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Puntos de conversación:
- Dios hizo varios pactos a lo largo de la Biblia, cada uno construyendo hacia la promesa final cumplida en Jesucristo. Jeremías 31:31–34
- El Pacto Mosaico estableció la ley de Dios para Israel e incluyó el sistema de sacrificios, el cual trataba el pecado de manera temporal, pero nunca podía removerlo permanentemente. Hebreos 9:22; Hebreos 10:3–4
- Bajo el antiguo pacto, los sacerdotes ofrecían sacrificios continuamente porque el problema del pecado nunca quedaba completamente resuelto. Hebreos 10:11
- Jesús cumplió el sistema del Antiguo Testamento al convertirse tanto en el Sumo Sacerdote perfecto como en el sacrificio final por el pecado. Hebreos 10:12
- Gracias a Jesús, el Nuevo Pacto da a los creyentes acceso directo a Dios y un perdón verdadero por medio de Su sangre. Hebreos 10:19–22
- Aunque Jesús ya ha logrado la salvación, todavía esperamos el día en que Sus enemigos serán derrotados y Su reino será establecido por completo. Hebreos 10:13
Hubo un viaje que planeamos desde Utah hasta Los Cabos, B.C., hace casi seis años. Había sido mi sueño manejar por toda Baja California, y se lo transmití a mis hijos. Así que les prometí que un día haríamos ese viaje por carretera. Por lo tanto, cuando llegó el momento de hacerlo, no cabíamos de anticipación y emoción.Y si tú creciste en México o en un país similar, sabes que un viaje por carretera no es cualquier cosa… es toda una aventura.
Llegamos a Ensenada y manejamos desde allí hasta Cabo San Lucas. Fue un recorrido largo, más largo de lo que imaginábamos, pero lleno de esa emoción que solo se siente cuando vas rumbo a un lugar especial.
Salimos de madrugada, con el carro cargado hasta el tope: pañales, mochilas, botellas de agua, cobijitas, snacks, todo. Camila tenía apenas cinco meses, una cosita chiquita en su sillita, durmiendo y despertando con esos ojitos que todo lo miran. Y Lukas y Jacob, desde que salimos de la cuadra, ya estaban preguntando: “¿Ya vamos a llegar?” Y apenas llevábamos diez minutos.
El camino era precioso… pero también era el tipo de carretera donde uno se da cuenta de que ya no está en Estados Unidos. No había gasolineras en cada esquina, ni baños limpios cada veinte minutos. A veces pasaban kilómetros sin ver una sola tienda. Era puro paisaje: montañas enormes, tramos largos de desierto, y de repente, como un regalo inesperado, la carretera se abría y quedaba la playa justo al lado, el mar brillando como si nos fuera acompañando.
Nos detuvimos en pueblitos rurales donde el tiempo parecía ir más lento. Puestos de comida al lado del camino, señoras vendiendo mangos recién cortados, sembradíos que olían dulce, como si la tierra misma estuviera cocinando algo. Parábamos, estirábamos las piernas, comprábamos fruta, y seguíamos avanzando. Y aun así… cada cinco minutos: “¿Ya llegamos?” “¿Falta mucho?” “¿Cuánto falta ahora?”
Dormimos una noche en un hotel, de esos que se sienten como un oasis después de tantas horas manejando… con alacranes incluidos. Y al día siguiente, otra vez carretera, otra vez paisajes hermosos, otra vez la pregunta eterna desde el asiento de atrás.
Pero cuando por fin llegamos a Cabo… cuando vimos el arco, el mar, el sol… todo valió la pena. La espera, el cansancio, las paradas improvisadas, los kilómetros interminables… todo se sintió como parte de una historia que nos estaba llevando a un lugar bueno.
