En el 2018, una historia se volvió viral. Era graciosa… pero también profundamente incómoda. Un hombre de 30 años llamado Michael Rotondo fue demandado por sus propios padres. ¿La razón? Se negaba a mudarse de su casa. No pagaba renta. No ayudaba con los quehaceres. No tenía trabajo.
Sus padres intentaron de todo: le dieron dinero para que buscara un apartamento, le ofrecieron consejos, hasta le enviaron avisos formales de desalojo. Él ignoró absolutamente todo. Al final, tuvieron que llevarlo a la Corte Suprema del estado para obligarlo a salir.
Internet se burló sin piedad, pero el juez estaba completamente serio. Le dijo a Michael que su “defensa” para quedarse era ridícula. Emitió una orden formal de desalojo, declarando que ser “miembro de la familia” no te da derecho legal a vivir indefinidamente en la casa de alguien sin su consentimiento.
En otras palabras, el juez tuvo que usar el poder de la ley para sacar a Michael de la casa. Y aquí viene la ironía: el apellido Rotondo viene del latín rotundus, la misma raíz de nuestra palabra “redondo”. Es la idea de alguien gordito, redondeado… como un bebé que nunca creció.
Nos reímos de Michael Rotondo… pero el autor de Hebreos mira a la iglesia y dice: “Ustedes son Michael.”
La madurez espiritual no es automática. El autor de Hebreos reprendió a los creyentes por permanecer como niños espirituales cuando ya deberían ser maestros.
Hebreos 5:11-14 (NTV) Nos gustaría decir mucho más sobre este tema, pero es difícil de explicar, sobre todo porque ustedes son torpes espiritualmente y tal parece que no escuchan. 12 Hace tanto que son creyentes que ya deberían estar enseñando a otros. En cambio, necesitan que alguien vuelva a enseñarles las cosas básicas de la palabra de Dios. Son como niños pequeños que necesitan leche y no pueden comer alimento sólido. 13 Pues el que se alimenta de leche sigue siendo bebé y no sabe cómo hacer lo correcto. 14 El alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo.
El autor de Hebreos está llamando a sus lectores a crecer, espiritualmente hablando. Hoy vamos a ver tres marcas de los que son espiritualmente “adultos”, tomadas directamente del texto.
Los maduros espiritualmente no solo leen, estudian.
“Son como niños pequeños que necesitan leche y no pueden comer alimento sólido.” (v. 12)
El autor de Hebreos les dice que se han vuelto “torpes espiritualmente para oír”. La diferencia entre un bebé espiritual y un adulto espiritual está en su apetito. Los bebés esperan que alguien los alimente con cucharita; los adultos se alimentan por sí mismos.
Mi hija Camila pasó una etapa en la que, si fuera por ella, solo comería quesadillas todo el tiempo. Ahora está en la etapa de nuggets de pollo y pizza. Pero uno no crece alimentándose solo de quesadillas, ni solo de nuggets, ni solamente de pizza. De la misma manera, uno no crece espiritualmente con una dieta mínima.
La “leche” no es mala. La leche es alimento pre-digerido. El problema no es la leche, sino quedarse en la leche cuando ya deberías comer algo más. Las abuelas de antes tenían su truco: le añadían Maizena o avena colada a la leche para que los bebés “se llenaran” y durmieran toda la noche. Algunos cristianos… nunca llegan ni a la avena colada. Se quedan en la pura leche. Solo rozando la superficie. Y la leche descremada es agua pretendiendo ser leche.
Si tu única alimentación espiritual viene de un sermón de 30 minutos el domingo, estás viviendo con una dieta líquida. Aquí solo podemos rozar la superficie. La leche espiritual es escuchar lo que otros dicen de Dios. La carne es cuando tú mismo te metes a la Palabra.
Leer la Biblia es como dar un paseo en carro para disfrutar el paisaje. Estudiar la Biblia es bajarte del carro para leer las placas históricas. Puedes caminar por el Zócalo de Ciudad de México y ver edificios coloniales, pero si no lees y no estudias, no sabes que estás parado sobre lo que fue Tenochtitlán, una de las ciudades más avanzadas del mundo antiguo.
Hoy ves una plaza hermosa, llena de vida, música y comercio… pero bajo tus pies hubo una masacre, cuando los conquistadores —liderados por Hernán Cortés— destruyeron la ciudad, derribaron templos y sometieron a los pueblos indígenas que habían vivido ahí por siglos. Si solo pasas por ahí, lo ves bonito… pero no entiendes lo que pasó. No ves la historia. No ves el dolor. No ves la profundidad del lugar. Así es leer la Biblia sin estudiarla.
No estamos menospreciando la lectura. Leer la Biblia, meditar en ella, dejar que te acompañe cada día, es algo bueno. Pero estudiarla va un paso más allá. Es estudiar la Biblia inductivamente.
