencia entre la mano de Dios y el rostro de Dios
Cuando hablamos de buscar a Dios, la mayoría de nosotros comenzamos buscando Su mano. Le pedimos que arregle nuestros problemas, que provea para nuestras necesidades o que sane nuestro cuerpo. Y eso está bien; la Biblia nos anima a llevarle nuestras peticiones. Pero buscar su rostro es diferente, porque se trata de la persona, no solo de la provisión.
Piensa en un niño corriendo hacia su padre. A veces corre hacia la mano del padre porque quiere un dulce o necesita una curita. Otras veces, simplemente quiere ser abrazado. Quiere mirar a los ojos de su padre y sentir esa conexión.
Buscar el rostro de Dios es esa segunda clase de búsqueda. Es una invitación a pasar de una relación transaccional —donde solo hablamos con Dios cuando necesitamos algo— a una relación donde lo buscamos porque Él es nuestro mayor tesoro.
Buscando los muchos “rostros” de Dios
En el hebreo original del Antiguo Testamento, la palabra para “rostro” (panim) es plural. Aunque la traducimos como “rostro”, lleva la idea de “rostros” o “facetas”. Esto nos recuerda que no podemos encasillar a Diosj en una sola manera de revelarse. Cuando buscamos Su rostro, buscamos todas las maneras en que Él decide revelarse. No podemos prescribir cómo aparecerá ni qué dirá.
Piensa en el profeta Elías. Estaba buscando a Dios en la montaña. Un viento fuerte partió los montes, pero Dios no estaba en el viento. Un terremoto sacudió la tierra, pero Dios no estaba en el terremoto. Un fuego pasó, pero Dios no estaba en el fuego. Finalmente, Dios se manifestó en un suave susurro. A veces Dios revela Su “rostro” mediante un acto poderoso, y otras veces aparece en el momento más silencioso de tu día. Buscar su rostro significa estar abiertos a la forma en que Él quiera hablar.
1 Reyes 19:12 (NTV) Pasado el terremoto hubo un incendio, pero el Señor no estaba en el incendio. Y después del incendio hubo un suave susurro.
Un llamado a la intimidad en los Salmos
La frase “buscar Su rostro” aparece repetidamente en la Biblia, especialmente en los Salmos. El rey David, un hombre conforme al corazón de Dios, entendía que buscar a Dios era la clave para la verdadera alegría. No solo quería la protección de Dios contra sus enemigos; quería estar cerca de Su corazón.
En el mundo antiguo, estar en la “presencia” o “rostro” de un rey era un privilegio enorme. Significaba tener su favor y su atención. Cuando buscamos el rostro de Dios, reconocemos que estar con Él es el honor más grande que podemos tener. Le pedimos que ilumine nuestra vida y nos muestre quién es Él, ya sea que venga en majestad o en un susurro.
Salmos 27:8 (NTV) Mi corazón te ha oído decir: «Ven y conversa conmigo». Y mi corazón responde: «Aquí vengo, Señor».
Apartarnos para volvernos hacia Él
No puedes mirar en dos direcciones al mismo tiempo. Por eso, buscar el rostro de Dios casi siempre implica “apartarse” de algo más. En la Biblia, esto se relaciona con el arrepentimiento. Para ver a Dios con claridad, debemos darle la espalda a los pecados, distracciones e ídolos que nublan nuestra visión.
Imagina que quieres ver un atardecer hermoso, pero estás mirando la pantalla brillante de tu teléfono. Tienes que bajarlo y girar tu rostro para ver los colores del cielo. Buscar a Dios funciona igual. Nos apartamos de la autosuficiencia y del “yo primero” para enfocarnos en Su belleza. No se trata de ser perfectos antes de buscarlo, sino de estar dispuestos a soltar lo que nos aleja de Él.
Encontrando el rostro de Dios en Jesús
Si quieres saber cómo es el rostro de Dios, mira a Jesús. La Biblia dice que Jesús es “la imagen visible del Dios invisible”. No tenemos que adivinar lo que Dios piensa o siente; Él nos lo mostró en persona. Jesús caminó entre nosotros, sanó a los quebrantados y finalmente dio Su vida para quitar la barrera del pecado.
Hoy buscamos el rostro de Dios a través de una relación con Cristo. Leemos los Evangelios para ver cómo trató a las personas. Hablamos con Él en oración, sabiendo que escucha. No buscamos un rostro físico en las nubes; buscamos que el carácter de Jesús se revele en nuestro corazón. Él es el puente que nos permite entrar en la presencia de un Dios santo sin temor.
2 Corintios 4:6 (NTV) Pues Dios, quien dijo: «Que haya luz en la oscuridad», hizo que esta luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo.
La recompensa de la búsqueda
Lo más asombroso de buscar el rostro de Dios es Su promesa de que realmente lo encontraremos. Él no está jugando a las escondidas. Quiere ser encontrado. La recompensa de buscar a Dios no es necesariamente que la vida se vuelva más fácil o que todos nuestros problemas desaparezcan. La recompensa es Dios mismo.
Cuando vives mirando Su rostro, encuentras una paz que no tiene sentido para el mundo. Encuentras una fuerza que no es tuya. Comienzas a reflejar Su carácter a quienes te rodean. Así como el rostro de Moisés resplandeció después de estar con Dios, nuestras vidas comienzan a parecerse más a Jesús cuanto más lo contemplamos.
Enseñanza clave
Buscar el rostro de Dios es pasar de querer las cosas de Dios a querer a Dios mismo. Es una búsqueda de por vida por intimidad con nuestro Creador, hecha posible por Jesús. Cuando dejamos nuestras distracciones y permanecemos abiertos a todas las maneras en que Él se revela —ya sea en un susurro o en un torbellino— encontramos la alegría y la paz para las que fuimos creados. Él no se esconde; está esperando que volvamos nuestra mirada hacia Él.
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- Después de leer la “Enseñanza clave” en grupo, ¿cuáles son tus primeras impresiones sobre el artículo?
- ¿Cómo describirías la diferencia entre pedir la “mano” de Dios y buscar su “rostro” en tu vida de oración?
- El artículo menciona que “rostro” en hebreo es plural. ¿Cómo cambia tu perspectiva saber que Dios puede revelarse de muchas maneras?
- ¿Por qué crees que Dios a menudo elige un “suave susurro” en lugar de una señal espectacular como fuego o terremoto?
- ¿Cuál es la distracción más grande que te impide volver tu “rostro” hacia Dios esta semana?
- ¿Cómo te ayuda mirar la vida de Jesús a entender la personalidad y el “rostro” de Dios Padre?