Hoy vamos a hablar de cómo algo muy parecido le ocurrió al pueblo de Dios. En el Antiguo Testamento, esa nación se llamaba Israel. Dios les había hecho varias promesas, pero la línea de tiempo era incierta. Israel estaba jugando el mismo juego de la espera… el famoso “¿Ya llegamos?”. El autor de Hebreos nos ayuda a entender esa promesa y la línea de tiempo conectada a ella. Y es allí cuando Dios dijo lo siguiente a través del profeta Jeremías:
Jeremías 31:31-32 (NTV) 31 »Se acerca el día—dice el Señor—, en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y de Judá. 32 Este pacto no será como el que hice con sus antepasados cuando los tomé de la mano y los saqué de la tierra de Egipto. Ellos rompieron ese pacto, a pesar de que los amé como un hombre ama a su esposa», dice el Señor.
Entendiendo los Pactos
“Pacto” básicamente significa “promesa”, pero es muy diferente de un contrato. Un contrato es un acuerdo legal, como en los negocios: tú haces esto, yo hago aquello. En cambio, un pacto es una promesa relacional, como en el matrimonio. Es un compromiso que dice: “Yo haré esto; permaneceré fiel”. Y así como en el matrimonio la señal de ese pacto es un anillo, Dios también estableció señales visibles para los pactos que hizo con su pueblo.
Pacto Noético
Este pacto es la promesa de que Dios nunca más destruiría la tierra con un diluvio. Su señal fue el arco iris, que literalmente significa “arco de guerra”. Pero este arco no tiene flechas y, en lugar de apuntar hacia la tierra, está dirigido hacia arriba, hacia Dios mismo. Es un recordatorio visual de que Él decidió poner fin a su juicio de esa manera y asumir Él mismo el costo de la promesa.
Pacto Abrahámico
El pacto abrahámico incluía una enorme promesa triple: tierra, descendencia y bendición. Su señal fue la circuncisión que; un recordatorio visible cada vez que “hacían bebés” de la promesa que Dios había hecho respecto a sus descendientes.
Pacto Davídico
Este pacto incluía la promesa de que un descendiente de David se sentaría en el trono para siempre. Su señal era el cetro, mencionado por primera vez en Génesis 49:10, donde dice: “el cetro no se apartará de Judá” hasta que venga aquel a quien realmente pertenece. Todos estos pactos se construyen uno sobre otro, y todos encuentran su cumplimiento en Jesús. Pero en el pasaje de hoy en Hebreos, el autor está hablando específicamente del pacto “mosaico”.
Pacto Mosaico
Este pacto fue establecido con Israel en el Monte Sinaí durante el éxodo, y su señal era el sábado, como vemos en Éxodo 31:13. ¡Acababan de salir de la esclavitud! Ninguna otra nación en el mundo antiguo practicaba un día obligatorio de descanso para todos. La lección era clara: Dios proveerá. La vida no dependía de su propio trabajo, sino de la provisión de Dios. (Ésta también es la lección del diezmo.)
Pero el pacto mosaico tenía una distinción importante: era condicional. Si el pueblo seguía las reglas, experimentaba las bendiciones físicas de Dios en la tierra de Canaán; si se apartaban, enfrentaban consecuencias y eventual exilio. Y ellos se habían apartado —solo lean el Antiguo Testamento—, por eso estaban en el exilio. Pero en los versículos que leímos, el profeta Jeremías estaba revelando un pacto final, un “nuevo pacto”.
Jeremías 31:33 (NTV) 33 «Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel después de esos días—dice el Señor—. Pondré mis instrucciones en lo más profundo de ellos y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
El Antiguo Pacto tenía instrucciones escritas en tablas de piedra, pero el Nuevo Pacto tendría instrucciones escritas directamente en los corazones de los individuos. ¡¿Qué?! Esa es precisamente la idea que el autor de Hebreos tiene en mente cuando escribe los capítulos 9 y 10. Hoy vamos a ver esos versículos para ayudarte a entender cómo funcionan los pactos y cómo se conectan entre sí.
El Antiguo Pacto
Hebreos 10:11 (NTV) 11 Bajo el antiguo pacto, el sacerdote oficia de pie delante del altar día tras día, ofreciendo los mismos sacrificios una y otra vez, los cuales nunca pueden quitar los pecados;
Hablamos un poco de esto la semana pasada. El sacerdote tenía un acceso limitado, y entraba con temor y temblor. Sin embargo, incluso dentro del pacto mosaico había gracia: el sistema sacrificial. Cuando la gente inevitablemente fallaba las condiciones del pacto, Dios había provisto una manera de encontrar perdón.
