Hoy quiero comenzar con una prueba. Responde “sí” o “no” a las siguientes preguntas:
- Me encuentro cambiando de carril en el tráfico o de fila en el supermercado solo para ahorrar treinta segundos, y me frustro si la fila que dejé empieza a avanzar más rápido.
- No puedo hacer solo una cosa a la vez. Estoy revisando correos mientras como, o deslizando redes sociales mientras hablo con un amigo.
- Siento un nivel constante de frustración hacia cualquiera que “me haga ir lento”, ya sea un compañero de trabajo que habla despacio o un niño que no encuentra sus zapatos.
- Me siento culpable o ansioso cuando no estoy siendo productivo, incluso en momentos destinados al descanso o a las vacaciones.
Si respondiste “sí” a dos o más, tienes una condición llamada “la enfermedad de la prisa”. No es un invento moderno conectado a las redes sociales o a la productividad. El término fue acuñado en los años 50 por el Dr. Meyer Friedman y el Dr. Ray Rosenman, dos cardiólogos que investigaban enfermedades del corazón. Notaron que solo los bordes frontales de los asientos de la sala de espera estaban desgastados. Eso los llevó a la definición formal de dos fenómenos:
- Comportamiento “Tipo A”
- La enfermedad de la prisa
La enfermedad de la prisa es una sensación incesante de urgencia que hace que una persona sienta que debe moverse constantemente más rápido.
Estamos en la semana 5 de nuestra serie “No me mandas”. A lo largo de esta serie hemos identificado a los “malos jefes” que Satanás ha estado usando para robar, matar y destruir: la culpa, el miedo y la amargura. Y hemos estado hablando de no convertirnos en nuestros propios jefes, sino de rendir el trono a Jesús, el único buen Jefe.
Hoy vamos a declarar con autoridad: “Prisa, tú no me mandas.” Y para hacerlo, vamos a ir directamente al pasaje clave, tomado de los mismos labios de Jesús.
Mateo 11:28-30 (NTV) Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. 29 Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. 30 Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana».
“Cansados” en griego significa literalmente “trabajar hasta el agotamiento”. ¡Jesús está hablando de la “enfermedad de la prisa” 2000 años antes de que existiera el término! Un yugo estaba diseñado para dos animales: un buey mayor y experimentado emparejado con un buey joven e inexperto. El buey veterano marcaba la dirección y el ritmo; el joven aprendía a trabajar sin agotarse. Jesús es ese veterano. “Aprendan de mí…” Este es el camino sin prisa de Jesús: “humilde y tierno de corazón”. En su esencia, no arrogante ni dominante. ¿Conoces a alguien así? ¿Has sido tú alguien así?
Sigue siendo un yugo. Jesús no nos está diciendo que NO trabajemos. De hecho, en el capítulo siguiente Jesús trabaja en sábado. En griego, “yugo” (zygos) implica sumisión a una autoridad. Los fariseos habían creado un yugo de 613 leyes y miles de tradiciones casi imposibles de cumplir. El camino de Jesús es diferente: su yugo es fácil y su carga es ligera. El de Él, no el nuestro. No se trata de que Él siga nuestro ritmo, sino de aprender a seguir el suyo.
Entonces, ¿cuál era Su manera? ¿Cómo hizo tanto sin quemarse? ¿Cómo evitó que la prisa lo mandara? A continuación te diremos cómo.
Jesús nunca tenía prisa porque estaba perfectamente cómodo diciendo “no”.
La gente demandaba constantemente Su tiempo. Aun así, lo vemos alejarse de las multitudes para encontrar un lugar tranquilo donde orar. En nuestra vida sucede algo parecido: decimos “sí” a demasiadas cosas malas y también decimos “sí” a demasiadas cosas buenas. Actividades de los niños, compromisos sociales, ¡incluso eventos de la iglesia! (Por eso tratamos de limitar nuestras actividades).
Cuando me convertí —y aún es así en muchas iglesias— la agenda era interminable: iglesia domingo en la mañana, domingo en la noche, lunes reunión, martes grupos, miércoles oración, jueves servicio de caballeros, viernes de mujeres y vigilia, sábado ayuno en el día y reunión de jóvenes en la noche. Además de campañas de 3 a 4 días cada dos meses, salir a evangelizar al parque… en fin, todo era iglesia y nunca había tiempo para la familia.
Ahora, por el contrario, se pasan al otro extremo: de cuatro domingos al mes, quizás vienen a dos. Y si asisten a la noche de adoración (que se hace cada cuatro meses), ya no vienen el domingo.
Jesús nunca tenía prisa porque entendía el propósito del sábado.