¿Qué es el estudio inductivo de la Biblia? Es empezar con el texto y sacar conclusiones a partir del texto. Lo contrario es empezar con una conclusión y buscar versículos para “probarla”. Eso se llama eiségesis: leer tus ideas dentro del texto. Lo que buscamos es exégesis: sacar del texto lo que Dios ya dijo. Cuando estudiamos la Biblia de manera inductiva, seguimos tres pasos prácticos.
Paso uno: Observación (¿Qué dice?). Buscar el quién, qué, dónde y cuándo del pasaje.
Paso dos: Interpretación (¿Qué significa?). ¿Qué significaba para la audiencia original? La Biblia fue escrita a personas en culturas específicas, con problemas específicos, hace miles de años. Fue escrita a ellos, pero sigue siendo para nosotros.
Paso tres: Aplicación (¿Cómo se aplica?). La meta es transformación, no solo información. Y eso nos lleva de regreso a nuestro texto… y al siguiente punto.
Los maduros espiritualmente no solo estudian, aplican.
“Pues el que se alimenta de leche sigue siendo bebé y no sabe cómo hacer lo correcto.” (v. 13)
Piensa en la curva de aprendizaje de un bebé. Todo es nuevo, todo requiere práctica, todo requiere ensayo y error. Hoy hay muchos cristianos que sí estudian sus Biblias, pero luego no obedecen en la vida diaria. Hay una frase que lo describe bien: “Estás educado más allá de tu nivel de obediencia.” El conocimiento sin obediencia es inútil.
Como dijo A. W. Tozer, un pastor cristiano, escritor, predicador y pensador evangélico del siglo XX: “La verdad que no se obedece, pronto se pierde.” En otras palabras, la madurez espiritual no se mide por cuánto sabemos, sino por cuánto obedecemos.
Hebreos 4:14 (NTV) El alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo.
La palabra para “práctica” es gymnazō, de donde viene nuestra palabra “gimnasio”. La meta del “alimento sólido” no es solamente tener una cabeza llena de conocimiento, sino una vida entrenada para reconocer la diferencia entre el bien y el mal.
A eso le llamamos discernimiento. En el siguiente capítulo (Hebreos 6:4–6), el autor advierte que solo “probar” la bondad de Dios no es suficiente. Si probamos la verdad pero nos negamos a caminar en ella, nuestro corazón puede endurecerse. Y parte de caminar en ella es compartir la Palabra con otros.
Los maduros espiritualmente no solo aplican, enseñan.
“Hace tanto que son creyentes que ya deberían estar enseñando a otros.” (v. 12)
Aquí, en Alpine, simplemente lo llamamos hacer discípulos. ¿Por qué hacer discípulos? Porque el plan de Dios no es que seamos solo consumidores, sino productores. Que nos graduemos de neófitos —nuevos en la fe— a discipuladores. De consumidores a productores. De oyentes a maestros. De receptores a formadores. Asi es como maduramos. Leamos cuál es el camino hacia la madurez:
Efesios 4:14 (NTV) Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad.
Resumiendo el versículo: debemos ser estables — dejando la niñez espiritual. Tener firmeza doctrinal — no ser arrastrados por cualquier enseñanza. Aplicar el discernimiento espiritual — no caer en mentiras que parecen verdad.
Ahora, además del camino hacia la madurez, déjame darte la cura a la torpeza y a la apatía espiritual. Si te sientes, como dice Pablo, “torpe espiritualmente” (v. 11), es decir, apático o estancado, es muy probable que sea porque dejaste de derramarte en otros.
Enseñar a otros es lo que mantiene tu fe viva y fresca. Cuando solo recibes y nunca das, te estancas. Pero cuando compartes lo que Dios te ha dado, tu propia fe se fortalece. Por lo tanto, la cura es clara: comparte a Dios con los demás. Haz discípulos para Cristo. Así es como dejamos de tomar leche y pasamos a comer alimento sólido. Así es como maduramos espiritualmente.
Cuando finalmente desalojaron a Michael Rotondo, él no les dio las gracias a sus padres; le dijo a los reporteros que estaba “indignado” y que planeaba apelar. Él quería quedarse como un niño para siempre.
Hoy, Dios está “desalojándonos” de nuestras zonas de comodidad. Nos está llamando a dejar de ser consumidores “redonditos” de gracia y a convertirnos en contribuidores activos del Reino. No pelees contra el crecimiento. No te conformes con el biberón cuando Dios tiene un banquete —y una misión— esperándote.
No te limites a escuchar el mensaje del domingo. Ve a casa y estudia la Biblia usando el método inductivo que te enseñé hoy. Además, únete a un Grupo de Conexión para seguir creciendo y aprender más. Sé parte del equipo de evangelización para salir y compartir a Cristo con los demás.
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