Hebreos 9:22 (NTV) De hecho, según la ley de Moisés, casi todo se purificaba con sangre porque sin derramamiento de sangre no hay perdón.
La presencia de tanta sangre en el templo bíblico puede ser impactante para los lectores modernos. No se trataba de un Dios vengativo que disfrutaba la muerte; era un recordatorio del costo devastador del pecado.
Ese era el problema: los sacrificios eran un recordatorio, no una solución permanente. Por eso “esos sacrificios les recordaban sus pecados año tras año” (Hebreos 10:3, NTV), porque “no es posible que la sangre de los toros y las cabras quite los pecados” (Hebreos 10:4, NTV). Ahí es donde entra el Nuevo Pacto.
El Nuevo Pacto
Hebreos 10:12 (NTV) pero nuestro Sumo Sacerdote se ofreció a sí mismo a Dios como un solo sacrificio por los pecados, válido para siempre. Luego se sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios.
La semana pasada hablamos de Jesús como el Sumo Sacerdote eterno. Pero hoy vemos algo aún más sorprendente: ¡Él también fue el sacrificio! Después de hacer su deber sacerdotal, Jesús se sentó. Esto es impactante. El sumo sacerdote del Antiguo Pacto hacía su trabajo y salía de ahí; no se quedaba en el Lugar Santísimo. Volvía al siguiente año, en el Día de la Expiación.
Pero Jesús se sentó en el Lugar Santísimo. Se quedó allí, en la misma presencia de Dios. Y lo hizo porque Él es Dios. La obra está terminada. El autor de Hebreos está conectando esto con la profecía de Jeremías: “El día viene…”. Israel había estado jugando el juego de la espera por tanto tiempo… “¿Ya llegamos?”. ¡Ese día ha llegado!
El Nuevo Pacto trata completamente de Jesús. Todos los otros pactos se cumplen en Él. En el pacto con Noé, el arco de guerra apuntaba al cielo; Jesús recibió la flecha. En el pacto con Abraham, la promesa triple ha llegado: la tierra prometida es el cielo, el pueblo prometido es la iglesia, y la bendición prometida es el Espíritu, dado a todas las naciones a través de Jesús.
En el pacto con Moisés, la ley está cumplida; Jesús vino y la vivió perfectamente, y luego entregó su vida como el Cordero sacrificial, una última vez. En el pacto con David, el reino está aquí; Jesús no es solo nuestro Sacerdote, es nuestro Rey, reinando ya en el cielo.
El juego de la espera ha terminado… más o menos. Leamos…
Hebreos 10:13 (NTV) Allí espera hasta que sus enemigos sean humillados y puestos por debajo de sus pies.
Recuerda que Hebreos fue escrito a cristianos judíos. Ellos estaban enfrentando persecución y, bajo esa presión, estaban considerando volver al Antiguo Pacto. Pero todos los pactos se cumplen en Jesús. No tenemos que volver a sacerdotes y templos; ahora tenemos a Jesús, en el cielo. Somos perdonados, libres, perfectos —ya. Jesús reina como Rey —ya.
Pero en la tierra, la realidad es distinta: aún no somos perfectos. Todavía estamos afectados por nuestra vieja naturaleza. Jesús aún no ha establecido su reino aquí. Él está esperando en el cielo hasta una fecha futura.
Así que el juego de la espera continúa. Eso es lo que significa ser el pueblo de Dios hoy. Estamos en el asiento trasero de la station wagon, preguntando: “¿Ya llegamos?”. Y Jesús responde: “No… y sí”. Todavía estamos esperando que Él regrese algún día para tratar decisivamente con sus enemigos y para establecer su reino en la tierra. Pero ya no estamos esperando acceso a Dios. El Nuevo Pacto está aquí.