Éxodo 20:8-10 (NTV) »Acuérdate de guardar el día de descanso al mantenerlo santo. 9 Tienes seis días en la semana para hacer tu trabajo habitual, 10 pero el séptimo día es un día de descanso y está dedicado al Señor tu Dios. Ese día, ningún miembro de tu casa hará trabajo alguno…
El sábado es una prueba de confianza. Si dejas de trabajar un día entero, estás diciendo: “El mundo no se va a desmoronar sin mí.” En el mundo tecnológico existe el “Factor del autobús”: el número mínimo de miembros del equipo que, si fueran atropellados por un autobús, causarían que un proyecto se detuviera o fracasara. Si “Juan” es el único que sabe desplegar el sitio web, el factor del autobús es 1. Si Juan no está disponible, la empresa está en peligro inmediato.
En un ambiente con un factor de autobús bajo, el “héroe” es en realidad un riesgo. Las organizaciones sabias usan las vacaciones obligatorias de dos semanas para descubrir estos riesgos.
Dios usa el sábado para lo mismo: “Tú no eres Dios. El mundo seguirá en órbita aunque descanses 24 horas.” Si no puedes dejar de trabajar un día sin entrar en pánico, eres esclavo de tu trabajo. El principio del sábado no es una regla rígida de 24 horas. Jesús trabajó en sábado. El principio es: descanso para el alma.
Prueba hacerlo: cierra la laptop, guarda el teléfono, sin redes sociales. Camina con tu familia. Lee la Biblia (de papel). Escucha música de adoración. Empieza con una hora. Luego dos. Luego tres. Eventualmente, un día entero.
Jesús nunca tenía prisa porque practicaba las disciplinas “lentas”.
Estas son disciplinas espirituales que la mayoría de los estadounidenses no conocen. Conocemos el estudio bíblico y la oración. Pero Jesús también hacía estas otras cosas:
- Ir más despacio: Reducir intencionalmente la velocidad de tu vida para notar mejor la presencia de Dios y escuchar su voz.
Jesús solo tuvo tres años de ministerio público para salvar al mundo… ¡y nunca lo vemos apresurado! Tenía tiempo para un mendigo ciego, para una mujer solitaria en un pozo y para retirarse a lugares tranquilos para orar, incluso cuando había multitudes esperando milagros. Su vida demuestra que la prisa no es un requisito para la productividad espiritual.
En contraste, nosotros vivimos atrapados en un ritmo que no se parece en nada al de Jesús. Por eso necesitamos prácticas que nos ayuden a desacelerar y a recuperar el alma. Algunas ideas sencillas pueden convertirse en actos de resistencia contra la cultura de la prisa: elegir la fila más larga en el supermercado, manejar en el carril lento o comer sin televisión ni podcasts. Son pequeñas decisiones que entrenan el corazón para vivir al ritmo de Jesús y no al ritmo del mundo.
- Tiempo a solas: Alejarse de personas, ruido y distracciones para estar completamente a solas con Dios.
Jesús hacía esto todo el tiempo. Lucas 5:16 Así que Jesús muchas veces se alejaba al desierto para orar.
- Silencio: Callar el ruido externo e interno para escuchar a Dios.
Va de la mano con la soledad, pero se enfoca en descansar la voz y apagar distracciones externas. En 1 Reyes 19:12 leemos: “…Y después del incendio hubo un suave susurro.” Y el Salmo 62:5 declara: “Que todo mi ser espere en silencio delante de Dios, porque en él está mi esperanza.”
El silencio es un acto de fe. En el silencio dejas de intentar arreglar a todos, dejas de justificarte y dejas de manejar tu imagen. Te sientas con tu verdadero yo delante de un Dios Santo. Es incómodo al principio, pero produce una sanidad profunda.
Volviendo a los doctores Meyer Friedman y Ray Rosenman… después de seguir a más de 3,000 hombres sanos por 8.5 años, los resultados fueron sorprendentes. Los hombres con comportamiento Tipo A —la enfermedad de la prisa— tenían el doble de probabilidad de desarrollar enfermedad coronaria. Sus ataques cardíacos también eran más propensos a ser fatales. Incluso tomando en cuenta factores como fumar, la dieta y el ejercicio, la prisa seguía siendo un predictor independiente y principal.
Juan 10:10 (NTV) El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Recuerda: el enemigo quiere robar, matar y destruir. Y está clínicamente comprobado que usará la prisa para hacerlo. Jesús quiere darte una vida rica y satisfactoria. Toma su yugo. Aprende su manera de vivir. Es más lenta de lo que piensas pero traerá descanso a tu alma.
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