Un versículo más:
Hebreos 10:19-22 (NTV) Así que, amados hermanos, podemos entrar con valentía en el Lugar Santísimo del cielo por causa de la sangre de Jesús. 20 Por su muerte, Jesús abrió un nuevo camino—un camino que da vida—a través de la cortina al Lugar Santísimo. 21 Ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que gobierna la casa de Dios, 22 entremos directamente a la presencia de Dios con corazón sincero y con plena confianza en él. Pues nuestra conciencia culpable ha sido rociada con la sangre de Cristo a fin de purificarnos, y nuestro cuerpo ha sido lavado con agua pura.
Si ya eres seguidor de Jesús, este pasaje te está recordando algo profundo: ya no estás en el asiento trasero preguntando “¿Ya llegamos?” respecto a tu acceso a Dios. En Cristo, ya llegaste. El camino está abierto. La cortina está rasgada. El Sumo Sacerdote ya se sentó. La obra está terminada. Pero muchos de nosotros seguimos viviendo como si todavía estuviéramos lejos, como si Dios estuviera inaccesible, como si tuviéramos que ganarnos Su atención o Su amor.
El Nuevo Pacto significa que ya no esperas acceso a Dios… lo tienes ahora mismo. Así que hoy, si te has sentido frío, distante, distraído, culpable o cansado, este es tu momento de volver a la presencia de Dios. De retomar tu sacerdocio. De caminar como alguien que ya fue perdonado, limpiado y amado. Da el paso. Entra. Él te espera.
Si hoy estás leyendo esto y aún no conoces a Jesús, quiero hablarte directamente a ti. Tal vez toda tu vida has sentido que Dios está lejos. Tal vez has pensado que necesitas cambiar primero, mejorar primero, limpiarte primero.
Tal vez has vivido con culpa, con miedo, con dudas, con heridas que nadie conoce. Pero escucha esto: Jesús ya abrió el camino para ti también. Él no te pide que te arregles antes de venir. Él no te pide que entiendas todo. Él no te pide que seas perfecto. Él solo te pide que vengas.
El Nuevo Pacto es una invitación abierta: Dios mismo quiere escribir Su ley en tu corazón, darte una vida nueva, perdonar tus pecados y hacerte parte de Su pueblo. Jesús ya hizo el sacrificio perfecto. Ya derramó Su sangre. Ya abrió la puerta. Lo único que falta… es tu respuesta. Si hoy quieres comenzar una vida nueva, si hoy quieres ser perdonado, si hoy quieres tener paz con Dios, puedes decirle:
“Jesús, quiero acercarme. Perdóname, sálvame, hazme tuyo.”
Ver también:
- ¿Cuáles son los pactos principales en la Biblia?
- ¿De qué se trataba el Pacto Abrahámico?
- ¿Cuál fue la señal del Pacto Abrahámico?
- ¿De qué se trataba el Pacto Mosaico?
- ¿Cuál fue la señal del Pacto Mosaico?
- ¿Cuál fue la señal del Pacto Davídico?
- ¿Fue condicional el Pacto Mosaico?
- ¿Por qué Dios pidió sacrificios de animales?
- ¿Qué fue el Día de la Expiación?
- ¿Cuáles eran los sacrificios principales en el Día de la Expiación?
- Lee los puntos de discusión anteriores en grupo, incluidas las citas bíblicas. ¿Cuáles son tus pensamientos iniciales sobre estos puntos?
- Comparte una ocasión en la que tuviste que esperar mucho tiempo por algo emocionante. ¿Qué hizo que la espera fuera difícil?
- ¿Por qué crees que Dios usó pactos a lo largo de la historia en lugar de revelar todo de una sola vez?
- Lee Hebreos 10:11–12. ¿Qué te llama la atención sobre el contraste entre los sacerdotes del Antiguo Testamento y Jesús?
- ¿Por qué crees que los sacrificios de animales eran necesarios bajo el pacto mosaico? ¿Qué enseñaban acerca del pecado?
- Lee Hebreos 10:19–22. ¿Qué significa que ahora podemos “entrar confiadamente” en la presencia de Dios?
- ¿De qué maneras los cristianos hoy seguimos viviendo en un “juego de espera” mientras anticipamos el regreso de Jesús?